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Qué le Paso a Nuestro Amor?

 Estimado Lector:

Este librito que hoy pongo en tus manos resume un itinerario espiritual. Pasados los años y mirando hacia atrás, puedo reconocer el camino que se le trazó a mi predicación y a los escritos nacidos de ella, hasta llegar a esta obra que ahora te estoy presentando.
Y mirándolo en su conjunto ese itinerario se expresa en el título de este libro. Intrigado y admirado, me pregunté: Pero ¿Qué le pasó a nuestro amor?
O como lo expresaba un corrido mexicano: ¡Ay corazón! ¿por qué no amas?
Y al decirlo me refiero a todos los amores humanos. ¿Qué le pasó al amor del hombre hacia Dios? ¿Qué le pasó al amor de los hombres entre sí? ¿Qué le pasó al amor entre varón y mujer? ¿Hay un camino de sanación para el amor herido? ¿Es posible que resucite un amor muerto?
En realidad, la pregunta sobre el amor es la pregunta sobre el hombre, sobre la creatura humana que hoy ama y mañana odia: a Dios, al otro, a sí mismo.

¿Qué nos pasa con el amor a Dios?

Primero fueron tres libros que tratan sobre los impedimentos que hay en el corazón humano para que amemos a Dios. A la gente, en general, no le interesa Dios, ni el amor a Él. Lo mira como esos jóvenes que van obligados a las charlas matrimoniales y dicen. “¡Ufa! ¿Nos van a hablar de Dios?”. O esos adolescentes que recalcitran y se irritan en la clase de catequesis haciendo de todo para sabotearla.
Ante Dios, la creatura humana suele ser o interesada o indiferente.
El amor interesado a Dios, no está del todo mal1 . El amor a Dios debe ser el amor que adolece de una mayor proporción de interés por parte de sus creaturas. Pero a Él nuestro amor interesado ¡por suerte! no lo desanima para amarnos siempre y desinteresadamente, como solamente puede amarnos Él.
Más dañosa para el hombre, en cambio, es la indiferencia. La indiferencia generalizada ante Dios es un obstáculo que enfrentan sacerdotes, catequistas y profesores de religión y cuya naturaleza espiritual muy a menudo desconocen. El Señor me mostró cuál es el significado espiritual de la indiferencia y del desinterés ante Dios, que tanto me hacía sufrir en el ministerio. Es la acedia. Un fenómeno espiritual. Un espíritu que se llama así.
La consecuencia del espíritu de acedia en las almas son los vicios capitales. Cuando el alma no encuentra el gozo del amor a Dios, para el que fue creado, entonces, se apodera de ella la ansiedad, que es una especie de sed del alma por un bien que no conoce y no logra obtener. Esa ansiedad impulsa al alma a buscar en las creaturas la alegría que anhela. Y como no la encuentra, porque no está allí, se arrebata y corre a ciegas de adicción en adicción. Así fue que escribí dos libros sobre la acedia 2 y otro sobre los vicios capitales3 .

Amar a Dios-Padre como Jesucristo, su Hijo, nos lo enseña

Luego se me dio a sentir que ya era hora de ocuparme de llamar a los gritos al amor a Dios; de invitar al amor a Dios y de escribir sobre el amor a Dios. Y entendí que debía presentar este camino del amor a Dios tal como Jesús lo presenta en el Sermón de la Montaña, en las Bienaventuranzas y en el Padrenuestro. Fruto de esas predicaciones vinieron entonces otros tres libros dedicados a mostrar el camino de la vida y de la oración filial, el camino para vivir y orar como el Hijo, para vivir y orar como hijos: Anuncio del Sermón de la Montaña, Las Bienaventuranzas y ¡Upa Papá! Elevaciones al Padre Nuestro4 .
Y como del Padre se habla poco y de recibir la vida del Padre se dice poco o nada, publiqué un cuarto librito sobre la espiritualidad filial y los principales desvíos con que el amor al mundo, aparta a los hijos del amor al Padre y por lo tanto de la fuente de la vida: Vivir de cara al Padre. Nacidos de nuevo y de lo Alto5 .
Si hay un camino para levantar al hombre de la incapacidad de amar como conviene, es el camino que señala el Hijo de Dios hecho hombre: el camino del Hijo, que enseña a los hijos de Adán y Eva a convertirse en hijos de Dios Padre, a imitación suya y siguiéndolo como discípulos por el camino de la filialización que solamente es posible transitar en el Espíritu Santo, don del Padre y del Hijo y Vida divina.

