Entiendes lo que Lees?


“¿Entiendes lo que lees?”

La pregunta del diácono Felipe al eunuco etíope, funcionario de la reina Candaces , puede plantearse en todo tiempo a los que no entienden la Escritura.
Hoy, para nuestro asombro, parecería que se le puede preguntar a los que por oficio deberían no sólo entenderla sino explicarla, y sin embargo por abuso la explican mal y con escándalo de los creyentes. Aunque a algunos les pueda parecer impertinente, es pertinente preguntársela y de hecho se la preguntan los fieles a no pocos predicadores y escrituristas. En efecto, ocupan hoy el púlpito y la cátedra, intérpretes de las Sagradas Escrituras que dan motivo para que se hagan esta pregunta muchos fieles: “¡realmente ¿entienden lo que leen?!”.
A estos fieles, así escandalizados, no les cabe duda de que tales intérpretes no las entienden según la fe de la Iglesia. Porque los fieles que esto se preguntan, no son los menos instruidos o ignorantes, quienes suelen tragarse, sin masticar, lo que se les dice. Ni son los que simplemente asisten a la homilía sin escucharla o están en clase leyendo alguna otra cosa. Ni suelen preguntárselo los más ingenuos, que en su sencillez, divinamente protegida, tragan veneno y pisan serpientes sin sufrir daño.
Se lo preguntan los fieles a los cuales esas interpretaciones los perturban, los confunden y hacen vacilar. Se lo preguntan, sobre todo, los fieles más enterados de su fe y más empeñados en permanecer creyentes y ser fieles a la Iglesia.
Cuanto más formados e instruidos, más se asombran de que haya ministros del púlpito y la cátedra, que detentan, por mandato eclesial el oficio de enseñarles, que las interpreten así. Lo mismo se preguntan no menos escandalizados acerca de lo que leen en libros publicados por editoriales ‘católicas’, libros que han pasado intactos por la censura eclesiástica.
Una encuesta sobre cosas que oyen y deben soportar los fieles en cursos y homilías o que leen en revistas y en obras teológicas daría lugar a un extenso ‘disparatario’, - por no decir bestiario -, del que ofrezco algunos botones de muestra :
1) ‘No hubo una multiplicación milagrosa de los panes y los peces. Jesús enseñó a la multitud a compartir los panes que ellos traían’ Predicado por numerosos sacerdotes y un obispo.
2) ‘Como Job maldijo a Dios, el Diablo ganó la apuesta’ un predicador:
3) Predicador: ‘el infierno no existe; yo no creo en el demonio, lo que existe son las malas inclinaciones del hombre’
4) Predicador: ‘las playas nudistas de alguna manera representan la búsqueda de Dios porque allí hombres y mujeres vencen las barreras de la vergüenza por la desnudez que comenzó con el pecado, tienden a lo andrógino que existía al principio y todo frente al mar que es misterioso y profundo como Dios’

TEXTO DE CONTRATAPA
Horacio Bojorge, ¿Entiendes lo que lees?
La Interpretación Bíblica en Crisis 
( 301 palabras)
Estas páginas han nacido para dar respuestas a pedidos concretos de fieles perplejos, porque han escuchado en homilías, en cursos bíblicos, en institutos catequísticos y en cursos de seminarios o facultades de teología, cosas que chocan con su fe y a las que su falta de ciencia bíblica no sabe responder. El prestigio de la autoridad sacerdotal del predicador o los títulos académicos del profesor los amilana. Otras veces los cohibe la agresión burlona y la descalificación de sus objeciones de creyente. Su espíritu de fe se resiste a consentir en enseñanzas que repugnan a su fe. Libran en su interior una lucha entre las autoridades humanas y la divina; soportan burla, humillaciones y discriminación a causa de su fe en su propia casa.
Están escritas para los que no necesitan demostraciones del hecho porque lo padecen y lo que necesitan y esperan es ayuda. Son para los que esperan que se les ayude a superar el escándalo de ver el racionalismo y la incredulidad anidados en la mente de intérpretes de profesión, de hombres que se supone de Iglesia; y el escándalo, no menor, de ver que quien pudiera poner remedio, permanezca ajeno al hecho o impasible. 
Van dirigidas a los perplejos que no saben bien cómo interpretar esos hechos; que a veces vacilan, tentados de plegarse a la corriente de lo que debe ser. Diríamos: lo ‘exegéticamente’ correcto. Lo que se exige de cualquiera que aspire a ser reconocido como intérprete idóneo. Lo que piensa y enseña, más o menos arcanamente, según las circunstancias se lo permitan, cierto núcleo del stablishment académico vigente. 
Van dirigidas por fin a los que desean tener claro lo que piensa sobre estos temas el supremo Magisterio de la Iglesia, para, eventualmente, poder dar razón de ello si resulta útil para orientar a otros.
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