BALADA POSTUMA

PARA UN CORDERITO EMBALADO

Para envolver a un cándido cordero
se hizo pasar por perro un lobo artero:

“Soy el perro ovejero del pastor
 de un rebaño vecino
- se presentó a sí mismo el seductor -
y vengo de camino
por las majadas del alrededor.

He visto mil y una. En todo el mundo.
Comparada con todas, la mejor,
¡de lejos! ¡sin rivales ni segundos!
Es aquella majada de mi flor...

¡Qué ovejas! ¡Qué corderos! ¡Qué pastor!
En vano buscarás otros iguales.
¡Y si vieras aquellos pastizales
y aquellas fuentes puras
que hacen la dicha de mis animales!
No hay otras creaturas
tan bienaventuradas
en todo el mundo ni en sus arrabales.
No hay dehesa más sana y más segura
que aquélla donde pace mi majada
libre de fieras, sarna y otros males!

“Pues si es como me dices tu dehesa
- interpuso el ingenuo corderito –
es la realización de la Promesa
y justamente lo que necesito...”

“¡Aquélla sí, es majada!
-prosiguió él, como quien no oye nada –
¡Aquella sí, es majada! ¡Y qué pastor!
Es un cordero más. No un superior.
Es – en vez de pastor – un camarada.
Nunca le oirás una palabra airada
ni levantar la voz.

Nos tratamos con él de che por vos.
Porque, con ser persona preparada,
uno se maravilla
de verla tan modesta y tan sencilla.

No necesita urgir la disciplina.
Con decirte que junto a las ovejas
les permite pastar a los leones...
Lo que es aquello...¡ no te lo imaginas!
Jamás ha habido un roce, ni una queja.
El nuestro ¡es un pastor con pantalones!
¿Y me podrás creer que hasta los lobos
comen pasto y cesaron sus malones?
Ya ves...que a mí, me han dado vacaciones
y he podido viajar por todo el globo.

¿Creerás que te exagero?
¡No hay nada igual en todo el extranjero!
Allá, en el hato donde yo me alojo
son todos por igual, vegetarianos:
las fieras, el pastor,
un servidor, los amos...
No hay zarzas, no hay espinas, no hay abrojos.
Y como no hay invierno, no esquilamos”.

Quedóse embelecado nuestro ingenuo
con los cuentos del lobo.
Y se alistó para emigrar al sueño
en el primer convoy de corderitos bobos.

Viendo tan embalado al indiscreto
y que ya estaba pronto para el viaje,
fingió encontrar un “¡último! ” pasaje.
Y en letra chica – al dorso del boleto –
le aconsejó secreto
para lacrar en forma su embalaje:


“Te llevaré conmigo a mi majada
si me prometes no decirle nada
ni al pastor, ni a tus perros ovejeros,
ni a las demás ovejas, ni al carnero.

Te llevo sólo a ti, por ser amigo.
Pero te darás cuenta
que si quisieran emigrar contigo
van a ponerme en situación violenta.

Por lo demás, si a ti no te gustara,
te doy la más completa garantía
- y se la dio jurada -
que te traigo de vuelta el mismo día”.

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

¿Se irá el cordero a la majada clandestina?
¿Será sangriento el fin que se avecina?

¿Tendrá el cordero ese final terrible,
escalofriante pero previsible?

Difiramos, al menos, su final
para que salga vivo de este lance
echando mano a un corte comercial:

“No hay realidad parangonable al mito
ni que resista la comparación.
Si se siente feliz en su mundito
cambie la realidad por la ficción”.

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

Cambió en el entreacto el mal agüero.
Y desenrollaremos la madeja:
Si el lector ya sacó su moraleja
¿qué gana con la muerte del cordero?
Lo que la compasión nos aconseja
es rescatarlo de su atolladero.

Digamos que: llegados al andén,
estando a punto de partir el tren,
casi sobre el estribo del vagón,
un perro policía olió al ladrón.
Y todo se arregló en un santiamén:
el lobo fue a podrirse en la prisión,
el corderito tuvo un happy end
y la experiencia le sirvió un montón.