Creación, caída y elevación del amor humano

Por fin me sentí impulsado a predicar y a escribir sobre el amor humano. Porque si el río del amor creado se corta de su fuente celestial y divina, le pasa lo que a cualquier río, queda sólo el “lecho” y una sed que no se logra apagar con nada.
El primer libro sobre este tema fue La casa sobre roca. Noviazgo, amistad matrimonial y educación de los hijos.
¡Por ese orden!: noviazgo, amistad matrimonial, educación de los hijos. Porque es el orden histórico y terreno del desarrollo del amor humano: su comienzo en el noviazgo, su realización en el camino de la amistad matrimonial y la trasmisión de la cultura cristiana del amor esponsal a la generación siguiente.
¿Por qué el título La casa sobre roca? Porque Nuestro Señor Jesucristo dice que el que escucha sus Palabras y las pone en práctica es como el que edifica su casa sobre roca pero el que las escucha y no las pone en práctica es como el que edifica su casa sobre arena.
Cuando se desbocan, las pasiones lo arrasan todo, porque la razón no puede resistirlas ni dominarlas. Él tenía propósitos muy lindos, planes preciosos para su matrimonio, pero llegó una pasión, se le cruzó otra mujer. O ella se cansó de la lujuria del marido y encontró un buen amigo que la comprendía. Y si no: se cansó “de pensar siempre en los demás” y empezó a ocuparse solamente de sí misma.
Donde dos empezaron con los mejores planes e ilusiones, basta que cambiara uno de ellos: el hombre hacia donde suele cambiar el hombre y la mujer hacia donde ella suele corromperse, y ¡se acabó el matrimonio! De repente, uno empezó a ser víctima del otro o ambos comenzaron a victimizarse recíprocamente. Y a fuerza de tioneos y empujones cada vez más violentos, se rompió el vínculo. Una vez roto, cada uno trató de “rehacer su vida”. ¡Rehacer la casa…! Edificaron sobre arena y a la casa se la llevó la corriente. ¡Y ahora van a rehacer la vida…! ¿Y sobre qué fundamento van a construir la nueva relación?
¿Por qué vemos suceder esto con tanta frecuencia? ¿Por qué tantos se preguntan en su corazón “¿Qué le pasó a nuestro amor?” y no encuentran respuesta? Porque no se conoce la Sabiduría revelada sobre la creación, caída y elevación del amor humano.

De ahí la necesidad de estas enseñanzas sobre el amor esponsal, el amor de los esposos: primero el amor humano según el designio de Dios, luego el amor humano caído y herido por el pecado original, después cuáles fueron las consecuencias de esa caída en el varón y en la mujer, cuáles fueron las penas, las heridas que eso produjo en uno y otro; y por fin cómo Dios quiso sanar las consecuencias del pecado original.
Esa obra divina de sanación y restauración comienza en la Antigua Ley y culmina en el Sacramento del Matrimonio, que es una acción divina de sanación del amor matrimonial, por intervención de la Gracia de Dios que pasa a través del ministerio recíproco de los esposos.

“Instruidos por Dios para amaros mutuamente”

Me ha llamado poderosamente la atención esta frase que les escribe san Pablo a los fieles de Tesalónica: “Vosotros habéis sido instruidos por Dios para amaros mutuamente”6 .
La gente, comúnmente se cree que sabe amar, que no necesita que nadie le enseñe a amar. Después, cuando empiezan a tener problemas van unos a tirarse las cartas con brujos y adivinos, otros a los consultores matrimoniales o a los psicólogos. Y les preguntan: ¿Qué nos está pasando? ¿Qué le pasa, o qué le pasó a nuestro amor? ¡Había comenzado todo tan bien, y de pronto parece que todo se deteriora y se pudre!
Habían comenzado el camino del amor pensando inocentemente que sabían amar y que se las iban a arreglar perfectamente bien por sí mismos; como se las arreglan los patitos para salir nadando apenas nacen.

