EL CAMINO DE IGNACIO

Estudio del ACATAMIENTO en los Ejercicios Espirituales

Alfonso Ma. Nebreda S.J.

Toda esta visitación se terminaba cuándoa una Persona, cuándo a otra, por el mismo modo que el día precedente, y de la misma manera, es a saber, cerca el acatamiento yreverencia a confirmar todo lo pasado, cerca Haber hallado la vía que se me quería mostrar, pareciéndome ser la mejor de todas ypara siempre que debo llevar(SAN IGNACIO, Diario Espiritual, lunes 17 marzo; MI Const. I, 128; BAC 317).

1. —EL DIARIO ESPIRITUAL DE SAN IGNACIO

            El Diario Espiritual es la revelación de Ignacio místico. De su talla podrán juzgar mejor que nadie quienes, acostumbrados al laconismo vascongado de aquel hombre que odiaba los superlativos, asisten atónitos a ese despliegue de adjetivos y adverbios ponderativos encabalgado unos sobre otros:

“Yendo a la misa, antes della no sin lágrimas, en ella con muchas, y mucho reposadas, con muy muchas intelligencias de la Sanctísima Trinidad, illustrándose el entendimiento con ellas, a tanto que me parecía que con buen estudiar no supiera tanto, y después mirando más en ello, en el sentir o veer entendiendo me parecía aunque toda mi vida estudiara; acabada la misa, [y puesto] luego a la oración breve, con un hablar: Padre eterno, con[firmadme], Hijo etc. confirmadme, una mucho grande efusión de lágrimas por el rostro [Nebreda omite esta parte de la cita: “y con crecerme la voluntad de perseverar en sus misas (yo consentiendo según que ordenaría algunas en número”]y con muchos sollozos intensos, allegándome mucho y asegurándome en crecido amor de la su divina magestad”[1].

Habríamos de trascribir el Diario entero si quisiéramos consignar todos los ejemplos. Lo curioso -- netamente místico – es que, a pesar de todos sus esfuerzos ponderativos, San Ignacio se queda al parecer insatisfecho: no ha sido capaz de expresar sus sentimientos e inteligencias. Y eso que – como observa [pág. 46 ->] agudamente el P. DE GUIBERT[2] – el Santo no escribe para otros, sino que sólo trata de anotar sus experiencias para su uso particular.

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            Pero dentro de ese mosaico de maravillas a cuál más deslumbrantes que es el Diario, creo que campea soberanamente la gracia del “acatamiento reverencial”: “acatamiento y humildad reverencial admirable que explicar parece no se puede”[3].

 


[1] Diario Espiritual, martes 19 de febrero; MI Const I, 100-101; BAC 296

[2] Mystique Ignatienne 20.

 

[3]17 de marzo, MI Const. I, 129; BAC 318

Ella sola forma todo un cielo que, tras los prenuncios del 27 de febrero y 3 y 7 de marzo, e desarrolla desde el 14 de marzo hasta el 4 de abril de 1545 con toda la dramática insistencia de un gran tema con variaciones.

            Todos los comentaristas han subrayado su importancia[4].

            Pero también aquí es Ignacio mismo quien insiste en la excepcional hondura del fenómeno. Ya el 14 de marzo:

“… en todos estos tiempos, antes de la misa, en ella y después della, era en mí un pensamiento que me penetraba dentro del ánima, con cuánta reverencia y acatamiento yendo a la misa debería nombrar a Dios nuestro Señor etc. y no buscar lágrimas, mas este acatamiento y reverencia,

Día 1:157 a tanto que frecuentándome en este acatamiento, antes de la misa, en cámara, en capilla y en la misa y viniéndome lágrimas, las refutaba de presto, por advertir al acatamiento, y no pareciendo que era yo o mío, se me representaba el acatamiento, el cual siempre me aumentaba en devoción y en lágrimas; a tanto que me persuadía que esta era la vía que el Señor me quería mostrar, como los días pasados creía que me quería mostrar alguna cosa, y a tanto que, diciendo la misa, me persuadía que en más tenía esta gracia y conocimiento para el provecho spiritual de mi ánima, que todas las otras pasadas”[5].

            Para quien sabe la enorme importancia dada por San Ignacio al don de las lágrimas en el Diario[6] no puede ser más significativa la preferencia que el Santo da a la gracia del acatamiento sobre ellas.

            A los dos días[7] Ignacio volverá a “refutar (=rechazar) las lágrimas o visitaciones”… “juzgando ser malo”, “advertir primero a las visitaciones que al acatamiento” y confirmándose más en lo que vio dos días antes: “que por esta vía era andar derecho en servicio de Dios nuestro Señor, estimando más ésta que otra cosa alguna”.

            En fin, al día siguiente, lunes 17 de marzo, en medio de comunicaciones divinas subidísimas vuelve a asegurarse en el convencimiento de “haber hallado (en el acatamiento y reverencia) la vía que se me quería mostrar, pareciéndome ser la mejor de todas y para siempre que debo llevar”[8].

            Ante revelación tan categórica del mismo Ignacio, huelga toda ponderación. Más bien siente uno que, pese a las atinadas observaciones de los varios comen- [Pág. 47 ->] taristas, está aún por hacerse el concienzudo estudio que se merece este fenómeno tan central en la espiritualidad ignaciana.

            Mientras llega este trabajo, y como una modesta contribución a modo de acarreo de materiales, queremos dedicar estas páginas a estudiar el tema en los Ejercicios Espirituales.

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[4] Véase por ejemplo, DE GUIBERT, Mystique 120-123; LARRAÑAGA, Obras 651 ss.

[5] MI Const. I, 126; BAC 316

[6]Cf. DE GUIBERT, Mystique 125-129; LARRAÑAGA, Obras 641-647; ABAD, Diario 39 ss.

[7] MI Const I, 128; BAC 317

[8] Ibidem

            En efecto, en los Ejercicios está plasmada, escueta pero fielmente, la orientación fundamental de la espiritualidad ignaciana. Y de hecho, hablando del Diario, el P. DE GUIBERT ha llamado ya la atención[9] sobre la convergencia completa de los favores gratuitos otorgados a Ignacio con las líneas maestras de su ascética; “o más exactamente – como corrige el mismo DE GUIBERT – porque estos favores han precedido, al menos en parte, en Manresa a toda formulación de principios ascéticos, (sorprende) la fidelidad de la enseñanza ascética de Ignacio a las direcciones recibidas de Dios en su vida de contemplativo”.

            Es la misma observación que había consignado más arriba[10].

“Se puede decir que las gracias concedidas a Ignacio, por gratuitas e infusas que sean, se adaptan al método ya constituido bajo la divina inspiración, o que este método no es sino el eco y la traducción práctica para el común de las almas de gracias parecidas recibidas en Manresa”.

            Por lo tanto hay que decir que el Diario no es sino el hito que mara la cumbre de aquel camino recto que emprendiera animoso el Peregrino de Manresa.

            Pues bien, en esas cimas del Diario la fórmula se nos ofrece ya perfectamente hecha: “reverencia y acatamiento”, “acatamiento y reverencia”, “acatamiento y humildad reverencial”, “humildad, reverencia y acatamiento”…

            ¿No habrá en los Ejercicios algún rasgo que empalme con esta actitud tan definida en el Diario?

            Casi a priori cabe responder que sí, con sólo recordar que Ignacio nunca fue un literato ni, menos, amigo de hacer frases y mariposear sobre nuevas fórmulas. Su lema e reflexión y exactitud. Una vez lograda la fórmula satisfactoria, queda ya estereotipada para siempre. Piénsese solamente en la famosa cláusula con que cierra el Fundador sus cartas pidiendo a Dios “nos dé gracia para que su santísima voluntad sintamos y aquélla enteramente la cumplamos”[11].

            Por eso nada más previsible que el que esta idea del acatamiento tenga ya sus raíces en los días de Manresa. Efectivamente, como antes dijimos, todos los que se han acercado a estudiar el Diario han quedado pronto sorprendidos ante su íntimo paralelismo con las líneas de los Ejercicios[12].