 EL AVISPÓN Y LA ARAÑA

Observen a estos bichitos
- señaló el viejo Vizcacha* -
Ese avispón, que a esa araña
la duerme con su aguijón,
la anestesia, no la mata.
Y hallo que tiene razón...

Porque la araña dormida
no se abomba en la fiambrera.
Y así comen las queresas
del avispón colorado
carne fresca de primera
y no araña de enlatado.

La gente , si es avispada,
no mata a sus enemigos.
Con tal de que estén dormidos
y no puedan hacer nada,
les saca mejor tajada
cuando se los come vivos.

Y ustedes tengan por hecho,
si quieren sacar partido,
que rival desprevenido
les será de más provecho,
que si lo tienen vencido
con la pata sobre el pecho.

Por eso, les aconsejo,
hagan como el avispón.
Si clavan el aguijón
clávenlo con mucho tiento:
no como facón sangriento
sino como una inyección.

Vale más rival durmiendo
que enemigo en el cajón.
Pero si les toca estar
del lado de las arañas:
que no los duerman las mañas
de gente que, aunque no mata,
pa’ comerles las entrañas
los quiere manear de patas.

No sean como araña necia.
Miren que avispón ladino
vive comiendo cretinos
y encima los menosprecia.

• Viejo Vizcacha: personaje del poema Martín Fierro de José Hernández
representa un tipo de sabiduría criolla maliciosa.


LA COMADREJA DESLENGUADA

 En una carpintería
se metió la comadreja,
y lamiendo la escofina
se fue comiendo la lengua.

Pensaba sacarle jugo
a quien le sacaba sangre.
E insistió hasta que no tuvo
más lengua para limarse.

Así son los deslenguados
que hablan con perjuicio propio,
y hablando quedan menguados
sin lograr menguar al otro.

Pensaban sacar provecho
con su terco proceder,
y advierten qué mal se han hecho
cuando no hay nada que hacer.


 COMO LA MONA

         (Sonatina)

La monita está loca....¿Qué le pasa a la mona?
Bate un cócktel de hojas y de voces chillonas
que es más de lo que suele cuando pide atención.
La monita más mona de todo el Casiquiare,
a la que no hay monito que no se le declare,
da signos inequívocos de extrema turbación.

Se cuelga de una liana como araña del hilo;
bicha, se desespera, está en suspenso , en vilo;
con la mano en visera avizora el guadal.
La tiene su capricho al borde del desmayo,
de todos los colores, como los guacamayos
o como la irisada cola del pavorreal.

Masca con furia chicle de goma de siringa.
No concilia la siesta. Se desvela. Respinga
y se ve arrebatada, en vórtice veloz,
por la intriga que excita su ardiente fantasía,
con la cual lucha en vano, que raya en la manía
hipnótica, obsesiva, dominante y atroz.

¿Qué ha visto en la tranquila ribera del islote
o en la extensa planicie que cubre el camalote?
¿Qué presagio le traen los vuelos del tucán?
¿Por qué se ha trastornado la mona parlanchina
que retuerce sus manos y sus dientes rechina
y clama por un Valium o dos Dupli-Sedán?

No cabe duda alguna: ha entrevisto una cosa.
Y la monita es mona. Pero es, aún más, curiosa
y se muere de ganas por descolgarse a ver.
Pero, a la vez macaca, timorata, recela.

Es curiosa, no boba. Por eso se cautela
de casos y de cosas que “¡vaya una a saber!”.

El mato alberga fieras duchas para el engaño,
pumas, jaguares, boas, prestos a hacerle daño.
Sabe qué riesgos corre si baja hasta el talud.
Y aunque, por una parte, bajar a ver quisiera
y a examinar de cerca la fangosa ribera,
no sabe si arriesgarse a curarse en salud.

Aquel extraño objeto que divisa en el río
es para la curiosa un reto, un desafío
Le parece – de lejos – un reflejo de sol
sobre un tronco podrido que tumbó entre la lama
el hachazo del rayo, luego tiznó la llama
y hoy, entre musgo y algas, da pasto al caracol.

Puesto que no divisa peligros en la zona
(La monita es curiosa. La monita es muy mona)
cede, en un arrebato, dejando su lugar
para arrimarse al tronco, pisando cautelosa,
(La monita es muy mona. La monita es curiosa)
a sacarse las ganas de ver y de tocar.

