LA MIRADA DE DIOS SOBRE EL MUNDO

EN LA CONTEMPLACIÓN DE LA ENCARNACIÓN

[EE. 101- 109 y 262]


Boletín de Espiritualidad Nº 130 (1991)


Nuestro propósito es, recordar algunos textos bíblicos que pueden servir al que hace Ejercicios ignacianos y va a contemplar la Encarnación, a encontrarse con "la mirada de Dios sobre el mundo". Estos textos parecen particularmente apropiados en las "repeticiones" de dicha contemplación, ya sea durante los mismos Ejercicios "de mes", ya sea luego, en los Ejercicios de año.


CONTENIDO

1. LA MIRADA DE DIOS

1.1 Algunas miradas sobre los pecadores

a. El pecado de la primera pareja: Gn. 3,9 ss.

b. El pecado de Caín: Gn. 4.

c. Corrupción de toda la humanidad, Noé y el Diluvio: Gn. 6,5 ss.

d. Babel: "Bajó el Señor a ver la ciudad y la torre que habían edificado" (Gn 11,5)

e. Abraham: Gn.12

1.2 Miradas compasivas sobre los afligidos

1.3 En la Contemplación de la Encarnación

2. TEXTOS BÍBLICOS PANORÁMICOS

2.1 El libro de la Sabiduría de Salomón

2.2 Eclesiástico (Ben Sira) 44-50

2.3 El libro de Daniel

2.4 San Pablo

a. Romanos 1,16-3,26

b. Efesios 1,3-2,3

3. CONCLUSIÓN

Veremos primero algunas miradas de Dios sobre pecadores. Luego, algunas miradas sobre afligidos. Recorremos primero textos aislados que contienen un acontecimientos singular. Luego veremos algunos textos que ofrecen un desarrollo o síntesis histórica.


1. LA MIRADA DE DIOS

Naturalmente que siempre que Dios mira, pasa luego a actuar en consecuencia con lo que ve. Es difícil señalar textos en que no haya una acción de Dios ulterior a su mirada; y sería artificial separar la mirada de Dios de lo que luego dice y hace, como bien lo nota y señala Ignacio a la consideración del ejercitante (EE. 106-108). Los textos bíblicos que refieren "visitas" de Dios, por ejemplo, contienen habitualmente una mirada, un propósito y una acción divina. (1)

En las Escrituras, Dios visita tanto para castigar y corregir, como para consolar y bendecir. Baste aquí con apuntar hacia este filón de la teología bíblica al que ese puede entrar, por ejemplo, a partir del índice de notas más importantes de la Biblia de Jerusalén: notas a Ex. 3,16 y a Lc. 1,68 y 19,44.

Dios observa desde el cielo a los hijos de Adán. Salmo 52,3-5; Sal. 32,13-15.18-19; no hay uno que obre bien Salmo 14,3, Sal 14,4; 102,20; Deut. 26,15; I Re 8,43; Ba. 2,16-18, Isaías 66,1-4.

Al señalar algunos textos, no es nuestra intención excluir esos momentos siguientes a la mirada de Dios.


1.1 Algunas miradas sobre los pecadores

a. El pecado de la primera pareja: Gn. 3,9 ss.

Tanto la actitud de Dios ante el pecado de la primera pareja, como la del hombre ante el Dios desobedecido son arquetípicas y, por lo tanto, válidas para toda época (ab uno disce omnes).

El texto es destacable porque se entreteje con sus temas el tema de la visión. La serpiente tienta con la promesa "si coméis del fruto se os abrirán los ojos", que es una promesa de ver. El efecto de gustar el fruto es en verdad también visual. La mujer, antes de tomar, vio que el árbol era bueno para comer y apetecible a la vista. Pero después de comer el fruto, se les abrieron los ojos y vieron que estaban desnudos. Entonces, cuando oyeron los pasos de Dios, se ocultaron de su vista.