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[9] Mystique 133

[10] Ibíd. 120

[11] El P. DE GUIBERT, La Spiritualité 70-71, observa que ya en carta a Inés Pascual de 1525 aparecen los elementos de la fórmula que luego se harán invariables en la correspondencia del Santo hasta la carta a un Cartujo firmada “pridie calendas augusti 1556”, o sea, la víspera de su muerte. Cf. También ABAD, La Espiritualidad 407,

[12] Así, tras los editores de Monumenta (passim in notis) DE GUIBERT, Mystique; añadir a los párrafos arriba citados 133-135; BAC 278-279.

            Especial mención merece el detallado artículo del P. Fermín Lator, S.J. Los Ejercicios y el Diario de nuestro Santo Padre, publicado primero en “Estudios sobre Ejercicios” (Loyola 1941) 505.523, y luego en Manresa (1945) 97-114.

2. —SENTIDO DEL ACATAMIENTO

El primer problema que nos sale al paso es el de fijar el concepto de acatamiento tal como se nos presenta en el Diario.

            ¿Qué es acatamiento? La respuesta adecuada exigiría un trabajo especial previo que nosotros damos por supuesto. Mientras llega ese trabajo, remitimos al lector a los autores arriba citados[13].

            Buen resumen el del P. DE GUIBERT[14].

“Lo que domina por el contrario en sus relaciones con las divinas Personas, con Cristo, es la actitud humilde y amante del siervo, el afán de discernir en su menores detalles el servicio deseado, la generosidad en cumplirlo grande y perfectamente, por costoso que sea, en un vuelo gozoso de amor, pero a la vez con un profundo sentimiento de la majestad infinita de Dios y de su santidad trascendente”.

            Para comprobar lo exacto de esta descripción, bastará reducir a cifras un somero examen del texto del Diario. Los resultados son: de las 33 veces que sale la palabra acatamiento (y nótese que son varios los días en los que la palabra aparece repetidas veces) nada menos que 20 va acompañada de la idea de reverencia (Exactamente: 16 la palabra reverencia, 3 reverencial, 1 reverenciar, y 1 respeto). En cuanto a la idea de humildad se repite 11 veces: 8 humildad, 1 humillarme, 1 bajándome. Y la idea deamor 9 veces: 8 amoroso(a), y 1 amor.

            Conocida es la predilección de San Ignacio por las expresiones binarias[15] en las que a veces resulta difícil distinguir bien los contornos entre ambos términos. Creo que aquí nos hallamos ante uno de esos casos. “Acatamiento y reverencia, “acatamiento y humildad reverencial”, “humildad, reverencia y acatamiento…” No parece se puedan llamar expresiones estrictamente sinónimas, pero sí íntimamente emparentadas en la mente de Ignacio.

            Desde luego las más próximas, hasta dar la impresión a veces de mera endíadis, son acatamiento y reverencia. Véase por ejemplo estas líneas del 4 de abril:

“No hallando reverencia o acatamiento amoroso, se debe buscar acatamiento temeroso mirando las propias faltas, para alcanzar el que es amoroso”[16].

            Este texto prueba además que, aunque en la mente y deseo de Ignacio, el acatamiento debiera siempre inducir al amor, pero cabe un acatamiento temeroso, santo también y digno de desearse[17]. No se puede, por tanto, decir que la idea de amor sea tan esencial en el acatamiento, como ciertamente lo es la de la reverencia y humildad. Sin embargo no es menos cierto que, tanto por la función, como por todo el contexto de los pasajes donde sale la idea del aca- [Pág. 49 ->] tamiento en el Diario, es siempre en un terreno de humildad amorosa o de amor reverencial donde hunde sus raíces el acatamiento ignaciano.

            Con estas precisiones por delante, ya podemos enfrentarnos con nuestro tema.

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[13] Cf. Nota 7.

[14] Spiritualité 39.

[15] Cf. CALVERAS, San Ignacio de Loyola… 29.

[16] MI Const. I, 133; BAC 322. El subrayado es mío.

[17] Cf. la misma idea, sobre la que luego hemos de volver despacio, en la última Regla para sentir con la Iglesia con que se cierra el libro de los Ejercicios (n. 370): MI Ex 560-562; BAC 238.

Ya una lectura presurosa a vista de pájaro del texto de los Ejercicios descubre inmediatamente la presencia literal del grupo estereotipado: acatamiento y reverencia.

            El primer contexto, que por sus honduras emotivas está en el corazón y en la memoria de todo ejercitante, es el primer punto de la Contemplación del Nacimiento (nº 114):

“El primer punto es ver las personas; es a saber, ver a nuestra Señora y a José y a la ancila, y al niño Jesús después de nacido; haciéndome yo un pobrecito y esclavito indigno, mirándolos, contemplándolos, y sirviéndolos en sus necesidades, como si presente me hallase, con todo ACATAMIENTO Y REVERENCIA posible; y después reflectir en mí mismo para sacar algún provecho”[18].

            Como se ve, la fórmula está ya hecha. La importancia del texto está sobre todo, como luego recalcaremos, en que nos encontramos aquí ante una escena que ha invitado siempre a las más idílicas ternuras de los contemplativos medievales, fundidas las distancias hasta una intimidad total embalsamada de divinas caricias y dulcísimas confidencias. Ignacio, empero, no sabe adoptar otra postura que la del “pobrecito y esclavito indigno… con todo acatamiento y reverencia”. ¿Por qué?

            Pero ya antes en el Examen General hay otro texto que por su situación en un pasaje no tan usado en la práctica corre el peligro de pasar inadvertido[19]. Y sin embargo es casi más interesante, si cabe, que el del Nacimiento, para el objeto que nos ocupa.

            Hablando del examen de la palabra (nº 38) después de enunciar:

“No jurar, ni por el Creador ni por ninguna creatura, si no fuese con verdad, por necesidad y con reverencia” explica qué entiende por “reverencia”:

 “Entiendo con reverencia, cuando en el nombrar a su Creador y Señor, considerando lo que dice, acata aquel honor y reverencia debida[20]. [39] Es de advertir, que dado que en el vano juramento pecamos más jurando por el Criador que por la criatura, es más difícil jurar debidamente con verdad, necesidad y reverencia por la creatura que por el Creador, por las razones siguientes.”

[Pág. 50 ->] Y la segunda razón es:


[18] MI Ex 332; BAC 182. El destacado es nuestro.

[19] Es sintomática, por ejemplo, la manera con que el P. RAHNER en sus Notas sobre los Ejercicios deja a un lado el pasaje: “To understand the internal structure of the book, we can, for the moment, put it to one side”. Notes 294

[20]MI Ex 262-264; BAC 165-166

“que en el jurar por la creatura no es tan fácil hacer reverencia y acatamiento al Creador, como jurando y nombrando al mismo Creador y Señor; porque el querer nombrar a Dios nuestro Señor trae consigo másacatamiento y reverencia, que el querer nombrar la cosa creada. Por tanto, es más concedido a los perfectos jurar por la creatura, que a los imperfectos. Porque los perfectos, por la asidua  contemplación e iluminación  del entendimiento, consideran, meditan y contemplan más estar Dios nuestro Señor en cada criatura, según su propia esencia, presencia y potencia; y así en jurar por la creatura son más aptos y dispuestos para hacer acatamiento y reverencia a su Creador y Señor, que los imperfectos”[21].

            Salta a la vista la trascendencia de este texto. No sólo porque ofrece nuestra fórmula bien fija y definitiva, sino, sobre todo, porque la da en un contexto apretado y túrgido en el que se apiñan las vivencias más fundamentales de todos los Ejercicios desde los tonos básicos del Principio y fundamento (siete veces nada menos se llama a Dios, Criador y cinco Señor, en pocas líneas) hasta las armonías purísimas de la Contemplación para alcanzar amor. Como quien dice, todos los Ejercicios en síntesis; y en ella, engarzándolo todo en estrecha unidad, el hilo de oro del acatamiento[22].

            Pero de este texto habrá que volver a hablar más abajo.

            Explícitamente ya no aparece la fórmula en los Ejercicios. Pero en las páginas siguientes trataremos de hacer ver que esos dos textos no son dos crestas volcánicas erguidas como por ensalmo en una planicie, no. Se trata solamente de dos picos que no hacen sino coronar lógicamente la clara línea ascensorial de una cordillera. En otras palabras, estos dos textos no son sino la explícita cristalización de una atmósfera que flota – imperceptible unas veces, palpable otras – todo a lo largo de los Ejercicios.

