Dicho de Bichos y la Parábola del perro

La Parabóla del Perro

—1—
  Permítanme los oyentes
 que reclame su atención.
 Dejando la ocupación
 -aunque sea por un momento-
 levanten el pensamiento.
 Y, escuchando mi canción
 oigan con el corazón
 y graben en su recuerdo
 la parábola del perro,
 porque es un cuento de Dios.
 Pido al Cielo que me inspire
 mientras templo la guitarra.
 Que a mí no me falte garra
 ni me oigan cantar al ñudo.
 Más de un payador no pudo
 cantar lo que aquí se narra.
 Y al que no lo tome en farra
 le va a servir. No lo dudo.
 Y también le pido al Cielo
 que a mi distinguida audiencia
 le conceda fe y paciencia
 para escucharme con gusto.
 Y a mí, me dé el verso justo
 para alumbrar las conciencias.

— 2—
Quiero – para comenzar-
recordar la profecía
que por boca de Isaías
le dijo Dios a los hombres,
quejándose – y no se asombren-
de lo que el hombre le hacía:
—3—
"¡Que los cielos me presten atención
y que la tierra pare bien la oreja!
Porque ante el tribunal de la creación
viene Dios mismo a presentar su queja:
"Hijos crié. Les di una posición.
Pero salieron mal agradecidos.
Ellos me deben todo lo que son.....
¡y me tratan como a un desconocido!
Cuando hasta un buey conoce a su patrón
y un burro el comedero en que ha comido
mi pueblo desconoce a su Señor
y mis hijos me echaron al olvido".
— 4—
Oyéndolo al profeta, me recuerdo
De aquel sermón del cura Cayetano,
basado en la parábola del perro
y en cómo se comporta con su amo.
Lo que aquel santo cura nos decía
parece completar la profecía
que acabo de mentar hace un momento.
Porque al burro y el buey de aquel ejemplo,
le añade Cayetano en su homilía,
la nueva luz de una sabiduría
que enseña la parábola del perro
y es más propia del Nuevo Testamento.
— 5 —
"Mis queridos hermanos – nos decía-
si queremos ser santos y perfectos
con una sola cosa bastaría....
No está la cosa en no tener defectos,
sino en tenerle a Dios el mismo afecto
que un cuzco fiel a su amo le tendría.
En salirle al encuentro, cada día,
agitando la cola en su presencia.
Y brincando, con saltos de alegría,
rendirle honor... y gloria... y reverencia.
— 6 —
Pongámonos la mano sobre el pecho:
Veamos – en materia de alabanza
y acción de gracias – si lo que hemos hecho,
pesa menos o más, en la balanza,
que lo que el can más flaco y más maltrecho
tributa a un dueño avaro, que le alcanza
las sobras de fideos, los desechos
que no le bastan a llenar la panza.
¡Díganmé – hermanos míos - ¿Si hay derecho?!
¡Si sólo con pensarlo, me entristezco!
¡Parece cosa que no tiene nombre!
Y corríjanme ustedes si le erro:
¿No es verdad que, con Dios, se porta el hombre,
a menudo, peor que lo que un perro?
— 7 —
Él nos da de comer. Nos alimenta.
Él nos permite hacerle compañía.
Por Él, tiene sentido la existencia
y no andamos perdidos por la vida.
Sin Él, el hombre es perro vagabundo.
La viva imagen de la desventura.
Perdido por las calles de este mundo
escarba su comida en la basura.

    OTRA FORMA DE ORAR, ES EN REPOSO.
Pues tras las carantoñas y ladridos,
  y los saltos y brincos de alborozo,
  tras las locas carreras y gañidos
  del perro que no cabe en sí de gozo,
  pasa el alma a otro grado más subido
  que es la oración que llaman: de reposo.
O sea, que se arremansa y que se aquieta.
  Y echada, el hociquito entre las patas,
  se está allí, como atada a la banqueta
  donde matea su dueño en alpargatas.
 — 8 —
¡Por Dios! ¡Por Dios! – hermanos- ¡no seamos
una raza de perros malnacidos!
Que no menean la cola ante su amo
o le gruñen. ¡Como a un desconocido! 
 Un perro debe al amo la comida.
 ¿Y nosotros a Dios? ¡No sólo eso!
 Sino ¡Todo! Empezando por la vida,
 salud y amor, trabajo... ¡hasta los pesos!
¡Pero a cuántos se le hace cuesta arriba
 venir a demostrarle su contento!
 Cuántos gruñen a Dios porque: " los priva..."
 ¡Cuántos lo avanzan si les toca un hueso!
¿Así se trata a Dios? ¡Ya no hay respeto!
— 9—
A un perro que tengamos... Al mejor:
¿le perdonamos que nos mate ovejas?
¿y si nos muerde al hijo?... ¿o al peón?
Pues nosotros, con Dios, ¿no hicimos peor?
¡Y no ligamos ni un tirón de orejas!
¿Se puede hacer con Dios, lo que hace el cerdo
al que el dueño la llena la batea
y él – después que se harta – la patea
y luego: "¡si te he visto no me acuerdo!"?
Así hacemos – hermanos – así somos,
si por los beneficios recibidos
- si cada vez que Dios nos rascó el lomo -
no nos supimos dar por aludidos
o hasta -¡pudo pasar! – lo hemos mordido.
— 10 —
Precisamente cuanto más decaen
la piedad y la fe del Hombre de Hoy...
Cuando uno ve que tantos buenos caen
a adorar de rodillas la Onza Troy....
ya que los perros – fieles y leales –
entre tantos infieles sobresalen
yo los tomo de ejemplo. Y se los doy.
— 11 —
Cuando quise saber cómo hay que orar,
recurrí en vano a libros y teorías.
Miré a mi perro. Y éste – sin hablar –
me enseñó, con su ejemplo, lo que haría
si Dios fuera mi dueño y yo, su can.
Y todo quedó claro como el día.
— 12 —
¡Cuánto nos pueden enseñar los canes,
con su llano, modesto, humilde ejemplo,
con sinceras posturas y ademanes
a adorar al Señor sin fingimientos;
a acudir a rogarle que nos sane
y a volcar ante El los sentimientos!
Si se repara en su comportamiento,
Muchos modos de orar enseña un can
que van directo al corazón del dueño
y aquí a continuación se explicarán
si a mis oyentes no los vence el sueño.
—13 —
 LA PRIMERA ORACION
 ES DE PRESENCIA.
Lo primero es que un perro, no menea
su cola ante un concepto ni una idea.
Venera a un dueño real. Que, o bien lo mima
o, si cuadra, se enoja y lo patea.
Jamás confunde lo que se imagina
con lo que está presente y se olfatea.
— 14 —
¿Y saben lo que me hace pensar eso?
 Que hay gente que no reza, o reza mal,
 porque toma por dios al propio seso.
 Y extraviada en sus modos de pensar
 le pierde el rastro a la Presencia real
 de Dios, que está en Jesús en carne y hueso.
Que nadie reza bien, mientras no crea;
 y rece y sirva al dios que él se imagina.
 Porque Dios: es mayor que sus ideas
 e independiente de lo que él opina.
A Dios nadie le pone la correa
 ni puede atarlo a su opinión mezquina
 como quien saca al perro y lo pasea
 -¡de ida y vuelta no más!- hasta sú esquina.
—15 —
¿Me pueden explicar qué dios es ése
 que el hombre puede atar a la cadena
 para que vele por sus intereses?
¿Qué dios, que si él lo llama y no obedece,
 me lo reta y castiga; y lo condena
 o lo perdona, cuando le parece?
¡Imaginen un cuzco que quisiera
hacer entrar al dueño en su casilla!
Así – ni más ni menos- lo encasilla
a Dios, el que lo mete en su mollera.
Por más que rece todo lo que quiera,
no será grato a Dios, si así lo humilla.