Y ve y toca y comprueba, saliendo de su intriga,
Que aquél supuesto tronco tiene boca y barriga:
Su historia alcanza el clímax dentro de un yacaré.
Y así - ¡como la mona! – las curiosas terminan

cantando, como ella, la triste sonatina:
es su palabra póstuma la palabra “¡soné!”.


              EBRIOS DE CORAJE

 Un viejo bebedor empedernido,
 gran batidor de records de boliche,
 de esos que “saben por haber vivido”
 pero mueren lactantes del espiche,

 a punta de puazos y vinillo
 desafió a sus compinches de mamúa
 a cruzar por el bosque de espinillos
 en macho mano a mano con las púas.

 Por no sentar figura de cobardes
- cosa que arrostran sólo los valientes –
enfiló la majada de compadres
al monte en formación de combatientes.

 Pero no hubo victoria, ni hubo emparde....
 Apenas les mostró el monte los dientes,

 tocaron retirada, haciendo alarde
 de que meterse en el monte era imprudente,
 sin guía y a esas horas de la tarde.


MIS MUSAS


- “Ser versificador no es ser poeta”
me quiso reprochar mi Superego.
Y yo le dije: - “Dime – te lo ruego –
Cuál de nosotros dos busca esa meta”

Él se calló la boca, como suele,
Pues no tolera que lo contradiga
(cuando me lo permito, eso le duele
y le atacan dolores de barriga)

A mí, hacer versos, me divierte en grande.
No tengo otras segundas intenciones.
Si algo pido a las Musas que me manden,
Cuando reparten sus inspiraciones,
Más que versos sublimes o elegantes,
Son entretenimientos juguetones.

Y mis Musas – que son las mismas Musas
De los vates conspicuos y señeros –
Lo que es a mí, me atienden sin excusas,
En chancletas, de bata y de ruleros.

Ellas saben que yo, no soy un vate,
Y por eso no se andan con cumplidos,
Me hacen pasar, me invitan con un mate
Y, si hay tiempo, lo acepto complacido.

Los que aprecian blasones y linajes
-gente de sociedá y conocedora –
dicen que son parientas de las Ninfas.
Y que: corren tras Diana cazadora,
Mirándose al espejo en puras linfas
Con las primeras luces de la aurora.

También que: el Sol que los picachos nimba
Las sorprende bañándose en las fuentes.

No sé si el Sol, o Apolo Musagetes,
Tendrá, como ellos piensan, tal costumbre.
Por lo demás, a mí no me compete
Saber qué mira el Sol desde las cumbres.
Opino que proyecta su caletre
en Apolo sus propias podredumbres.

Para mí, que son fábulas paganas.
Habladurías que inventa gente ociosa,
proyectando sus vicios y macanas
en la Creación que Dios hizo virtuosa.
Las Musas que conozco son cristianas,
Y, como ellas me dicen, ¡ortodosas!

Mi impresión es que son buenas vecinas
y nada más. Mujeres de campaña.
Con los rasgos comunes de las chinas.
De igual virtud y con iguales mañas.

Mis Musas son solemnes cuentamusas
Y ellas saben muy bien que me doy cuenta.
Cuentan con mi perdón; por eso abusan.
Y como encuentro gracia en lo que inventan
Y les invento siempre alguna excusa,
Ellas mienten, no más. Por mí: ¡que mientan!


           ERROR IRREFUTABLE

 Perseguido un conejo por la jauría de galgos
 topó con un zorrino que decidió ayudarlo.
 Lo roció con espráy de esencia de zorrino*
 y escondiendo al conejo se apostó en su camino.

 Llegaron los lebreles al lugar del ardid,
 traídos por su olfato como de la nariz
 y dieron de narices con la hedionda sorpresa
 en que se transmutara el rastro de su presa.

 Reflejaron sus colas la situación anímica
 en la cual los sumía la acción del arma química;
 con las orejas gachas, entre los estornudos
 dejaron de ladrar y se quedaron mudos.

 Pasada esa primera reacción de náusea y asco
 les dio por preguntarse por la razón del chasco.