            Así quedará claro, esperamos, que la idea de acatamiento es ya algo medular y definitivo en los mismos Ejercicios.

            Es el camino de Ignacio.

3. —EL ACATAMIENTO EN EL PRINCIPIO Y FUNDAMENTO

En el pórtico mismo de los Ejercicios encontramos la palabra que en el Diario va casi inseparablemente emparejada con la del acatamiento: “El hombre es criado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor…” (nº 23)[23].

            ¿Qué sentido tiene ese hacer reverencia?

            Para comprender la importancia del problema para nuestro estudio, piénsese en el punto centralísimo que ocupa el Principio y Fundamento, no sólo con [Pág. 51 ->] relación a la elección – cosa que salta a la vista con sólo leer el texto ignaciano (nn. 169 ss) – sino por ser un continuo punto de referencia a lo largo de todos los Ejercicios: El Principio y Fundamento con las alusiones al fin del hombre etc. está reapareciendo constantemente en los Ejercicios[24].


[21] MI Ex 264-266; BAC 166. Subrayo yo.

[22] Cf. LARRAÑAGA, La Mística 251-252

[23] MI Ex 250; BAC 161. Subrayado nuestro

            Luego si podemos demostrar que ese hacer reverencia de que aquí nos habla San Ignacio está estrechamente enlazado con la reverencia que él tan diligentemente buscaba en el Diario, habremos dado un buen paso en nuestro estudio.

            He de confesar honradamente que, a medida que me fui internando por esa selva espesísima que es la literatura de los Ejercicios, y más en concreto, la referente al Principio y Fundamento, una tentación de desaliento cayó como losa pesada sobre mí. Estas pocas líneas desprovistas de todo atuendo literario y de un castellano a primera visa tan sencillo, tan obvio, han dado ocasión a tanta y tan diversas maneras de verse interpretar[25].

            Gracias a Dios, para nuestro intento podemos dar de lado a buena parte de los puntos en litigio para reducirnos a fijar el sentido del tríptico inicial: “alabar, hacer reverencia y servir a Dios”, y en él sobre todo el segundo elemento.

            Luego, en sendos pasos sucesivos, veremos de confirmar los hallazgos, primero en una rápida panorámica para captar algún eco del Fundamento a lo largo de los Ejercicios, y luego comprobar por contraste cuál debe ser el orden fundamental, al examinar el reverso de la medalla – desorden fundamental – en las meditaciones de la primera Semana.

            Sólo de refilón toca nuestro problema la discusión de si el amor va o no incluido en el tríptico fundamental.

            Aunque no faltan quienes responden o parecen responder que no[26] dando del hecho diversas explicaciones, pero la mayoría se inclina abiertamente por la afirmativa. Es más. Los mismos que parecían responder que no, terminan luego concediendo que la idea del amor está implícita ahí[27].


[24] Cf. Las observaciones de H. RAHNER, Notes 307-311. Con razón puede concluirel autor: “The obvious conclusion from all this is that the entire Exercises are found in embryo in the Foundation; the whole superstructure rests on it”. Ibíd. 310. Cf. también L. BRUNET: ¿Qué relación guardan entre sí el Principio y Fundamento y los Ejercicios? Manresa 9 (1933) 301-310.

[25] Después de tan laborioso recorrido comprende uno que no falta fundamento al P. SEGARRA para quejarse (El Principio y Fundamento 198) de la tendencia de ciertos comentaristas ya a proyectar sobre el texto de los Ejercicios “todas las magníficas concepciones filosóficas o teológicas que ellos tienen” ya a “exponer la doctrina del último fin del hombre con la mayor precisión y amplitud posibles” “prescindiendo… de si lo dice o quiere decir el Santo”…

[26] Por ejemplo; NONELL, op. Cit. 180 ss. PONLEVOY, op. Cit. 59; BOUVIER, Méditation fondamentale c.II, a.1, p. 66. (Cf. PINARD DE LA BOULLAYE,Éxercises I, 59) ; H. SCHILDEN, Die Bedeutung der betrachtung über die Liebe in den Exerzitien des hl. Ignatius ZAM 8(1933) 229-335; CALVERAS, ¿Por qué no se habla de amor en el Principio y Fundamento? 233ss; SEGARRA, loc. Cit. 199

[27] Así PONLEVOY, Ibíd. 60; CALVERAS, Ibíd. 227.235-6; SEGARRA, Ibíd. 205 etc.

            Y es que en el fondo parece difícil que pueda haber quien ponga en tela de juicio lo que a este propósito escribió el P. AICARDO[28]: [Pág. 52 ->]

“El Principio y Fundamento es doctrina de amor de Dios, por cuanto alabarle, reverenciarlo y servirle, caridad es, y toda la más subida caridad no tiene actos diferentes; mas tal vez en eta ocasión no se nombra la caridad ni el amor, por cuanto el que empieza los Ejercicios, se asemeja a aquel soldado vano y singular peregrino que de sí dice no entender ni saber ‘qué cosa era humildad, ni caridad, ni prudencia’ etc. (IV, I, 45)[29]

            Ahora bien, si, dando un paso adelante, preguntamos que dónde y cómo se contiene el amor en el Principio y Fundamento, entramos de lleno en el corazón del tema. Y es que esa pregunta equivale en el fondo a plantear de nuevo nuestro problema: ¿Qué significa el tríptico en que San Ignacio quiso formular la primera parte del fin del hombre?

            En la imposibilidad de registrar y discutir las mil interpretaciones dadas por los autores, vamos a pasar revista a algunas de las más características, esperando que – unas por aproximación y otras por contraste – nos irán dejando su rayo de luz para entender la mente de Ignacio en este punto.

            Hay algunas, en las que a simple vista se descubre una urdimbre convencional, artificiosa. Tal, una de las dos de PONLEVOY[30] que pretende ver aquí el triple homenaje de la palabra, del corazón, de la vida: “Hablar bien, pensar bien, obrar bien…” Muy exacto y verdadero, pero duda uno de que San Ignacio pensara en tal encasillado.

            Más natural me parece, aunque bajo el influjo también de un esquema preconcebido, el enfoque de HUMMELAUER[31] al decir que a la fórmula “conocer, amar y servir a Dios”, filosóficamente más exacta si se quiere, San Ignacio ha preferido la suya que es más escrituraria: alabanza (que incluye conocimiento) reverencia (cual exige la ley del Sábado) obediente servicio a Yahveh…

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            Pero la mayoría de los autores interpretan las palabras en su sentido obvio. Así por ejemplo, para ENCINAS[32] hacer reverencia a Dios es:

“Reconocer gustoso la excelencia de sus perfecciones sobre las mías…: que Él es infinitamente sabio… yo ignorante… Los actos que comprende esta reverencia” son:

-- idea grande de Dios y pequeñísima de sí mismo

-- aceptación gustosa de esta realidad

-- los sentimientos internos correspondientes de humildad


[1] Comentario a las Constituciones de la Compañía de Jesús, T. i, Lib. 5, cap. 10. Del amor de Dios. Citado por J.GUTIERREZ, op. Cit. II, 134.

[1] Es lo que brevemente dijeron los Editores de Monumenta (MI Ex 250 nota 3): “Nota hoc ese idem revera ac Deum diligere”. Cf. también R. ORLANDIS,De la elección y de la intención previa a ella Manresa 11 (1935) 114-119, y recientemente NADAL COLL, El amor divino en los Ejercicios Miscelanea Comillensis 26 (1956) 155-156.

[1] Op cit. 58.61

[1] Op cit 27 

[1] Op cit 28; y es muy práctica la nota 40, 2ª, p. 96

-- y los actos externos de adoración, postración y compostura en presencia de su Divina Majestad. El principal de todos es adoración, el culto de latría, el sacrificio”. [Pág. 53 ->]

Paralela es la línea en la que se mueve CALCAGNO[33]:

“La reverencia debida a Dios es aquel humilde obsequio y respeto para con el Señor, que nace, por una parte, del conocimiento de la Majestad divina y de su presencia en todo lugar, y por otra, del conocimiento de nuestra nada y nuestra miseria”.

Ya están claros los dos polos – Dios: yo – que harán saltar irreprimible ese sentido del hondísimo anonadamiento y reverencia ante la Divina Majestad que en la psicología ignaciana ha de fijar de modo invariable la actitud del hombre frente a Dios[34].