No se dice en el texto que Dios los mira: pero, por un lado, ellos se ocultan de su vista; y por otro lado Dios los echa de menos cuando no los ve. Nota su ausencia, su lejanía. Y Dios toma la iniciativa de salir y buscar al hombre, enviando su grito, su palabra, para devolverlo a la comunicación. En hebreo, la interrogación ¿dónde estás? suena como un gemido, como un aye de dolor: "¿Ayyéka? Es la primera misión (emisión) salvífica del Verbo divino.

Lo que sigue es toda la dispensación divina acerca de la penitencia que han de hacer. La historia de Adán comienza a ser historia de salvación.


b. El pecado de Caín: Gn. 4.

Prototipo de todas las acciones violentas fratricidas, Caín considera que ha de esconderse de la presencia de Dios (que es eludir la mirada divina), y sale de la presencia de Dios (4,14. 16).

Tanto aquí como en el relato anterior, el pecado se paga con el destierro. Adán y Eva deben dejar el suelo desde el cual clama la sangre de su hermano. La tierra es el escenario del pecado. Cuando Ignacio invita a mirar la redondez de la tierra, su elección del escenario es perfectamente coherente con los datos bíblicos.


c. Corrupción de toda la humanidad, Noé y el Diluvio: Gn. 6,5 ss.

He aquí un texto particularmente apropiado para contemplar la mirada de Dios sobre la humanidad pecadora:

"Viendo el Señor que la maldad del hombre cundía en la tierra, y que todos los pensamientos que ideaba su corazón eran puro mal de continuo, le pesó al Señor de haber hecho al hombre en la tierra y se indignó en su corazón. Y dijo: Voy a exterminar de sobre la haz del suelo al hombre que he creado – desde el hombre hasta los ganados, las sierpes y hasta las aves del cielo – porque me pesa de haberlos hecho. Pero Noé halló gracia a los ojos del Señor."

Nótese la misma vinculación entre humanidad-tierra, hombre-suelo que en los textos anteriores. Todo lo que ha creado Dios para el hombre, pierde sentido cuando el hombre se corrompe. El pecado del hombre arrastra a las demás creaturas consigo a la ruina y la corrupción. Ignacio conoce esta desarmonía entre el pecador y las creaturas (cfr. EE. 60).

A la mirada de Dios sobre la maldad, no se oculta la presencia de un solo justo, Noé. Como más tarde mirará a María, según ha de contemplar el ejercitante.

Una estructura semejante ofrece el relato de la destrucción de Sodoma y Gomorra, en Gn. 18. Allí tenemos un ejemplo de cómo, en el sentir del justo Abraham, se espeja el "modo de ver" de Dios, que no sería capaz de destruir al justo con el injusto. Los justos son justos porque miran las cosas como Dios las mira y, por tanto, participan de la misma mirada y óptica divina. Así Abraham regatea con Dios acerca del número de justos necesario para evitar la destrucción de las ciudades, porque tiene impreso en su corazón el principio divino de no exterminar al justo con los pecadores. Además al piadoso Abraham es su pariente Lot el que le va al corazón. Pro en la propia elección de Abraham (Gn. 12) Dios ha revelado que la presencia de sus elegidos entre las naciones no sólo tiene como fin evitar la maldición, sino positivamente servir para la bendición. El Antiguo Testamento se abre así al designio salvador mediante el único justo, Jesucristo. María, la llena de gracia, es la que posibilita su venida.


d. Babel: "Bajó el Señor a ver la ciudad y la torre que habían edificado" (Gn 11,5)

La tierra se repuebla a partir de la descendencia del justo Noé. Pero, por lo visto, la justicia no es hereditaria. La preservación del justo y la destrucción de los malvados demuestra no ser la receta adecuada para regenerar a la humanidad.

La sucesión de estos relatos – diluvio, Babel, elección de Abraham – se presenta como si hubiera una progresión en las recetas salvíficas de Dios. Es como si Dios fuera ensayando y aprendiendo, experimentando y perfeccionando medios o métodos de salvación.

