1
SOBRE LA DEBILIDAD POLÍTICA
DE LOS CATÓLICOS
REFLEXIONES

2
FÁTIMA
Y LA CIVILIZACIÓN DE LA ACEDIA


EDITORIAL NARNIA
MENDOZA
2006


 

 

 

 

 


                                              INDICE


PRÓLOGO
1) REFLEXIONES SOBRE LA DEBILIDAD POLÍTICA DE LOS CATÓLICOS

Exordio - ¿Una pregunta angustiada? Un poco de historia de esta conferencia - ¿Teologías deicidas? - Modernismo y progresismo - Conservadores y progresistas - Razones para modificar el título - Son los católicos realmente políticamente débiles? - La sabiduría política del apocalipsis de Daniel - Cristo y el Anticristo - La enseñanza de Nuestra Señora en Fátima
Juan Pablo II, el profeta de María - El caso filipino - No olvidar la dimensión religiosa de la opresión y la injusticia social - Errores católicos en el desempeño del poder político - Causas del fracaso político de las democracias cristianas en Europa - La asimilación como error político de los católicos - Orientaciones prácticas - La Reina de las Siete Espadas -Oración

2) FÁTIMA Y LA CIVILIZACIÓN DE LA ACEDIA

Introducción - La Acedia - La Acedia y Fátima - 1917: La revolución bolchevique - Las persecuciones multifacéticas al pueblo católico en el siglo XX - Etnocidios - Persecuciones psicológicas y psicopolíticas - Persecuciones legales y jurídicas - La tiranía escolar - Sus consecuencias - La acedia como causa de la persecución - Acedia y resistencia al Espíritu Santo
El ataque a la fe. Declaraciones de Marx, Lenin y el Partido Comunista - La Cruzada antitea
El Corazón y las Espinas - Vigencia de Fátima


A TODOS MIS HERMANOS CATÓLICOS
A LOS QUE TIENEN EL GOZO DE SERLO
MIEMBROS DE NUESTRA NACIÓN
DISPERSA Y OPRIMIDA
A QUIENES
SIN EMBARGO
TODO PERTENECE
LA TIERRA
EL PASADO
EL PRESENTE
EL FUTURO
EL TIEMPO Y LA ETERNIDAD
PORQUE PERTENECEN A CRISTO
Y CRISTO AL PADRE



PRESENTACIÓN

Este volumen reúne dos conferencias pronunciadas en Rosario, Argentina. Ellas se presenta cada una a sí misma y eso hace superfluo dedicarles un prólogo que no podría consistir más que en repetir lo que allí se dice.

Ambas conferencias fueron ocasionales en muchos sentidos. En primer lugar porque el tema político no es un tema que un escriturista y alguien no especializado en ciencias políticas pueda abordar si no es ocasionalmente. Pero también porque fueron pronunciadas en ocasión de invitaciones ocasionales.

Como licenciado en Filosofía, Teología y Sagrada Escritura y no en ciencia política me aproximo a estos temas políticos con un enfoque y una finalidad pastoral, de teología espiritual, o, si se quiere, de discernimiento de espíritus. Carezco de títulos que me acrediten como especialista en temas políticos, aparte de la experiencia que dan los años y los títulos comunes que tenemos todos los que, aún deseando exorcizar la realidad política, no logramos otra cosa que padecerla. Si me he ocupado aquí o en otros escritos míos de asuntos políticos, no ha sido, pues, ni con un enfoque ni con una intención, ni con un interés político inmediato.

Por lo demás, para tratar de intereses vitales no se necesita ser especialista. La civilización tecnolátrica en la que vivimos, tiende a despojarnos del poder de decisión sobre los asuntos más importantes con el pretexto de que no los entendemos tan bien como los especialistas, a los que confía la decisión sobre las cosas que afectan nuestros destinos. Pero eso ya es objeto de la primera conferencia.

Por otra parte, la conferencia sobre la intervención histórica de Nuestra Señora en Fátima, arroja sobre las sombras de lo que es aparentemente una gran debilidad de los católicos en política, una luz de esperanza y de ánimo. No estamos solos en la Historia. La presencia de María nos acompaña, nos enseña, nos guía y nos protege.

Nuevas ocasiones, providenciales, me han puesto en contacto con fieles carismáticos de la teopolítica o de la fideipolítica, en su dimensión más extensa y profunda, que no es la partidaria o estatal, sino la capilar, la tisular, la de la vida cotidiana de una nación. Ellos han leído con interés estas conferencias y las han dado a leer. Como contribución al diálogo y a la inteligente reflexión que mantienen permanentemente sobre estas realidades, me pareció aconsejable reunirlas en un volumen que las hace más manuables y accesibles.