            Pero, como se ve, CALCAGNO hace hincapié además, y creo que con toda razón[35], en el elemento de la presencia de Dios. En efecto, continúa:

            “De esto se ve que la reverencia no es un afecto estéril, ya que abraza todo lo que los ascetas enseñan respecto de la presencia de Dios… Quien está bien persuadido de la grandeza y de la presencia de Dios, se guarda muy bien de hacer las cosas que sabe le desagradan. Y además, con qué respeto trata con Él en la meditación…”[36].

            Este elemento de la presencia de Dios nos evoca irresistiblemente aquel pasaje del P. LA PALMA donde, hablando contra la honra mundana, escribe[37]:

            “Y con todo eso somos tan ciegos que nos mueve más la honra que se recibe de los hombres para hacer el bien y para dejar de hacer el mal, que no la presencia de Dios y de sus ángeles, y la honra que recibimos de ellos y de toda la corte celestial. El cual desacato es grande, que por solo él dice San Juan Crisóstomo (Homil. In 2 Cor. c. 4) que merecíamos que arrojara Dios rayos del cielo contra nosotros…”

           

            Como se ve, para LA PALMA, no tributar a Dios la honra y reverencia debida a su presencia, es undesacato, es decir una falta de acatamiento… ¿No es esto una confirmación significativa de lo que arriba decíamos sobre la equivalencia de esas dos voces: acatamiento y reverencia?[38]

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[33] Op. Cit. II, 34

[34] Es éste un hecho evidente y subrayado por todos los comentaristas. Como además tendremos que volver sobre él después, baste aquí recordar, por ejemplo, la machacona insistencia con que reaparece en LA PALMA, op. cit. pp. 266.7; 283, 285 etc. etc. Cf. también MARCHETTI, op. cit. 124 ss.; y recientemente el P. LARRAÑAGA La Mística 252-254

[35] Véase cómo insiste también en este punto el P. FILOGRASi en su precioso artículo Familiaritá e unione 393 ss.

[36] Ibidem

[37] Op. cit. Lib. II, cap. 17,3: p. 260.                  

[38] Nota 20 y su texto correspondiente

[39] Por qué no se habla… 226-232

            Pero tal vez una hermenéutica más contextual pueda adentrarnos un poco más en la mente del Santo [Pág. 54 ->]

                La tesis del P. CALVERAS[39] es que en el Principio y Fundamento está perfectamente expresados, de modo más teológico y profundo que en la fórmula del Catecismo, los dones de la creación:Gloria de Dios (“alabar, hacer reverencia y servir a Dios” y felicidad del hombre (“salvar el alma”). Y un despliegue minucioso de textos paralelos dentro de los Ejercicios[40] avala la afirmación, mostrando cómo el concepto de “hacer reverencia” jalona todos los Ejercicios. Baste aquí citar los principales pasajes que según el Padre son como otros tantos anillos que eslabonan el tema, porque luego habremos de mirarlos con más detención: nn. 92, 38.39, 75, 3, 114, 125, 258…[41]

            Ya dos años antes, siguiendo a PONLEVOY en la segunda de sus interpretaciones[42], por análogos caminos había llegado el P. PUIGGROS a conclusiones semejantes:

            “Tomando el verbo alabar en sentido más general de dar gloria a Dios, podemos decir que el hombre ha sido creado para glorificar a Dios de dos maneras: reverenciándole y sirviéndole, esto es, con actos de culto y de servicio”[43].

            Por lo tanto el elemento básico del fin del hombre es alabar a Dios, es decir, glorificarle.

            ¿Pero es verdad que alabar es lo mismo que glorificar?

            Sí, porque qué es gloria, sino “clara cum laude notitia”?

            Ahora bien, como observa Santo Tomás[44]: “gloria et quidam effectus honoris et laudis”. Basta por tanto que se dé honor o alabanza para que tengamos gloria. Pues añade el Santo[45]: “Ex hoc enim quod aliquis laudatur, vel quaecumque reverentia ei exhibetur, redditur clarus in notitia aliorum”.

            Alabar es, pues, el elemento genérico[46].

            Pero, prosigue PUIGGROS[47], era conveniente que en el Principio y Fundamento se indicara además el modo práctico de realizar ese fin; por eso añadió: “hacer reverencia y servir a Dios”. Y es que ese fin debe llevar implícitas todas las relaciones y deberes del hombre para con Dio, es decir la religiónen sentido amplio[48].

            Pues bien, todos los actos de religión se pueden reducir a dos: reverencia y servir a Dios. Así Santo Tomás: [Pág. 55 ->]

            “Cultus respicit Dei excellentiam, cui reverentia debetur; servitus autem respicit subiectionem hominis… Et ad haec duo pertinent omnes actus, qui religioni attribuuntur”[49].


[40] Cf. sobre todo para nuestro punto, Ibíd. 227-229

[41] Ibíd. 230-231

[42] Op. cit. 58.

[43] Declaración del fin… 3

[44] 2, 2 q. 132 a. 2 Respondeo

[45] Ibidem

[46] Cf. la detallada exposición de este mismo razonamiento en MARCHETTI, op. cit. 116-125, con la conclusión de que la gloria es el elemento central (Ibíd. 135-137)

[47] Ibíd. 8-9

[48] En comprobación cita S. Th. 2, 2, q. 81, art. 1, Resp.: “religio proprie importat ordinem ad Deum. Ipse enim est cui principaliter alligari debemus tamquam indeficienti principio, ad quem etiam nostra electio assidua dirigi debet, sicut in ultimum finem”

            Por lo tanto – puede concluir PUIGGROS [50]– “hacer reverencia y servir a Dios no es más que un desplegamiento de alabar a Dios, expresión del modo práctico de alabarle y glorificarle”[51].

            La tesis de PUIGGROS es tanto más interesante cuanto que, como la de CALVERAS, va toda ella respaldada en un estudio de textos paralelos. Así subraya el Autor[52] que da 29 veces que sale en los Ejercicios el fin del hombre en su forma implícita (por contraposición a la forma explícita, que aparece 5 veces) es notable que nunca use Ignacio la misma forma fija del fin explícito[53]. En ellas, en cambio, el elemento más común es el de la gloria o alabanza de Dios.

            Y otro comprobante, de no menos valor a mi entender, lo ha encontrado el Autor[54] en la redacción del Principio y Fundamento tal cual la presenta el Códice Reginense[55]:

            “Homo est creatus ad laudem Domini et ad salutem animae suae. Item omnis quaecumque creata sunt supra faciem terrae, sunt create propter hominem, ut ipse laudet Deum, et salvet seipsum. Ex iis sequitur, quod homo tantum debet accipere de huiusmodi rebus creatae, quantum poterit (ipsum) iuvare ad laudem Domini et ad salute animae suae… Ex quibus manifestum est, quod… ergo nec absolute nec secundum quid debeo velle magis… nisi in quantum iudicavero hoc vel illud esse mihi melius ad laudem Domini et ad salute animae meae”[56].

            Es decir, nada menos que cuatro veces en pocas líneas se da como fórmula del fin del hombre la de alabar a Dios. [Pág. 56 ->]

            Todo lo dicho afianza más la primera impresión de plena coincidencia entre el Principio y Fundamento y la doctrina de Santo Tomás arriba citada[57]. Merece la pena reproducirla en su contexto completo:


[49] 2, 2, q. 81 art 3 ad 2

[50] Ibíd. 9.

[51] Ni qué decir tiene que aquí la alabanza se entiende en un sentido más amplio que el considerado por Santo Tomás en 2, 2, q. 103, a. 1 ad 3 donde laus, por contraposición a honor, se restringe al homenaje de las palabras: “in solis signis verborum”. No, el concepto que se tiene aquí en cuenta es el de la Escritura, Patrística y Escolástica. Es decir: alabar a Dios es lo mismo que dar gloria a Dios. Cfr. MARCHETTI, op. cit. 118-120

[52] Ibíd. 5, sobre todo notas de pp. 5-6

[53] Una cosa parece clara en la mente de todos los comentaristas, y es que sería forzar las cosas tratar de disociar analíticamente los tres elementos del tríptico ignaciano; aunque cada palabra tenga su significado propio, pero las tres juntas tienen en el pensamiento de Ignacio un sentido común, como se puede ver por los textos paralelos en los que se barajan indistintamente las palabras para expresar una misma idea. Véase NONNEL, loc. Cit 184 ss.; L. TEIXIDOR, La ley de Caridad… 197-198; CALVERAS y PUIGGROS loc. Cit.; FILOGRASSI, art. Cit. 404; DE CONINCK, Adaptation ou retour aux origines? NRT 70(1948) 918-945 : 928

[54] Ibíd. 10

[55] Que como advierten los Editores de Monumenta (MI Ex 573) es “magni quidem momenti propter eius antiquitatem”; de principios de 1537 a más tardar. Cf. CODINA, Los Orígenes 43-44; PINARD DE LA BOULLAYE, Exercises I, 22; LARRAÑAGA,La revisión… 405

[56] MI Ex 624.