   — 16 —
Por eso, tomo al perro como un test,
de si lo tomo a Dios por lo que Él es.
O de si rezo, puesto de rodillas
ante una idea de dios, de pacotilla,
mero producto de mi insensatez.
Pues si me inflara un dios como inflo un globo
y ante mi idea de dios, orara a solas
me marearía, como el perro bobo
que gira persiguiéndose la cola.
— 17 —
El punto es capital. Por eso insisto.
El Dios vivo, el Dios real – no imaginado-
el Dios tal como Él es y se ha mostrado
y está presente hoy, es Jesucristo
en su existencia de resucitado.
— 18 -—
Si Jesucristo es Dios, Dios en persona
y quiero ser su fiel – fiel como un perro –
el perro nuevamente me alecciona
y me permite examinar si yerro.
Óiganmé y no tendrán ninguna duda.
Y escúchemé también aquel que piensa
que se puede pasar sin esa ayuda
porque imitar a un perro lo avergüenza.
— 19 —
El perro de Jesús – si es que lo tuvo –
viéndolo muerto en cruz: ¿qué es lo que haría?
¿Verdad que allí, a sus pies, se tiraría
a morirse de pena? ¡No lo dudo!
¿Y yo?...Cuando contemplo el crucifijo...
¿siento en mí más dolor? ¿siento más pena?
¿es tanta la aflicción con que me aflijo?
¿O estoy ante la Cruz como una hiena:
sin piedad, sin dolor, sin compromiso...?
Si su muerte - ¡por mí! –me deja frío,
¡el proceder del perro me condena!
— 20 -—
¿Alguien podrá alegar que ama a Jesús
si lo mata él también -¡a indiferencia!-
y encima, contra el poste de la Cruz
-sin distinguir, sin ver la diferencia-
alza su pata con buena conciencia?
¿De un hombre así? ¡los perros se avergüenzan!
— 21 —
El perro de Jesús – si es que tenía –
me gana en esa penca de aflicción.
Pero también con la Resurrección
me saca varios cuerpos de alegría.
Yo lo contemplo en mi imaginación
y me hallo más chiquito todavía.
Yo lo tengo a Jesús , resucitado,
vivo y presente en esta Eucaristía.
En su presencia....¿estoy alborozado
como su perro se alborozaría
cuando, al amanecer del tercer día,
lo sorprendió el silbido de su amo?
— 22 —
La fe huele y escucha al Dueño amado,
al glorioso Jesús resucitado.
y si el alma penaba, triste y sola,
le sale como perro alborotado,
brincándole y meneándole la cola.
O sale, si en su ausencia le ha faltado,
si ha desobedecido o sido ingrata,
de oreja gacha y con el lomo arqueado,
con el rabo metido entre las patas.
— 23 —
Pero el alma, culpable o inocente,
no menea la cola ante una idea.
Si es, de veras, un alma creyente,
sólo se alegra con Jesús presente
Y anhela estar con Él. Sea como sea:
tanto si la acaricia tiernamente
y la saca a pasear de la correa,
como si la corrige y la reprende;
o, si cuadra, se enoja y la menea.
Aún airado es mejor que muerto, ausente,
y – no digamos nada – indiferente.

— 25 —
El alma que disfruta de este estado
es un alma alejada del pecado,
a quien Dios no reprocha alguna ofensa
y tiene un corazón reconciliado.
Un alma que se aquieta y se silencia.
Que prefiere adorar a un Dios que piensa,
a patotear, con perros extraviados.
Allí, a los pies del amo que reposa,
entornados los ojos de placer,
en su tibia presencia se arreboza
liberada de todo "¡ habría que hacer!"
Y echada – en oración tan levantada
como le enseña el perro con su arte –
el alma "que eligió la mejor parte"
halla todo en Jesús. Y sin Él, nada.
— 26 —
En este estilo hablaba Cayetano
para arrear hacia Dios su lenta grey
de fieles remolones, de cristianos
ignorantes, ariscos o sin ley.
Por si alguno, a lo menos, se hacía santo
nos hablaba del perro y la oración
mezclándole a lo serio del sermón
unas pizcas de humor, de tanto en tanto:
— 27 —
"Cuando Dios creó al perro – nos decía –
no creó simplemente un animal.
Hizo un libro viviente. Hizo un manual.
Y nos legó su ejemplo, como guía
y compendio de vida espiritual.
Me remoto al Principio. A aquel instante
en que Dios hizo al perro. Creatura
que es como encarnación del fiel orante
y de la fe más inocente y pura.
— 28 —
Me aventuro a decir, a este respecto,
que el perro fue como un anteproyecto,
como un bosquejo previo; un borrador
de aquel devoto y fiel adorador
que Dios quería crear y que, en efecto,
fue Adán – recién creado – ante el Señor.
Adán tenía el alma religiosa;
un sentido de Dios que le era innato.
Como el perro, captaba de inmediato
la presencia de Dios, aún silenciosa,
más que por la razón, por el olfato.
— 29 —
También a Adán – dice la Anatomía
que conmina a aceptar esta evidencia –
Dios lo dotó de rabo. En su Presencia,
el inocente Adán, lo menearía
con la expresividad y la elocuencia
que vemos en los perros hoy en día.
Pero... ocurrió lo que sabemos todos:
sobrevino el pecado original
-de cuyos polvos vienen nuestros lodos-
y abochornado, nuestro padre Adán
hizo lo que en los perros es normal:
Metió – mustio – su rabo entre las patas
y - ¡espontánea expresión de su conciencia! –
tratando de eludir la penitencia
que – barruntaba – no iba a ser barata
fue, con Eva, a esconderse entre unas matas.
— 30 —
Expulsados por Dios del Paraíso
y privados del bien de su Presencia,
sus colas, con la falta de ejercicio
-por tristeza, añoranza y mal de ausencia –
se fueron atrofiando. Decadencia,
que es otra desgraciada consecuencia,
otro mal heredado, otro perjuicio
que el padre Adán legó a su descendencia
junto a tanto dolor y tantos vicios –
al perder el estado de inocencia.
— 31 —
¿Deberemos perder toda esperanza
de que los hombres vuelvan, nuevamente
a tributarle a Dios sus alabanzas
según la antigua y primitiva usanza
que se estilaba en el Jardín de Oriente?
Herederos de Adán, sus descendientes,
privados del sentido de alabanza,
relegaron el rabo al inconsciente.
No quieren ni saber por qué lo tienen
Y se avergüenzan de él en su ignorancia.
Pero el perro de Adán – que fue testigo
de aquel feliz estado primitivo –
copió gestos, posturas y reacciones
del inocente Adán frente al Dios vivo.
— 32 —
Fieles guardianes de estas tradiciones,
los perros, no las dieron al olvido.
Se las trasmiten por generaciones
y mantienen vigente su cultivo.
Por ser hijos de Adán, todos ignoran
estas cosas tan obvias y sencillas.
Por eso: ¡no es ninguna maravilla
que yo las tenga que explicar ahora!
Tras explicar por qué tenemos cola
demostraré que el perro se arrodilla.
— 33 —
EL PERRO ADORA Y PIDE DE RODILLAS
Observemos al perro cuando espera.
Decimos que se sienta o se acuclilla
porque se apoya en sus asentaderas.
Pero también – si bien se considera –
podemos afirmar que se arrodilla.
Reparen bien – si no – y observarán
que el hombre cae en actitud orante
doblando la rodilla hacia delante,
pero el perro: las dobla para atrás.
Y así cuando se sienta se arrodilla
sin distinguir reclinatorio o silla.
     
