El indiferente: ¿Es indiferente?

La indiferencia religiosa como estado espiritual a la luz de Marcos 1, 21 28


C O N T E N I D O

PRESENTACIÓN
A la segunda edición:
Mons. PABLO GALIMBERTI, Obispo de San José de Mayo, Uruguay, Presidente de la Comisión para los No Creyentes de la Conferencia episcopal del Uruguay
A la primera edición:
R. P. PABLO GALIMBERTI, Pbro. Conferencia Episcopal del Uruguay Sección No Creyentes

CRISTO: ¿TIENE ALGO OUE VER CON NOSOTROS?

LA INDIFERENCIA ES UN ESTADO ESPIRITUAL

MUY FRECUENTE Y CUESTIONADOR ...

DE ANTEAYER, DE AYER Y DE HOY...

ESTADO DE ESPÍRITU Y JUICIO DE LA RAZÓN

UN ESPIRITU QUE HAY QUE DISCERNIR

CÓMO LO DISCIERNE EL NUEVO TESTAMENTO ...

"NO ME INTERESA..."

"... EN REALIDAD, ME DA MIEDO"

DEL MIEDO A LA IRA

INDIFERENCIA Y AGITACION

"PERO ES UNA EXCELENTE PERSONA..."

UN TEXTO EVANGELICO REVELADOR: MARCOS 1,21 28

NUESTRA INTERPRETACION

APENAS JESUS ENTRA EN ACCION
.
PRIMERA FORMA DE RESISTENCIA AL ESPIRITU SANTO

ENTRAR, SALIR Y ESTAR EN ...

UN ESPIRITU ANTAGONISTA DEL ESPIRITU SANTO

DE LA INDIFERENCIA A LA BLASFEMIA
.
NO ES EL DISCÍPULO MAYOR QUE SU MAESTRO

LA OPOSICION A CRISTO: CONSCIENTE 0 INCONSCIENTE

APARENTA LO QUE NO ES

NO ES DIGNO DE CONFIANZA EN NADA DE LO QUE DICE

UN CASO ILUSTRADOR: NO CREO EN DIOS PERO LE TENGO MIEDO

UN ESPIRITU DE PREPOTENCIA

¡CÁLLATE Y SAL DE EL!

CADA UNO SE JUZGA POR SU ACTITUD ANTE CRISTO

CONCLUSIONES


PRESENTACIÓN

A LA SEGUNDA EDICIÓN

Nos complace que el ensayo del Padre Horacio Bojorge S.J. aparezca en una segunda edición.

En un clima uruguayo atravesado por tantas ansias de poder, pasiones políticas, afanes y clamores de reivindicación, resulta llamativo comprobar fuertes resistencias para entrar en el terreno de las “cuestiones últimas” que denominamos “lo religioso”, la Fe, en último término, Dios mismo.

Son diversos los enfoques desde los cuales se suele abordar el fenómeno de la indiferencia religiosa. Las descripciones y explicaciones sociológicas o sicológicas, si bien nos aproximan, son insuficientes; tienen que abrir paso a una última palabra: ¿qué nos dice la misma Palabra revelada – Dios mismo – acerca de la indiferencia? ¿Cuál es, en definitiva, el juicio de Fe?

El autor entra en esta ineludible y ardua tarea de esbozar un diagnóstico espiritual y teológico de este fenómeno que a todos nos toca, empezando por nuestras propias indiferencias.

Auguramos que este ensayo continúe reavivando la Luz de la Fe en el corazón de los uruguayos.

Mons. PABLO GALIMBERTI DI VIETRI
Obispo de San José de Mayo, Uruguay,
Presidente de la Comisión para los No Creyentes
de la Conferencia episcopal del Uruguay


A LA PRIMERA EDICIÓN


El fenómeno de la indiferencia religiosa preocupa a la Iglesia de nuestro tiempo de modo especial. "Muchedumbres cada vez más numerosas se alejan prácticamente de la religión" constataba el Concilio Vaticano II. Y los Obispos uruguayos, al proponer el actual plan pastoral señalaban que la indiferencia e insensibilidad religiosa es en nuestro país una forma típica en que se expresa la ausencia y negación de Dios.
¿Cómo interpretar este fenómeno? Constatar los hechos es un primer paso al que deben seguir otros. No son suficientes respuestas simplistas o evasivas, como la suposición de que muchos indiferentes son buenas personas y que eso es lo único que importa. Como tampoco es suficiente afirmar que gran culpa de esa postura la tienen los propios católicos.
Necesitábamos, entre nosotros, una reflexión seria como la que nos propone el Padre Horacio Bojorge S. J., que abordara este tema de la indiferencia desde la Luz, que es Cristo, superando muchos ensayos que al buscar comprender al indiferente, desde el horizonte de las propias tinieblas de la indiferencia, terminan debilitando la verdadera Luz que brilla en las tinieblas.
He aquí el gran valor del presente ensayo que, con el arte de un sabio maestro, recoge los aspectos prácticos del fenómeno confrontándolos e iluminándolos con un enfoque bíblico tomado especialmente del Evangelio de San Marcos. Como resultado de esta confrontación nos ofrece sólidos criterios para discernir esta actitud a religiosa que a primera vista podría dar la impresión de ser extremadamente respetuosa.
Esta es precisamente la inquietante pregunta que persigue el autor: ¿Qué se esconde debajo de cierto tipo de indiferencia? La respuesta no podrá dejar "indiferentes" a cuantos tienen la misión de evangelizar. Paso a paso el autor nos conduce a las raíces del fenómeno, o sea, al "espíritu" que anima tal postura.
Los principios de discernimiento extraídos del Nuevo Testamento nos ayudarán a descubrir y repensar las dimensiones de este fenómeno tan común en nuestro medio ambiente, no sólo fuera sino también dentro de la propia Iglesia, y a continuar buscando caminos siempre renovados para crecer en nuestra fidelidad a Cristo y para evangelizarlo siempre más eficazmente.

R. P. PABLO GALIMBERTI, Pbro.
Conferencia Episcopal del Uruguay
Sección No Creyentes



• CRISTO: ¿TIENE ALGO OUE VER CON NOSOTROS?


