3.- UN MAL RECONOCIDO POR MUCHOS

Después de describir el síndrome ‘protestante’, sus síntomas y su naturaleza íntima, escuchemos las voces de atentos observadores de la realidad eclesial, que han señalado la presencia actual de la dolencia y nos permitirán comprender mejor su naturaleza, sus causas y su desenlace.

3.1. Mons. Marcel Lefebvre

Comenzamos por la voz de quienes, debido a la alarma ante la gravedad del mal y por la vehemencia misma de su preocupación, se pusieron y están en la situación que todos conocemos. Tras la finalización del Concilio Vaticano II, Monseñor Marcel Lefebvre le había reprochado al Novus Ordo Missae de Pablo VI, haber abierto el camino a la protestantización de la celebración eucarística católica. Fue ese uno de los motivos, aunque ni el primero ni el principal, por el que sus protestas terminaron en un acto de indisciplina. Diríamos que fue la gota que desbordó el vaso.

Su sucesor Mons. Bernard Fellay, en sus conversaciones con el Cardenal Darío Castrillón Hoyos, mantenidas con la esperanza de restaurar la situación disciplinar, en ocasión del año jubilar del 2000, previno que, aún si volviese hoy a la sujeción disciplinar, seguiría combatiendo el modernismo y el liberalismo en la Iglesia y continuaría sosteniendo, entre otras cosas, que “la misa de Pablo VI tiene silencios que abren el camino a la ‘protestantización’”; y afirmaba también que se seguiría oponiendo  “a una forma de ecumenismo que hace perder la idea de la única Iglesia, con el peligro de una mentalidad protestante”[25].

Si volviera a la comunión no estaría solo en esta lucha en la que se siguen empeñando muchos católicos, como veremos a continuación.

3.2. Señalar la protestantización no significa ser lefebvrista

Dado que estas denuncias han sido una bandera del sector de católicos cuyo sentir interpretaba Mons. Lefebvre y sus seguidores, algunos han estimado que hablar de protestantización – ya sea de la celebración eucarística ya sea de otros aspectos del catolicismo - sería algo propio y exclusivo de una óptica “fundamentalista” y, por eso, un tópico que habría que desechar, so pena de incurrir en lefebvrismo.

Esta afirmación no resiste al examen. No porque lo diga Monseñor Lefebvre la cosa es así, sino que porque la cosa es así lo dijo Mons. Lefebvre, y en esto no estuvo ni está solo, como se verá. Porque no han sido solamente Monseñor Marcel Lefebvre y la Fraternidad San Pío X, quienes han señalado la tendencia protestantizante dentro del catolicismo actual.

Coinciden en comprobarlo y reconocerlo con parecida alarma, numerosas voces eclesiásticas católicas nada sospechables de lefebvrismo; unos que celebran y otros que deploran y resisten el proceso desde dentro de la comunión católica. Lo que sigue no es sino una antología de esas voces que ponen de manifiesto que estamos ante un hecho que todos reconocen, incluso aquellos que lo consideran bueno como es el caso, por citar uno solo pero muy prestigioso y representativo de un partido eclesial, del Cardenal Carlo Maria Martini.

Apliquemos, pues, al caso el dicho de san Ambrosio que Santo Tomás cita unas 13 veces en sus escritos: “Omne verum a quoqumque dicatur a Spiritu Sancto est”: “toda verdad, dígala quien la diga, viene del Espíritu Santo”[26].

3.3. El Cardenal Carlo Martini: El Vaticano II se inspiró en las reformas de Lutero.

En la entrevista que le ha hecho el jesuita Georg Sporschill[27], el Cardenal Carlo Maria Martini: declara:

“La Iglesia necesita reformas internas… Martín Lutero fue un gran reformador… La Iglesia católica se dejó inspirar por Lutero en el Concilio Vaticano II y ha suscitado un movimiento de renovación desde dentro. Los tesoros de la Biblia fueron abiertos por primera vez a los católicos a nivel más amplio. Hemos adquirido una nueva relación con el mundo, con sus dificultades y sus conocimientos. Una consecuencia de las reformas es también el movimiento ecuménico”[28].

El hecho de que el Cardenal Martini juzgue positivo este hecho muestra que es un hecho comprobado no solamente desde filas lefebvristas que lo lamentan, sino comprobado también por eclesiásticos tenidos por progresistas que lo celebran como positivo. Una cosa es el hecho y otra la valoración. Pero el hecho es reconocido por todos. Unos lo consideran bueno, lo aplauden y lo promueven, como el Cardenal Martini. Otros lo deploran.

3.4. Monseñor José Guerra Campos

Mons. José Guerra Campos, destacada figura del episcopado español, que participó en el Concilio Vaticano II, comprobaba en 1980 que estaban ocurriendo ya “tantas cosas extrañas” en la Iglesia católica en la España postconciliar, “que su acumulación – decía - anula ya la extrañeza, convirtiendo lo deforme en algo acostumbrado”. Y se preguntaba acto seguido:

“¿No demuestra esto precisamente que está en marcha un proceso de protestantización de la Iglesia en España?”. Proponía este prelado como medida imprescindible, con la finalidad de que las fuerzas sanas que había todavía en el catolicismo español contuviesen el proceso de protestantización y consiguiesen en España un nuevo florecimiento de la vida católica, “la acción adecuada de la Jerarquía”, para lo cual es – decía – “indispensable que los organismos dependientes de la Jerarquía no sigan albergando la oposición al Magisterio de la Iglesia”[29].

Es decir que,  según el diagnóstico de este prelado, las tendencias protestantizantes habían penetrado y se albergaban, dentro mismo de las instituciones eclesiásticas oficiales y a vista y paciencia de la Conferencia de los obispos españoles.

3.5. Ralph M. Wiltgen SVD: El Rin se vuelca en el Tíber

Si esto estaba empezando a suceder con el episcopado español del postconcilio, en otros episcopados la situación era de larga data. Ya dentro del aula del Concilio Vaticano II se puso de manifiesto una tensión, sin duda preexistente, entre la óptica de los obispos provenientes de los países de mayoría protestante por un lado y los provenientes del mundo latino y de mayoría católica por el otro. Ralph M. Wiltgen SVD en su libro El Rin desemboca en el Tiber. Historia del Concilio Vaticano II[30]: ha mostrado documentadamente cómo la influencia protestantizante llegó a Roma desde los países bañados por el Rin (Alemania, Austria, Suiza, Francia y Holanda) y de la vecina Bélgica[31]. “Los cardenales y teólogos de estos seis países – afirma y documenta el Padre Wiltgen - consiguieron ejercer un influjo predominante sobre el Concilio Vaticano II”.

El Padre Wiltgen fue testigo de las luchas libradas dentro y alrededor del aula conciliar, a la que no eran ajenas las infiltraciones culturales del mundo y las presiones de la prensa y de los centros de documentación.

“La opinión pública sabe muy poco – afirma – de la poderosa alianza establecida por las fuerzas del Rin, factor que influyó de forma considerable sobre la legislación conciliar. Y se ha oído hablar todavía menos de la media docena de grupos minoritarios que surgieron precisamente para contrarrestar esa alianza”[32].