   — 34 —
DE CÓMO ORAR MIRANDO
Y SIN PALABRAS.
No es que al perro "le falte sólo hablar"
- como suele decirse vulgarmente -.
Lo que pasa, es que el perro, es inocente.
Y el inocente, no precisa hablar.
Yo tengo al perro en opinión tan alta
que sostengo que hablar, no le es preciso.
Como tampoco a Adán, no le hizo falta
hablar, mientras vivió en el Paraíso.
La mirada de Dios, lo decía todo.
Y en la de Adán, el alma se leía.
Era mirarse mutuamente, el modo
de entenderse entre sí que ambos tenían.
— 35 —
Tener que hablar, fue efecto del pecado:
Adán habló porque temió la ira.
Y Dios habló, porque quedar callado
era entregarlo a Adán a la mentira.
Después, Dios nos habló de mil maneras
que el hombre, mentiroso, le desdijo.
Hasta que al fin, en forma duradera,
Dios nos habla diciéndose en su Hijo.
— 36 —
En Él, nos volvió a hablar con la mirada.
Nos volvió a suplicar sin decir nada.
Así que, basta con que lo miremos.
Que alcemos hacia Él, con fe callada,
nuestros ojos culpables... y callemos.
Que cambiemos con Él, miradas breves,
humildes, silenciosas, de reojo.
Como merecedores de su enojo.
Como nos mira el can, que no se atreve
a fijar la mirada en nuestros ojos.
Mirarlo a Dios así, ya bastaría.
Como oración, es más que suficiente.
Pero hay otra mirada, todavía,
que quiero mencionarles brevemente.
— 37 —
ES LA ORACION DEL QUE LO MIRA FIJO,
como puede mirarlo sólo el Hijo.
Del que, más que mirar, se ve mirado
con mirada de amor. Y como espejo
que devuelve lo mismo en su reflejo,
vuelve a Dios el amor con que es amado.
Así mira Jesús. Así María.
Y si el mismo Jesús se lo ha enseñado
y el Espíritu Santo se lo inspira,
el corazón del fiel, purificado.
— 38 —
Pero esas gracias místicas, infusas,
-que no diré que son poco frecuentes-
no las tiene a la mano – ni las usa –
la generalidad de los creyentes.
A muchos, eso, les importa un pito.
No están para oraciones exquisitas.
Como me dijo uno: ‘Padrecito,
el modo de rezar que necesito
es uno fácil... y que traiga guita’.
Yo le dije: ‘Hijo mío, si existiera,
o si yo conociera esa receta:
¿tendría necesidad de hacer colectas
para ver si arreglamos las goteras?
Pero ya que me pides un consejo:
Tú comienza a rezar, porque al que empieza
-¡mira que te lo dice un cura viejo!-
a veces, Dios, le cambia la cabeza’.
— 39 —
DIOS NO PRECISA QUE LE DEN LA LATA.
¡Qué equivocado está el que se imagina
que Dios precisa que le den la lata!
Nuestra oración es tanto más divina
y le resulta a Dios tanto más grata,
cuanto el orante, ahorrando peroratas,
confía en que Dios ya sabe y adivina
hasta sus pensamientos más secretos.
Y en que – Padre amoroso – en sus decretos,
todo lo que sucede lo encamina
hacia el bien de sus hijos predilectos.
— 40 —
Nadie piense que el Padre oiga mejor
o atienda más, al que es más hablador;
al que tenga más labia, más recursos,
más elocuencia y dotes de orador.
Orar, no es competir en un concurso
donde se gana a fuerza de discursos.
— 41 —
Todos sabemos que los perros no hablan
y sin embargo se hacen entender.
Viene el perro, rengueando de una pata,
y el dueño - ¡desde lejos! – dictamina
si es renguera de perro y son pamplinas;
o se hirió, con un vidrio o una lata
o si se hincó en la pata alguna espina
que de veras le duele y lo lastima.
¿No adivinamos lo que el perro quiere
cuando lo vemos acudir, callado,
y arrimarse a la rueda del asado?
Y Dios... ¿no va a entender, cuando nos viere
arrimarnos a él, necesitados?
— 42 —
Por esto es que Jesús nos pone en guardia
contra el funesto error y el espejismo
de los que aburren al Señor con cháchara
o rezan por un puro automatismo.
Hay quienes rezan como por deber
y hasta – quizás – por miedo a una sanción.
Yo dudo de que Dios pueda querer
que se rece por mera compulsión.
Me parece más bien una desgracia
porque transforma en ley lo que era gracia.
— 43 —
Atiendan bien a lo que aquí les digo
quienes sientan que están en ese estado:
deben saber que están siendo tentados
con una seducción del enemigo.
En esa seducción hay como un virus
que cambia el apetito de beber
y el gusto del sediento por el agua,
primero en obsesión, luego en deber,
y puede transformarse – al fin – en rabia.
— 44 —
Al principio ese mal, parece nada.
Pero he visto los daños que produce.
Conozco bien el fin al que conduce
a algunas almas bien intencionadas.
He visto almas, amantes como novias,
- de Dios completamente enamoradas –
que contagiadas por esa hidrofobia
se agarraron con Él a dentelladas.
Su amor primero era una cosa obvia
¿y cómo viven hoy? ¡amancebadas!.
Tienen horror del Agua que da vida.
La Presencia del Agua las asquea.
Esa Gloria, que ayer les fue querida,
hoy te la cambian por cualquier idea.
Como el perro rabioso, que enloquece,
y a su amo desconoce y no obedece,
acaban esas almas que apostatan,
y ni entienden, ni ven, ni se percatan
de cuán grave es el mal del cual padecen.
Porque – lo que es a ellas – les parece
que están sirviendo a Dios, mientras lo matan.
Sólo un suero de fe, y en altas dosis,
puede curar la rabia de la gnosis.
— 45 —
Si no es por rabia – o sea por excepción –
los perros no hacen de la gracia: ley.
Ni de su amor al amo: obligación.
Trotan bajo su carro por placer
y lo siguen por pura diversión.
Ellos son, en su acción, contemplativos.
Y toda su oración es seguimiento.
Amar a su Señor es su motivo
y la oración de todos sus momentos.
Y aún si deben seguirlo – lengua afuera –
con esfuerzo, fatiga y sufrimiento
ellos siguen al amo dondequiera.
Y esa es la pauta sana y verdadera
de que su caridad no es puro cuento.
Que Dios nos haga fieles de ese modo
es la gracia que pido para todos.”
-46-
DE QUE PUEDE EXTRAVIARNOS LA LUJURIA
Parecía que el cura Cayetano