Lo que sigue desea ser un aporte para la reflexión sobre un problema, muy común y discutido, de la práctica pastoral: la indiferencia. ¿Qué hacer con los indiferentes, es decir con los que no se interesan y prescinden ante Cristo. la Iglesia, los sacramentos? ... El siguiente fragmento de un intercambio de ideas entre sacerdotes y catequistas, situará al lector ante el problema aquí aludido, que es el punto de partida de nuestra reflexión:
Catequista 1: La forma más extendida de la increencia y la falta de fe en nuestro medio, no es tanto el ateísmo militante cuanto la indiferencia ¿A qué se debe? ¿Cómo suscitar el interés?
Sacerdote 1: Pienso que no hay que exagerar. Hay indiferentes, pero también muchos creyentes. Que muchos de ellos no sean practicantes, no quiere decir que sean indiferentes.
Un párroco: Eso es verdad. Pero también es verdad que muy a menudo, el indiferente lo es respecto de la Iglesia, pero acepta la existencia de Dios. No es ateo. Cree en Dios pero no en los curas.
Sacerdote 2: Ese Dios de esas personas, no es el Dios de la revelación cristiana, sino el Dios de la razón y los filósofos. Es un Dios “sabido" pero no un Dios "creído".
Catequista 1: El indiferente, el que prescinde, a mí me preocupa. Es una actitud exasperante, A veces uno prefiere al que está francamente en contra. ¿Cuáles son las causas de esa actitud? ¿Cómo vencer el desinterés?
Catequista 2: Pienso que en las causas tiene mucho que ver la sociedad materialista y de consumo, el ambiente y el medio. Para despertar el interés por Cristo trato de enganchar con algún interés vital, con alguna pregunta existencial.
Sacerdote 3: Si en ejercicios, por ejemplo, uno comienza con el Principio y fundamento de San Ignacio, hay muchachos que dicen que no entienden qué es eso de alabanza y reverencia. ¿Quién es ese Dios que necesita que uno lo ande alabando?
Catequista 1: Y son muchachos de familias cristianas, practicantes. Lo que más sorprende es encontrar la indiferencia dentro de la Iglesia.
Un párroco: Hay que mostrar un cristianismo que lleve al compromiso con el hermano. La Iglesia tiene que mostrar un rostro creíble, demostrando que se preocupa por los verdaderos problemas del hombre. ¿Hemos mostrado el verdadero rostro de Cristo? ¿No será que no hay interés porque nuestro testimonio no es trasparente?
Sacerdote 2: Puede ser que en algunos casos no. Pero en otros sí. En ese planteo nos podríamos preguntar si Cristo mostró el verdadero rostro de Dios, porque también él encontró indiferentes, otros no creyeron en él y se retiraron o se le opusieron. Así que el problema de cómo mostrar la importancia del Dios revelado en Cristo a los indiferentes y los no creyentes, fue ya el problema de Cristo, antes de ser nuestro problema. Habría que estudiar y tomarse en serio el modo concreto con que Cristo y los Apóstoles enfrentaron la indiferencia durante su vida. Y ver si de ahí podemos sacar alguna enseñanza.
Sacerdote 3: Eso, mientras no caigamos en una lectura fundamentalista. lo que Cristo hizo y dijo hace dos mil años: ¿tiene algo que ver todavía con estas situaciones nuestras de hoy?
Sacerdote 2: Yo me pregunto sí por temor a ser fundamentalistas en nuestra lectura del Nuevo Testamento, no nos deslizamos entonces nosotros mismos en una cierta actitud de indiferencia frente al valor de la vida y las enseñanzas de Cristo, o sea ante Cristo mismo. la pregunta característica de la actitud de indiferencia y que la define mejor, me parece precisamente esa ¿Qué tiene que ver Cristo con nosotros?
Estas líneas que siguen, pretenden ser nuestro aporte al debate que
hemos dejado entablado.


• LA INDIFERENCIA ES UN ESTADO ESPIRITUAL


La hipótesis que queremos compulsar aquí es que la indiferencia religiosa, tal como queda delineada, no es una actitud humana neutra desde el punto de vista religioso, sino que es un estado espiritual cargado en sí mismo de significación religiosa: no es un hecho natural o cultural que haya de ser objeto de la veneración y el culto que la mentalidad sajona rinde a los "facts". La actitud de indiferencia es un estado espiritual, una situación que nos parece, además, ubicable desde las coordenadas de discernimiento espiritual que nos ofrece la revelación del Nuevo Testamento. Nuestra hipótesis es que el Nuevo Testamento nos ofrece enseñanzas para interpretarla, definirla y comprenderla.


• MUY FRECUENTE Y CUESTIONADOR ...


Este desinterés, prescindencia o indiferencia, es una actitud muy extendida, que topamos todos los agentes de evangelización y de pastoral: sacerdotes, catequistas, profesores de religión. Por otra parte, cualquier cristiano medianamente fervoroso lo conoce de sobra y puede ilustrarlo con multitud de anécdotas y casos. Es el primer baldazo de agua fría que recibe el encendido y fervoroso celo apostólico de cualquier creyente. Un shock que comúnmente sacude de raíz las seguridades del propio apóstol y lo desconcierta.


• DE ANTEAYER, DE AYER Y DE HOY...


El fenómeno de la indiferencia religiosa no es nuevo, aunque en el mundo occidental conoce una creciente y casi vertiginosa expansión desde el siglo XVIII en adelante, como epifenómeno de la Ilustración, al que le es particularmente favorable el clima de la civilización técnica y urbana y que toma en nuestros días particular relieve bajo formas secularistas.


• ESTADO DE ESPÍRITU Y JUICIO DE LA RAZÓN


F. De La Mennais, en su Ensayo sobre la Indiferencia en Materia Religiosa, observaba ya en la primera mitad del siglo pasado, que el sentido de la palabra indiferencia varía según se aplica a las personas o a las doctrinas. Unas veces designa un estado del alma, otras un juicio de la razón. Nosotros, aquí nos referimos a la indiferencia como estado del alma, mejor dicho, del espíritu. En este sentido subjetivo o psicológico, la indiferencia es un estado de lasitud o flojedad que quita al hombre el deseo de conocer la verdad que no puede ignorar sin peligro, y lo deja como insensible a sus mayores intereses. Nos ocupa, no cualquier indiferencia frente a cualquier verdad vital, sino aquella que se presenta específica y propiamente frente a Cristo. Definimos la indiferencia como desinterés ante Cristo.
No nos referimos ni trataremos por lo tanto de otras cosas que se conocen como indiferencia. No tratamos de lo que en espiritualidad se conoce como "indiferencia ignaciana"; esa indiferencia de que habla San Ignacio en sus Ejercicios. Tampoco nos ocuparemos de refutar los "juicios de la razón" que se han conocido como juicios de indiferencia; por ejemplo "que las verdades de la fe no importan, sino que sólo la moral es importante". 0 "que todas las religiones son iguales e indiferentes". 0 "que se puede indiferentemente desechar o admitir muchos de los dogmas revelados". Estos y otros, juicios de la razón, tienen obviamente relación con una actitud subjetiva de indiferencia. Brotan de ella. Pero a nosotros nos interesa aquí la fuente, que es la actitud subjetiva, más que sus variadísimos efectos y enunciados racionales.
Hay que tener también en cuenta la diversidad de formas subjetivas en que se presenta ese estado de espíritu. En algunos casos la indiferencia es un óbice para acceder a la fe. En otros casos es uno de los pasos de un proceso de apostasía, o un estado inicial de enfriamiento en el fervor de una vida cristiana.


• UN ESPIRITU QUE HAY QUE DISCERNIR


Lo que pretendemos aquí es ofrecer un diagnóstico, que a nuestro parecer se desprende del Evangelio, acerca de la naturaleza religiosa de esa actitud de indiferencia. Tratamos de mostrar cómo el Nuevo Testamento considera que la indiferencia es, sí, una actitud humana, pero sobre todo y más profundamente, un estado espiritual.
Esta expresión, estado espiritual, tomada en sentido evangélico, significa o equivale a decir que el hombre indiferente está en determinado espíritu. Al indiferente frente a Cristo, lo define el evangelio, como un hombre que está en un espíritu impuro. Es decir, en un espíritu de signo opuesto y contrario, por naturaleza, al Espíritu de Dios, o sea al Espíritu Santo.
Por lo tanto, impuro, no ha de entenderse, en este caso, en el sentido técnico restringido que el término recibe en el lenguaje moral, para designar los pecados contra el sexto mandamiento: impuro en sentido evangélico es sencillamente lo opuesto a lo santo. Y lo santo denota en el Nuevo Testamento el estado de comunión, de comunicación, de participación con Dios que se establece primordialmente por la fe en Cristo y como consecuencia de esta fe se refleja en una determinada conducta moral.
En el lenguaje evangélico, es Espíritu Santo el que conduce a la fe en Cristo y espíritu impuro el que obstaculiza en el hombre su acceso a la fe.


• CÓMO LO DISCIERNE EL NUEVO TESTAMENTO ...