[57]Nota 50: 2, 2, q.81 a. 3 ad. 2m: “A la segunda objeción hay que responder que con un mismo acto el hombre sirve y da culto a Dios: pues el culto se dirige a la excelencia de Dios a quien se reverencia; el servicio, por su 

“Ad secundum dicendum quod eodem actu homo servit deo et colit ipsum, nam cultus respicit dei excellentiam, cui reverentia debetur; servitus autem respicit subiectionem hominis, qui ex sua conditione obligatur ad exhibendum reverentiam deo. Et ad haec duo pertinent omnes actus qui religioni attribuuntur, quia per omnes homo protestatur divinam excellentiam et subiectionem sui ad Deum, vel exhibendo aliquid ei, vel iterum assumendo aliquid divinum.”

            Verdad es que la idea de servicio en San Ignacio, por las resonancias caballerescas de su pasado, reviste, como veremos luego, tonalidades y matices algo diversos de los que sugiere el texto del Aquinate. Pero ni qué decir tiene que San Ignacio suscribiría sin titubear la definición base del texto citado: “servitus… respicit subjectionem hominis…” Como que es el mismísimo concepto de la humildad, que Ignacio tomó del Aquinate[58].

            En cuanto a la reverencia, es tan evidente el paralelo, que los autores se han encargado de subrayarlo[59].

            Por mi parte sólo quisiera apuntar que en este texto la idea misma del servicio viene a reducirse, en última instancia, a la de la reverencia que el hombre debe a Dios por su condición de criatura[60]. Y creo que también aquí San Ignacio firmaría gustoso la tesis del Aquinate[61].

            El P. LETURIA, abogando por una redacción literaria del Fundamento más tardía, escribía[62]:

            “La serena entonación literaria del trozo, límpida y consecuente como un artículo de la Suma del Aquinate, parece rezumar los modos típicos de la especulación escolástica en sus más clásicos y bellos modelos”.

            Es casi seguro que en la mente del P. LETURIA esa alusión al Aquinate no pasa de ser una hermosa metáfora. Pero teniendo en cuenta los textos arriba aducidos, ¿no nos sería lícito aventurar la influencia de Santo Tomás en el enfoque del Fundamento, siquiera sea – para decirlo con las modestas palabras del mismo P. LETURIA poco más abajo al apuntar la posible influencia de Fray Alonso de Madrid – a modo de “conjetura, y ésa medrosa?[63]

+  +  +


parte, se fija en la sujeción del hombre, que, por su propia condición, está obligado a tratar con reverencia a Dios. A estos dos actos se reducen cuantos se atribuyen a la religión, ya que con todos ellos el hombre da testimonio de la excelencia divina y de sumisión a Dios, en unos casos, poniendo algo de su parte; en otros, participando de algún bien divino”.

[58] Cfr. Infra al hablar de la tres Maneras de Humildad

[59] Por ejemplo FILOGRASI, art. Cit. 395

[60] Véase de paso con qué claridad se describen aquí los dos polos de que arriba (nota 38) dijimos: “divinam excellentiam” y “subiectionem sui…”

[61] Para otros textos interesantes de Santo Tomás, cf. MARCHIETTI, o.c. 124 ss.

[62] Génesis de los Ejercicios 33

[63] Conocido es el papel del Fundador de la Compañía en lograr que la Suma del Aquinate sustituyera como libro de texto al Maestro de las Sentencias. Cf. por ejemplo PIERRE BOUBIER, Jésuites (La Théologie dans l’Ordre des) DTC 8/1, 1013 ss.

            Pero medrosa y todo, no sé si no apunta a un parentesco de pensamiento tanto o más íntimo que el de la merar coincidencia de la fórmula verbal. Esta, [Pág. 57 ->] por lo demás, parece darla por supuesto el P. PINARD DE LA BOULLAYE, al subrayar que la frase ignaciana “responde a la enseñanza de las escuelas de su tiempo”[64].

            Es la misma, dice, de Hugo de San Víctor, la misma del anónimo de De diligendo Deo, de quien toma a la letra Pedro Lombardo, y tras él, sus comentaristas San Buenaventura, Santo Tomás…[65]

            Con esto hemos entrado, casi sin querer, en el laberíntico tema de las fuentes[66]. Pero prometo que será por breve tiempo y sólo a trueque de sacar algo de luz para nuestro asunto.

            Como acabamos de ver, para el P. PINARD DE LA BOULLAYE la dependencia de Pedro Lombardo parece estar fuera de toda duda. Y noto que otros se apoyan aquí como en terreno adquirido, base para ulteriores deducciones[67].

            Vale la pena que estudiemos el punto de cerca.

            Dice así Pedro Lombardo:

            “Et si quaeratur, ad quid creata sit rationalis creatura, respondetur: ad laudandum Deu, ad serviendum ei, ad fruendum eo; in quibos proficit ipsa, non Deus”[68].


[64] Excercises I, 47

[65] Ibíd. 57-58; y ya ante en p. 44, nota 1. Cfr. también Les étapes 13-14

[66] Véase con qué ironía fustiga el P. RAHNER el prurito moderno de “inventar fuentes”: “Ignacio tendría ciertamente una sonrisita amigable y compasiva, tal vez algo sarcástica, si hubiera tenido que asistir a la vivisección que los historiadores han hecho del librito de su vida tan trabajosamente escrito” Ignacio de Loyola 32

[67] Así, por ejemplo, DIRKS, L’Interprétation 371

[68]Sent. I.II, Dist. I, c. IV: Edit Migne, Paris 1841, Col. 143, n. 6; S. BONAVENTURAE Op. omnia (Quaracchi 1885) t. II, 12

[69] Ibíd. 58, n.2

[70]Cf. S. BONAVENTURAE, loc. Cit. nota 7


            El paralelo es innegable. Pero obsérvese que, comparado el texto con el de Ignacio, falta una palabra y sobra otra. Falta hacer reverencia y sobra fruendum eo. A esto último nos responde PINARD DE LA BOULLAYE que “estas palabras, ad fruendum eo, expresan la recompensa eterna. Corresponde al per haec salvet animam suam de Ignacio[69].

            En el fondo puede ser así, no quiero discutirlo. Pero creo que es preferible buscar el significado de esa palabra en el mismo contexto del Lombardo; tanto más, que este texto es una transcripción literal del anónimo De diligendo Deo[70] y hay que compulsar, por tanto, el sentido que el mismo Maestro de las Sentencias daba a esas palabras.

            Pues bien, pocas líneas más arriba, abriendo el mismo capítulo IV – Quare rationalis creatura facta sit – escribe Lombardo:

            “Et quia non valet eius beatitudinis particeps existere aliquis, nisi per intelligentiam, quae quanto magis intelligitur, tanto plenius habetur: fecit Deus rationalem creaturam, quae summum bonum intelligeret et intelligendo amaret, et amando possideret ac possidendo frueretur”[71]. [Pág. 58->]

            Parece, por tanto, algo precipitado concluir sin más, a base solamente del texto citado en la nota 72, que Lombardo no habla de conocimiento y amor al tratar del fin del hombre y que por lo tanto nada extraño que San Ignacio tomara también esa dirección[72].

            Pero más interesante aún para nuestro estudio es la segunda observación:

En Lombardo falta la palabra “hacer reverencia”. Estamos por lo tanto aquí en un terreno netamente ignaciano puesto que, rompiendo los supuestos moldes de la fórmula escolares de la época, añadió Ignacio de su propia cosecha este elemento[73].

            Y no cabe decir que se trata de un elemento adventicio o casualmente añadido. Porque, como hemos visto ya y seguiremos viendo, pocas ideas hay tan tenazmente arraigadas en el suelo ignaciano como esta de la reverencia.