hubiera terminado su sermón,
porque el buen cura se quedó callado...
caviloso... quizás en oración.
Mas después de callar por un momento
volvió a decir, con renovado aliento:
"¡No! ¡No puedo acabar este sermón
guardándome callada, aquí en el buche,
una - ¡cruda quizás! - comparación:
para la salvación de quien la escuche!
Bien puede ser que a alguno no le agrade.
Que le parezca que me extralimito.
Yo sé que piensa, más de algún cofrade,
que el sermón más sublime es el cortito.
Sé que otros me van a criticar.
No por lo largo, sino por el tema.
Piensan que el templo no es un buen lugar
para tratar en él ciertos problemas.
Pero ¡Yó soy el Cura! El responsable
de la buena salud de mis ovejas.
Y considero que es abominable
callar por miedo a las posibles quejas.
Jesús me juzgaría por mi incuria
- y, según pienso, con toda razón -
si no les advirtiese: "¡la lujuria
es enemiga de la religión!"
¿Qué es la lujuria? Es la pasión carnal
(¿quién no la sufre aunque le suene mal?)
Dice San Pablo: peca contra un templo
el lujurioso, pues profana el cuerpo.
Nuestro cuerpo queridos feligreses
es instrumento de la unión con Dios.
Con él servimos a sus intereses
desde él elevamos nuestras preces,
con él oímos su divina Voz
con él Lo vemos donde se aparece.
La lujuria destruye ese aparato,
y por eso este mal es tan dañino:
nos deja sordos, ciegos, sin olfato,
sin gusto ni placer por lo divino.
¡Por eso se lo llama mal impuro!
Porque aparta de Dios ¡les aseguro!
Hemos sido creados para amar
y fuimos hechos para dar amor
¡la lujuria corrompe el corazón
y ya no le permite ni pensar!
¡A cuántos la lujuria los aparta!
¡Ayer fieles a Dios: hoy, Dios los harta!
¡Y cuántos que de niños lo adoraron
al llegar la pasión: apostataron!
¿Quieren saber qué tienen, qué les pasa
a muchos que se fueron de esta casa?
¿por qué dejaron de venir a Misa?
¡Por la lujuria que los esclaviza!
-47-
¿No vieron qué le pasa a la perrada
cuando llega la época del celo?
Sin importarle nada raza o pelo,
desde la perra fiel y más mimada
hasta al perro más manso y más casero
los arrastra el instinto tras su imperio.
Sin reparar en casa, dueño... ¡o nada!
revientan la cadena si es preciso.
saltan el muro... pasan bajo el cerco...
- instinto irresistible, ciego, terco,-
y escapan sin dejar ni dar aviso.
A veces los arrastra la jauría
tan lejos de su hogar y de su dueño
que cuando se despiertan y lo notan,
vueltos en sí como de un largo sueño
no saben regresar al domicilio
y se quedan vagando en el exilio.
¡Y qué destino triste es el destino
del perro que se pierde en el camino!
Por un momento de pasión y antojo
por ese momentáneo desvarío
muchos se pierden.
Otros - como el mío -
regresan flacos, sucios, con abrojos,
rengos, llenos de barro, a veces cojos,
mordidos, revolcados y sin bríos...
-48-
¿Cómo podría callar un buen pastor
que ha visto ya extraviarse a muchos buenos
y alejarse del culto del Señor
por los mismos instintos, más o menos?
¡No! ¡no podría guardarme esta advertencia
cuando es tiempo de celo todo el año
para Adán y su pobre descendencia!
¿Podrá volver a Dios quien se aventura
por los desvíos de esta senda impura?
¿Podrá pensar, quien ceda a esta locura
que engrilla la razón y la avasalla?
¡A cuántos vi probarla y hoy se hallan
encadenados por su fuerza oscura!
¡Mis niños de primera comunión!
¡Qué futuro distinto les soñaba!
¡Cuánto dolor, cuánta desilusión
me ha dado ver, más de uno, en lo que acaba!
Y cuánta parejita que he casado
y que ante mí juraron serse fieles...
Con dolor los he visto separados
y al que fidelidad le habían jurado.
ponerle cuernos - como los infieles -
Miren que no exagero en lo que hablo.
Sólo repito lo que dice Pablo:
"Nadie se engañe: ¡Dios es tan glorioso
que no entrará en su Reino el lujurioso!"
A Dios, que es fiel, lo asquea el adulterio
y porque es rey de sinigual pureza
toda impureza lo disgusta en serio
por no decir: ¡lo llena de tristeza!
Domine el alma casta su lujuria
reprima en sí a esta pasión espuria,
no sea que apostate del amor
y no sepa volverse hacia el Señor.
Si varón y mujer fueron creados
para multiplicarse y ser fecundos
es porque Dios los quiso ver salvados
llenando el Cielo tras llenar el mundo.
— 49 —
En este estilo hablaba Cayetano
para arrimar a Dios su lenta grey
de fieles remolones, de cristianos
ignorantes, a medias o sin ley.
¡Pobre Don Cayetano! Su rebaño
- ¡rebaño, en su sentido más cabal! -
no había ni despegado - ¡en tantos años! –
a pesar de su celo pastoral.
Mirando humanamente... logró poco:
no tenía un solo fiel comprometido
y la única laica – ya es sabido –
se casó por civil y con un loco.
— 50 —
Pero era como perro en su misión
y en sus sermones – largos como tantos –
nos hablaba del perro y la oración
por si alguno, a lo menos, se hacía santo.
Si pudo conseguirlo, es otra historia.
Pero estoy persuadido – en cuanto a él –
que está con su Señor, al que fue fiel,
y trota bajo el carro de la Gloria
que viera en sus visiones Ezequiel.
— 51 —
Era el cura Cayetano
- ministro de Dios, sincero –
como un fiel perro ovejero
velando a sus parroquianos.
Como a ovejas y corderos,
nos llevaba por lo llano.
Era un cuzco garronero,
secundando a un Dios paisano
que quiere arrear los cristianos
a pastar en sus potreros.
Y con aquellos sermones,
a las almas alejadas
como a hacienda rezagada
nos picaba los garrones,
trayéndonos mil razones
para que el alma extraviada
se volviera hacia el Señor.
Reanimaba con amor
a las más desalentadas
y afeaba a las desalmadas
la vida del pecador.
Yo daré gracias al Cielo
si a mi distinguida audiencia
se le concedió paciencia
para llegar hasta aquí
y si – como yo pedí –
me oyó con benevolencia. 