Sí, mucha gente - sobre todo los adolescentes, los jóvenes, pero también muchos mayores inmaduros - se creen que nadie tiene que enseñarles a amar porque ya saben lo que es el amor. Cuando los seres humanos se asoman a la vida sienten en ellos esos movimientos nuevos y desconocidos de la atracción de los unos por los otros y ya se piensan que basta dejarse llevar por esos impulsos para amar.
Y resulta que el Creador - desde las Sagradas Escrituras que contienen la revelación de su divina sabiduría - nos dice que es Él quien nos tiene que enseñar a amar.
Nos resulta algo sorprendente que tengamos que ser instruidos para amar. ¿De veras tenemos que ser enseñados a amar? ¿Amar es algo que nos tiene que ser enseñado? ¿Que nos tiene que enseñar Dios entonces? ¿O sea que nosotros no sabemos amar, no sabemos amar como conviene?

Sabiduría del deseo, sabiduría del amor

En otra de sus cartas dice San Pablo: “no sabemos pedir como conviene”7 . Se pide lo que se desea. No sabe pedir el que no sabe desear. Y no sabemos desear porque no sabemos amar. Necesitamos pues que el Espíritu del Amor venga en nuestra ayuda para enseñarnos a amar, enseñarnos a desear y de ese modo aprendamos a pedir como conviene.
Por eso el Espíritu Santo acude en nuestra ayuda con gemidos que no se pueden expresar y que son los gemidos del Espíritu Filial que nos hace decir “Abba, Padre”.

Los tesalonicenses aprendieron a amarse como conviene entre ellos cuando aprendieron a amar a Dios como Padre y a vivir como hijos. Hasta entonces no habían sabido amar como conviene y posiblemente habían sufrido mucho por no saber amar.
Y el amor esponsal verdadero entre varón y mujer es un caso particular de este mapa divino-humano del Amor.

¡Es así! El hombre, después de la caída del pecado original, no sabe amar y sufre mucho por no saber amar y porque aquellos a los que él ama y desea que lo amen, no lo saben amar.

Este no saber amar no sólo es un mal de cada individuo aislado sino que es un mal de la sociedad humana. ¡No nos sabemos amar entre nosotros! Y esto principalmente en el lugar por excelencia del amor que es el amor esponsal; amor que es la fuente de todos los demás amores: del amor fraterno, del amor de las familias entre sí. Saber amar es una Sabiduría que se recibe por Gracia. Es un regalo de Dios.
Si el amor es una pasión de un ser espiritual y racional, algún papel tiene que jugar la inteligencia en la dirección del sentimiento amoroso, del afecto, para que sea un amor humano, un amor espiritual, un amor racional.

Del flechazo de Cupido a la centella bajada del Cielo

El amor en la verdad, la caridad en la verdad. Así se llama la encíclica que el Papa Benedicto XVI acaba de publicar mientras escribo estas líneas. El amor es inseparable de la verdad, y en primer lugar, de la verdad acerca del mismo amor, que es: la verdad acerca de los que se aman.
Saber es una cuestión de la inteligencia. Debemos ser enseñados a amar, por Dios-Amor. Hay que darle a la inteligencia y a la sabiduría venida de Dios el lugar que les corresponde en los asuntos del amor.
Porque, de lo contrario, caemos en el amor ciego al que el mito griego representa como un niño con los ojos vendados y que tira flechas a ciegas. Cupido, quiere decir, en latín, deseo. Pero es un deseo infantil, un capricho de niño, irracional y ciego.
¡Qué visión tan distinta de la visión bíblica del amor! Para el Cantar de los Cantares el amor esponsal no es flechazo de un dios ciego. ¡Es un contagio del Amor Divino, una participación en el Amor que es Dios! ¡El amor es un fuego bajado del Cielo!
Dice, en efecto, el Cantar de los Cantares “Porque fuerte es el amor como la muerte [o más que la muerte], obstinado como el abismo, saetas de fuego sus saetas, una llamarada de Dios”8 .
Dios es un Fuego de Amor del que se desprenden llamas, que son las que arden en el corazón de sus creaturas, que han sido creadas a imagen y semejanza de esa hoguera del amor divino, siendo cada una de ellas como una lengua de fuego, imagen y semejanza del amor divino.
El Cantar de los Cantares contiene enseñanzas importantes acerca del matrimonio, ya que nos dice que el amor humano es una centella o una chispa, o una flecha de fuego desprendida del amor divino, una participación creada en el amor divino. Y esto confirma la doctrina del Génesis que dice que somos imagen y semejanza de Dios; la confirma y de alguna manera la explica. Nos dice que lo que hay en el corazón de la creatura humana tiene origen divino. Está en la creatura por creación. Pero… después - nos continúa revelando - ha sido herida por el pecado.