A ella le encomendamos estas páginas, a esos hermanos en la fe y a ti lector

 


 

 

FÁTIMA Y LA CIVILIZACIÓN DE LA ACEDIA

 

Introducción: La Acedia

 


El tema que pienso exponer en esta conferencia es: Fátima y la civilización de la Acedia. Ya conocen muchos de ustedes los dos libros: En mi sed me dieron vinagre. La Civilización de la Acedia. Ensayo de Teología Pastoral y Mujer ¿por qué lloras? Gozo y tristezas del creyente en la Civilización de la Acedia. . Y saben que en ellos llamo la atención sobre el hecho de la acedia y expongo en qué consiste. Un hecho espiritual poco reconocido y que, sin embargo, puede ser considerado como el mal espiritual de nuestra civilización y que la define.
Más recientemente he vuelto a ocuparme del fenómeno, mostrando cómo desde múltiples disciplinas se ha venido señalando el hecho social de la envidia y la observación de varios autores que coinciden en diagnosticar, tras las huellas de Santo Tomás de Aquino, que en la raíz de todas las envidias humanas, está la acedia religiosa . He pasado revista a un racimo de obras y de estudios de autores que exploran, desde distintas disciplinas, el fenómeno de la envidia en nuestra sociedad y en nuestra cultura; y coinciden en mostrar su presencia, efectos negativos e influjo determinante en el mundo actual y hasta en la Iglesia. Un buen número de investigaciones en el área de lo que los alemanes llaman Geistes- und Sozialwissenschaften convergen en observar el hecho de la envidia desde sus respectivas disciplinas. Lo comprueban e interpretan coincidentemente y a veces hasta empleando los mismos términos: Helmut Schoeck en Sociología , Gonzalo Fernández de la Mora en Ciencia política , Bernard Ziesemer en Economía , Víctor Frankl y Tony Anatrella en Psicología, tanto profunda como social ; René Girard en Filosofía de la Cultura , etc.
Abundan los diagnósticos sobre nuestras sociedades y nuestra civilización. Diagnósticos económicos, socio-políticos, culturales, de las ideologías o las ideas filosóficas que las orientan, etc. Pero el nuestro, es un diagnóstico estrictamente espiritual, profético, acerca del mal espiritual de nuestra civilización. Un diagnóstico espiritual que excede, por lo tanto, lo que las ciencias humanas pueden alcanzar.
Un prominente norteamericano, William J. Bennett, que fue ministro de Cultura y Educación de Estados Unidos durante la administración del presidente Ronald Reagan, afirmó en 1995, en una conferencia, coincidentemente con nuestro diagnóstico, que la raíz de los males sociales y culturales señalables en la sociedad norteamericana, es de índole espiritual y consiste en la acedia. Una resistencia a tener en cuenta las realidades religiosas de la fe cristiana a la hora de tomar las decisiones que afectan el bien común .

 

La Acedia y Fátima
En mis observaciones y reflexiones sobre la acedia, nunca me había detenido a meditar sobre la relación existente entre la acedia de nuestro siglo XX y las apariciones marianas de Cova de Iría, (que se prolongan en los mensajes a Lucía en Pontevedra y Tuy), conocidas como las apariciones de Fátima. No había reparado en la patente relación que existe entre el mensaje que en ellas ha dado Nuestra Señora del Corazón Inmaculado, y la acedia que aqueja nuestra civilización. He caído, pues, en la cuenta, con sorpresa, que el mensaje de Fátima tiene relación directa con ella.
En efecto, Fátima no es un mensaje devocional que se presente en forma ahistórica y de espaldas a los sucesos mundiales del siglo. Llamativamente, Nuestra Señora se ocupa, en sus mensajes, de hechos históricos tales como las dos guerras mundiales y Rusia, o lo que es lo mismo, de la revolución marxista.

 

1917: La revolución bolchevique
Se ha observado que 1917 es, en plena primera guerra mundial, el año del triunfo de la revolución bolchevique que instala en Rusia el primer estado no sólo ateo, sino anti-teo . Un gobierno que se propone, por primera vez en la historia, como parte de su plan de creación de una nueva humanidad, la erradicación de la religión, que es, en los hechos y principalmente, la erradicación de la fe cristiana, ortodoxa y católica, empezando por el ámbito de las Repúblicas Socialistas Soviéticas Unidas. Pero no sólo en ese ámbito. Pronto comenzará a exportar la revolución anticristiana. Es conocida la participación que tuvieron, en las persecuciones sangrientas durante las revoluciones mexicana y española de las décadas siguientes, los agentes políticos revolucionarios rusos o de la internacional marxista. Recuérdese que Trotsky se asila en México, donde es, a pesar de todo, asesinado.

 

Las persecuciones multifacéticas al pueblo católico en el siglo XX
El siglo XX podrá pasar a la historia como un siglo de acedia, de odio a Dios en la figura de sus creyentes más pequeños (Mateo 25,31ss). Refresquemos un poco la memoria acerca de las persecuciones padecidas por el pueblo católico en este siglo.

 

Etnocidios
Aunque todavía está por hacerse el balance total de las persecuciones y de los mártires católicos y ortodoxos del siglo XX, es posible recordar a vuelo de pájaro: la matanza de casi dos millones de armenios, a manos del imperio otomano que, ya desde el siglo XIX había venido persiguiendo a las etnias cristianas sometidas a la dominación turca en Siria y el Líbano. Hay que recordar la persecución en México con la gesta de los Cristeros; la opresión política en Francia, Uruguay y tantos otros países, por influjos masónicos. La persecución de los católicos en el Tercer Reich y en los territorios ocupados: Polonia, Austria y Europa Oriental. Luego de la Segunda Guerra, la terrible persecución comunista en las naciones de Europa Oriental que le fueron discrecionalmente entregadas en Yalta: Polonia, Checoeslovaquia, Hungría, Bulgaria, Rumania, Alemania Oriental. Sin olvidar las naciones de la Yugoslavia de Tito y la radical dictadura albanesa.