 Sin discusión, a una, la perrada convino
 en que una mutación de conejo en zorrino
- si bien caso rarísimo y sin antecedentes –   
era un matter of fact por demás contundente,
puesto que lo imponían la vista y el olfato
con una abrumadora convergencia de datos.
Sin apelar a Darwin, el evolucionista,
suscribiría los hechos cualquier positivista.

Pero...fueron los perros de diversa opinión
al explicar las causas de la transmutación.
Y con el mismo ardor que al disputar un hueso
peleó por sus teorías la jauría de sabuesos.
Según unos sería, dicha causa, divina
y adversa en este caso, a la causa canina.
Según otros, el hecho, si bien era inusual,
era de todos modos, un hecho natural.


 Por fin gruñían algunos, que fuese o no un milagro,
 el lance de esta caza era igual, más que magro.
 y tomaban a afrenta tanta filosofía
 que aliena y va en desmedro de las panzas vacías.

 Escondido el conejo entre las bambalinas
 se mataba de risa oyendo estas pamplinas,
 porque volvían los tercos, como perros al vómito,
 a argumentar de nuevo los mismos despropósitos,
 y a perseguir el rabo de sus tautologías
 hasta caer mareados con sus propias teorías.

 Se bañaba el conejo en aguas ...olorosas,
 si bien, en este caso, no era aerosol de rosas.
 Pero se guardó bien de dejar su escondrijo
 para ir a disipar tanto error erudito.
 Pues no hay jauría más perra que jauría de doctores
 con conejo que salga a discutirle errores.

 Ni hay error más tenaz y arduo de refutar
 que el de un inteligente, que sabe razonar,
 pero se emperra en cambio en fiarse de su olfato
 y confunde, sin crítica, su aprehensión con sus datos

La verdad que el tal busca, puede estar tras la mata
a la que él, displicente, le levanta la pata.

* Zorrino, pequeño mamífero que se defiende segregando un líquido pestilente


LA GUERRA DE LAS LIEBRES

Guerrearon las liebres
con los aguiluchos.
La guerra era cruenta
y los muertos muchos.
Pidieron las liebres
apoyo y socorro
táctico-estratégico
a todos los zorros.

Estos respondieron
políticamente:
“¡Cómo no prevísteis
lo que era evidente?

¡Bastara miraros
ante el espejo!
¿En qué se parecen
liebres y conejos?

Sois de nacimiento,
labileporinos.
Y a quien así nace,
de labio partido,
ya antes del combate
lo noqueó el destino”.

Quien loco acomete
contra uno más fuerte,
un error comete
que para en la muerte.

Pues sólo asegura
tamaña locura
¡mayor amargura!
¡mayor amargura!


 

EL APRENDIZ DE EQUILIBRISTA

 Sobre la cuerda floja, a mucha altura,
 su primera lección de equilibrista
 - sin oír del maestro la cordura -
 tomaba un aspirante a trapecista.

 Y estaba tan seguro de sí mismo,
 miraba tan de arriba al pobre viejo,
 que juzgando superfluos sus consejos
 arrojó el contrapeso hacia el abismo.

  Así sucede a algunos principiantes
  que ignorando el peligro, van seguros.
  De puro verdes ya se creen maduros
  y superiores a los que eran antes

  Mas queriendo lucirse a toda costa
  en el difícil arte de la cuerda,
  por no seguir consejos se hacen....bosta
  y se van, sin el método , a la ...arena.


    EL BURRITO DISFRAZADO DE LEON

Se disfrazó de león
un borriquito bromista
y logró sembrar el pánico
con su disfraz efectista.

Sacudiendo la melena
con ferocidad realista,
brincaba de su emboscada
en forma tan imprevista
que todos salían corriendo
hasta perderse de vista.

Quiso asustar a la zorra.
Pero ésta, taimada y lista:
¡Si no hubieras rebuznado
te tendría por buen artista!
dijo sacudiendo el rabo.
  Hay quienes fingen ser mucho
  y logran aparentarlo,
  pero a veces un rebuzno
  basta para traicionarlos.

  Por eso, lo del borrico,
  también a nosotros toca:
  necio que se finge listo
  se vende al abrir la boca.


   ¡CARACOLES!