Por eso, no hay verdad acerca del amor humano si no dentro de la verdad del amor divino.

No hay aguas capaces de extinguir el amor
¡Qué visión tan extraordinaria ya en el Antiguo Testamento, en el Cantar de los Cantares, de lo que es el amor esponsal! Nos dice la Sagrada Escritura que por más que el pecado original haya herido al amor, no logra destruir la obra de la creación divina. Es una participación de las creaturas que las hace imagen y semejanza del Fuego de Dios. Y sin embargo, aunque ese amor no puede ser extinguido por muchas aguas, ni por la muerte, necesita ser sanado, como vamos a ver, porque está amenazado y herido. “Muchas aguas no pueden extinguir el amor ni los ríos anegarlo”, o “Muchos mares no podrían sofocar al amor”. Y “si alguien diera todos los haberes de su casa por el amor, sólo lograría desprecio”9 . Si alguien quisiera comprar el amor con todo lo que tiene, no podría obtenerlo. ¿Por qué? Porque es una Gracia, un Don. Es algo que se recibe y al mismo tiempo es algo que necesita ser sanado y salvado en el corazón de los hombres. Hay que estar preparado para recibirlo, ser dócil.

Los abismos del mar: los abismos del mal
Para comprender mejor el sentido de esta enseñanza, según la cual todas las aguas de los mares no serían capaces de anegar el amor, hay que saber que el eje simbólico del mar es, en el lenguaje de las Sagradas Escrituras, el lugar en cuya profundidad se sume todo lo que es opuesto a Dios, lo que es enemigo de Dios.
El amor no puede ir al fondo del mar porque el fondo del mar significa lo contrario al amor. Es el lugar simbólico a donde van los que no aman a Dios: la generación del diluvio (Génesis 6, 5ss), el ejército del Faraón (Éxodo 14, 27-28), los pecados del pueblo elegido (Miqueas 7, 19), el profeta desobediente (Jonás 1, 16 ss), los imperios bestiales que ve Daniel en sueños (Daniel 7, 2ss), los que escandalizan a los pequeños (Marcos 9, 42), los hombres a quienes los apóstoles fueron enviados a pescar y sacar de las profundidades (Marcos 1,17).

Las aguas del océano no podrán anegar y engullir el amor. A pesar del pecado original, hay un designio divino que va a salvar al amor de desaparecer anegado por las aguas del mar10 .

El arte de amar

Que hay que aprender a amar se lo dice también, a quien no crea en las Sagradas Escrituras, el psicólogo Erich Fromm en su libro El arte de amar. Allí dice precisamente que hay gente que piensa que le basta guiarse por sus sentimientos espontáneos, dejarse llevar por ellos, sin ningún control. Él responde: “¡No! Amar es un arte”. Por lo tanto, entra la inteligencia en la configuración de los sentimientos, en la purificación de los sentimientos y en la dirección de los sentimientos. Amar es una obra de arte de la inteligencia que exige también un talento práctico, como el del artista. Amar es una obra de arte de los esposos, que se va realizando durante toda la vida. Una obra de arte que se ha de lograr en común. Amar es un arte y hay que aprenderlo, Y no todos los artistas son buenos. Hay artistas buenos, artistas malos y artistas pésimos. ¡El arte de amar!