            Hay, pues, que concluir que debía ser profunda la perspectiva en que Ignacio veía esta reverencia, cuando quiso expresamente elegir esta palabra para el frontispicio de sus Ejercicios, como elemento decisivo y específico del fin del hombre.

+  +  +

            Todas las interpretaciones que hasta aquí hemos presentado – unas más, otras menos – ofrecen, creo, buenos puntos de mira para situar correctamente el puesto que le corresponde a la reverencia en el Principio y Fundamento ingaciano.


[71] Ibíd. Edit. n. 4

[72] Tal parece el sesgo del raciocinio que usa PINARD DE LA BOULLAYE para combatir, entre otros, a NONELL. Este, como arriba dijimos, se inclina a excluir el amor de la fórmula del Fundamento;  y para confirmar su tesis aduce un viejo manuscrito italiano anterior a la edición de 1548 que rezaba así: “L’uomo é creato da Dio per cognoscere ed amare, laudare, e riverire, e servire a Dio” (Cfr. NONELL, op. cit. 180 ss.; H. WATRIGANT, La Méditation fondamental, CBE 1907, n. 9-10, p. 139; cit. por PINARD DE LA BOULLAYE, Exercises 55.56, nota 2; MARCHETTI, op. cit. 135

            Del hecho de que en la edición definitiva de los Ejercicios ya no aparezcan las palabras cognoscere ed amareconcluye el P. NONELL (Ibíd. 183): “Es evidente que el autor no quiso que se imprimieran sin duda porque sentía que eran o inútiles o sin relación con el fin pretendido”

            El P. PINARD DE LA BOULLAYE está en su punto al rebatir victoriosamente la endeble argumentación de NONELL (Exercises 55.56) ya que Ignacio podía tener sus razones para juzgar innecesaria o ambigua (no precisamente inútil…) la inserción de las palabras conocer y amar… Pero, como antes dije, tal vez sea simplificar demasiado las cosas el decir que en esto Ignacio no hace sino seguir a la letra al Lombardo, puesto que Lombardo habla expresamente de amor y conocimiento en el mismo contexto que PINARD DE LA BOULLAYE considera como base del Principio y Fundamento ignaciano…

[73] Y, nótese bien, con toda la madura reflexión de una posterior enmienda; porque hacer reverencia no parece existiera en el primitivo estadio que refleja el códice Reginense. Cfr. supra las notas 59 y 60.

            Con todo, al pasar revista a esa teoría de explicaciones, es muy posible que más de un lector se haya quedado con un dejo de insatisfacción. Y es que, a fuerza de dividir para analizar y sistematizar, hay peligro de acabar desencajando los textos de su orgánico y vital contexto histórico, único capaz de dar razón cabal de su sentido[74]. [Pág. 59 ->]

            Ensayemos pues un enfoque más total y profundo.

            Hay un hecho básico que todas las fuentes destacan, y es que los Ejercicios tuvieron su origen en la soledad de Manresa. Ni antes había existido de ellos nada esencial, ni después – pese a las continuas adiciones y correcciones durante años – se les añadió cosa sustancial[75].

            Eso vale de los Ejercicios en general y vale en concreto del Principio y Fundamento, como lo recalca el P. LETURIA en el contexto arriba aludido[76].

            Sólo esto basta ya para demostrar que la explicación medular de los Ejercicios hay que ir a buscarla fuera y por encima de los exiguos elementos naturales de que en Manresa disponía Ignacio: “Con ser hombre simple y no saber sino leer y escribir en romance” – resume bien Laínez[77].

            La única explicación es, como ha escrito RAHNER[78], que

            “En Manresa aconteció la irrupción mística de la gracia divina, desde arriba, que se apoderó de aquel hombre, enlazándose ciertamente a las experiencias espirituales ya vividas, pero arrebatándole soberanamente por encima de aquello”.

            En esto son explícitas y unánimes las fuentes: “Por la gracia de Dios y por la inspiración (Dei beneficio et instinctu) nacieron los Ejercicios” dice Nadal[79]. Y Polanco: “había recibido los Ejercicios enseñado por el mismo Dios”[80].

            O lo mismo en la Praefatiuncula Editionis primae Vulgatae (de donde luego pasó el Proemium del Directorio de 1599[81]): “Haec documenta ac Spiritualia Exercitia, quae non tam a libris, quam ab unctione Sancti Spiritus…”[82]

            Ya un año antes Laínez en su carta biográfica sobre Ignacio arriba citada, había expuesto lo mismo:

            “A cabo de cuatro meses, repentinamente, si bien me recuerdo, cabe un agua o río o árboles, estando sentado, fue especialmente ayudado, informado e ilustrado interiormente de su divina magestad, de manera que comenzó a ver con otro ojos todas las cosas y a discernir y probar los espíritus buenos y malos, y a gustar las cosas del Señor, y a comunicarlas al próximo en simplicidad y caridad, según que los recibía; y esto creo fuese en Manresa…”[83] [Pág. 60 ->]

            Todos estos testimonios no hacen sino armonizar los tonos básicos de la narración autobiográfica de Ignacio: “En este tiempo – resume el Santo[84] – le trataba Dios de la misma manera que trata un maestro de escuela a un niño, enseñándole…”.

+  +   +


[74] Por eso precisamente nos parece magistral la síntesis del P. RAHNER en su Ignacio de Loyola. Utilizando sabiamente el material preparado por investigaciones parciales, ha sabido presentarnos a Ignacio indisolublemente enraizado, vinculado a esas fuerzas – históricas unas y documentalmente comprobables, meta históricas otras – irrumpiendo de lo alto con la misma fuerza joven, inédita de los momentos críticos en la historia de la Iglesia. Todo eso y solo eso es capaz de darnos ese enfoque integral, antropológico, que busca exigentemente el hombre de hoy.

[75] Cf. RAHNER Ignacio de Loyola 50 ss.

[76] Cfr. Génesis 32

[77] Epistola Patris Laynez de P. Ignacio (Bononia 16 Iunii 1547) 12: MI Font Narr I, 82. Cf. la misma expresión en el Sumariode POLANCO, MI Font Nar I, 162

[78] Ignacio de Loyola 50

[79] MH Nadal IV, 666. Cf. RAHNER, Ibíd., 51

[80]MH Chron Pol I, 25; Cf. RAHNER, Ibid.

[81] MI Ex 1116, 2.

[82] MI Ex 218. Que Polanco sea el autor de la Praefatiuncula, consta por carta de RIBADENEIRA. Cf. Ibíd. 150

            En este ángulo hay que situarse para enjuiciar certeramente los Ejercicios y el punto que nos ocupa. Que los Ejercicios no son un frío sistema teórico de verdades abstractas, sino, sobre todo y ante todo, la “visión trepidante del Dios vivo”[85], el filme de la tremenda aventura mística vivida por Ignacio en Manresa. Film esquemático, sí, y lacónico como el enjuto hombrecito sobre el que se centra, pero enormemente elocuente si se le proyecta sobre los otros datos que tenemos de aquel formidable proceso de transformación que dejó al Peregrino de Manresa hecho un hombre nuevo:

“Y esto fue de tal manera de quedar con el entendimiento ilustrado, que le parecía como si fuera otro hombre y tuviese otro intelecto, que antes tenía”[86].

            Los Ejercicios, pues, más que teorías señalan un camino, un “método”, un orden[87]. “No son unas lecciones acabadas de la perfección cristiana, sino una traza, un ‘Principio y Fundamento’, para el encuentro del alma con Dios, con que se transforma la vida”.

            Su fin es (y tomamos las cosas con la más ingenua abstracción[88] de toda la maraña de discusiones técnicas sobre el tema): “Quitar de sí todaslas affecciones desordenadas, y después de quitadas…, buscar y hallar la voluntad divina en la disposición de su vida para la salud del ánima…” (n. 1: cfr. nn. 21, 169, 179, 189…)

            Buscar y hallar la voluntad divina para cumplirla por encima de todo. Así, Dios en el centro. Y el hombre, en la actitud del niño Samuel: “Habla, Señor, que tu siervo escucha”[89].