 

La persecución en la URSS fue dantesca y demoledora. Tras una pausa durante la Segunda Guerra, por razones políticas internas, Stalin la retomó con redoblada furia y fue continuada por sus sucesores.
Este siglo vio también instalarse el marxismo en China continental, donde arrasó la Iglesia católica china. Las matanzas de católicos en África han sido tremendas también y en algunos casos con el virtual exterminio del clero y religiosos.

 

Persecuciones psicológicas y psicopolíticas
A los martirios sangrientos hay que agregar otras formas de persecución y discriminación mediante medios psicopolíticos
El comunismo ruso comenzó con los lavados de cerebro mediante los cuales se buscaba, aplicando la psicología de los reflejos condicionados de Pavloff, el fundador de la psicología conductista materialista, manipular la conducta humana y determinarla, mediante la aplicación de premios y castigos, para lograr la conversión de los creyentes en buenos ciudadanos soviéticos. Esta reconversión o apostasía era la meta que buscaban los tribunales del pueblo, los interrogatorios policiales, las prisiones, campos de concentración, trabajos forzados, el estado policial. Todo apuntaba a que los creyentes confesaran sus errores y los de la Iglesia y se plegasen a la ideología marxista.
Esa técnica se aplicó luego, aún en el así llamado mundo libre donde la ideología marxista se infiltró en los medios intelectuales y académicos del catolicismo, sin excluir el clero. Se conoció entonces la teología de la liberación marxista, que logró los objetivos psicopolíticos a los que apuntaba: dividir a la Iglesia y sembrar en ella la confusión, la división y las acusaciones mutuas. Una situación de la que le cuesta reponerse al catolicismo, que sigue siendo sometido a encontradas agresiones psicopolíticas, como es actualmente la así llamada teología india.

 

Muchos fieles, sobre todo jóvenes, e incluso sacerdotes y religiosos, se involucraron más o menos profundamente con los movimientos revolucionarios violentos, inspirados por la ideología marxista y financiados por la Unión soviética o por otras fuentes oscuras, interesadas en el resquebrajamiento de la unidad católica y en el desdibujamiento de la identidad católica. Se ha podido demostrar que la teología marxista de la liberación y hasta la guerrilla, recibían apoyo intelectual y ayuda económica de organizaciones protestantes relacionadas con el stablishment protestante y el Consejo Mundial de las Iglesias . El compromiso de estos católicos con la izquierda violenta dio bienvenido pretexto a la represión militar y a las acciones de la inteligencia militar y policial de todas las corrientes e ideologías, en el tejido social y humano del pueblo de Dios.
La Iglesia era atacada por unos como aliada del capitalismo y por otros como aliada de los terroristas. Y el efecto fue la efectiva división de los católicos por motivos ideológicos y políticos.
Esas eran formas de persecución psicopolíticas de las que apenas si nos vamos haciendo conscientes y debido a las cuales se incurre insensiblemente en cismas y apostasías .

 

Persecuciones legales y jurídicas
Para completar el cuadro de las multifacéticas formas de la acedia anticatólica en este siglo, pueden agregarse las formas de discriminación y de opresión jurídica de los católicos. En En mi sed me dieron vinagre me he referido al así llamado Ateísmo estructural y a la Acedia jurídica. Ha habido una oposición y obstaculización crónica e insidiosa de la vida católica por vía legal. Se ha impuesto a naciones católicas constituciones y filosofías jurídicas liberales, racionalistas, positivistas, antiteas. Se ha dejado a los católicos desamparados en sus derechos al respeto de sus símbolos e imágenes religiosas, que suelen ser manoseados o profanados impunemente por los señores feudales de la publicidad.
Francia lideró, con su ejemplo, desde el siglo XIX la opresión jurídica y legal de los católicos. Prohibió las órdenes y congregaciones religiosas. Los gobiernos de Uruguay y México siguieron su ejemplo. Otras leyes francesas introducían vejaciones que dieron lugar a la enérgica encíclica Vehementer Nos de san Pío X, a comienzos del siglo.

 

La tiranía escolar
Pero quiero señalar una forma de persecución por lo general poco tenida en cuenta, por revestirse de formas particularmente secretas e insidiosas, y que, sin embargo, tiene graves y devastadoras consecuencias sobre la identidad del pueblo de Dios. Me refiero a la dictadura escolar que practican las democracias, uno diría que con buena conciencia y sin percibir su olor a tiranía. Dictadura escolar a la que se ve sometido el pueblo católico en la mayoría de los países latinoamericanos.
Si hay un sector de servicios que no se privatiza en ninguno de los feudos del actual orden mundial, es el de la educación. Al respecto, los estados siguen imponiendo sus programas en las disciplinas humanas: historia, filosofía. La tendencia es también a abolir esas disciplinas. ¿Qué consecuencias tiene esta política escolar para la identidad y la autoconciencia católica?