Un arte y una gracia

El psicólogo ve un hecho y lo comprueba, pero no ve todo. Porque la fe nos dice que sí, que amar es un arte, pero que es, sobre todo ¡una Gracia! ¡Un Don divino! Algo que hay que prepararse para recibir de Dios. Algo que hay que pedir y hacerse capaz y digno de recibir. Y además, algo que, para ser bien recibido, supone que quien lo recibe tiene que ser sanado. Porque en nuestra naturaleza herida por el pecado lo que debe ser restaurado, precisamente, es la capacidad de amar al otro sin los límites del amor propio, que muchas veces está desviado y termina utilizando al otro.
Es necesario, entonces, pedir la Gracia de un amor puro, un amor generoso, que es el que da la libertad. Es necesario beber de las fuentes de la revelación divina, de la Sabiduría católica revelada por Dios y amar de tal manera que se pueda vivir después el amor esponsal y formar a los niños en el matrimonio, en la familia, que es la escuela del amor. Si los niños en esa escuela tienen malos maestros, después no sabrán amar. Incluso pueden llegar a tener los conocimientos para salvar un examen teórico, pero en el práctico, como lo muestra la experiencia, les puede ir muy mal.

Sobre el origen de este libro

Este libro nació a partir de la desgrabación de predicaciones, conferencias y entrevistas radiales sobre estos hechos. Aunque he reelaborado el texto para pasar del estilo oral al escrito, el lector percibirá fácilmente que cada capítulo no tiene una unidad temática estricta, sino que se mantienen los vaivenes temáticos y las repeticiones propias de la exposición oral. En una conferencia se adelantan motivos o se retoman los ya expuestos para comentarlos o aplicarlos a situaciones presentes. Eso da lugar lógicamente a repeticiones que tienen, sin embargo, su utilidad pedagógica.

Debo aquí una palabra de gratitud a la autora de la desgrabación pero también debo respetar su voluntad de que no mencione su nombre. También los lectores que se beneficien de su trabajo, sin el cual este escrito no estaría entre sus manos, le deben gratitud a quien solamente pide a cambio una oración por ella y los que ama.

En la fiesta de Nuestra Señora del Santo Rosario
Ciudad del Este, 7 de octubre de 2009

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1 ¡Para empezar! ¡Y con tal de que no se quede en el interés!
2 1) En mi sed me dieron vinagre. La civilización de la acedia. Ensayo de Teología pastoral. Editorial Lumen, Buenos Aires, 1999. 2) Al que siguió completándolo: Mujer: ¿Por qué lloras? Gozo y tristezas del creyente en la civilización de la acedia. Editorial Lumen, Buenos Aires, 1999
3 El lazo se rompió y volamos. Vicios capitales y virtudes. Grupo Editorial Lumen, Buenos Aires – México, 2001.
4 1) Primero se publicó: Las Bienaventuranzas. Comentario espiritual. Vivir como el Hijo, vivir como Hijos. Grupo Editorial Lumen, Buenos Aires – México, 2003. 2) Luego: Anuncio del Sermón de la Montaña, Vivir como el Hijo, vivir como Hijos, En cinco lecciones. Grupo Editorial Lumen, Buenos Aires – México, 2004.
3) Y por último: ¡Upa Papá! Elevaciones al Padre Nuestro. Orar como el Hijo, orar como Hijos. 5Grupo Editorial Lumen, Buenos Aires – México, 2004
5 Editorial Lumen, Buenos Aires – México, 2009
6 1ª Tesalonicenses, 4, 9
7 Romanos 8, 26
8 Cantar de los Cantares 8, 6-7
9 Cantar de los Cantares 8,7b
10 Lo cual no quiere decir que por el pecado no se puedan morir muchas de esas realidades divinas. Porque el hombre puede apartarse del amor.