Los principios de discernimiento aludidos, están claros en múltiples pasajes del Nuevo Testamento.
"Todo espíritu que confiesa a Jesús como Cristo venido en carne, es de Dios. Y todo espíritu que rompe la unidad de Jesús (unidad con Dios) no es de Dios" (1 Jn 4,2 3). San Juan acaba de invitar a que no confíen los cristianos en cualquier espíritu, sino que lo disciernan. Para ello les ofrece un "test" elemental: el hecho de confesar o no a Jesús, es decir creer o no en Jesús. Esta fe en Jesús ha de entenderse, obviamente, en el sentido Pleno que tiene dentro de la teología de San Juan.
También San Pablo coincide con este principio de discernimiento: "Os hago saber que nadie, hablando con Espíritu de Dios, dice: Anatema Jesús; y nadie puede decir: Señor Jesús, sino por el Espíritu Santo" (1 Cor 12,3). Para entender mejor qué pueda significar ese ''anaterna Jesús'', téngase en cuenta que Pedro, según Marcos 14,71, interrogado acerca de su relación con Cristo "comenzó a anatematizar y a jurar" negando toda relación con él.
Por fin, para Pedro, el signo distintivo de que el Espíritu Santo ha bajado sobre Cornelio, es que éste ha creído en Jesús (Hechos 10,15.28. 34 35; 11,12,16 18). "No tengas por impuro lo que Dios hizo puro".

La indiferencia, desinterés o prescindencia ante Cristo, como obstáculo para creer en Cristo, no procede del Espíritu Santo.


• "NO ME INTERESA..."


El estado de alma del indiferente ante Cristo se expresa por supuesto mediante juicios. Fundamentalmente, mediante la negación de que Jesús tenga algo que ver con uno, o que uno tenga que ver algo con Jesús. No hay intereses, deseos, temores, problemas ni soluciones que puedan ser comunes. En otras palabras, Jesús no tiene nada que ver con el propio bien. Ni Jesucristo le importa, ni él le importa a Jesucristo.
Un caso: MG, 18 años, estudiante en el último año de enseñanza secundaria, En el transcurso de la primera clase de religión declara ser ateo y pide ser eximido de asistir a clase. En una entrevista posterior explica que su padre murió hace dos años, a pesar de sus oraciones. Desde entonces ha abandonado la fe. Sólo se aviene a asistir a la clase de religión ante el siguiente planteo de la dirección de¡ colegio: tratándose de una institución católica, es libre de cambiar de colegio si no desea asistir a clase de religión, pero debe asistir si decide quedarse. Bajo la primera apariencia de desinterés "Jesucristo no me interesa" se esconde, como queda de manifiesto en la conversación, este otro juicio: "no le intereso a Cristo". Y esta afirmación viene envuelta de vehemencia y rencor.
Otro caso: TG, director de un colegio católico de enseñanza media. Al recibir a un nuevo profesor de religión, le dice que a su juicio, las clases de religión suelen fracasar porque no se trata en ellas de los problemas que preocupan a los jóvenes: amor, amistad, relaciones prematrimoniales, noviazgo, orientación profesional. El profesor pregunta si esos problemas no corresponde tratarlos más bien en la clase de Educación cívica y moral. El intento de explicar que la fe es una dimensión específica de¡ hombre, con su densidad e importancia propias y que la instrucción religiosa tiene su razón de ser en sí misma, se pierde en el vacío. Igualmente fracasa el intento de mostrar que es imposible dar la solución cristiana a esos problemas si no es partiendo de la fe y una religiosidad bien orientada e ilustrada. La incomprensión de este lenguaje queda apenas disimulada por una respuesta bien educada pero evasiva.
Los presupuestos subyacentes a esta actitud son claros. No distan ni difieren mucho de los principios defendidos por Rousseau en el Emilio (Libro IV): "Nada hay verdaderamente esencial más que las obligaciones de la moral". En otras palabras: la fe y lo que uno cree es indiferente, con tal que uno obre bien". Se da por supuesto que es posible saber qué es bueno y obrar bien prescindiendo de la fe. De nuevo: ¿Qué tiene que ver Cristo con la vida?


• "... EN REALIDAD, ME DA MIEDO"


Para el sistema de discernimiento evangélico trataremos de mostrarlo el espíritu de indiferencia es un espíritu de mentira, pues en realidad está ocultando bajo el aparente desinterés e indiferencia, una aversión (miedo o ira) que en una primera instancia elude el enfrentamiento. Bajo la aparente indiferencia se esconde o disimula un juicio negativo ya formado, acerca del Cristo que se pretende ignorar.
La mentira se traiciona empero, porque mientras se proclama un juicio de indiferencia, no se consigue reprimir a menudo una reacción emocional frente a Cristo, la cual traiciona otro juicio oculto, que la justifica.
Hay que aclarar que este miedo a Cristo o a Dios, es algo muy distinto de lo que la Escritura llama Temor de Dios, o la fenomenología religiosa ha descrito como "tremendum" (R. Otto).
Temor de Dios, es para la Escritura, el comienzo de la sabiduría y es sinónimo de respeto. El que respeta a Dios, afirma que Dios es bueno. Si teme algo de El, es el justo castigo de la propia maldad. El temor de Dios es por lo tanto la afirmación de¡ Bueno como bueno y de lo malo como malo. Es, por eso, comienzo de sabiduría y condición previa y necesaria de¡ amor de Dios. Nadie ama lo que no respeta. Y el respeto (re spectus) es la mirada atenta, la consideración correcta que mira y advierte, reconociéndolo, al que tiene delante.
El miedo a Dios, en cambio, supone que alguien (que se considera bueno a sí MISMO) considera que Dios puede dañarlo. Tiene miedo a Dios. Considera que Dios no es bueno sino malo. El miedo es opuesto al temor de Dios. Porque si de éste nace y en él se funda la caridad, en el miedo hay tristeza por ser Dios quien es. Del miedo a Dios sólo puede brotar el odio a Dios. "Los demonios creen dice Santiago 2,19- pero tiemblan".
Se trata aquí de un conocimiento que excluye el amor. En cambio, el conocimiento recto de Dios y la consiguiente caridad "expulsan el miedo" (1 Jn 4,18). Las palabras que usa aquí Juan "éxó bállei", pertenecen al vocabulario del exorcismo y la excomunión. Sugieren que se trata de un miedo de mal espíritu, opuesto al Espíritu Santo. Para Juan, el amor es criterio de discernimiento para distinguir el buen conocimiento de Dios: "el que no lo ama, no conoce a Dios" (1 Jn 4,8).
En el hombre, el miedo a Dios, puede explicarse por ignorancia o error. Pero no así en el espíritu impuro. En el espíritu malo, no hay ignorancia de la bondad de Dios, sino propiamente tristeza por el bien de Dios, por ser Dios quien es. La Envidia, definida como tristeza por el bien de Dios, o porque Dios es bueno, es el pecado típicamente demoníaco. Y en esto reside la mentira demoníaca: en que llama mal al bien que es Dios.
De esa mentira envidiosa, o envidia mentirosa, brota el odio diabólico a Dios. Y cuando Dios se hace visible en Jesucristo, la envidia y el odio diabólicos se hacen mentira y saña homicida: “Vosotros tenéis por padre al diablo, y deseáis cumplir los deseos de vuestro padre. El era homicida desde el principio y no se mantuvo en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla la mentira habla de lo suyo, porque es mentiroso y padre de la mentira" (Jn 8,44).

• DEL MIEDO A LA IRA


Es característico del espíritu malo combinar la mentira y el odio. El Espíritu malo niega su odio: "¿Por qué tratáis de matarme?” pregunta Jesús "Respondió la turba: Estás endemoniado ¿quién trata de matarte? (Jn 7,20).
El uso del lenguaje nos delata que la actitud fingida de indiferencia es una forma de herir: “lo mató a indiferencia".
En nuestra hipótesis, el espíritu de indiferencia frente a Cristo, es una apariencia fingida, bajo la cual se oculta y disimula el miedo a Cristo, y en una instancia más profunda la ira, la aversión y hasta el odio. Esas actitudes más profundas, pueden no ser conscientes, o como suele decirse: están reprimidas.