Asaba unos caracoles
el hijo de un labrador.

Sobre los rojos carbones,
los moluscos, al calor,
comenzaron a silbar
cocinándose al vapor.
 Increpólos el zagal:
 ¡Viles bichos sin pudor!
 ¿Qué es esto, de festejar
 el incendio destructor
 que devora vuestro hogar?
 ¡Mudos siempre! ¿Y justo hoy
 os viene a dar por cantar?

    Quien lee, medite y sepa,
    que hay quien nos pone a morir
    y todavía nos increpa
    por quejarnos al sufrir.



  EL CAZADOR ATOLONDRADO

Por perder el tiempo en hacer puntería,
volvió un cazador con la alforja vacía.

Lo que al cazador por no molestarse,
sucede en la vida por no espabilarse.

No basta en la caza con quemar cartucho.
Ni basta en la vida con moverse mucho.

No asegura el ruido de la artillería
el buen resultado de una cacería.

Ni basta en la vida seguir los impulsos,
obrando sin ojo, sin tino y sin pulso.

No logran más piezas malos cazadores,
sólo porque sean sus armas mejores.

Y al fin de la vida cantará el morral
si uno apuntó bien o si apuntó mal.

Porque habrá en su bolsa lo que en ella eche
y según sus presas será su escabeche.


  LA CHICHARRA Y LAS HORMIGAS

  Cantó todo el verano la chicharra
y viendo a las hormigas
fatigarse juntando provisiones,
rasgueaba en su guitarra
        coplitas enemigas,
  llenas de burlas y dobles alusiones.

Callaban las hormigas
dobladas bajo el peso
y el bulto de sus cargas.
exhaustas al exceso por sus largas 
jornadas de trabajo.
sin ignorar por eso
las injustas y amargas 
burlas que con avieso desparpajo,
tarareaba zumbona la cigarra.

Pero dice el proverbio: “Todo pasa”.
Y así pasó el calor de aquel estío
y vino el tiempo frío.
Enmudeció la chanza
  y se aquietó la mansa y dura brega.
  Aquélla, por tener vacía la panza.
        Estas, por la abundancia
  del forraje ensilado en sus bodegas.

  Acosó la miseria a la cantora.
- El hambre es cosa seria,
bien dicen que devora –
  Y viéndose sin pan y sin dinero,
yerta de frío y miseria,
débil y casi muerta,
  se allegó a mendigar al hormiguero:
¡Hermanas! ¡que me muero!
- gritó desde la puerta -
denme un poco de trigo del granero!

  Le salió a abrir el hormigón portero,
  restregando aterido sus tenazas.
  La hizo pasar, con invernal cachaza,
  por el zaguán hasta una oscura sala.
  Y cerrando la puerta de la casa
 Le dijo: ¡La hora es mala!
 ¡Vamos a ver , hermana,
si te conceden crédito o qué pasa!
Primero has de llenar un formulario
y responder a varios cuestionarios.

 Y con ese expediente
  te podrá visitar nuestra Asistente.
      Yo abrigo seria dudas
     de que vayan a darte alguna ayuda.
      Pero será prudente
      que acudas nuevamente
      la próxima semana.
     Pero ten bien presente, cara hermana,
    que el horario vigente es de mañana.

     ¿El trámite? Es complejo.
     Y deben, finalmente,
   expedirse la Reina y su Consejo.


Pero quiero advertirte de antemano,
 respecto a tu expediente,
que si examinan los antecedentes
- que nadie ignora y obran a la mano –
podrán disimular tu impertinencia
 mas no tu reincidencia
         en un error manido
y que ¡tanta chicharra ha cometido!

 Ya que no por legista,
 al menos por artista
no debías olvidar la vieja historia
que hasta el profano sabe de memoria.
 Me refiero a la trova
ya proverbial, de la cigarra boba;
lugar común en la literatura
que marca a una cantora, si lo ignora,
con la execrable tacha de incultura.

 Negamos con firmeza
- consta en la historia – a la primera cigarra
   la ayuda que pedía.
        Mas tú no escarmentaste en su cabeza.
        nos volviste a tomar para la farra...
                 y - ¡familiar manía! –
        reincurriste en el vicio de pereza.