            Este teocentrismo del pensamiento ignaciano desde los tempranos días de Manresa será ya su sello indeleble. [Pág. 61 ->]

            “La idea de Dios – ‘Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob, no de los filósofos y sabios…, Dios de Jesucristo’ – es verdaderamente clave de bóveda del edificio espiritual que pretende levantar San Ignacio”[90].


[83]MI Font Nar I, 80; LETURIA, Génesis 52.

[84]MI Font Nar I, 400; BAC 47.

[85] BEIRNAERT, Sens de Dieu 26.

[86]MI Fojn Nar I, 404.406; BAC 49.

[87]Cf. PINARD DE LA BOULLAYE, Exercises I, 5ss.

[88] RAHNER, Ignacio de Loyola 13.

[89] Que tiene en la autobiografía ignaciana un paralelo trepidante de emoción: “comenzó Ignacio [medio anegado en la galerna de sus escrúpulos] a dar gritos a Dios vocalmente, diciendo: -- Socórreme, Señor, que no hallo ningún remedio en los hombres, ni en ninguna criatura; que, si yo pensase de poderlo hallar, ningún trabajo me sería grande. Muéstrame tú, Señor, dónde lo halle; que aunque sea menester ir en pos de un perrillo para que me dé el remedio, yo lo haré” MI Font Nar I, 396; BAC 45-46.

            Creo que resumen bien el sentir de todos los comentaristas las penetrantes observaciones del P. DIRKS en su interpretación del Principio y Fundamento:

            “La importancia de los dos Principios fundamentales salta a la vista. Se trata aquí de verdades base: existencia de Dios, creación del universo y del hombre por Dios, dependencia esencial del hombre ante su Criador, conexión de la salvación del hombre con el libre cumplimiento del servicio al que está obligado. Estas verdades impresionaron profundamente a Ignacio. ¿Hay acaso alguna otra, una sola, que le haya impresionado tanto? De ellas proviene su teocentrismo básico que inspira toda su vida así como fundamenta y caracteriza toda su espiritualidad. De ahí e de donde le viene su concepción de Dios: nuestro Criador, y, por ende, nuestro Señor. Criador y Señor. De ahí, y no de otra parte, e de donde él deduce, como una conclusión evidente y apremiante, su gran idea del servicio: el hombre es una criatura, y por tanto un servidor. Nada, jamás, hará que esto deje de ser verdad y esta verdad define la actitud fundamental del hombre en esta vida: una indispensable y constante sumisión a Dios”[91].

            Estas frases escuetas de DIRKS son de excepcional interés para nuestro tema. Porque no sólo destacan nítidamente el elemento central de la visión ignaciana de Dios, sino que apuntan ya, con su correspondiente reflejo – “como una conclusión evidente y apremiante”—, la “actitud fundamental del hombre en esta vida”, que no puede ser sino la de “sumisión a Dios”, es decir, aquella “humildad” que luego nos subirá a las mayores alturas de los Ejercicios[92], aquella “servitus” de que arriba oíamos hablar a Santo Tomás[93].

            Si el P. LETURIA ha podido calificar acertadamente de “fuerza sintetizadora orgánica”[94]la sublime ilustración del río Cardoner – culmen indiscutible de las escaladas místicas de Ignacio en Manresa – es claro que el núcleo centralizador en torno al cual se ensambla y estructura vitalmente esta síntesis maravillosa del nuevo hombre es Dios[95]. Pero Dios, en la forma fascinadoramente imponente de la Divina Majestad[96]. [Pág. 62 ->]

            En la Autobiografía están ya todos los trazos para el cuadro: Primero la visión de Dios Trino, que se le descubre dejándole para toda la vida “esta impresión de sentir grande devoción haciendo oración a la Santísima Trinidad”[97].


[90] CAVALLERA, La Spiritualité 374. Cf. la misma idea en DANIELOU: La visión ignatienne 5-6

[91] DIRKS, L’ Interprétation 371

[92] Cf. infra Tres Maneras de Humildad

[93] Cfr. Supra, notas 53 y 61-62.

[94] Génesis 26.

[95] Así concluye el P. CODINA (Los Orígenes 79) resumiendo los puntos que el mismo Ignacio nos dejó en la Autobiografía: “Es la síntesis de los Ejercicios; Dios principio y fin de todas las cosas, el hombre, Jesucristo redentor y glorificador, Dios digno de ser amado sin término ni medida”. Cfr.,. RAHNER, Notes286

[96] El P. RAHNER, ahondando principalmente el surco abierto por el llorado P. LETURIA, nos ha dejado un finísimo análisis de este punto, así como de la trascendencia y sentido de la magna ilustración del Cardoner. Cf. Ignacio de Loyola 52 ss.

[97] MI Font Nar I, 402; BAC 48; LAÍNEZ da aún datos más detallados: mi Font Nar I, 82

            Luego, un místico entender la creación: todas las cosas criadas, saliendo de Dios. “Una vez se le representó en el entendimiento con grande alegría espiritual el modo con que Dios había creado el mundo”[98].

            “Desde entonces – apostilla el P. RAHNER – sólo puede considerar ‘las otras cosas de sobre el haz de la tierra’ (n. 23) como saliendo y volviendo al Dios Trino”[99].

            Aún el fruto en las almas que refiere a continuación el Santo – y por el que “dejó aquellos extremos que antes tenía; ya se cortaba la uñas y cabellos”[100] – no lo sabrá ver sino como un “glorificar al Criador suyo en sí, y reducir a Él sus criaturas”[101].

            En fin, una serie de regaladas visione de la Humanidad de Cristo y de su Madre (aquellos sus “Mediadores” de los Ejercicios y de las jornadas místicas del Diario) nos dejan claramente dibujados los contornos del pensamiento ignaciano.

            Sólo falta que llegue la eximia ilustración de cara al Cardoner:

“En ella – ha escrito bellamente el P. RAHNER [102] -- se ordenan… las limaduras de todos los anteriores conocimientos, bajo la fuerza magnética de una completamente nueva brillante radiación para el conjunto orgánico, que llamamos Ejercicios, y su teología, su sobrenatural teología, en la que ahora está todo en su lugar referido a Dios”

            Ignacio mismo nos ha descrito la impresión verdaderamente imponente de esta gracia: “Se le empezaron a abrir los ojos del entendimiento… y esto con una ilustración tan grande, que le parecían todas las cosas nuevas”[103].

Pero la mayor ponderación es la que añade el propio Ignacio:

“De modo que en todo el discurso de su vida hasta pasados sesenta y dos años, coligiendo todas cuantas ayudas haya tenido de Dios, y todas cuantas cosas ha sabido, aunque las ayunte todas en uno, no le parece haber alcanzado tanto, como de aquella sola vez”[104]. [Pág. 63 ->]

            Sin querer, viene a lamente la comparación con las gracias inefables del Diario, de que dijimos en la Introducción, y se cae de su peso el comentario: ¿Pues qué seria esta sublime ilustración en San Pablo junto al Cardoner?

            Ahora ya entendemos el milagro de los Ejercicios[105].


[98] MI Font Nar 402; BAC 48

[99] Ignacio de Loyola 52

[100] MI Font Narr 402; BAC 48.

[101] Carta de la Perfección: MI Epp I, 498; BAC 722.

[102] Ignacio de Loyola 53

[103]MI Font Nar I 404; BAC 49. Cf. LETURIA Génesis 25 ss. El P. GRANERO, La conversión de San Ignacio 55 lo ha dicho hermosamente: “de manera que entonces no se le comunicó un plan o programa concreto que realizar, sino una mentalidad, un espíritu nuevo. Con este espíritu es verdaderamente otro hombre. Ve las mismas cosas de antes, pero de un modo nuevo, más profundamente en sí mismas y más sabiamente en sus mutuas relaciones y en este mismo estar colgados de Dios” (Subrayo yo)

[1]MI Fon Nar I, 404; BAC 49-50

            Y ahora entendemos por qué Dios en los Ejercicios es “Su Divina Majestad” (nn. 98, 146, 147, 232) hasta el ejercicio para alcanzar amor; es la Trinidad, “como en un solio o trono dela su Divina Majestad” (n. 106) y también en el momento de la admirable humillación de la Encarnación; y en torno a esa Majestad está su corte o corte celestial, no sólo en el momento de la honda vergüenza del perverso caballero (n. 74) sino también allí donde en un arranque generoso se ofrece a su Majestad (n. 98) y todavía más en el vuelo supremo del amor con que se une a Dios” (n. 233)[106].

