3.10. El Cardenal Gerhard Ludwig Müller

El padre Joan Antoni Mateo García observaba[40] que ya desde 2011, siendo obispo de Ratisbona, el hoy Cardenal Müller había alertado contra el peligro de la protestantización del catolicismo. En ocasión de la visita de Benedicto XVI a Alemania, el entonces Obispo de Ratisbona Mons. Gerhard Ludwig Müller, acusó a los representantes de la iglesia protestante alemana de querer “dividir” a la Iglesia Católica. En una entrevista a PNP[41], Mons. Müller que era entonces el responsable del movimiento ecuménico en la Conferencia Episcopal Alemana atacó las “declaraciones controvertidas” antes y durante la visita del Papa a Alemania[42] y cuestionó el ecumenismo católico-protestante.

            “Müller fue particularmente crítico con el obispo protestante de Berlín, Markus Dröge, quien escribió que Benedicto XVI “no tiene ni idea del ecumenismo”. Tales declaraciones sólo deben “ser descartadas como totalmente sin fundamento”, dijo el obispo de Ratisbona, afirmando: “Si se continúa en esta línea, sería la muerte del ecumenismo”.

            Müller explicó que antes de la visita de Benedicto XVI se realizó “un juego traicionero con grandes expectativas”: “No sólo de que el Papa debiera dar un dramático paso ecuménico sino de que debiera diluir en agua la doctrina católica”.

Después de la visita del Papa hubo ya intentos “dispersos” por parte protestante de insertar una “bacteria” (literalmente, un hongo que al fin quiebra el tronco de un árbol) en la Iglesia Católica “con la cual poner al Papa y los obispos contra la supuesta mayoría de la población católica”. Para Müller, “ellos quieren llevar a una parte de los fieles católicos para su lado o, alternativamente, protestantizar a la Iglesia Católica”. En esto – comenta el P. Mateo García - creo, que dio en el clavo. Porque estos intentos de perversión de la fe católica son más actuales de lo que podríamos imaginar y, sin duda, uno de los mejores antídotos contra los mismos son los Obispos que no eluden la confrontación, cuando sea necesaria, para defender la fe”[43].

 3.10.1. Confrontación con la Conferencia Episcopal alemana.

Cuatro años  después, ya Cardenal y Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el cardenal Müller enfrentó nuevamente el fenómeno cuando en ocasión del Sínodo de la familia, buena parte de los obispos de la Conferencia episcopal de Alemania reclamaban  la libertad para apartarse de las pautas universales de la  Iglesia católica en lo relativo a la concesión de la comunión a los divorciados vueltos a casar u otros graves asuntos.

En ocasión de la presentación del libro del cardenal Robert Sarah de Guinea: "Dios o nada. Una discusión acerca de la fe"[44] Gerhard Ludwig Müller expresó su disenso con las fuerzas liberales de la Conferencia Episcopal Alemana, especialmente con su presidente el cardenal Reinhard Marx, aunque sin mencionarlo. Müller desaprueba que los obispos alemanes traten de "crear un clima en el que reclaman un cierto liderazgo para toda la Iglesia universal".

Es que, entre ambos sínodos, el Cardenal Reinhardt Marx había afirmado, con gran revuelo de la prensa que en cuanto a la doctrina se debe estar en comunión con la Iglesia, pero en cuestiones individuales de atención pastoral, “el Sínodo no puede prescribir en detalle de lo que tenemos que hacer en Alemania”. Por lo tanto, añadió, los obispos alemanes tienen la intención de publicar su propia carta pastoral sobre el matrimonio y la familia después del Sínodo. El oficio de los obispos, dijo, no es esperar a recibir permiso. “No somos sólo una filial de Roma. Cada Conferencia Episcopal es responsable de la pastoral en su cultura, y tiene como deber anunciar el Evangelio. No podemos esperar hasta que un sínodo establezca algo, como hemos hecho aquí, para abordar la pastoral familiar”[45].

 El Cardenal Müller salió al cruce de estos dichos por su sabor cismático-protestante diciendo:

“Esta es una idea absolutamente anti-católica que no respeta la catolicidad de la Iglesia. Las conferencias episcopales tienen autoridad sobre ciertas cuestiones, pero no un magisterio paralelo al Magisterio, sin el Papa y sin comunión con los demás obispos” […] “Una conferencia episcopal no es un sínodo local, menos aún un concilio ecuménico. El presidente de la conferencia episcopal no es más que un moderador técnico, y no tiene ninguna autoridad magisterial particular debido a este título” […] “Al escuchar que una conferencia episcopal no es una 'rama de Roma' me da la ocasión para recordar que las diócesis no son tampoco las ramas de la secretaría de las conferencias episcopales, ni de la diócesis cuyo obispo preside la Conferencia Episcopal” […] “Este tipo de actitud amenaza de hecho, el despertar de una cierta polarización entre las Iglesias locales y de la Iglesia universal, algo fuera de época tras los concilios Vaticano I y Vaticano II. La Iglesia no es una suma de las iglesias nacionales, cuyos presidentes votarían para elegir a su jefe a nivel mundial”[46]. Resulta clara la alusión a las comunidades eclesiales protestantes.

En otra oportunidad posterior, el Cardenal Müller les niega autoridad a los obispos alemanes para querer imponer sus criterios a la Iglesia universal dada la crisis de fe que ha consumido y sigue consumiendo aceleradamente al catolicismo en Alemania.

Según informaba el vaticanista Sandro Magister en ocasión de la visita de Benedicto XVI a Alemania, en setiembre de 2011, no sólo en el Este, sino en toda Alemania, menos de la mitad de la población, el 47 por ciento, afirma que cree en Dios. Desde 1950 hasta hoy los protestantes han descendido de 43 a 25 millones. Mientras que los católicos eran 25 millones en 1950 y su número sigue siendo el mismo, también ellos han perdido a muchos en el camino. Si en 1950 un católico cada dos iba a Misa todos los domingos, hoy en el Oeste del país sólo el 8 por ciento va a Misa. En la ex Alemania oriental, donde los católicos son una pequeña minoría, este porcentaje es del 17 por ciento. La edad promedio de los practicantes es en todos lados de 60 años. Y sólo el 15 por ciento de los alemanes menores de 30 años, verdaderamente los potenciales progenitores de la futura generación, considera que la educación religiosa es importante para los hijos. En cuanto a los contenidos de la fe, sólo el 58,7 por ciento de los católicos y el 47,7 por ciento de los protestantes creen que Dios ha creado el cielo y la tierra. Y todavía menos son los que creen en la concepción virginal de María o en la resurrección de los muertos. Sólo el 38 por ciento de los alemanes consideran la Navidad una fiesta religiosa[47]. Pero en el año 2014, como nunca antes sucediera, abandonaron la iglesia católica 218.000 alemanes[48].

El mismo Benedicto XVI, en su discurso ante el Comité Central de los católicos alemanes les llamaba la atención sobre el siguiente hecho que también les señaló a los obispos y que debía llamarlos a más humildad, tanto para pretender imponer su óptica a toda la Iglesia como también para reclamar una autonomía para encarar la pastoral separándose de la doctrina:

“En Alemania la Iglesia está organizada de manera óptima. Pero, detrás de las estructuras, ¿hay una fuerza espiritual correspondiente, la fuerza de la fe en el Dios vivo? Debemos decir sinceramente que hay un desfase entre las estructuras y el Espíritu. Y añado: La verdadera crisis de la Iglesia en el mundo occidental es una crisis de fe. Si no llegamos a una verdadera renovación en la fe, toda reforma estructural será ineficaz”[49].