• INDIFERENCIA Y AGITACION


El primer sorprendido ante este planteo, ante esta confrontación con el sistema de interpretación y de discernimiento evangélico, puede ser el hombre que se comporta con indiferencia. Sin embargo, esta confrontación es precisamente un test que desenmascara la indiferencia como un estado espiritual que encubre una reprimida carga emocional adversa a Cristo. Esa carga emocional se descubre y salta precisamente en el proceso de confrontación, que obra así como un exorcismo del espíritu impuro de indiferencia. Automáticamente el indiferente se conmueve, se conmociona, reacciona. La indiferencia, la apatía, el desinterés, ceden el paso a la irritación, la hostilidad, el rechazo o la negación, Se ha puesto en movimiento un proceso que no debe sorprender al creyente ni desconcertarlo.
Si la evolución es favorable, el indiferente se ha puesto en camino para alcanzar la liberación que le permita creer en Cristo y amarlo, reconociendo su pecado.
No se puede ignorar a Cristo y no pecar.
Si el proceso es adverso, el hombre irá adoptando actitudes de oposición cada vez más clara y abiertamente reconocibles e identificables. Pero, en todo caso, habrá sido superada la etapa de encubrimiento, habrá sido desenmascarada la mentira que encierra la actitud de indiferencia. Habrá quedado claro que el indiferente, no es de ninguna manera indiferente.

 

• "PERO ES UNA EXCELENTE PERSONA..."


Todavía una aclaración que pretende salir al paso de una dificultad u objeción que suele hacerse a este sistema de interpretación.
En la práctica pastoral encontramos a menudo el caso del “indiferente honesto", del hombre recto, de la persona buena y hasta de la excelente persona, que es, sin embargo, religiosamente indiferente.
Aún descartados los casos del "falso indiferente", es decir del creyente no practicante y otros semejantes que suelen ser llamados indiferentes pero en realidad no lo son, quedan aún casos de personas excelentes que no se interesan por Cristo.
Veremos que el sistema de interpretación evangélico, nos enseña precisamente a distinguir entre el hombre y el espíritu que está en él. La indiferencia es un estado espiritual, una situación espiritual religiosa que puede coexistir perfectamente en el hombre con una conducta moralmente buena o éticamente correcta en sus relaciones restantes y en su conducta exterior. La indiferencia afecta específicamente su relación con Cristo. Una relación, no está demás notarlo, que también cae bajo el juicio moral.
Por otra parte, se puede estar en un estado espiritual sin tener exacta conciencia de su signo. Jesús puede en ocasiones reprochar, incluso a sus discípulos: "no sabéis de qué espíritu sois" o "apártate de mí satanás". El estado espiritual, como los estados de ánimo, no tienen por qué ser continuos, pueden ser a veces ocasionales. La doctrina de discernimiento espiritual de San Ignacio de Loyola, de profunda inspiración bíblica, da también testimonio de estos hechos.
Veamos ahora cómo lo que venimos diciendo parece desprenderse de un pasaje evangélico: Marcos 1,21-28. De la interpretación de este texto nos ocupamos en la segunda parte de este aporte al debate sobre la indiferencia.


• UN TEXTO EVANGELICO REVELADOR: MARCOS 1,21 28


"21 Y entran en Cafarnaúm y apenas llegó el sábado, entrando en la sinagoga, enseñaba. 22 Y quedaban desconcertados con su enseñanza porque les estaba enseñando como quien detenta autoridad y no como los escribas. 23 Y enseguida, había en la sinagoga de ellos un hombre en espíritu impuro que se puso a gritar diciendo: 24 “¿Qué tenemos que ver contigo, Jesús Nazareno? (¿Por qué te entrometes?). Has venido a arruinarnos. Sabemos quién eres tú: el Santo de Dios." 25 Pero Jesús lo increpó imperiosamente diciendo: “¡Cállate y sal de él!" 26 Entonces, el espíritu impuro, salió de él agitándolo fuertemente y dando un gran grito.27 Y todos se quedaron estupefactos, de manera que se preguntaban entre sí, comentando: "¿Qué es esto? Un método nuevo de enseñanza, desplegando autoridad. Se impone a los espíritus y le obedecen". 28 Y su fama se extendió enseguida por todos lados, a toda la región de Galilea”.


• NUESTRA INTERPRETACION


Adelantamos los, elementos fundamentales de nuestra interpretación. En el comienzo mismo del ministerio de Jesús, el primer espíritu impuro o de oposición que le sale al paso, es el espíritu de indiferencia, caracterizado por la frase "¿Qué tenemos que ver nosotros y tú?" o por otra traducción también posible y equivalente: ''¿Por qué te entrometes?" en un asunto que no es el tuyo, sino nuestro. Las frases siguientes, así como los gritos y la agitación, delatan lo que hay realmente bajo la fingida proclama de indiferencia: temor por el que viene para su mal; un conocimiento de Cristo que no va unido a amor, aunque contenga una exacta apreciación de la relación de Cristo con Dios.
Pasemos ahora a un análisis más detallado.


• APENAS JESUS ENTRA EN ACCION


Cafarnaúm es como la patria de¡ ministerio de Jesús.. Es el epicentro de su ministerio, que se desarrolla, según Marcos, principalmente en Galilea. La sinagoga de Cafarnaúm es el teatro privilegiado de sus enseñanzas, pero también testigo de milagros suyos y de una oposición progresiva, que se suscita a raíz de ellos.
Este primer incidente tiene lugar en la sinagoga de Cafarnaúm y será seguido de otros, tanto en ésta como en las demás sinagogas de Galilea. En el sumario de Mc 1,39, Jesús entra en las sinagogas de Galilea enseñando y expulsando demonios, La segunda vez que entra en la sinagoga de Cafarnaúm (Mc 3,1 ss), Jesús cura, en sábado, al hombre de la mano seca y los fariseos y herodianos se confabulan para acabar con él. Sin embargo, Jairo, uno de los jefes de la sinagoga, cree en Jesús y éste resucita a su hija (Mc 5,22.35.38). El milagro no tiene lugar en la sinagoga, sino en la casa de Jairo. Otra vez, en sábado, comienza a enseñar en la sinagoga, donde suscita de nuevo desconcierto y escándalo (Mc 6,2 ss). Jesús, en esta ocasión, comprueba su falta de fe y se ve impedido de hacer milagros, lamentándose de ser tenido por extraño en su propia casa. Por fin, hacia el fin del Evangelio según Marcos, las sinagogas, aludidas ahora en general, son el escenario de la competencia de los escribas por los primeros puestos (Mc 12,39) y el lugar donde se enjuicia y se azota a los cristianos (Mc 13,9).
A partir de estos y otros indicios del evangelio según Marcos, algunos, exegetas afirman, atentos al significado teológico de que se revisten los lugares en este evangelio, que para Marcos, Galilea es el lugar donde Jesús ha fundado su Iglesia, pero a lo largo del evangelio, esta iglesia se va separando progresivamente de la sinagoga, institución que simboliza al Israel que rechaza a Cristo, y que es representada de manera ejemplar por la sinagoga de Cafarnaúm. Galilea es por lo tanto símbolo de la Iglesia. La Sinagoga de Cafarnaúm es símbolo del Israel que no recibe a Cristo. "Vino a los suyos, y los suyos no lo recibieron'' dirá Juan 1,11.
El incidente relatado en Mc 1,21 ss, presenta por lo tanto la primera forma de que se reviste ese rechazo. Indiferencia. Cuyo verdadero contenido se irá revelando a lo largo de la vida de Jesús y de la Iglesia.
Podría afirmarse que la indiferencia es como un preludio, aún larvado, de la oposición y la persecución.
Podemos aún agregar algunos indicios contextuales que confirman lo dicho. En Marcos 1,14 15, Jesús pasa del desierto a Galilea. El desierto es, para Marcos, un lugar asociado al mundo religioso del Antiguo Testamento: es el escenario del Espíritu Santo como Espíritu profético, actuante en San Juan Bautista. Galilea será el lugar donde Jesús fundará su Iglesia. Y Jesús hace su entrada en ella predicando, impulsado, entendemos nosotros, por el mismo Espíritu que lo empujó al desierto para su primer enfrentamiento directo con el demonio. Las tentaciones del desierto son el primer contraste, arquetípico, entre el Espíritu Santo y el espíritu del mal. Ese encuentro fija el prototipo de discernimiento, necesario para distinguir luego la obra de los Espíritus opuestos que obran en los hombres,
Desde el desierto a Galilea, y desde Galilea a las regiones paganas circunvecinas, queda dibujado el camino de la expansión evangélica. De Galilea a Jerusalén se dibuja el camino prototípico de¡ enfrentamiento de Jesús con la oposición Judía. Ese camino se reproduce en pequeño cada vez que Jesús entra a la sinagoga o sale de ella. No es recibido en la sinagoga, en la que debería poder entrar como en su casa. Es recibido en cambio en otras casas: la casa de Jesús está allí donde encuentra la fe. Así por ejemplo, la casa de Pedro, donde cura a la suegra de éste.
Por último, también la orilla del mar y el mar mismo, tienen su sentido teológico. Es allí donde Jesús encuentra y llama a sus discípulos para que lo sigan. En el mar se les aparece y se les manifiesta, autorrevelándose. Allí enseña Jesús a las turbas y a sus discípulos. Y allí los convoca, para encontrarse con ellos después de su resurrección.