 

 

La casa sobre roca

 

lacasaEn este libro trato del noviazgo, del matrimonio y de la educación de los hijos.
Del noviazgo como escuela de la amistad matrimonial y el cimiento sobre el que hay que construir la casa. Del matrimonio como sacramento de sanación de las heridas del pecado original en el varón y en la mujer; heridas que son diferentes en uno y otra.
Por fin, de la educación de los hijos en vistas a su futura felicidad esponsal.
Hoy vemos tantas y tantas casas que se derrumban, que muchos jóvenes se acercan al matrimonio con temor y otros ni se atreven a acercarse o huyen de él.
Estas páginas ayudan a explicar las razones de esas ruinas. Aportan luces que no se encuentran en el común de la abundante literatura sobre el tema y que muy escasos profesionales de la psicología o la consejería toman en consideración. Hay, incluso, lamentablemente, malos pastores de almas que les dan consejos de muerte en vez de consejos de vida.
El título de este volumen ofrece la clave para explicar por qué hay hoy tantas ruinas, pero también por qué algunas casas resisten tan sólidas en medio de la tormenta: "El que escucha mis palabras y las pone en práctica es como el hombre que construye su casa sobre roca.... el que las escucha pero no las poner por obra, es como el hombre que edifica su casa sobre arena" La explicación de tantos derrumbes está en el pecado original. En la manera diversa cómo el pecado original afectó al varón y a la mujer. Pero sobre todo en que, debido a las consecuencias del pecado original, no se pone en práctica la doctrina de Cristo sobre el matrimonio cristiano, sobre la castidad matrimonial, y no se logra vivir este sacramento como lo que en realidad es: un misterio grande, que figura la unión de Cristo con la Iglesia.
Y a la inversa, el secreto de esos matrimonios que parecen resistir todos los asaltos del mundo está en que ponen en práctica las palabras oídas a Jesús. Nada puede separar a los que Dios ha unido. Y a los que se mantienen unidos a Él, Él los mantiene unidos entre sí.
Este libro trata, pues, en la primera parte, del noviazgo en vistas al matrimonio, como escuela y cimiento de la futura amistad matrimonial. Amistad que, como el vino en las Bodas de Caná, viene al final.
En la segunda parte trata de cómo el pecado original hirió al varón y a la mujer de manera diferente, lo cual trae graves consecuencias para la relación entre ambos, ya desde el noviazgo, pero también durante la vida matrimonial. De la disimetría de la pena del pecado en varón y mujer, nacen fácilmente equívocos y malentendidos que hasta llegan, a menudo, a disolver el vínculo amistoso entre ambos, poniendo brusco fin a comienzos promisorios. Siendo la amistad matrimonial algo que ambos anhelan, sin embargo, de ambos nace lo que la impide y la hace abortar antes de tiempo.
Fue necesario que viniera el Hijo de Dios a derramar sobre varón y mujer una gracia de sanación. Una gracia que se derrama sobre aquellos que viven su vida bautismal en sagrado matrimonio. Antes de recibir ese sacramento, los novios tienen que fortalecerse en la oración y en la esperanza de recibirlo y vivirlo toda la vida. Y la educación para eso debe comenzar desde niños.
Advertencia
Al poner entre tus manos este libro quiero advertirte algunas cosas. Primeramente que puede ser que encuentres en él afirmaciones que no entiendes o con las que no estás de acuerdo. Esto se debe a que lo que digo en él son cosas que van contra la corriente. Contra las convicciones corrientes en la cultura dominante.