 ¿Cómo hallarás clemencia
 si a pecados antiguos
 sumaste el nada exiguo
de tu profesional incompetencia?

  No solicites créditos
  ni pidas caridades
 a quien va a examinarte por tus méritos
 y no –más bien – por tus necesidades
 Si a otros – si no mejores , menos malos –
 trataron con justicia y con firmeza,
 ya te puedes sacar de la cabeza
 que te hayan de dar pan, en vez de palos.


EL CÓNDOR Y LA BABOSA

Allá arriba en la montaña
Vio el cóndor una babosa
“¡Vaya – dijo – cosa extraña,
rara por aquí y curiosa!”

“¿Cómo has podido escalar
estas cumbres en que habito,
sin alas para volar 
y andando tan despacito?
¿Tan alto pueden trepar
los que trepan despacito?

Y sin dejar de trepar,
Le dijo la que trepaba
“¡Puedo llegar donde quiera
mientras no me falte baba!


EL CUERVO HAMBRIENTO Y LA VIBORA

Sesteaba una crucera al sol de abril,
 enroscadita,
 fuera del cubil.

 Y un cuervo
 que buscaba qué comer
quiso desayunársela a placer.

 Despertó la serpiente.
 Lo mordió.
Y el cuervo – como es lógico – murió.

 Pero antes de expirar,
 pudo decir
la moraleja que me vas a oír:

 Lo que me has visto hacer, no lo hagas tú-uy.
 Sé más prudente y cúrate en salú-ud.
 Pinta el hambre espejismos de menú-uy
 que en realidad, son cebos de ataú-ud.


DAÑO SABÁTICO

Según prescripción del médico
- destacado chimpancílogo - 
que se lo encontró caquéctico
y ya próximo a su epílogo
al chimpancé mas simpático
de todo el jardín zoológico,
le dieron año sabático
en una selva del trópico.

¡Él! que fuera tan dinámico...
¡Él! Oscar de actores mímicos...
¿hecho un pobre ciclotímico
indiferente y apático?
¡Él! ayer ídolo público
¿hoy misántropo y abúlico,
introvertido y lunático?

Fue el diagnóstico del clínico
Que era un cuadro melancólico.

Así que en jet supersónico
lo fletaron a un sabático,
por ver si el aire selvático
le podía servir de tónico;
y no se les moría de crónico
como temía el catedrático.

Mas si aplicaran la lógica
de manera más científica
deberían hacer la crítica
de la institución zoológica


DICHOS DE CAJÓN (DE FRUTA)

Como frutos de un huerto
Los hombres son:
Los distingue el experto
Por su sazón.

Desprenderse del árbol
No es signo cierto:
Igual caen los maduros
Que los mamertos.

No todos los que caen
Caen de maduros.
Hay quienes caen de verdes
Por inseguros.

El necio que recoge
Fruta del suelo,
Acumula en el cesto
Frutos de duelo.

Hay frutos que parecen
Frutos lozanos,
Mas por dentro guarecen
Podre y gusanos.

Buen fruto, mas en rama
Que el sol caldea,
Da con el tonto en cama
Por la diarrea.

También la mal lavada
Por el sulfato,
A muchos les depara 
Sus malos ratos.

La manzana podrida
Pudre el cajón
Y herejía consentida
La religión.

Parecidos a fruta
Los hombres son
Ellos también se pudren
En el cajón.

El buen saber del sabio,
Gusto y sabor
En mente, lengua, labios
Y corazón.

La insipiencia del necio
Primero traga,
Y después se da cuenta 
Que era Loraga.

Boca de necio es puerta
Que bate el viento:
La abre y cierra el capricho
No su buen seso.

Boca de sabio es puerta
Con guarda y llave,
Su tranca es contraseña
Que pocos saben.

De su boca los hombres
Son centinelas:
Los necios se adormecen,
Los sabios velan.

No comas fruta verde,
Tendrás dentera.
Jamás su tiempo pierde
Quien bien espera.
Pagan con dientes
Su ansiedad y sus prisas
Los impacientes.

Hay frutos que son agrios
Pero en compota
O en dulce, que eran ácidos
Ya no se nota.
También hay gente
Que con buen tratamiento
Se hace excelente.