Dichos de Bichos

 BALADA POSTUMA
PARA UN CORDERITO EMBALADO
Para envolver a un cándido cordero
se hizo pasar por perro un lobo artero:
“Soy el perro ovejero del pastor
 de un rebaño vecino
- se presentó a sí mismo el seductor -
y vengo de camino
por las majadas del alrededor.
He visto mil y una. En todo el mundo.
Comparada con todas, la mejor,
¡de lejos! ¡sin rivales ni segundos!
Es aquella majada de mi flor...
¡Qué ovejas! ¡Qué corderos! ¡Qué pastor!
En vano buscarás otros iguales.
¡Y si vieras aquellos pastizales
y aquellas fuentes puras
que hacen la dicha de mis animales!
No hay otras creaturas
tan bienaventuradas
en todo el mundo ni en sus arrabales.
No hay dehesa más sana y más segura
que aquélla donde pace mi majada
libre de fieras, sarna y otros males!
“Pues si es como me dices tu dehesa
- interpuso el ingenuo corderito –
es la realización de la Promesa
y justamente lo que necesito...”
“¡Aquélla sí, es majada!
-prosiguió él, como quien no oye nada –
¡Aquella sí, es majada! ¡Y qué pastor!
Es un cordero más. No un superior.
Es – en vez de pastor – un camarada.
Nunca le oirás una palabra airada
ni levantar la voz.
Nos tratamos con él de che por vos.
Porque, con ser persona preparada,
uno se maravilla
de verla tan modesta y tan sencilla.
No necesita urgir la disciplina.
Con decirte que junto a las ovejas
les permite pastar a los leones...
Lo que es aquello...¡ no te lo imaginas!
Jamás ha habido un roce, ni una queja.
El nuestro ¡es un pastor con pantalones!
¿Y me podrás creer que hasta los lobos
comen pasto y cesaron sus malones?
Ya ves...que a mí, me han dado vacaciones
y he podido viajar por todo el globo.
¿Creerás que te exagero?
¡No hay nada igual en todo el extranjero!
Allá, en el hato donde yo me alojo
son todos por igual, vegetarianos:
las fieras, el pastor,
un servidor, los amos...
No hay zarzas, no hay espinas, no hay abrojos.
Y como no hay invierno, no esquilamos”.
Quedóse embelecado nuestro ingenuo
con los cuentos del lobo.
Y se alistó para emigrar al sueño
en el primer convoy de corderitos bobos.
Viendo tan embalado al indiscreto
y que ya estaba pronto para el viaje,
fingió encontrar un “¡último! ” pasaje.
Y en letra chica – al dorso del boleto –
le aconsejó secreto
para lacrar en forma su embalaje:

“Te llevaré conmigo a mi majada
si me prometes no decirle nada
ni al pastor, ni a tus perros ovejeros,
ni a las demás ovejas, ni al carnero.
Te llevo sólo a ti, por ser amigo.
Pero te darás cuenta
que si quisieran emigrar contigo
van a ponerme en situación violenta.
Por lo demás, si a ti no te gustara,
te doy la más completa garantía
- y se la dio jurada -
que te traigo de vuelta el mismo día”.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
¿Se irá el cordero a la majada clandestina?
¿Será sangriento el fin que se avecina?
¿Tendrá el cordero ese final terrible,
escalofriante pero previsible?
Difiramos, al menos, su final
para que salga vivo de este lance
echando mano a un corte comercial:
“No hay realidad parangonable al mito
ni que resista la comparación.
Si se siente feliz en su mundito
cambie la realidad por la ficción”.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Cambió en el entreacto el mal agüero.
Y desenrollaremos la madeja:
Si el lector ya sacó su moraleja
¿qué gana con la muerte del cordero?
Lo que la compasión nos aconseja
es rescatarlo de su atolladero.
Digamos que: llegados al andén,
estando a punto de partir el tren,
casi sobre el estribo del vagón,
un perro policía olió al ladrón.
Y todo se arregló en un santiamén:
el lobo fue a podrirse en la prisión,
el corderito tuvo un happy end
y la experiencia le sirvió un montón.

 EL AVISPÓN Y LA ARAÑA
Observen a estos bichitos
- señaló el viejo Vizcacha* -
Ese avispón, que a esa araña
la duerme con su aguijón,
la anestesia, no la mata.
Y hallo que tiene razón...
Porque la araña dormida
no se abomba en la fiambrera.
Y así comen las queresas
del avispón colorado
carne fresca de primera
y no araña de enlatado.
La gente , si es avispada,
no mata a sus enemigos.
Con tal de que estén dormidos
y no puedan hacer nada,
les saca mejor tajada
cuando se los come vivos.
Y ustedes tengan por hecho,
si quieren sacar partido,
que rival desprevenido
les será de más provecho,
que si lo tienen vencido
con la pata sobre el pecho.
Por eso, les aconsejo,
hagan como el avispón.
Si clavan el aguijón
clávenlo con mucho tiento:
no como facón sangriento
sino como una inyección.
Vale más rival durmiendo
que enemigo en el cajón.
Pero si les toca estar
del lado de las arañas:
que no los duerman las mañas
de gente que, aunque no mata,
pa’ comerles las entrañas
los quiere manear de patas.
No sean como araña necia.
Miren que avispón ladino
vive comiendo cretinos
y encima los menosprecia.
• Viejo Vizcacha: personaje del poema Martín Fierro de José Hernández
representa un tipo de sabiduría criolla maliciosa.

LA COMADREJA DESLENGUADA
 En una carpintería
se metió la comadreja,
y lamiendo la escofina
se fue comiendo la lengua.
Pensaba sacarle jugo
a quien le sacaba sangre.
E insistió hasta que no tuvo
más lengua para limarse.
Así son los deslenguados
que hablan con perjuicio propio,
y hablando quedan menguados
sin lograr menguar al otro.
Pensaban sacar provecho
con su terco proceder,
y advierten qué mal se han hecho
cuando no hay nada que hacer.

 COMO LA MONA
         (Sonatina)
La monita está loca....¿Qué le pasa a la mona?
Bate un cócktel de hojas y de voces chillonas
que es más de lo que suele cuando pide atención.
La monita más mona de todo el Casiquiare,
a la que no hay monito que no se le declare,
da signos inequívocos de extrema turbación.
Se cuelga de una liana como araña del hilo;
bicha, se desespera, está en suspenso , en vilo;
con la mano en visera avizora el guadal.
La tiene su capricho al borde del desmayo,
de todos los colores, como los guacamayos
o como la irisada cola del pavorreal.
Masca con furia chicle de goma de siringa.
No concilia la siesta. Se desvela. Respinga
y se ve arrebatada, en vórtice veloz,
por la intriga que excita su ardiente fantasía,
con la cual lucha en vano, que raya en la manía
hipnótica, obsesiva, dominante y atroz.
¿Qué ha visto en la tranquila ribera del islote
o en la extensa planicie que cubre el camalote?
¿Qué presagio le traen los vuelos del tucán?
¿Por qué se ha trastornado la mona parlanchina
que retuerce sus manos y sus dientes rechina
y clama por un Valium o dos Dupli-Sedán?
No cabe duda alguna: ha entrevisto una cosa.
Y la monita es mona. Pero es, aún más, curiosa
y se muere de ganas por descolgarse a ver.
Pero, a la vez macaca, timorata, recela.
Es curiosa, no boba. Por eso se cautela
de casos y de cosas que “¡vaya una a saber!”.
El mato alberga fieras duchas para el engaño,
pumas, jaguares, boas, prestos a hacerle daño.
Sabe qué riesgos corre si baja hasta el talud.
Y aunque, por una parte, bajar a ver quisiera
y a examinar de cerca la fangosa ribera,
no sabe si arriesgarse a curarse en salud.
Aquel extraño objeto que divisa en el río
es para la curiosa un reto, un desafío
Le parece – de lejos – un reflejo de sol
sobre un tronco podrido que tumbó entre la lama
el hachazo del rayo, luego tiznó la llama
y hoy, entre musgo y algas, da pasto al caracol.
Puesto que no divisa peligros en la zona
(La monita es curiosa. La monita es muy mona)
cede, en un arrebato, dejando su lugar
para arrimarse al tronco, pisando cautelosa,
(La monita es muy mona. La monita es curiosa)
a sacarse las ganas de ver y de tocar.
Y ve y toca y comprueba, saliendo de su intriga,
Que aquél supuesto tronco tiene boca y barriga:
Su historia alcanza el clímax dentro de un yacaré.
Y así - ¡como la mona! – las curiosas terminan
cantando, como ella, la triste sonatina:
es su palabra póstuma la palabra “¡soné!”.