• PRIMERA FORMA DE RESISTENCIA AL ESPIRITU SANTO


La resistencia del espíritu impuro en la sinagoga de Cafarnaúm se sitúa "enseguida" tras el comienzo del ministerio de Jesús. Inmediatamente después del seguimiento de los cuatro primeros discípulos, que ha tenido lugar a la orilla del mar.
La palabra "enseguida" (griego: euthús) es un término predilecto de Marcos, que lo emplea 42 veces en su evangelio y sólo se encuentra 12 veces en el resto del Nuevo Testamento.
En el pasaje analizado, Marcos nota que Jesús entra en la sinagoga enseguida apenas llega el sábado (euthús) y que el hombre en espíritu impuro se pone a gritar enseguida (euthús) como reacción a la enseñanza de Jesús. El pasaje termina diciendo que su fama se extiende enseguida (euthús) por todos lados.
Difícilmente puede uno sustraerse a la impresión de que el enseguida no es una muletilla ni una pura fórmula, sino que ha de tener una significación teológica en la intención de Marcos.
La idea presente en la palabra griega es la de "ser recto, ser derecho" De ahí, adverbialmente: "inmediatamente", "enseguida". Quizás no haya que urgir tanto un sentido exclusiva o predominantemente temporal: "rápidamente", sino entender que esa rapidez va cargada de significación teológica, sugiriendo una relación de concomitancia. El esquema arquetípico que parece insinuarse aquí, puede expresarse así: La predicación suscita inmediatamente resistencia y oposición. Y la oposición, una vez vencida, es punto de partida de una nueva propagación.
Queda insinuado así, por Marcos, una cierta ley de alternancia y consecuencia en el acontecer espiritual, revelada en las vicisitudes de la vida de Cristo, interpretadas como vicisitudes del enfrentamiento del Espíritu Santo con los espíritus impuros. Es la ley de toda predicación.


• ENTRAR, SALIR Y ESTAR EN ...


Igualmente importantes y significativos son por lo tanto los movimientos de entrada y salida de un lugar hacia otro, para entender la perspectiva evangélica de Marcos.
Bíblicamente, el entrar y salir, tienen como es sabido su significación propia, asociada sin duda a la imagen sapiencial del camino y de la ley o la conducta del hombre. “Entradas y salidas" es expresión típica hebrea para designar todas las empresas (Núm 27,17; Dt 28,6; 31,2;
Jos 14,11; 2 Re 19,27; Sal 120,8), todos los movimientos, toda la actividad de alguien.
Jesús ordena al espíritu impuro que salga del hombre.
Jesús no sólo entra y sale de casas, sinagogas, ciudades, regiones, sino que también entra en agonía, habla de las condiciones para entrar en el Reino, advierte a los discípulos que oren para no entrar en tentación ...
El acontecer espiritual se expresa por lo tanto con un lenguaje tomado de la simbólica espacial. Se está en un espíritu como en un lugar. Se está situado espiritualmente. El espíritu impuro o el Espíritu Santo son "sitios" espirituales.
En el Nuevo Testamento se hablará de vivir en Cristo, vivir en la carne, o en el espíritu. Y en nuestro pasaje se define al hombre como en espíritu impuro. Lo que un hombre hace frente a Cristo, indica donde está espiritualmente en ese momento. También Pedro, cuando niega a Cristo, está "afuera" ''en el patio, abajo" (Mc 14,66), topográfica y espiritualmente, en una situación totalmente distinta a la que está pasando el Maestro.
Además, el Espíritu Santo lleva al hombre a determinados sitios. impulsa a Cristo al desierto (Mc 1, 12) o transporta al apóstol Felipe (Hechos 8,39 s). Son también obras propias del Espíritu Santo, el reunir en un lugar, para orar por ejemplo, o el enviar en misión.
No por ser Espíritu es una realidad ajena a lo espacial. Obra espacialmente y es susceptible de ser expresado en categorías espaciales.
Por eso, nuestra traducción ha querido respetar el giro griego "un hombre en espíritu impuro", evitando la traducción común en muchas versiones: "un hombre poseído por un espíritu", aunque puedan equivaler.
Todo esto sugiere el realismo con que el Nuevo Testamento interpreta el estado o la situación espiritual, santa o impura, de un hombre.


• UN ESPIRITU ANTAGONISTA DEL ESPIRITU SANTO


En los doce primeros versículos de su evangelio, Marcos nos habla tres veces del Espíritu Santo.
La primera, como contenido de la predicación del Bautista, para definir la obra del que viene: "El os bautizará (es decir.: os sumergirá) en el Espíritu Santo" (Mc 1,8).
La segunda, en la escena del Bautismo: "Y al punto (Jesús) subiendo del agua, vio rasgarse los cielos y venir sobre él el Espíritu Santo como paloma" (Mc 1,10). Jesús recibe la plenitud del Espíritu públicamente.
La tercera: "Y enseguida el Espíritu lo impele a irse al desierto" (Mc 1,12).
Cristo, que viene a sumergir en el Espíritu Santo, viene en la plenitud del Espíritu. (La plenitud de los tiempos, se refiere a esta plenitud del Espíritu que está operante en Jesús). Ese Espíritu de Dios lo empuja el desierto para el primer enfrentamiento, el arquetípico, el que se irá desglosando en una explicitación anecdótica, durante su ministerio. El desierto es el lugar de ese enfrentamiento directo, de ese encontronazo entre ambos espíritus, el Santo y el adversario, que culminará en la Cruz.
En la sinagoga de Cafarnaúm asistimos a la primera anécdota, en la que comienza a manifestarse en la vida pública el enfrentamiento iniciado en la soledad del desierto,
Ya hemos dicho que por espíritu impuro, o inmundo como traducen otros, se ha de entender: no santo. Un espíritu opuesto a la comunión con Dios, a toda relación con él.