 

Sus consecuencias
Como consecuencia de esta tiranía docente, el pueblo católico se ve impedido de transmitir de una generación a otra, en el ámbito escolar, sus tradiciones doctrinales e históricas, las gestas de sus mayores, la historia de su pueblo. Esta situación, sostenida a lo largo de más de un siglo, ha ido produciendo una pérdida importante y extendida de la memoria y de la identidad colectiva, un debilitamiento del sentido de pertenencia. El conocimiento de la propia historia, de la figura y doctrina de los Santos Padres, de los Santos, y ¿por qué no? también de sus pecadores, se va convirtiendo cada vez más en el privilegio de unos pocos que van siendo cada vez menos, incluso entre los clérigos y religiosos. La ignorancia de los católicos acerca de sí mismos es pavorosa.

 

La acedia como causa de la persecución
¿A qué se deben todas estas formas de violencia que apuntan al etnocidio, al exterminio demográfico, o a la desaparición cultural del pueblo católico? ¿A qué se debe este odio inexplicable contra un tipo humano excelente como el que nace de la fe? ¿Cómo se explica que en vez de apreciar sus virtudes, incluso ciudadanas, y de fomentar su existencia y su excelencia, se esté siempre al acecho de sus defectos para pretextar los intentos de exterminio o de desidentificación?
Podrían darse, si se reconociese este hecho que tan pocos reconocen, ensayarse muchas respuestas, de orden histórico, político, ideológico o social. Nuestro diagnóstico, lo hemos dicho, es espiritual. Se trata de acedia. Una acedia que ha adquirido dimensiones políticas, de civilización, de legislación de teorías jurídicas, de ideas filosóficas justificatorias... pero que es de naturaleza espiritual: demoníaca. Opuesta al Espíritu Santo, con una forma de oposición que más que en una herejía doctrinal respecto de la persona del Espíritu Santo, de su naturaleza o de su condición trinitaria, o de su misión salvífica, consiste en una negación de sus obras y en una resistencia práctica a su acción específica. Se dice, por ejemplo, que la evangelización de América fue un mal.

 

Acedia y resistencia al Espíritu Santo
Este diagnóstico se ve confirmado por el Magisterio. En su Encíclica sobre el Espíritu Santo Dominum et vivificantem Juan Pablo II describe la acedia en términos de resistencia práctica al Espíritu Santo y se la ubica, como hemos hecho en el capítulo séptimo de En mi sed me dieron vinagre, en el contexto de la resistencia de la carne al Espíritu Santo, de la que habla San Pablo. Dice el Papa:
“Por desgracia, la resistencia al Espíritu Santo que San Pablo subraya en la dimensión interior [...] que tiene lugar en el corazón humano, encuentra [...] especialmente en la época moderna, su dimensión externa, concentrándose como contenido de la cultura y de la civilización, como sistema filosófico, como ideología, como programa de acción y formación de los comportamientos humanos. Encuentra su máxima expresión en el materialismo, ya sea en su forma teórica –como sistema de pensamiento – ya sea en su forma práctica – como método de lectura y de valoración de los hechos – y además como programa de conducta correspondiente.
El sistema que ha dado su máximo desarrollo y ha llevado a sus extremas consecuencias prácticas esta forma de pensamiento, de ideología y de praxis, es el materialismo dialéctico e histórico, reconocido hoy como núcleo vital del marxismo”.

 

Nótese que el Papa no dice que sea el único sino el más radical. Porque también el régimen racionalista y liberal-naturalista se opone al Espíritu aunque no tan violentamente. Y prosigue:
“Por principio y de hecho el materialismo excluye radicalmente la presencia y la acción de Dios, que es Espíritu, en el mundo, y sobre todo en el hombre, por la razón fundamental de que no acepta su existencia, al ser un sistema esencial y programáticamente ateo. Es el fenómeno impresionante de nuestro tiempo al que el Concilio Vaticano II ha dedicado algunas páginas significativas .
“Aunque no se puede hablar de ateísmo de modo unívoco, ni se lo puede reducir exclusivamente a la filosofía materialista, dado que existen varias especies de ateísmo [...] sin embargo, es cierto que un materialismo verdadero y propio entendido como teoría que explica la realidad y tomado como principio clave de acción personal y social, tiene carácter ateo.[...] De aquí se sigue que la religión puede ser entendida solamente como una especie de ‘ilusión idealista’ que ha de ser combatida [...] para eliminarla de la sociedad y del corazón mismo del hombre.
“Se puede decir, por tanto, que el materialismo es el desarrollo sistemático y coherente de aquella resistencia y oposición [de la carne contra el espíritu] denunciada por San Pablo” (Dominum et Vivificantem N. 56)

 

He aquí, descrita por el Papa, la acedia antitea característica de nuestra civilización, exasperada en su versión soviética, pero que permanece presente en su versión globalista del nuevo Orden Mundial tal como lo concibe Francis Fukuyama, teórico y asesor del Departamento de Estado de los Estados Unidos .

 

El ataque a la fe. Declaraciones de Marx, Lenin y el Partido Comunista
Veamos algunos textos que ejemplifican lo afirmado por el Papa.
Como es sabido, el comunismo es, ante todo, una teoría fundada en el materialismo ateo de Feuerbach, Marx y Engels, autores que a su vez son tributarios de las críticas contra la fe cristiana de Kant y Hegel. De estos autores, algunos negaron sistemáticamente la fe y la religión cristiana y otros pasaron a combatirla activamente tratando de erradicarla, como dice el Papa, de la sociedad y hasta del corazón mismo del hombre.