              EBRIOS DE CORAJE
 Un viejo bebedor empedernido,
 gran batidor de records de boliche,
 de esos que “saben por haber vivido”
 pero mueren lactantes del espiche,
 a punta de puazos y vinillo
 desafió a sus compinches de mamúa
 a cruzar por el bosque de espinillos
 en macho mano a mano con las púas.
 Por no sentar figura de cobardes
- cosa que arrostran sólo los valientes –
enfiló la majada de compadres
al monte en formación de combatientes.
 Pero no hubo victoria, ni hubo emparde....
 Apenas les mostró el monte los dientes,
 tocaron retirada, haciendo alarde
 de que meterse en el monte era imprudente,
 sin guía y a esas horas de la tarde.

MIS MUSAS

- “Ser versificador no es ser poeta”
me quiso reprochar mi Superego.
Y yo le dije: - “Dime – te lo ruego –
Cuál de nosotros dos busca esa meta”
Él se calló la boca, como suele,
Pues no tolera que lo contradiga
(cuando me lo permito, eso le duele
y le atacan dolores de barriga)
A mí, hacer versos, me divierte en grande.
No tengo otras segundas intenciones.
Si algo pido a las Musas que me manden,
Cuando reparten sus inspiraciones,
Más que versos sublimes o elegantes,
Son entretenimientos juguetones.
Y mis Musas – que son las mismas Musas
De los vates conspicuos y señeros –
Lo que es a mí, me atienden sin excusas,
En chancletas, de bata y de ruleros.
Ellas saben que yo, no soy un vate,
Y por eso no se andan con cumplidos,
Me hacen pasar, me invitan con un mate
Y, si hay tiempo, lo acepto complacido.
Los que aprecian blasones y linajes
-gente de sociedá y conocedora –
dicen que son parientas de las Ninfas.
Y que: corren tras Diana cazadora,
Mirándose al espejo en puras linfas
Con las primeras luces de la aurora.
También que: el Sol que los picachos nimba
Las sorprende bañándose en las fuentes.
No sé si el Sol, o Apolo Musagetes,
Tendrá, como ellos piensan, tal costumbre.
Por lo demás, a mí no me compete
Saber qué mira el Sol desde las cumbres.
Opino que proyecta su caletre
en Apolo sus propias podredumbres.
Para mí, que son fábulas paganas.
Habladurías que inventa gente ociosa,
proyectando sus vicios y macanas
en la Creación que Dios hizo virtuosa.
Las Musas que conozco son cristianas,
Y, como ellas me dicen, ¡ortodosas!
Mi impresión es que son buenas vecinas
y nada más. Mujeres de campaña.
Con los rasgos comunes de las chinas.
De igual virtud y con iguales mañas.
Mis Musas son solemnes cuentamusas
Y ellas saben muy bien que me doy cuenta.
Cuentan con mi perdón; por eso abusan.
Y como encuentro gracia en lo que inventan
Y les invento siempre alguna excusa,
Ellas mienten, no más. Por mí: ¡que mientan!

           ERROR IRREFUTABLE
 Perseguido un conejo por la jauría de galgos
 topó con un zorrino que decidió ayudarlo.
 Lo roció con espráy de esencia de zorrino*
 y escondiendo al conejo se apostó en su camino.
 Llegaron los lebreles al lugar del ardid,
 traídos por su olfato como de la nariz
 y dieron de narices con la hedionda sorpresa
 en que se transmutara el rastro de su presa.
 Reflejaron sus colas la situación anímica
 en la cual los sumía la acción del arma química;
 con las orejas gachas, entre los estornudos
 dejaron de ladrar y se quedaron mudos.
 Pasada esa primera reacción de náusea y asco
 les dio por preguntarse por la razón del chasco.
 Sin discusión, a una, la perrada convino
 en que una mutación de conejo en zorrino
- si bien caso rarísimo y sin antecedentes –   
era un matter of fact por demás contundente,
puesto que lo imponían la vista y el olfato
con una abrumadora convergencia de datos.
Sin apelar a Darwin, el evolucionista,
suscribiría los hechos cualquier positivista.
Pero...fueron los perros de diversa opinión
al explicar las causas de la transmutación.
Y con el mismo ardor que al disputar un hueso
peleó por sus teorías la jauría de sabuesos.
Según unos sería, dicha causa, divina
y adversa en este caso, a la causa canina.
Según otros, el hecho, si bien era inusual,
era de todos modos, un hecho natural.

 Por fin gruñían algunos, que fuese o no un milagro,
 el lance de esta caza era igual, más que magro.
 y tomaban a afrenta tanta filosofía
 que aliena y va en desmedro de las panzas vacías.
 Escondido el conejo entre las bambalinas
 se mataba de risa oyendo estas pamplinas,
 porque volvían los tercos, como perros al vómito,
 a argumentar de nuevo los mismos despropósitos,
 y a perseguir el rabo de sus tautologías
 hasta caer mareados con sus propias teorías.
 Se bañaba el conejo en aguas ...olorosas,
 si bien, en este caso, no era aerosol de rosas.
 Pero se guardó bien de dejar su escondrijo
 para ir a disipar tanto error erudito.
 Pues no hay jauría más perra que jauría de doctores
 con conejo que salga a discutirle errores.
 Ni hay error más tenaz y arduo de refutar
 que el de un inteligente, que sabe razonar,
 pero se emperra en cambio en fiarse de su olfato
 y confunde, sin crítica, su aprehensión con sus datos
La verdad que el tal busca, puede estar tras la mata
a la que él, displicente, le levanta la pata.
* Zorrino, pequeño mamífero que se defiende segregando un líquido pestilente

