3.9.1 El P. Lucas Prados: Comunión en pecado mortal

Pasados quince años de las declaraciones del Cardenal Hume, el padre Lucas Prados observa en un artículo publicado en Internet[37] que:

“Desde hace poco más de cincuenta años, y como consecuencia de la pérdida bastante generalizada  de la fe de muchos católicos en la presencia real de Cristo en la Eucaristía, se ha ido extendiendo como enfermedad contagiosa la posibilidad de recibir a Jesús Sacramentado estando en pecado mortal. Y lo peor de esto es que se está fomentando este sacrilegio desde el mismo estamento clerical e incluso por parte de la jerarquía”.

E invita a la memoria: “No podemos olvidar las palabras que nos dice San Pablo: “Quien coma el pan o beba el cáliz del Señor indignamente, será reo del cuerpo y de la sangre del Señor. Examínese, por tanto, cada uno a sí mismo, y entonces coma del pan y beba del cáliz; porque el que come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación”[38].

3.9.2 El P. Lucas Prados ¿El Libro versus las especies eucarísticas?

El mismo padre Lucas Prados hace notar cómo en la liturgia de la misa se han ido corriendo los acentos o los énfasis rituales que han ido acentuando las solemnidades alrededor del evangeliario o de las Sagradas Escrituras y esfuman los signos de adoración que se le brindaban al momento de la consagración, y a las especies consagradas al recibirlas en la comunión. He aquí cómo describe ese corrimiento de la  veneración:

“Es al mismo tiempo curioso que esta disminución de la fe en la presencia real de Cristo en la Eucaristía vaya acompañada con una exaltación un tanto teatral de la presencia de Dios en las Sagradas Escrituras. Estamos acostumbrados a ver en algunas celebraciones eucarísticas donde está presente el obispo que un lector vaya en procesión con los brazos en altos portando las Sagradas Escrituras; pero desgraciadamente también estamos acostumbrados a ver el indigno e irrespetuoso trato que se da a la Eucaristía en esas mismas ceremonias. Es también curioso que se lleven los Evangelios con los brazos en alto, y al mismo tiempo se cambien las palabras que el mismo Cristo pronunció. ¿Estaremos reduciendo nuestra fe a puro teatro?

“Es más, en algunas ocasiones se intenta poner en el mismo nivel, por no decir que se presta más respeto, a las Sagradas Escrituras que a la Eucaristía. Es frecuente ver en algunas iglesias católicas modernas  colocar las Escrituras en un lugar importante del presbiterio (al estilo protestante), mientras que la Eucaristía es relegada a un rincón oscuro y apartado del mismo templo. En fin, son tiempos de crisis en los que parece que el mundo se ha vuelto del revés”[39].