 

Para Karl Marx, siguiendo a Feuerbach, “es el hombre el que crea a Dios, como producto de su mente, y no Dios el que crea al hombre”. En un texto clásico afirma Marx:
“La lucha contra la religión es, por lo tanto [...] lucha contra el otro mundo, del cual la religión es el olor espiritual [...] la religión es el suspiro de la creatura oprimida; es el corazón del mundo sin corazón, así como es el espíritu de una situación carente de espíritu. Es el opio del pueblo. La abolición de la religión, como felicidad ilusoria del pueblo, es necesaria para su verdadera felicidad. La exigencia de quitar las ilusiones sobre su situación es la exigencia de quitar una situación que necesita ilusiones. La crítica de la religión es, pues, en germen, la crítica de este valle de lágrimas, del cual la religión es la aureola” .

 

Las apariciones del Corazón Inmaculado de María, coincidentes con la revolución rusa, parecen una refutación de la negación marxista del corazón creyente y de su negación del Espíritu santo. La Virgen pedirá la consagración de Rusia a su Corazón Inmaculado, porque en ese país se comienza a instalar un régimen político que procura la abolición de la fe en Rusia como primer paso para su abolición en todo el mundo. A grandes males, grandes remedios. Y a los que niegan la existencia y la acción histórica de Dios, se les responde con una intervención milagrosa de Dios.

 

Lenin, que instaló el régimen marxista en Rusia con la revolución bolchevique de 1917, afirmaba: “Nosotros debemos luchar contra la religión [léase siempre ‘la fe cristiana’ ortodoxa y católica en Rusia y Ucrania]. Este es el ABC de cualquier especie de materialismo; y por lo tanto del marxismo. Pero el marxismo no es un materialismo que se detenga en el ABC. El marxismo va más allá. Es preciso saber luchar contra la religión y poder dar a las masas una explicación materialista de los fundamentos de la fe y de la religión”
Esta misma fue la doctrina del PCUS, el Partido Comunista de la Unión Soviética hasta su disolución. En 1919 decía: “El Partido lucha por la abolición completa de toda religión”. En 1971, medio siglo después, propiciaba: “La decisiva derrota de las supervivencias del pasado en la conciencia del hombre y en su conducta, entre las más tenaces de las cuales se cuentan los prejuicios religiosos” .

 

La Cruzada antitea
El régimen marxista instalado en Rusia, es decir en la URSS, no es un mero hecho político. Tiene un sentido espiritual. Es una cruzada antitea moderna. Es un intento demoníaco de abolición de la fe cristiana que se programa para imponerse en el mundo entero por todos los medios, primero políticos. Más tarde, con el desarrollo de la psicología de la propaganda política, por medio psicopolíticos. Y por fin, con el afinamiento de una estrategia cultural reclamada por Gramsci, también por medios culturales.
Por eso, la referencia, en Fátima, a la conversión de Rusia si ésta le es consagrada al Corazón de María por el Papa y todos los obispos, es decir por los representantes jerárquicos de todo el pueblo de Dios perseguido, so pena de que sus errores se difundan y sobrevengan terribles guerras y persecuciones sangrientas, es también un hecho espiritual de lucha. Es una cruzada mariana. Nuestra Señora misma reconoce el carácter de guerra espiritual que reviste este enfrentamiento con los poderes demoníacos, cuando afirma: “Finalmente, mi Corazón Inmaculado triunfará y habrá un tiempo de paz”.

 

El Corazón y las Espinas
Ante la acedia organizada ideológica, política y culturalmente, la Caridad de Dios responde a su modo. El simbolismo del Corazón cercado de espinas visibiliza el carácter peculiar de este enfrentamiento entre el Espíritu Santo de Caridad, que trae gozo y paz, y la acedia, que desertifica a la humanidad y la convierte en una civilización de la muerte.

 

¿Qué puede oponer al empuje del cerco de espinas el corazón desnudo de la caridad? ¿Ese corazón, sin corazas ni defensas, de Dios? ¿Qué puede oponer a la ofensa de los pecadores? Fácil le sería al fuego quemar las espinas. Pero el fuego de la caridad, el de la zarza ardiendo no es un fuego devorador de los pecadores. Al cerco de las espinas, el fuego de la Caridad que inflama al Corazón Inmaculado sólo opone Caridad. El amor de los niños. La capacidad de sacrificio de Jacinta y Francisco, por compasión con los pecadores que se pierden y se van al infierno, y por compasión con el corazón entristecido de Jesús. La Caridad cercada de espinas triunfa en estos niños dándoles la disposición para sufrirlo todo por amor a Dios y a los hombres que se pierden: las acusaciones de mentirosa por parte de su madre y hermanas que padeció la hasta entonces mimada y mimosa Lucía; el acoso y la sospecha pública de ser una niña embustera; los interminables interrogatorios que alimentaba la sospecha rebuscando alguna contradicción delatora; la burla y la risa sarcástica hasta de autorizados sacerdotes, prestigiosos pero incrédulos; las durezas del párroco, celoso de su autoridad; las amenazas de muerte por parte de autoridades civiles y de soldados; interrogatorios con promesa de ejecución y con ficción de haber ejecutado ya a los cómplices por negarse a revelar sus secretos; torturas morales infligidas a niños menores de edad por autoridades civiles y militares por hechos que no eran delito: ”Lo que habéis hecho a uno de estos hermanitos míos más pequeños, a mí me lo habéis hecho”.