Este es un libro contestatario. Si no estás de acuerdo con alguna afirmación que leas en él, te pido que no la rechaces de inmediato. Trata de entenderla y de comprender las razones por las que la afirmo. Todas ellas se basan tanto en la experiencia como en la sabiduría de la fe.
En segundo lugar te advierto que este libro no es un manual.
No trata sistemáticamente los hechos, ni pretende agotar el tema. Yo te diría que es un libro coloquial. Un libro nacido de la conversación y destinado a conversar. Un libro que donde quiera que lo abras te dirá algo provechoso. Es como una conversación abierta en la que puedes terciar cuando quieras.
Cosas que nos dice la sabiduría de la fe y confirma la experiencia
Ese carácter coloquial se debe a que este librito nació de los consejos dados a los novios y a los esposos en el confesionario. Allí nació este puñado de consejos y verdades sencillas pero de inagotables consecuencias. Verdades y consejos repetidos una y otra vez, incansablemente.
De tanto tener que repetirlas uno se convence que son cosas que a pesar de que parecen sencillas son, sin embargo, ignoradas por el común de los fieles. O bien, que son cosas que se saben en teoría, pero de las que no se está convencido en la práctica, pues se obra todo lo contrario.
A los novios y a los esposos les sucede lo mismo en todas partes.
He visto lo mismo en Uruguay, desde Montevideo a Salto o Melo, y en Argentina, desde Posadas a Tucumán, de Salta a Mendoza, de San Luis, Villa Mercedes o Quines hasta Paraná, de Formosa a General Roca y desde Neuquén a Capital Federal.
¿Dónde no me he encontrado con la misma ignorancia o descuido práctico de estas verdades y con los mismos errores vitales? ¿Dónde no he tenido que repetir las afirmaciones más sencillas y sin embargo al parecer menos entendidas y menos creídas y practicadas?
Del confesionario nació por lo tanto una experiencia y un discurso más o menos armado, una instrucción acerca de los errores en el noviazgo y el matrimonio; acerca de la necesidad perenne y no pasada de moda de la virtud de la castidad; acerca de las desastrosas consecuencias de desoír la voz de Dios; acerca de la experiencia que tantas historias deberían dejarnos y no nos dejan. La testarudez y la soberbia humana esconde una y otra vez los pedazos de la vida rota, barriéndolos bajo la alfombra, y, de vez en cuando también, enterrándolos en el cementerio con alguna de sus víctimas. El pecador alardea de su vicio, pero cuando le sobreviene la ruina la esconde.
A todo ese material conversado en el confesionario, predicado desde el púlpito o por radio y fijado en fichas para darlo en retiros, he querido agregarle testimonios o breves historias, que sirvan de ejemplos y de corroboración de mis dichos. Ellos 'no me dejan mentir'. Son testimonios que han querido dar y me han permitido publicar tantos fieles que se han visto iluminados en su vida por las enseñanzas contenidas en estas páginas. He tomado también de algunos libros algún pasaje que sirve al mismo fin.
Me auguro que estas páginas sean para ti como un baño de luz. Y eso pido al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo: que te bañen y te inunden con esta luz revelada acerca del destino de tu naturaleza creada, de las consecuencias que ha tenido para ti la caída original, de tus primeros padres; de las consecuencias de las conductas torcidas que heredas de tus antepasados, y de la maravillosa obra de sanación que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo quieren obrar en ti, si tú lo quieres y lo pides, si crees, si esperas, si los amas como Ellos a ti. Y si vives cada día tus renuncias bautismales, que son el precio, barato, que hay que dar por una perla de valor inestimable: andar juntos, como amigos y consortes, por el camino de la santidad matrimonial.