• DE LA INDIFERENCIA A LA BLASFEMIA


Ya que toda la vida y obra de Jesús están bajo el signo del Espíritu Santo y de la docilidad a El, comprendemos por qué, decir que pueda tener parte con el espíritu impuro, es blasfemar contra el Espíritu Santo. Equivale, en efecto, a calumniar al Espíritu que está en Jesús y que se manifiesta en su predicación y en sus obras: "...quien blasfemare contra el Espíritu Santo, no tiene perdón eternamente, sino que será reo de pecado eterno. Es que decían: Tiene espíritu impuro" (Mc 3,29 30).
Esta acusación blasfema es la que poco antes han formulado los escribas venidos de Jerusalén, los cuales decían: "Tiene a BeIzebú" y "en virtud del príncipe de los demonios lanza los demonios" (Mc 3,23).
Es también sugerente la explicitación que ha tenido lugar en los motivos de los opositores, entre la primera y la segunda actuación de Jesús en la sinagoga de Cafarnaúm. Se ha pasado de la indiferencia a la voluntad homicida (Mc 3,6).
Marcos 1,22 28 muestra por lo tanto el punto inicial de un crescendo que pasando por la voluntad homicida (Mc 3,6) y por la calumnia blasfema (3,23; 29 30) no dejará de progresar e irse revelando en su verdadero alcance a lo largo de todo el evangelio.
Pero ya dentro de esta primera escena, un análisis de las palabras que profiere el hombre en espíritu impuro, traicionan lo que se esconde bajo la frase inicial de indiferencia. Ante todo, ya el hecho de que el hombre la profiera a gritos, muestra que no se trata de un estado de ánimo neutro ni de una verdadera actitud de desinterés o prescindencia. Pero la segunda frase traiciona claramente que el espíritu impuro que habla en este hombre, bajo su pretendida indiferencia, es un espíritu de miedo a Cristo: "Has venido a arruinarnos". 0, como traducen otros: "a destruirnos", "a perdernos". Jesús no es mirado por lo tanto con indiferencia, como alguien que no tiene nada que ver, nada en común con uno, sino como un enemigo, como un peligro, como un mal. Por eso es, primero, evitado. Luego será calumniado, perseguido, hostigado, provocado, boycotteado y por fin eliminado.


• NO ES EL DISCÍPULO MAYOR QUE SU MAESTRO


Todo agente pastoral debería ser instruido para que tomara muy en serio las palabras de Pablo: "Nuestra lucha no es contra carne y sangre (e. d.: contra hombres) sino contra los principados ... contra las huestes espirituales de la maldad que andan en el aire" (Efesios 6,12).
Y debería recordar esta advertencia también cuando se encuentra personas en espíritu de indiferencia, que será también presumiblemente la primera anécdota de su combate apostólico.
Lo sucedido en el ministerio terreno del Señor, será normativo para el ministerio de los discípulos. También a ellos los envía el Señor con poder para enfrentarse con los demonios, como un complemento, al parecer necesario, de su tarea de predicar (Mc 3,14 15; 6,7).
Marcos explicará y aplicará la enseñanza que se desprende de la primera enseñanza de Jesús en la sinagoga, con las palabras mismas de Jesús a sus discípulos: "Si algún lugar no os recibe y no os escuchan ..." (Mc 6,11). No es otra cosa la actitud del espíritu de indiferencia. La enseñanza de Cristo es: no insistir.
Quizás a la misma o semejante situación pastoral ha de referirse otra palabra de Jesús:"No déis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las pateen con sus pies y revolviéndose contra vosotros os hagan trizas" (Mt 7,6). En el lenguaje de las parábolas, la perla es imagen del Reino, centro del mensaje evangélico. El perro y el cerdo son representación respectiva de lo indigno y lo impuro. Pero aún el perro es capaz de reconocer al que le da de comer. Mientras que el cerdo es capaz de destrozarlo por igual.

• LA OPOSICION A CRISTO: CONSCIENTE 0 INCONSCIENTE


Si en el hombre que se opone a Cristo, o no se interesa en El, puede alegarse la excusa de la ignorancia (". . . perdónalos, porque no saben . .."Lc 23,34), el espíritu impuro obra con pleno conocimiento de causa y de la identidad del que tiene delante: "sabemos quién eres tú: el Santo de Dios".
Sabe quién es Cristo y su relación de santidad, de íntima unión con Dios, pero el espíritu impuro es precisamente eso: el que se opone desde el principio a Dios. El espíritu que afirma que Dios es malo para él.

 

• APARENTA LO QUE NO ES


Hay un detalle que corrobora la afirmación de que el espíritu impuro de indiferencia, es, como todo espíritu impuro, un espíritu de mentira, de ficción.
No sólo miente respecto de su verdadera cualidad. Miente también respecto de su número.
El espíritu habla en plural: “nosotros",''tenemos que ver", "arruinarnos", "sabemos". Cristo lo interpela en singular "cállate", "sal".
(Nota: en algunas traducciones, la tercera frase del espíritu impuro, suele ponerse en singular, de acuerdo a algunos manuscritos griegos. Nosotros, en vez de "sé quién eres", preferimos traducir ''sabemos quién eres", siguiendo la lectura de otros manuscritos).
No sólo Cristo los interpela en singular. Marcos también parece suponer que se trata de un espíritu impuro y no de muchos, como el espíritu pretende aparentar.
Los asistentes a la Sinagoga, en cambio, que si bien desconcertados y admirados, aún no creen, parecen estar más bajo la impresión de la fingida pluralidad: "Se impone a los espíritus y le obedecen". Parecen creer menos a las palabras de Jesús, que se encara al espíritu como con uno solo.
Nos parece que de este modo, Marcos señala, aunque en forma indirecta, desde esta primera actuación de Jesús en la sinagoga de Cafarnaúm, el carácter mentiroso del espíritu impuro.


• NO ES DIGNO DE CONFIANZA EN NADA DE LO QUE DICE


Esta afirmación parece confirmarla el pasaje de Marcos 5 en que se nos narra la liberación del endemoniado de Gerasa. Pero allí la mentira diabólica en cuanto a su número parece ser inversa. Siendo muchos, como se desprende de la misma confesión de su nombre, que Jesús les arranca, los demonios se presentan hablando en singular: "¿qué tengo que ver contigo?" . . . "no me atormentes". Marcos, que al presentar al hombre dice que está "en espíritu impuro" (en singular) habla de "ellos" y en plural después que Cristo los ha desenmascarado, obligándolos a confesar que se llaman Legión porque son muchos.
(Nota: Aquí también, algunos manuscritos griegos ofrecen formas singulares. Nosotros preferimos traducir a partir de los que ofrecen homogéneamente las formas plurales).
El espíritu impuro, a veces es uno y finge ser muchos, otras veces son muchos y fingen ser uno, la lección que Marcos parece ofrecer al lector atento, es que no se puede confiar de ninguna manera en lo que dice el hombre en espíritu impuro, ni siquiera en lo que afirma indirectamente dándolo por supuesto. Esta capacidad de engañar la ilustra la experiencia:
• UN CASO ILUSTRADOR: NO CREO EN DIOS PERO LE TENGO MIEDO
El caso siguiente ilustra cómo pueden coexistir en una persona el miedo a Dios con una actitud intelectual de indiferencia. Lo tomamos de una historia clínica narrada por el psiquiatra Víctor Frankl.

"Veamos el caso de un paciente con una grave neurosis obsesiva que duraba en él desde hacía décadas y había resistido a reiterados y largos intentos de tratamiento psicoanalítico. El centro de sus temores neurótico obsesivos lo constituía la fobia de que tales o cuales actos suyos podrían ser causa de que su difunta madre o hermana se condenaran. Por este motivo nuestro paciente no quiso, por ejemplo, entrar a trabajar en la administración pública, ya que hubiese tenido que prestar juramento ... ahora bien, en alguna ocasión podría suceder que lo llegara a quebrantar, aun en grado mínimo, y entonces pensaba que se condenarían su madre y su hermana. Tampoco se atrevió a contraer matrimonio ... porque si luego fuera infiel al sí dado en la boda, con ello arrastraría a sus parientes difuntos a la condenación. Recientemente, había dejado de comprarse un aparato de radio, por el mismo pensamiento obsesivo de que si no lograba entender por completo cierto detalle técnico, su hermana y su madre serían condenadas en el más allá.