 

Los niños quedaron inflamados de caridad. De amor a Dios. De compasión por los pecadores. De amor que sufre, sacrifica, no juzga y perdona, no toma nada a mal. Ellos reflejan el amor de Jesús y de María por la salvación de todos los hombres.

 

Contra la acedia organizada en forma de gobierno y planes quinquenales, en forma de proyecto antiteo que se proponía abolir la fe y arrancarla del corazón de los pueblos cristianos, los Corazones de Jesús y de María, inflamados en el fuego de la Caridad, sitiados por las espinas de la acedia, suscitan la insurrección de los pequeños, de los humildes, pero fuertes y grandes por la caridad y por la sabiduría de la cruz, que los empuja al sacrificio y a la paciencia por amor a los demás.

 

Fátima no es, pues, solamente un acontecimiento de devoción puramente privada e intimista. Es una especie de jaque mate divino, dado en el tablero de la historia, a las insidias de la acedia de los príncipes de este mundo contra el Señor y su Ungido (Salmo 2).
Fátima es una respuesta divina en la que, imitando a Dios, los suyos podemos aprender cómo se ha de responder a la Acedia histórica, militante y organizada, la acedia programática del Príncipe de este mundo y de las Tinieblas, la de sus agentes y sus colaboradores conscientes , y la de las multitudes de los que “no saben lo que hacen”.

 

Vigencia de Fátima
Fátima no ha perdido su vigencia con la caída de la Unión Soviética y la crisis del comunismo real. Más aún, parece que habiéndose reventado el absceso del antiteísmo soviético, se hubiese difundido más la infección del antiteísmo o del indiferentismo práctico, hasta el punto de afectar el tejido del pueblo católico.
El Mensaje de Fátima sigue siendo actual y su pastoral , centrada en las virtudes teologales y principalmente en la caridad, parece constituir lo que el Papa Todo suyo Juan Pablo II, nos propone y recomienda.
La resistencia al Espíritu, como la Serpiente, cambia de piel, pero sigue siendo la misma. Y al hacerse más solapada y semejante al color de las virtudes cristianas se hace tanto más insidiosa y peligrosa. El último cambio de piel, parece ser el del Nuevo Orden Mundial. Del que se ha dicho que es “La mayor amenaza que la conciencia cristiana haya enfrentado en la historia” .
Dios viene, pues, a dar respuesta a la civilización de la acedia con el movimiento que arranca de Fátima y pone en movimiento a los humildes, a los creyentes, a los pequeños, a los inflamados por la caridad, a los pacientes, a los que se sacrifican por los pecadores, a los que oran como les enseñó a los niños el Ángel de la Paz, en las visiones preparatorias desde 1915: “Dios mío, yo creo, te adoro, espero y te amo. Te pido perdón por todos los que no creen, no adoran, no esperan y no te aman”... “Dios mío, lleva a todas las almas al cielo...”

 

Es la oración de la caridad, que no se conforma con el ejercicio de la virtud de religión sólo para sí, sino que desea que todos los hombres se salven. Es el anhelo apostólico diametralmente opuesto al de Marx y Lenin, que desean que los hombres dejan de querer, de adorar, de esperar y de amar a Dios, como quien se sacude un “yugo de infelicidad” según la acusación de David Friedrich Strauss .

 

Pero esa civilización de la acedia no sólo se opone a las virtudes teologales en forma temática, filosófica, doctrinal, en una palabra: teórica. Sino que se mueve en la práctica por principios opuestos a los principios cristianos y los baja a la práctica política.
Se mueve por el odio y el conflicto, en lugar de moverse por la caridad y la paz. Se mueve por la ambición y la desconformidad en vez de moverse por la humildad, por la aceptación de los límites y del contexto y por la paciencia que brota de la caridad.

 

Cuando comienzan las apariciones de Fátima, el mundo estaba en guerra. La Virgen habla de la guerra y de las condiciones para que termine, pero también habla de otra que vendrá, y anuncia otras más.
Ese mundo que estaba en guerra y que ha estado en guerra durante todo el siglo XX : “era y es el más civilizado, el más poderoso, el más evolucionado en ciencia y tecnología... ya desde varias décadas antes de 1914-1918, y desde entonces hasta ahora, por un proceso que no ha cesado de avanzar, se ha visto en nuestro siglo que se iba imponiendo un mundo, una civilización laica y laicista, un mundo insatisfecho en el que los hombres, despojados de su dignidad de hijos de Dios, han sido considerados y tratados como ‘animales racionales’, animales inteligentes, carentes de toda dignidad espiritual.
Esa civilización que ya se avizoraba en 1917, es una civilización en la que todo está sometido a cálculos de venganza y de poder. Sus sociedades se desarrollaban industrialmente, económicamente. Aumentaban sin cesar su producto bruto, su riqueza y la capacidad de producir más bienes y riquezas, pero también armas mejores que las de los demás para poderlos someter por la violencia armada.
En esas sociedades crecían las masas proletarias y las muchedumbres eran tratadas como verdaderas máquinas y medidas y apreciadas por su capacidad de producir.
En la civilización de la acedia que apuntaba en 1917 ya se manipulaba a las muchedumbres con la propaganda, desinformándolas y convirtiéndolas en masas manejables por el poder político. Un poder que ya no reconocía el principio del bien común de las naciones, sino que gestionaba los intereses de los mercaderes, de la burguesía comerciante, y que no vaciló en destruir las naciones arrojándolas a guerras tan titánicas como feroces, en donde el tejido familiar y social de las naciones cristianas quedó desgarrado para siempre.
Mediante la propaganda, los grupos sociales, masificados, eran arrastrados al odio feroz y a los enfrentamientos mundiales que nos son conocidos.
Así pensaban los políticos, así actuaban los militares, sí los diplomáticos que firmaban los tratados y los acuerdos, así los parlamentarios o los gobernantes que, luego de firmados, los desconocían.
Era y es la civilización que impone la ley del más fuerte, la civilización de los ‘equilibrios de poder’ cuyo resultado inevitable es la guerra.