Buen Amor en el Noviazgo

Este libro presenta un ramillete de consultas de novios acerca de situaciones de noviazgo y las respuestas que les da el autor. Los consultantes han comprendido que tanto su pregunta como la respuesta podrían iluminar a muchos novios que pasan por situaciones semejantes y no saben qué hacer.Por eso han accedido a que fueran publicadas preservando el anonimato.Los novios que consultan son creyentes católicos. No necesitan demostración de las verdades en que creen y arrojan luz sobre sus situaciones. Verdades bíblicas reveladas por Dios acerca de la creación del varón y la mujer; y del amor humano infundido por Dios en sus corazones.El autor aplica así a casos concretos las verdades universales reveladas por Dios acerca del amor creado; que ha expuesto en sus libros: La Casa sobre Roca. Noviazgo; amistad matrimonial y educación de los hijos y ¿Qué le pasó a nuestro amor? Respuestas divinas a preguntas humanas.Las aplicaciones prácticas permiten comprender mejor que las verdades reveladas son sabiduría práctica. Como las anteriores; esta obra es contracultural porque contradice falsos dogmas de la cultura dominante.

 

 

Jose y Felicita

Este libro del P. Horacio Bojorge, rescata y salva del olvido un testimonio de amor, dando a luz 250 notables cartas de amor escritas entre 1926 y 1932 e intercambiadas entre "José y Felicita"

Estas cartas de amor se leen con la misma gratuidad y la misma fruición que una novela, con la fruición de lo que Aristóteles llamó anagnórisis, que los psicólogos modernos llamarían transferencia, pero que consiste propiamente en un reconocimiento de la verdad humana de una situación existencial. Es el reconocimiento de la verdad humana de lo representado en el teatro.

Pero José y Felicita son personajes reales. Su historia no es una ficción literaria. Ni él ni ella son famosos, ni sus cartas se publican para ser imitadas, sino a sabiendas de que son inimitables en fondo y forma. En estos asuntos, imitar es más bien despersonalizarse.

Su valor está en que son un arquetipo y conmueven el ánimo del lector con una grandeza humana que resplandece en su sencillez sin pretensiones, sincera y paciente.

Si algo es deseable que susciten, es la esperanza de que vivir Una Historia de Amor como ésta, extraordinaria en lo ordinario, es, también hoy, posible. 

 

Buen Amor en el Matrimonio

En estas páginas he reunido preguntas y mis respuestas intercambiadas con esposos que me han consultado personalmente o por correo electrónico. Varias de esas preguntas han sido publicadas antes en el Blog del Buen Amor , que funciona como consultorio o clínica virtual del Buen Amor. Todas las consultas se publican con la expresa autorización de los interesados, pero obviamente bajo pseudónimo. Ellos han comprendido que tanto su pregunta como la respuesta podrían iluminar a muchos novios que pasan por situaciones semejantes y no saben qué hacer.

Los que me preguntan son creyentes católicos, que no necesitan demostración de las verdades en que creen. Mis respuestas a estas preguntas suponen esa fe y se basan en los principios revelados por Dios acerca de la creación del varón y la mujer y del amor derramado por Dios en sus corazones. Es éste un don divino que ellos comparten y que los impulsa a unirse para siempre en matrimonio fecundo y fiel.

Mis respuestas aplican a los casos concretos los principios revelados por Dios que he expuesto en los libros: “La Casa sobre Roca” y “¿Qué le pasó a nuestro amor?”. Si en las obras anteriores expuse la doctrina, en ésta ofrezco sus aplicaciones prácticas que permitirán asimilarla mejor. Si aquellas obras eran saludablemente contraculturales - como lo es nuestra fe -, también lo es, inevitablemente, ésta.

Estos diálogos son apenas un ramillete selecto. No pretenden agotar la problemática del amor matrimonial. Pero aún así espero que contribuyan a que otros jóvenes creyentes comprendan mejor la sabiduría que encierra la doctrina revelada acerca del amor humano, creado, caído y elevado por la gracia de Dios a sacramento y misterio grande. Y que a su luz puedan orientarse por sí mismos en el gozoso ejercicio del sagrado ministerio esponsal.

Tengo que advertir al lector que a estas respuestas escritas a preguntas concretas formuladas también por escrito, no se les puede pedir que sean aplicables tal cual a otros casos. Son ejemplos concretos que pueden inspirar comportamientos, pero no siempre pueden imitarse al pie de la letra, sino mediante una creatividad espiritual ayudada por la gracia. La variedad de circunstancias individuales exigiría muchas veces variedad de respuestas y consejos. Se puede aplicar aquí lo que advierte Aristóteles acerca de los principios generales del comportamiento humano, porque a su manera vale para las aplicaciones casuísticas de esos principios:

“En la consideración de los asuntos del espíritu no debe exigirse una precisión igual a la que se exige en los trabajos de precisión. […] Así pues, cuando se trata de asuntos de este género y se parte de este tipo de principios, es preciso saber contentarse con un bosquejo un poco grosero de la verdad. […] De aquí que deba acogerse con indulgente reserva todo lo que vamos a decir. Un espíritu cultivado no debe exigir en cada género de objetos más precisión que la que permita la naturaleza misma de la cosa que se trate. Y tan irracional sería exigir de un matemático una mera probabilidad, como exigir de un orador demostraciones en forma” (Aristóteles. Ética a Nicómaco, Libro I, capítulo 1)