Ni la destrucción de los malvados, preservando a los justos; ni la dispersión y confusión de las lenguas; ni...lamentablemente el pueblo elegido que nace de las entrañas de Abraham. Aunque ... María es hija de Abraham. Y Jesús es Hijo de Abraham y de David. Y a El apuntaban las promesas.


e. Abraham: Gn.12.

Esta historia cierra los "experimentos" divinos de los 11 primeros capítulos, en que Dios ensaya modos de salvar a una humanidad que una y otra vez tiende a alejarse de Él.

Se cuentan con los dedos de una mano los interlocutores de Dios en esos once capítulos: en ellos, Dios sólo se presenta hablando con Adán, Caín, Henoc, Noé.

Dios elige a Abraham en vistas a la bendición de todos los pueblos, de toda la humanidad.


1.2 Miradas compasivas sobre los afligidos

Dios ve la desnudez de Adán y Eva pecadores y los viste con túnicas de pieles (Gn. 3,21). Ve el miedo de Caín y lo protege con un signo (Gn. 4,15). Dios ve, por lo tanto, con compasión a los pecadores mismos.

Pero con mayor razón se compadece y acude en ayuda de los "suyos", como vemos en la historia del pueblo de la Alianza.

Si en algún momento Dios mira con pena e indignación, su ira es inseparable de su misericordia.

Dios ve la aflicción de Lía. Su hijo Rubén recibe este nombre que significa, en hebreo, "Dios vio mi aficción" (Gn. 29,32). Dios ve la opresión que padecía Jacob bajo Labán (Gn. 31,42). Dios ve la opresión de la descendencia de los patriarcas en Egipto (Ex. 4,31). Dios mira la aflicción de la estéril Ana (1 Sam. 1,11). Ve la aflicción de su pueblo (1 Sam. 9, 16).

La maldad de los hombres sucede "ante los ojos del Señor", como se repite – como estribillo – en la historia de los Reyes de Israel y de Judá. Pero el Señor mira y está cerca de los atribulados y de los afligidos, de los huérfanos y de las viudas, muy especialmente de los oprimidos.

Jonás (3,10 y 4,11) marca, por fin, una de las cumbres de la revelación de la misericordia de Dios en el Antiguo Testamento: Dios desea la conversión del imperio más violento y cruel de la antigüedad para poder salvarlo y perdonarlo.

"Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y que se salve" (Ez. 18,23; 33,11; 1 Tim. 2, 4). "El es misericordioso con todas sus creaturas" (Slm. 145,9).


1.3 En la Contemplación de la Encarnación

En la contemplación de la Encarnación, la Primera Semana ha quedado atrás. La mirada de Dios sobre la Humanidad no puede ser exclusivamente la mirada airada del Gn. 6,5. Esas miradas podrían servir al ejercitante en la historia de los pecados (EE. 45 ss.). Aquí estamos en la nueva clave de la Segunda Semana que se ha inaugurado con la meditación del Rey, el cual llama a tomar parte de sus trabajos salvíficos y a compartir su misión. La mirada de Dios tiene, por lo tanto, ambos componentes: pena, tristeza y misericordia por la condición humana necesitada de salvación.


2. TEXTOS BÍBLICOS PANORÁMICOS

Hasta ahora hemos señalado y elencado textos bíblicos aislados, aunque mostrando – al presentarlos – ciertos hilos que los relacionan entre sí. Hay una comprensión bíblica de la historia, una visión creyente que se construye a partir de la multiplicidad de textos con cierta dificultad, hasta esbozar una teología bíblica de la historia. Pero esa no es tarea para el ejercitante.

Dentro de la Sagrada Escritura, algunos autores inspirados han trazado resúmenes históricos, meditaciones sobre la historia de la Humanidad y la acción salvífica de Dios. Señalamos algunos de esos textos a continuación que pueden servir para encontrar las miradas de Dios sobre el mundo.