 

A esta civilización, el mensaje y el proceso pedagógico de Fátima (Lucía es una pedagoga que enseña y trasmite enseñanzas durante todo el siglo), opone la evidencia de la caridad divina y de la caridad entre hombres. Opone el emblema del Corazón que se presta a recibir la herida de las espinas, sin revestirse de corazas, sin cortarlas con el hierro, sin consumirlas al abrasarlas en el fuego de su amor. Es la revelación de la zarza ardiente. De un fuego de caridad que arde en el corazón de la zarza sin consumir las espinas.

 

Fátima recuerda a los hombres que ‘en el comienzo era la caridad’: Fons vivus, ignis, caritas, et spiritalis unctio. Al principio el Espíritu de Dios agitaba las alas sobre las aguas. El odio, el rencor, no son actos creadores sino destructores. Al comienzo era el Verbo, es decir, la caridad, la comunión, el entendimiento, la comunicación, el diálogo amoroso, la palabra constructiva. La mirada que ve la bondad y la hermosura de todo lo creado. El gozo de Dios.
El odio no engendra, no crea nada. Surge como consecuencia de la acedia del pecado demoníaco que se contagia al hombre. La civilización de la acedia es la civilización de la eficacia que se erige contra la gracia, del poder que se erige contra la caridad, del bienestar que se desentiende del bien común.

 

Debajo de esta civilización, como su fundamento, está la filosofía o pensamiento dialéctico (no el dialogal). Para Hegel, la unidad nace del conflicto de los opuestos . Eso, vertido en política, significa que la paz nace de la guerra, por la aniquilación mutua de los contrarios. Significa que el entendimiento social nace de la lucha de clases. Que hay oposición y no caridad entre marido y mujer, jóvenes y viejos, negros, blancos y amarillos, norte y sur, institución y carisma, clero y obispo, fieles y jerarquía...

 

Esa filosofía dialéctica ha dominado cada vez más este siglo y lo ha animado, tanto al marximo como al capitalismo, los cuales, no por nada, se enfrentaban entre sí. Desde 1914-18 ésa es la ideología que explica todas las guerras del siglo XX y las de hoy. Fenómenos colectivos de odio que arrastraban a las naciones o las empujaban, de mano de sus gobernantes, a enfrentarse entre sí. En sus cursos en la Escuela de Altos Estudios de París, en los años inmediatamente anteriores a la segunda guerra mundial, entre 1934 a 1938, el Profesor Alexandre Kojève reproponía el pensamiento de Hegel: “La dialéctica del amo y del esclavo en Hegel” . En la visión de Hegel, la relación entre los hombres es inexorablemente la de dominador o la de dominado. Una visión totalmente opuesta a la visión católica, a la propuesta por Jesús: la fraternidad entre los hijos de Dios Padre.

 

El mensaje del Corazón de María ante la situación de este siglo y su civilización de la acedia, coincide con la consigna de instaurar el reinado social de Cristo, acompaña la exhortación al Reinado de Cristo Rey, que iban pronunciando uno tras otro los grandes papas y la confesión de los mártires que lo gritaban al morir: ¡viva Cristo Rey! A esa consigna le ha sucedido luego el lema de la civilización del amor.

 

Es que la civilización de la acedia había establecido la ambición y el odio como principio operativo de las relaciones con el otro, en lugar del principio operativo de la caridad en las relaciones con el tú, en el interior del gran Nosotros divino-humano, propio del catolicismo.
La vigencia permanente del mensaje, de la pastoral, y de la pedagogía de Fátima, deriva de que la civilización de la acedia no sólo persiste sino que globaliza sus puntos de vista, los radicaliza y los impone con creciente poder técnico y vigor de convicción merced a la manipulación de las mentes.
En momentos en que se cierne sobre nosotros la amenaza de un nuevo Orden Mundial anticatólico y antihumano, que declara que se debe abolir el amor familiar, patriótico y religioso – especialmente el cristiano – para que pueda culminar el progreso de la historia ...
Es decir: en momento en que los asesores del poder mundial, como es Fukuyama, dictan la sentencia de que, por el bien del mundo, deben desaparecer las familias tradicionales cristianas, las patrias y naciones cristianas y la misma Iglesia...
No podemos decir que haya - ni actuar como si hubiese – pasado el peligro que derivaba de las convicciones de Marx y Engels y que dio lugar al más terrible conato de etnocidio de los cristianos que fue el que vio el siglo XX en Armenia, Rusia, México, España, Europa Oriental, Líbano y en diversos países africanos. Lejos de cesar, ese peligro se ha agudizado y se globaliza.
Si aún no se ha desatado la persecución violenta global, se siguen ofreciendo los motivos que la justificarían a los ojos de los que ven a los creyentes como una obstáculo histórico.