Ante tal abundancia de elementos imaginativos de tipo religioso, si bien en estado latente, preguntamos a nuestro paciente por su vida religiosa, es decir, su actitud frente a las cuestiones religiosas. En respuesta se nos declaró decididamente "librepensador'' y "seguidor de Haeckel". Todo esto lo dijo, haciendo además resaltar orgullosamente lo mucho que a ello había contribuido su conocimiento de la física moderna; por ejemplo, declaró dominar perfectamente la teoría electrónica. A la pregunta de si se consideraba versado en cuestiones religiosas, admitió que las conocía bien, pero añadió que "conocía su devocionario como el criminal conoce las leyes", o sea que conocía la religión sin confesarla o profesarla en manera alguna ''Luego ¿es usted incrédulo?" seguimos preguntándole; a lo que contestó "¿Quién puede decir eso de sí mismo? Ciertamente, con la razón soy incrédulo, aunque con el sentimiento puede ser que crea a pesar de todo. Con la razón, en todo caso, no creo en nada sino en un determinismo sometido a las leyes naturales, y no en un Dios que premia y castiga". Hagamos notar que la misma persona que pronunciaba estas palabras nos declaraba poco antes, refiriéndose a una de sus perturbaciones en la capacidad de actuar: ''En aquel instante me vino la obsesión de que Dios podría vengarse de mí". (Tomado de: La presencia ignorada de Dios. Psicoterapia y religión. Herder, Barcelona 1979, págs. 77 78).
En los disturbios psicológicos graves resaltan los rasgos que en situaciones más normales son menos claros. Las actitudes de este paciente obsesivo son frecuentes y se encuentran a menudo en el diálogo pastoral.
Hay un juicio oculto que funda una actitud de miedo a Dios, como un ser arbitrario y dañoso, que cela y amenaza los verdaderos bienes y amores de la persona. Por encima de esa angustia frente al Dios malvado se tiende el velo encubridor de un juicio de indiferencia o incredulidad.
El lector nos dispensará de señalarle en el caso expuesto, las obvias analogías que existen entre las afirmaciones del paciente y las frases: "¿qué tenemos que ver contigo?"; "has venido a destruirnos”; "sabemos quién eres".


• UN ESPIRITU DE PREPOTENCIA


El espíritu de indiferencia, suele desplegar una suerte de capacidad especial para impresionar. La presencia de un solo indiferente en un grupo o una clase, tiende a acaparar la atención, a interponerse al grupo y al catequista, profesor de religión o sacerdote. El agente de pastoral puede olvidar, como por una especie de efecto hipnótico, a la mayoría bien dispuesta que tiene delante. Como consecuencia, privilegia al indiferente con lo mejor de su esfuerzo, y a menudo llega hasta a impostar su método y su materia en obsequio suyo, con una injusta preterición del grueso de la clase. Contra lo aconsejado por Jesús, insisten en querer ser recibidos y aceptados.
El impacto espiritual y psicológico de los encuentros con indiferentes marcan a veces a un sacerdote en forma tan pertinaz, que no consigue sacárselos de dentro cuando sube el domingo a predicar a cristianos fervorosos. ¿No hemos visto a menudo sermones que reprochan a los pobres fieles presentes los males y pecados de los que no asoman la nariz por la Iglesia?
Observando la conducta de algunos agentes de pastoral, uno se puede preguntar si no tienen una cierta predilección por las casas en que no los reciben y no los oyen (a menos que pongan sordina a su fe), como si no encontraran gracia en la fácil aceptación que encuentran en las casas bien dispuestas, cuando precisamente, la gracia y el Espíritu se manifiestan en la acogida al Evangelio.


• ¡CÁLLATE Y SAL DE EL!


La frase de exorcismo de Jesús, funda, como dijimos antes, la distinción entre el hombre y el espíritu en que está.
Es el hombre, sí, el que grita y el que habla. Sin embargo, Jesús no se encara con él. Distingue e impera: ¡Cállate! ¡sal de él! encarándose con el espíritu, como diferente del hombre.
Esta distinción se expresa de dos maneras: el hombre está en el espíritu impuro; el espíritu está en el hombre. Lo primero se desprende de las palabras de Marcos. Lo segundo de la orden de Jesús.
Ya hemos hablado sobre el uso del lenguaje espacial para describir las experiencias y realidades del espíritu. Y también hemos notado que la distinción que hace Jesús entre hombre y espíritu, es importante para la pastoral de las "excelentes personas".
Podemos agregar aquí que el hombre está en el espíritu como en una atmósfera, o en términos biológicos: un medio. Y a su vez un espíritu está en un hombre, como en un recipiente. Al espíritu del hombre, su adentro, su interioridad espiritual, hacen referencia dichos tales como: "lo que sale del hombre, eso es lo que hace impuro al hombre" (Mc 7,15); "¿qué hombre conoce lo íntimo del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él?" (1Cor 2,11). "Bernabé era un hombre bueno, lleno del Espíritu Santo y de fe" (Hechos 11,24).


• CADA UNO SE JUZGA POR SU ACTITUD ANTE CRISTO


Todo el Nuevo Testamento está lleno de testimonios de la convicción cristiana, según la cual, en la confrontación con Cristo se pone de manifiesto "en qué espíritu está" cada hombre. Cristo y la presentación evangélica que de él se hace suscita la caída o la elevación; pone al descubierto los pensamientos de los corazones (Lc 2,34 35); es luz que atrae o ante la cual se huye, poniendo de manifiesto automáticamente un juicio (e.d.: un discernimiento) acerca de la actitud íntima y oculta del hombre (Jn 3,20 21).
La indiferencia que se expresa en el "¿qué tiene que ver Cristo conmigo?" es ya una actitud espiritual, que muestra lo que hay en ese hombre, y si hemos de aplicar los criterios del Nuevo Testamento, traiciona su signo negativo.


• CONCLUSIONES


1) El Nuevo Testamento ofrece un sistema de coordenadas para situar el fenómeno de la indiferencia religiosa, el desinterés por Cristo, en las múltiples formas de que puede revestirse, como una situación significativa desde el punto de vista espiritual, o sea desde el punto de vista de su calificación como espíritu impuro, no santo, opuesto al Espíritu Santo, del cual es propio obrar la fe y el amor a Cristo.

2) Este espíritu es el primero que, según Marcos, le sale al paso a Jesús en su vida pública, manifestándose como adverso. Presumiblemente es también el primero que saldrá al paso de sus discípulos.

3) Jesús nos enseñó con su ejemplo, a reconocer este espíritu como distinto de] hombre en el cual se encuentra y a través del cual se expresa. Pero además dio a sus discípulos instrucciones acerca de lo que debían hacer ante la indiferencia que no recibe a los enviados. Rechazo y acogida deben ser los indicios orientadores del agente evangelizador.

4) El espíritu de indiferencia es, paradójicamente, un espíritu que agita al hombre apenas se confronta con Jesús. Esta es una primera mentira: finge indiferencia y es agitación. La causa de esta agitación parece ser el miedo a Cristo, considerado por lo tanto como alguien malo. Las formas que va adoptando posteriormente la oposición a Cristo parecen estar ya larvadas desde el comienzo en este espíritu de indiferencia inicial.

5) El espíritu de indiferencia, finge ser lo que no es, no sólo cualitativa sino también cuantitativamente. Esta es una segunda forma de su mentira. Dice ser muchos cuando es uno y finge ser uno cuando son muchos. Unas veces se arroga una falsa representatividad. Otras veces esconde sus solidaridades de facción.

6) Aunque el espíritu impuro puede imprimir su influjo en el alma y el cuerpo del hombre, su esfera propia es la del espíritu, o sea la misma en que se decide la actitud religiosa frente al Dios que se revela en Cristo. No hay que pensar ni imaginar que este espíritu se encuentre sólo en casos excepcionales, en los que pudiera reconocerse o sospecharse a través de los signos llamativos, lo que se entiende comúnmente por "posesión diabólica". Su realidad y su apariencia son mucho más modestas. Es lícito señalar su presencia dondequiera se encuentran actitudes de desinterés o indiferencia respecto de Cristo. Aún en personas totalmente normales, y en algunos aspectos hasta ejemplares.