LA GUERRA DE LAS LIEBRES
Guerrearon las liebres
con los aguiluchos.
La guerra era cruenta
y los muertos muchos.
Pidieron las liebres
apoyo y socorro
táctico-estratégico
a todos los zorros.
Estos respondieron
políticamente:
“¡Cómo no prevísteis
lo que era evidente?
¡Bastara miraros
ante el espejo!
¿En qué se parecen
liebres y conejos?
Sois de nacimiento,
labileporinos.
Y a quien así nace,
de labio partido,
ya antes del combate
lo noqueó el destino”.
Quien loco acomete
contra uno más fuerte,
un error comete
que para en la muerte.
Pues sólo asegura
tamaña locura
¡mayor amargura!
¡mayor amargura!
EL APRENDIZ DE EQUILIBRISTA
 Sobre la cuerda floja, a mucha altura,
 su primera lección de equilibrista
 - sin oír del maestro la cordura -
 tomaba un aspirante a trapecista.
 Y estaba tan seguro de sí mismo,
 miraba tan de arriba al pobre viejo,
 que juzgando superfluos sus consejos
 arrojó el contrapeso hacia el abismo.
  Así sucede a algunos principiantes
  que ignorando el peligro, van seguros.
  De puro verdes ya se creen maduros
  y superiores a los que eran antes
  Mas queriendo lucirse a toda costa
  en el difícil arte de la cuerda,
  por no seguir consejos se hacen....bosta
  y se van, sin el método , a la ...arena.

    EL BURRITO DISFRAZADO DE LEON
Se disfrazó de león
un borriquito bromista
y logró sembrar el pánico
con su disfraz efectista.
Sacudiendo la melena
con ferocidad realista,
brincaba de su emboscada
en forma tan imprevista
que todos salían corriendo
hasta perderse de vista.
Quiso asustar a la zorra.
Pero ésta, taimada y lista:
¡Si no hubieras rebuznado
te tendría por buen artista!
dijo sacudiendo el rabo.
  Hay quienes fingen ser mucho
  y logran aparentarlo,
  pero a veces un rebuzno
  basta para traicionarlos.
  Por eso, lo del borrico,
  también a nosotros toca:
  necio que se finge listo
  se vende al abrir la boca.

   ¡CARACOLES!
Asaba unos caracoles
el hijo de un labrador.
Sobre los rojos carbones,
los moluscos, al calor,
comenzaron a silbar
cocinándose al vapor.
 Increpólos el zagal:
 ¡Viles bichos sin pudor!
 ¿Qué es esto, de festejar
 el incendio destructor
 que devora vuestro hogar?
 ¡Mudos siempre! ¿Y justo hoy
 os viene a dar por cantar?
    Quien lee, medite y sepa,
    que hay quien nos pone a morir
    y todavía nos increpa
    por quejarnos al sufrir.


  EL CAZADOR ATOLONDRADO
Por perder el tiempo en hacer puntería,
volvió un cazador con la alforja vacía.
Lo que al cazador por no molestarse,
sucede en la vida por no espabilarse.
No basta en la caza con quemar cartucho.
Ni basta en la vida con moverse mucho.
No asegura el ruido de la artillería
el buen resultado de una cacería.
Ni basta en la vida seguir los impulsos,
obrando sin ojo, sin tino y sin pulso.
No logran más piezas malos cazadores,
sólo porque sean sus armas mejores.
Y al fin de la vida cantará el morral
si uno apuntó bien o si apuntó mal.
Porque habrá en su bolsa lo que en ella eche
y según sus presas será su escabeche.

  LA CHICHARRA Y LAS HORMIGAS
  Cantó todo el verano la chicharra
y viendo a las hormigas
fatigarse juntando provisiones,
rasgueaba en su guitarra
        coplitas enemigas,
  llenas de burlas y dobles alusiones.
Callaban las hormigas
dobladas bajo el peso
y el bulto de sus cargas.
exhaustas al exceso por sus largas 
jornadas de trabajo.
sin ignorar por eso
las injustas y amargas 
burlas que con avieso desparpajo,
tarareaba zumbona la cigarra.
Pero dice el proverbio: “Todo pasa”.
Y así pasó el calor de aquel estío
y vino el tiempo frío.
Enmudeció la chanza
  y se aquietó la mansa y dura brega.
  Aquélla, por tener vacía la panza.
        Estas, por la abundancia
  del forraje ensilado en sus bodegas.
  Acosó la miseria a la cantora.
- El hambre es cosa seria,
bien dicen que devora –
  Y viéndose sin pan y sin dinero,
yerta de frío y miseria,
débil y casi muerta,
  se allegó a mendigar al hormiguero:
¡Hermanas! ¡que me muero!
- gritó desde la puerta -
denme un poco de trigo del granero!
  Le salió a abrir el hormigón portero,
  restregando aterido sus tenazas.
  La hizo pasar, con invernal cachaza,
  por el zaguán hasta una oscura sala.
  Y cerrando la puerta de la casa
 Le dijo: ¡La hora es mala!
 ¡Vamos a ver , hermana,
si te conceden crédito o qué pasa!
Primero has de llenar un formulario
y responder a varios cuestionarios.
 Y con ese expediente
  te podrá visitar nuestra Asistente.
      Yo abrigo seria dudas
     de que vayan a darte alguna ayuda.
      Pero será prudente
      que acudas nuevamente
      la próxima semana.
     Pero ten bien presente, cara hermana,
    que el horario vigente es de mañana.
     ¿El trámite? Es complejo.
     Y deben, finalmente,
   expedirse la Reina y su Consejo.

Pero quiero advertirte de antemano,
 respecto a tu expediente,
que si examinan los antecedentes
- que nadie ignora y obran a la mano –
podrán disimular tu impertinencia
 mas no tu reincidencia
         en un error manido
y que ¡tanta chicharra ha cometido!
 Ya que no por legista,
 al menos por artista
no debías olvidar la vieja historia
que hasta el profano sabe de memoria.
 Me refiero a la trova
ya proverbial, de la cigarra boba;
lugar común en la literatura
que marca a una cantora, si lo ignora,
con la execrable tacha de incultura.
 Negamos con firmeza
- consta en la historia – a la primera cigarra
   la ayuda que pedía.
        Mas tú no escarmentaste en su cabeza.
        nos volviste a tomar para la farra...
                 y - ¡familiar manía! –
        reincurriste en el vicio de pereza.

 ¿Cómo hallarás clemencia
 si a pecados antiguos
 sumaste el nada exiguo
de tu profesional incompetencia?
  No solicites créditos
  ni pidas caridades
 a quien va a examinarte por tus méritos
 y no –más bien – por tus necesidades
 Si a otros – si no mejores , menos malos –
 trataron con justicia y con firmeza,
 ya te puedes sacar de la cabeza
 que te hayan de dar pan, en vez de palos.

EL CÓNDOR Y LA BABOSA
Allá arriba en la montaña
Vio el cóndor una babosa
“¡Vaya – dijo – cosa extraña,
rara por aquí y curiosa!”
“¿Cómo has podido escalar
estas cumbres en que habito,
sin alas para volar 
y andando tan despacito?
¿Tan alto pueden trepar
los que trepan despacito?
Y sin dejar de trepar,
Le dijo la que trepaba
“¡Puedo llegar donde quiera
mientras no me falte baba!