 

En esta época en la que la civilización de la acedia formula sus motivos con claridad y convicción creciente, y en la que sus principios cobran máxima vigencia, también cobra máxima vigencia y actualidad el Mensaje de Fátima y la pedagogía divina que nos enseña. La debilidad de tres pastorcitos ante el gobierno portugués, es todo un símbolo de la debilidad de la nación católica dispersa frente a los estados que la oprimen.
El cerco e espinas se estrecha alrededor del Corazón Inmaculado. Pero cuanto más lo hieren las espinas, más se inflama en el fuego de la Caridad. Y la Caridad vence: “Al final, mi Corazón Inmaculado triunfará”, nos asegura nuestra Madre. Ella también, como Jesús, nos anima: “No temas pequeño rebaño”, “No tengáis miedo”.
Sólo que, no hay que imaginarse este triunfo a imagen y semejanza de lo que el mundo tiene por tal, y sin embargo teme de nosotros que pudiéramos alcanzar. Hay que concebir ese triunfo a la luz de lo que nos enseña San Juan: “¿Cuál es la victoria que ya ha vencido al mundo sino nuestra fe?” (1 Juan 5, 4).

 

Juan Pablo II, el profeta de María e intérprete de su enseñanza en Fátima y demás apariciones marianas, nos advierte que “el choque entre las apetencias contrarias al Espíritu Santo que caracterizan tantos aspectos de la civilización contemporánea [...] y las apetencias contrarias a la carne del Espíritu”... ese “choque del mundo con un Dios que le sale al encuentro en su encarnación, y le comunica su Espíritu Santo siempre renovado, puede representar en muchos casos más que un encuentro, un encontronazo dramático, y terminar en nuevas derrotas humanas” de los creyentes. Pero la Iglesia, afirma el Papa, “cree firmemente que por parte de Dios, existe siempre una comunicación salvífica, una venida salvífica, y, si acaso, un salvífico convencer al mundo en lo referente al pecado por obra del Espíritu Santo” (Dominum et vivificantem Nº 56).
Juan Pablo II, después de esbozar sólo parcialmente “el cuadro de muerte que se está perfilando en nuestra época mientras nos acercamos cada vez más al final del segundo milenio” prosigue diciendo: “ Desde el sombrío panorama de la civilización materialista y, en particular, desde aquellos signos de muerte que se multiplican en el marco sociológico – histórico en que se mueve ¿no surge acaso una nueva invocación, más o menos consciente, al Espíritu dador de vida? En cualquier caso, incluso independientemente del grado de esperanza o desesperación humana, así como de las desilusiones o de los desengaños que se derivan del desarrollo de los sistemas materialistas de pensamiento y de vida, queda la certeza cristiana, de que el viento sopla donde quiere, de que nosotros poseemos las primicias del Espíritu y de que, por tanto, podemos estar también sujetos a los sufrimientos del tiempo que pasa [como lo estaban y lo reconocían Jacinta y Francisco], pero gemimos en nuestro interior anhelando el rescate de nuestro cuerpo, esto es, de nuestro ser humano, corporal y espiritual. Gemimos sí, pero en una espera llena de indefectible esperanza, porque precisamente a este ser humano se ha acercado Dios, que es Espíritu” (Dominum et vivificantem Nº 57).

 

Fátima confirma lo que afirmaba recientemente Fedrico Mihura Seeber, con cuyas palabras quiero terminar estas meditaciones, acerca de lo que nos toca hacer en esta situación, que parece abocarnos al fracaso de toda acción humana:
“Nosotros, los cristianos, actuando en nuestras cosas en sentido tradicional, de acuerdo a los valores de siempre, nosotros, digo, haremos avanzar la historia hacia su término natural [...] Pero esto, a mi entender –prosigue diciendo – implica: no poner nuestros ojos en el triunfo mundano, que es político. Hoy, - recién hoy, y no hace unos años – se nos impone una perspectiva ‘triunfalista’. Ese triunfo, el triunfo político no es el nuestro, sino el de Cristo Rey y Juez, en su Advenimiento glorioso . Nuestra tarea, hoy, está limitada a la restauración de las solas parcelas de la cristiandad, allí donde y hasta donde, llegue la influencia de nuestra acción privada: familias ‘como Dios manda’; Universidades y Centros de Estudios fieles a la Tradición sapiencial; empresas económicas independientes, en lo posible, de la estructura financiera capitalístico- usuraria [...] Todavía, hoy es posible trabajar en un sentido contrario, por prescindente, al que impone el Nuevo Orden Mundial” .

 

En la oración que el Ángel de la Paz le enseña a los niños está el secreto de la Paz Mundial.