            Ahora entendemos por qué, no sólo en los Ejercicios[107], sino incluso en el marco mucho más ancho y holgado de su ingente epistolario, las preferencias de Ignacio van por los apelativos donde reverbera la Majestad e infinitud divina[108].

            Ahora, en fin, columbramos el horizonte anchísimo que se abre detrás de ese sencillo: “el hombre es criado para… hacer reverencia… a Dios”. No es una idea más, sino todo un mundo trepidante el que a duras penas represan esas palabras[109]. [Pág. 64 ->]


[106]Porque, como dice el P. DEBUCHY (citado en MI Ex 39): “sans cette grâce la composition des Exercices reste un mystère”.

[107]RAHNER, Ignacio de Loyola 23.24; Cfr. MARCHETTI op. cit 104 ss

[108] Frente a tres veces que sale la ”Divina Bondad” son 23 las veces que aparece la “Divina Majestad”. En ellos Dios es 8 veces el Criador, 16 veces Criador y Señor, una vez Señor y Criador, 58 veces se dice en ellos Dios nuestro Señor, una veznuestro Dios y Señor, una vez Señor eterno, 3 veces Señor (en vocativo)… Cf. CALVERAS, Ejercicios Espirituales 406-407.

[109] Cf. el sugestivo estudio del P. IPARRAGUIRRE, Visión ignaciana de Dios, que prueba bien nuestra afirmación:

“Aún la Bondad divina la ve siempre dentro de la órbita de la infinitud divina… Esta presencia de la inmensidad divina deja en nuestro Santo siempre, aun cuando contempla este aspecto más paternal, un fondo de majestad y de elección” Ibíd. 372,

Hablando de la Providencia: “también aquí insiste San Ignacio en su perspectiva favorita: la totalidad Ibíd. 375.

“También sale con cierta frecuencia ‘Suma Majestad y ‘verdadera vida’. Son sin duda modos de indicar la infinitud divina, reflejo de la postura con que se acerca el Santo a Dios. Le impresiona más que ninguna otra faceta esta magnificencia señorial, pero siempre con el matiz delicado, familiar de Vida… Parece que no sabe expresar esa magnitud inmensa que percibe en su visión de Dios sino a fuerza de contrastes: la bondad es infinita, la providencia con que domina todo el mundo y todos los hombres, suave y paterna…” Ibíd. 376.

Y resume así: “Creemos que estas tres notas…: totalidad de objeto, continuidad de la acción divina, empeño de acumular adjetivos y expresiones que indiquen la infinitud de Dios: sumo, eterno, divino, infinito, recapitulan el pensamiento del Santo y nos reflejan de alguna manera el reflejo de la imagen de Dios en San Ignacio” Ibidem

El valor de este artículo para nuestro tema salta a la vista. Él rellena la laguna de tiempo que va de los Ejercicios al Diario Espiritual, mostrándonos tangiblemente cómo la idea del Acatamiento trenza sus mallas tupidas a lo largo y a lo ancho hasta los últimos rincones de la vida de Ignacio: Es “la postura con que se acerca el Santo a Dios”…

[110] Desde este punto de vista confieso que me atrae la sintética visión del P. SCHILGEN, La Pensée directrice… para quien lo que San Ignacio pretende enseña es “la actitud fundamental del hombre ante Dios, ante sí mismo, ante el mundo que lo rodea” (Ibíd. XII)

            El fin que se consigue con la glorificación de Dios por el sacrificio que es el don de sí mismo a Dios”.

 

            Hay en toda la exposición no pocos desarrollos que dan luz para el punto que nos ocupa. Así: “Glorificar a Dios… sólo se puede perfectamente por medio del hombre que ‘conoce’… y se somete plenamente a la voluntad de Dios. Es el don. Don que se llama “sacrificio”, no exterior, no renuncia, etc.…. sino el don interior   

          Es instructivo pararnos a subrayar que estamos aquí precisamente en el punto de empalme con la idea, tan entrañablemente ignaciana[110], de la gloria de Dios, la “mayor gloria de Dios”.

            Pero la gloria de Dios, entendida en un sentido honda y opulentamente escriturario. Que, como bien observa LEVIE[111],

            “la gloria Dei, la fuerza del ‘kavod’ hebreo no está bien dada por la ‘clara cum laude notitia’ de Cicerón. En vez del juicio de otro que conoce y alaba la grandeza de alguien, el pensamiento hebreo parte de esta misma grandeza, de la riqueza de su contenido, de su valor personal que la hace eminentementerespetable. La gloria de Dios es el esplendor oculto del Todopoderoso que se manifiesta brillantemente, obra poderosamente; fuerza de Yahveh y gloria de Yahveh en muchos contextos son sinónimos”

            Basta leer el precioso artículo de los PP. ALSZEGHY y FLICK sobre Gloria Dei[112] para sorprender los trazos de esta misma concepción emergiendo vigorosos a lo largo de la tradición patrística.

            Espigamos algunos ejemplos. Según Teófilo de Antioquía: “Omnia fecit cum antea non essent, ut ex operibus cognoscatur et intelligatur eius Maiestas”[113].

            Y LACTANCIO deduce así la obligación del culto: “Quae utilitas Deo in homine? Scilicet ut esset qui opera eius intelligeret, qui providentiam disponendi, rationem faciendi, virtutem consummandi et sensu admirari et voce proloqui posset; quórum ómnium summa haec est: ut Deum colat. Is enim colit, qui haec intelligit, is artificem rerum ómnium, is verum patrem suum debita veneratione prosequitur, qui virtutem maiestatis eius de suorum operum inventione, inceptione, perfectione metitur”[114]. [Pág. 65 ->]

            Bien pueden concluir los Autores[115]: “In his perfecte conceptum gloriae habemus: a parte Dei maiestatem, potentiam, bonitatem; a parte hominis cognitionem, admirationem et laudem, is est, cultum”.

            Creo, sin embargo, que a esta segunda lista “a parte hominis”, San Ignacio hubiera añadido sin vacilar su “hacer reverencia” frente a la Majestad divina[116].

            Añadamos que ésta es la línea recta y profunda de la doctrina católica que, pasando por Santo Tomás – para quien “sub maiestate divina intelligitur omnis Dei excellentia”[117] – irá a desembocar en la fórmula caudalosa y solemne del Vaticano[118]: “Sancta católica Romana Ecclesia credit et confitetur, unum ese Deum verum et vivum, creatorem ac Dominum coeli et terrae, omnipotentem, aeternum, immensum, incomprehensibilem, intellectu ac voluntate omnique perfectione infinitum…”

            Desde aquí se vislumbra la profunda y literal verdad de la confesión del Santo Fundador:

            “Estas cosas que ha visto le confirmaron entonces y le dieron tanta confirmación siempre de la fe, que muchas veces ha pensado consigo: si no hubiese Escriptura que nos enseñase estas cosas de la fe, él se determinaría a morir por ellas, solamente por lo que ha visto”[119].

            Lo enérgico de la expresión debió herir vivamente a los confidentes, y así tanto LAÍNEZ como POLANCO nos la trasmiten en sus reseñas de la vida de Ignacio. Dice LAÍNEZ en su carta de 1547:

            “Acuérdome acerca desto de haberle oído decir al Pe. Mo. Ignacio, hablando de los dones que nuestro Señor le hizo en Manresa, que le parece que, si por imposible, se perdiesen las Escrituras y los otros documentos de la fe, que le bastarían para todo lo que toca a la salud, la noticia y la impresión de las cosas que nuestro Señor en Manresa le había comunicado”[120]. [Pág. 66 ->]

            Y casi lo mismo consigna POLANCO en su Sumario de las cosas más notables que a la institución y progreso de la Compañía de Jesús tocan:

            “Decía el mismo Íñigo, hablando de las mercedes que Dios nuestro Señor le hizo allí en Manresa, que si por imposible se perdiesen las Escrituras y los otros documentos de la fe, que le bastaría para todas las cosas que tocan a la salud, la noticia de las cosas que por sus divinas impresiones le había Dios nuestro Señor comunicado en Manresa”[121].

            Veremos en otro artículo el eco de estos pensamientos en el resto de los Ejercicios.

ALFONSO MA. NEBREDA, S.J.