A otros el cocimiento 
Les quita el gusto.
Y así hay temperamentos
Que por disgustos
Dulces en otros tiempos
Hoy son adustos.

Hay fruto sano
Que a alguno le parece 
Que trae gusano.
Y aún sin gusano alguno
Quien se autocompadece
Ya tiene uno.


    ES. . . FINGE

Mujer hermosa y mala,
como la Esfinge,
primero te regala
luego te aflige.

Mira de ella,
no la cara y el busto
sino sus huellas.

Muchos la embarran
porque mirando el rostro
no ven las garras.


  LA GALLINA QUE INCUBABA ASPIDES

   Sobre un nidal de víboras
se acluecó la gallina.

¡Se necesita ser...
- trinó la golondrina -
para incubar los huevos
de esas bestias dañinas
que apenas sean capaces
serán tus asesinas!

Así como las víboras
no respetan nodriza,
el odio de los malos,
con favores, se atiza.



 LAGALLINA DE LOS HUEVOS DE ORO

Una gallina ponía
diariamente un huevo de oro.
Y el hombre que la tenía
iba juntando un tesoro.

Esperaba el cacareo
  y haciéndose el distraído,
  llegaba, dando un rodeo,
  para requisar el nido.

Miraba disimulado
y si nadie lo veía
se agachaba con cuidado
y lo echaba en su alcancía.


Pero creció su codicia.
Ya le costaba esperar
al tiempo en que la gallina
solía echarse a cacarear.

Avaro, empezó a cismar,
y en su sordidez se dijo:
¿Si pusiera el capital
a interés de plazo fijo?

Van vencidos muchos meses
y el bicho no tiene en cuenta
que estoy perdiendo intereses
porque su postura es lenta.
Mejor, de una vez por todas,
hacerme con el lingote.
¡Se acabaron las demoras!
¡Voy a torcerle el cogote!

Ya no quiero ni pensar
en lo que llevo perdido
por culpa de ese animal
con tantos viajes al nido.

Dicho y hecho. El impaciente,
sin más, la gallina agarra,
la mata y abre en caliente
en busca del oro en barra.

Pero debe lamentar,
pronto, su funesto error:
la autopsia muestra: - ¡Oh dolor! –
una gallina vulgar.
   Guárdate de la codicia
   y la prisa avariciosa.

   Y ten en cuenta otra cosa
   importante todavía:
   Si tu gallina es valiosa
   ¡Sácale radiografías!


LOS DOS HORNEROS*

 Aquí me pongo a cantar...
- remedó a Fierro un hornero -
...porque está lloviendo fiero
y todo el mundo se embarra
y hasta Eva en el secadero
colgó los trajes de parra.

¡Qué me importa que se mojen!
¡Siga cayendo la lluvia!
Que a mí, cuanto más diluvia,
mejor se me pone el barro.
No soy de esos patasucias
que tienen miedo al catarro.

¡Aprendan a chapotear
- maulas – en el agua fría!
¡Venga agüita todo el día
mientras yo levanto el horno!
¡Esto es lo que yo pedía!
¡Lo demás... me importa un corno!

Seguía cantando el hornero 
semejantes desatinos.
Vino un hornero vecino
y lo reprendió por eso:
¿A vos se te subió el vino
o es que estás perdiendo el seso?

¡Vos desbarrás de lo lindo
y hacés, de un buen barro, cieno!
Te aseguro que me apeno
con el fangal de tu grito.
Con seca y cielo sereno
va a sofocarte el polvito.

Vos los ofendés al cuete
sin pensar que habrá revancha.
Como chillido de chancha,
la burla de la culeca
te va a correr de la cancha
en el ardor de la seca.

La lluvia es un don de Dios
para bien de los mortales.
Bichitos y vegetales
se benefician con ella.
Vos, tu bendición echále,
pero sin buscar querellas.

Y si le molesta a otros,
vos deberías – por lo menos – 
economizar veneno
y aplicarte a trabajar.
¿Es tu bien o el mal ajeno
lo que vos querés cantar?

* Hornero, Joâo do barro, es un ave sudamericana que hace su nido amasado de barro en forma de horno.