2.1 El libro de la Sabiduría de Salomón

Este libro contiene un amplio "midrash" o meditación donde se describe la mirada y la acción de Dios ante los justos e impíos.

Una mirada de Dios a la que nada sustrae y que penetra hasta lo más íntimo (Sab. 1, 6-10) y según la cual Dios juzga y retribuye, pero también corrige: corrige, castiga para conversión, protege, salva. El libro de la Sabiduría ofrece una teología de la historia pasada del pueblo de Israel entre los pueblos, que apunta al presente y al futuro, deduciendo del pasado principios de "geopolítica" de Dios respecto de su pueblo elegido y respecto de las naciones, las cuales deben aprender de la sabiduría divina revelada, de la cual Salomón es el arquetipo idealizado.

Particularmente recomendable es el compendio de historia de la salvación que contiene el capítulo diez, trazado a base de las obras salvíficas de Dios, desde Adán hasta Moisés. En el resto del libro, desde el capítulo 11 hasta el final, la contemplación de la obra salvífica se concentra en la gesta del Éxodo y la salvación de Egipto, elevada a arquetipo revelador de la conducta salvadora de Dios, tanto con egipcios como con israelitas.


2.2 Eclesiástico (Ben Sira) 44-50

Al mismo género sapiencial de rememoración e inteligencia creyente de la historia pasada, que apunta a orientar en la acción presente, pertenecen estos capítulos del Eclesiástico. Su particularidad está en que recorre una galería de "individuos", desde Henoc hasta el sumo Sacerdote Simón, hijo de Onías (c 200 AC).

El principio sapiencial que anima a aprender de la historia lo ha expresado el Eclesiastés (Qohelet): "Lo que fue, eso será" (1,9): para el Eclesiastés, la falta de memoria es causa de la falta de sabiduría.


2.3 El libro de Daniel

Otro libro que parece particularmente apropiado, porque trae, a su manera, "la historia de la cosa..." .Además, porque existe una afinidad y una vinculación muy especial entre Daniel y María. Lucas ha querido mostrarlo intencionadamente en su Evangelio de la Infancia, del cual se toma, EE. 102 ss., la escena de la Anunciación de Gabriel a María. Es como si Ignacio hubiese intuido esta relación subyacente.

Laurentin ha explorado y señalado estos contactos entre Daniel y el Evangelio lucano de la Infancia [R. Laurentin, Structure et Théologie de Lc. I-II, París, Gabalda, 1957. pp. 45-56].

Bástenos aquí apuntar algunos: 1) La presencia, en ambos textos (Daniel y Lucas) de Gabriel, arcángel que sólo Daniel nombra en el Antiguo Testamento en tres sitios (Dn. 8,16; 9,21-23 y 10,9-11).

2) Semejanzas textuales entre el anuncio a Daniel (9,21-24) y el anuncio a María. 3) Daniel, como María, "guarda estas cosas en su corazón" (7,28). 4) María y Daniel reflexionan tratando de comprender, escrutando los misterios relativos al tiempo de la salvación (8,15). 5) El nombre de "hombre de las predilecciones divinas", que da Gabriel tres veces a Daniel (9,23; 10,11. 19). Este epíteto – en hebreo ‘ish jamudót – que sólo aparece aquí y aplicado a Daniel en todo el Antiguo Testamento, vehicula una idea muy semejante al nombre de "llena de gracia" con que el arcángel saluda a María. "Jamudá" es el deleite, la complacencia, el gusto. El nombre significa que Dios se complace en Daniel, y también que Daniel tiene los mismos deseos y gustos de Dios.

Este nombre también sugiere que Daniel ocupa, en cierto modo, una posición única, de elegido, ante Dios. Ese podría ser un sentido sugerido por la forma plural ("jamudót") que en hebreo se usa en giros superlativos.