EL CUERVO HAMBRIENTO Y LA VIBORA
Sesteaba una crucera al sol de abril,
 enroscadita,
 fuera del cubil.
 Y un cuervo
 que buscaba qué comer
quiso desayunársela a placer.
 Despertó la serpiente.
 Lo mordió.
Y el cuervo – como es lógico – murió.
 Pero antes de expirar,
 pudo decir
la moraleja que me vas a oír:
 Lo que me has visto hacer, no lo hagas tú-uy.
 Sé más prudente y cúrate en salú-ud.
 Pinta el hambre espejismos de menú-uy
 que en realidad, son cebos de ataú-ud.

DAÑO SABÁTICO
Según prescripción del médico
- destacado chimpancílogo - 
que se lo encontró caquéctico
y ya próximo a su epílogo
al chimpancé mas simpático
de todo el jardín zoológico,
le dieron año sabático
en una selva del trópico.
¡Él! que fuera tan dinámico...
¡Él! Oscar de actores mímicos...
¿hecho un pobre ciclotímico
indiferente y apático?
¡Él! ayer ídolo público
¿hoy misántropo y abúlico,
introvertido y lunático?
Fue el diagnóstico del clínico
Que era un cuadro melancólico.
Así que en jet supersónico
lo fletaron a un sabático,
por ver si el aire selvático
le podía servir de tónico;
y no se les moría de crónico
como temía el catedrático.
Mas si aplicaran la lógica
de manera más científica
deberían hacer la crítica
de la institución zoológica

DICHOS DE CAJÓN (DE FRUTA)
Como frutos de un huerto
Los hombres son:
Los distingue el experto
Por su sazón.
Desprenderse del árbol
No es signo cierto:
Igual caen los maduros
Que los mamertos.
No todos los que caen
Caen de maduros.
Hay quienes caen de verdes
Por inseguros.
El necio que recoge
Fruta del suelo,
Acumula en el cesto
Frutos de duelo.
Hay frutos que parecen
Frutos lozanos,
Mas por dentro guarecen
Podre y gusanos.
Buen fruto, mas en rama
Que el sol caldea,
Da con el tonto en cama
Por la diarrea.
También la mal lavada
Por el sulfato,
A muchos les depara 
Sus malos ratos.
La manzana podrida
Pudre el cajón
Y herejía consentida
La religión.
Parecidos a fruta
Los hombres son
Ellos también se pudren
En el cajón.
El buen saber del sabio,
Gusto y sabor
En mente, lengua, labios
Y corazón.
La insipiencia del necio
Primero traga,
Y después se da cuenta 
Que era Loraga.
Boca de necio es puerta
Que bate el viento:
La abre y cierra el capricho
No su buen seso.
Boca de sabio es puerta
Con guarda y llave,
Su tranca es contraseña
Que pocos saben.
De su boca los hombres
Son centinelas:
Los necios se adormecen,
Los sabios velan.
No comas fruta verde,
Tendrás dentera.
Jamás su tiempo pierde
Quien bien espera.
Pagan con dientes
Su ansiedad y sus prisas
Los impacientes.
Hay frutos que son agrios
Pero en compota
O en dulce, que eran ácidos
Ya no se nota.
También hay gente
Que con buen tratamiento
Se hace excelente.
A otros el cocimiento 
Les quita el gusto.
Y así hay temperamentos
Que por disgustos
Dulces en otros tiempos
Hoy son adustos.
Hay fruto sano
Que a alguno le parece 
Que trae gusano.
Y aún sin gusano alguno
Quien se autocompadece
Ya tiene uno.

    ES. . . FINGE
Mujer hermosa y mala,
como la Esfinge,
primero te regala
luego te aflige.
Mira de ella,
no la cara y el busto
sino sus huellas.
Muchos la embarran
porque mirando el rostro
no ven las garras.

  LA GALLINA QUE INCUBABA ASPIDES
   Sobre un nidal de víboras
se acluecó la gallina.
¡Se necesita ser...
- trinó la golondrina -
para incubar los huevos
de esas bestias dañinas
que apenas sean capaces
serán tus asesinas!
Así como las víboras
no respetan nodriza,
el odio de los malos,
con favores, se atiza.


 LAGALLINA DE LOS HUEVOS DE ORO
Una gallina ponía
diariamente un huevo de oro.
Y el hombre que la tenía
iba juntando un tesoro.
Esperaba el cacareo
  y haciéndose el distraído,
  llegaba, dando un rodeo,
  para requisar el nido.
Miraba disimulado
y si nadie lo veía
se agachaba con cuidado
y lo echaba en su alcancía.

Pero creció su codicia.
Ya le costaba esperar
al tiempo en que la gallina
solía echarse a cacarear.
Avaro, empezó a cismar,
y en su sordidez se dijo:
¿Si pusiera el capital
a interés de plazo fijo?
Van vencidos muchos meses
y el bicho no tiene en cuenta
que estoy perdiendo intereses
porque su postura es lenta.
Mejor, de una vez por todas,
hacerme con el lingote.
¡Se acabaron las demoras!
¡Voy a torcerle el cogote!
Ya no quiero ni pensar
en lo que llevo perdido
por culpa de ese animal
con tantos viajes al nido.
Dicho y hecho. El impaciente,
sin más, la gallina agarra,
la mata y abre en caliente
en busca del oro en barra.
Pero debe lamentar,
pronto, su funesto error:
la autopsia muestra: - ¡Oh dolor! –
una gallina vulgar.
   Guárdate de la codicia
   y la prisa avariciosa.
   Y ten en cuenta otra cosa
   importante todavía:
   Si tu gallina es valiosa
   ¡Sácale radiografías!

LOS DOS HORNEROS*
 Aquí me pongo a cantar...
- remedó a Fierro un hornero -
...porque está lloviendo fiero
y todo el mundo se embarra
y hasta Eva en el secadero
colgó los trajes de parra.
¡Qué me importa que se mojen!
¡Siga cayendo la lluvia!
Que a mí, cuanto más diluvia,
mejor se me pone el barro.
No soy de esos patasucias
que tienen miedo al catarro.
¡Aprendan a chapotear
- maulas – en el agua fría!
¡Venga agüita todo el día
mientras yo levanto el horno!
¡Esto es lo que yo pedía!
¡Lo demás... me importa un corno!
Seguía cantando el hornero 
semejantes desatinos.
Vino un hornero vecino
y lo reprendió por eso:
¿A vos se te subió el vino
o es que estás perdiendo el seso?
¡Vos desbarrás de lo lindo
y hacés, de un buen barro, cieno!
Te aseguro que me apeno
con el fangal de tu grito.
Con seca y cielo sereno
va a sofocarte el polvito.
Vos los ofendés al cuete
sin pensar que habrá revancha.
Como chillido de chancha,
la burla de la culeca
te va a correr de la cancha
en el ardor de la seca.
La lluvia es un don de Dios
para bien de los mortales.
Bichitos y vegetales
se benefician con ella.
Vos, tu bendición echále,
pero sin buscar querellas.
Y si le molesta a otros,
vos deberías – por lo menos – 
economizar veneno
y aplicarte a trabajar.
¿Es tu bien o el mal ajeno
lo que vos querés cantar?
* Hornero, Joâo do barro, es un ave sudamericana que hace su nido amasado de barro en forma de horno.