Como es sabido, la literatura apocalíptica, a la que pertenece el libro de Daniel, quiere dar una verdadera teología de la historia. Intenta mostrar cómo todos los acontecimientos se interrelacionan perfectamente, desde el "principio", en un edificio, según un plan o un orden majestuoso y, por así decir, divino. Juegan en la meditación apocalíptica los acertijos que plantea, al creyente, el acontecer político – tantas veces adverso y hasta escandalosamente incomprensible –; y la necesidad de buscar salida del determinismo histórico hacia la visión providencialista de la historia; la necesidad de preservar la propia libertad, pero también de ver claro acerca del modo en que se ha de empeñar en decisiones concretas. La apocalíptica se revela así como un género literario de los que - y para los que – buscan lo voluntad de Dios en la disposición de sus vidas, y que con ese fin escrutan el tiempo que les toca vivir. En esto tienen una actitud interior coincidente con la del ejercitante, o la suponen o la propician en el lector destinatario del Apocalipsis.

Dentro del libro de Daniel, puede ser particularmente utilizable el capítulo 7: ofrece un juicio sobre a historia y sobre las naciones – al que subyace una comprensión histórica puntual, pero que en Daniel se eleva a arquetipo histórico intemporal –, y una visión del escenario cósmico que puede servir como memoria de la historia y como composición de lugar respectivamente.


2.4 San Pablo

En el primer preámbulo (EE.102), Ignacio usa la expresión de sabor paulino: "y así, venida la plenitud de los tiempos..." (cfr. Ga. 4,4; Ef. 1,10). Poco antes, en el mismo preámbulo, Ignacio apunta una única especificación de lo que la mirada de Dios encuentra al mirar a los hombres: "... y cómo, viendo que todos descendían al infierno..."

Hay dos textos de San Pablo que nos parece que ilustrarían bien estas vertientes del misterio salvífico:

a) el estado de perdición de la Humanidad; y

b) la grandiosidad del plan salvífico.

Estos textos son Rom: 1-3 y Efesios 1-2.

a. Romanos 1,16-3,26

Este pasaje de la carta a los Romanos revela el juicio de Dios, la mirada de Dios tanto sobre los judíos como sobre los griegos. Una mirada que Pablo resume mediante una antología de textos del Antiguo Testamento con la que culmina su argumentación: "No hay quien sea justo, ni siquiera uno solo..." (Rom. 3,10, citando el Slm. 14,1-3). En lo que resta del capítulo 3, Pablo sigue hablando de que ahora se ha manifestado la justicia de Dios (3,21) por el don de su gracia (3,24), en virtud de la redención realizada en Cristo. De este modo, la visión de la humanidad completamente perdida –viendo cómo todos bajaban al infierno – se transforma en la visión del designio salvífico en acción – llegada la plenitud de los tiempos–.

b. Efesios 1,3-2,3

Inversa es la transición en este pasaje de Efesios. Aquí se da primero una descripción de la gloria y hermosura del estado de salvación, partiendo del designio eterno y mostrando el comienzo de la realización de ese designio en la vida de los fieles. Y al final, a modo de recuerdo, se alude al tiempo en que "estabais muertos en vuestros delitos y pecados...destinados como los demás por naturaleza a la cólera" (2,1. 3).

El v.11 de este pasaje alude a la plenitud de los tiempos, y ha de ponerse en conexión con Ga. 4,4, que es el pasaje mariano de Pablo. Asimismo ha de completarse con Hb. 10,5: es éste un pasaje que no podría faltar en la contemplación, cuando se trata de oír lo que las tres personas divinas dicen (EE. 102 y 107)


3. CONCLUSIÓN.

Llegados al fin de nuestra enumeración de textos de la Escritura, crece nuestra admiración por el genio sintetizador de San Ignacio.

La "configuración" que ha creado en esta contemplación de la Encarnación trasmite la quintaesencia de una teología bíblica, poniendo en manos del ejercitante una clave de interpretación y un hilo conductor, no sólo para la interpretación de la Escritura, sino para la tarea de interpretación existencial creyente en la que está embarcado, y en la que, el queda los Ejercicios, quiere ayudarlo.