Apostasía

PRESENCIA DE DIOS, CONVERSION Y APOSTASIA


C O N T E N I D O

CONVERSION Y APOSTASÍA

1. PRESENCIA DE DIOS
Anuncio de la venida de Dios en el Antiguo Testamento
Venida anunciada a Moisés
Personalización
Un Dios que besa y abraza

1.2 JESUS: DIOS HECHO HOMBRE, DIOS PRESENTE

2. LA CONVERSION Y LA FE
Conversión
Volverse
Fe
Fe en el Encarnado
Fe en el Resucitado
Abraham: Conversión y fe como exilio crítico

3. LA APOSTASIA: ABANDONO DE LA FE Y RECONVERSION A LAS IDEAS
La Apostasía según las Sagradas Escrituras
Apostasía según San Pablo
San Juan
Evangelios
Carta a los Hebreos
Ángel de Luz
El Anticristo
La trampa

4. APOSTASIA: CONCEPTO JURIDICO Y CONCEPTO BIBLICO
Concepto jurídico
La noción teológica
Recuperación pastoral del concepto de apostasía
Culto de la Presencia Real
Un fenómeno primitivo
Resistencia a nombrarla
En el Uruguay
Apostasía anónima y criptorelígiones laicas
El enfriamiento de la caridad
Formas de apostasía
Cultura de la apostasía

5. DOCUMENTO: Entrevista de César di Candia a Eduardo Galeano.

CONVERSION Y APOSTASÍA

Conversión y Apostasía son términos correlativos. Si convertirse es volverse a, hacia, apostatar es apartarse de. Volverse a Dios es convertirse. Apartarse de Dios después de haberse convertido a Él, es apostatar.
Convertirse y apostatar son dos acciones que sólo se entienden respecto de Dios; del Dios real, presente. Por eso para hablar de conversión y apostasía es necesario establecer lo que es la presencia de Dios, Dios presente. Esta presencia es la que anuncia el mensaje evangélico y por la cual merece el nombre de Buena Noticia. Parecería superfluo decirlo. Pero a veces las cosas más obvias son las que se tienen menos en cuenta, de modo que por obvias caen en el silencio y por fin en el olvido. A quienes estas cosas, por demasiado obvias, nunca les fueron dichas, se dirigen estas páginas.

1. PRESENCIA DE DIOS

El Evangelio se llama así porque en el idioma griego en que fue escrito, la palabra euangélion quiere decir buena noticia. Lo que anuncia el Evangelio como buena noticia es la presencia de Dios. La venida de Dios en persona había sido anunciada por los profetas en el Antiguo Testamento.
En el Nuevo Testamento, Jesucristo se presenta a sí mismo como la realización de esa venida preanunciada. Desde Jesucristo Dios se hace presente en persona, inaugurando así la nueva era de la historia humana: el Nuevo Testamento. Eso es lo que anunció Juan el Bautista y eso es lo que anunciamos en la Iglesia.

Anuncio de la venida de Dios en el Antiguo Testamento

Si tomamos como ejemplo el libro del profeta Isaías, encontramos en él numerosas frases que aluden a la venida de Dios y a una presencia suya sin intermediarios. Citemos algunas:
-"Fue Él su Salvador en todas sus angustias. No fue un mensajero ni un ángel, El mismo en persona los liberó" (63,9)
-"¡Ah! si rompieses los cielos y descendieses" (63,19)
 "Su presencia es pavorosa para los malos" (2,10.19.21)
 "Vendrá el Señor" (4,3); "El Señor mismo” (7,14)
 "Al Rey Señor de los Ejércitos han visto mis ojos" (6,4)
-“Aguardaré al que esconde su rostro" (8,17); "la tierra se llenará
de su conocimiento" (11,9);"Él volverá a mostrar su mano" (11,11)
"He aquí a Dios mi salvador" (12,2); "Ahí tenéis a vuestro Dios"
(25,9); "Ahí está vuestro, Dios, ahí viene el Señor con poder"
(40 9 10); "No he dicho que me busquen en vano" (45,19)
"Con sus propios ojos ven el retorno del Señor" (52,8)
"Me he dejado encontrar y hallar por quienes no me buscaban"
(65,1)
"Tú te haces el encontradizo" (64,4)

Ante esta insistencia en el tema de la venida de Dios en persona, se explica que el libro de Isaías se abra con la famosa profecía: "Conoce el buey a su dueño y el asno el pesebre de su amo, pero Israel no conoce ... me ha dado la espalda" (Isaías 1,3 4).

Venida anunciada a Moisés

Esta venida de Dios en persona de la que habla Isaías es la misma que le había sido anunciada a Moisés en respuesta a su oración insistente: "habitaré en medio de vosotros... me pasearé en medio de vosotros" (Levítico 26,11 12). "Yo mismo iré contigo y te daré tranquilidad" respondió Dios a la súplica de Moisés. Y Moisés le repitió: "Si no vienes Tú mismo, no nos hagas partir" (Éxodo 33,14 15).

Personalización

Los Salmos claman por esa manifestación de presencia y cercanía; por ejemplo: "haga brillar su rostro sobre nosotros!" (Salmo 67,2); "los rectos morarán en tu presencia" (Salmo 140,14).
Pero no sólo preanuncian la presencia de la encarnación ciertos textos aislados, aún siendo numerosos, tanto que no, podemos soñar con elencarlos aquí. Todo el Antiguo Testamento, en su conjunto ofrece no solamente el uso universal de los antropomorfismos, sino una personalización gradual y creciente de los atributos divinos, como son su Palabra, Sabiduría, Justicia, Fidelidad, Amor, Nombre. En esos usos del Antiguo Testamento, han visto los hagiógrafos del Nuevo y ha visto la Iglesia, preanuncios de la Encarnación.

Un Dios que besa y abraza

Queremos poner un solo ejemplo, refiriéndonos a un texto que pasa generalmente inadvertido debido a las traducciones corrientes. El SaImo 85 (el que comienza con las palabras "Señor has sido propicio a tu tierra. . . ") es todo él una petición de esa Presencia benéfica, por a cual el salmista clama y suspira: "Muéstranos tu amor y tu salvación" (v. 8); "quiero escuchar lo que dice Dios" (v. 9) La oración de deseo de presencia y encuentro, se transforma de pronto en una profecía de la venida de Dios en persona, a partir de¡ versículo décimo: "Su Gloria habitará en nuestra tierra...". Y continúa "Amor y Lealtad son encontrados; Justicia y Paz besan; Lealtad germina de la tierra; Justicia se asoma desde el cielo". Estos dos versículos (11 12) contienen una serie de nombres de atributos divinos personificados y convertidos en nombres de Dios. Las acciones que se atribuyen a estas personificaciones son elocuentes en el original hebreo. Los verbos en hebreo están en activa y pasiva y no tienen el sentido recíproco que sugieren algunas versiones castellanas: "amor y lealtad se encuentran, justicia y paz se besan"; como si los atributos se saludaran entre sí, o se reconciliaran ideas opuestas o mal avenidas. Amor y Lealtad se encuentran, ha de entenderse en el sentido de son encontrados, en voz pasiva. Y este encuentro se expresa en hebreo con un verbo (pagash) que sólo se usa para el encuentro entre personas. Justicia y paz, besan, con un verbo en voz activa.
Esta traducción fiel y literal del hebreo que proponemos siguiendo la interpretación de la antigua versión siríaca Peshitta y comentaristas antiguos y modernos, muestra al salmista describiendo proféticamente la encarnación: el encuentro de Dios en persona con los hombres.
Justicia y Fidelidad, Amor y Lealtad, no son ideas, como tampoco Dios lo es. Son, Es Alguien. Alguien que uno se encuentra, que se toca, que te besa y te abraza: Presencia de Dios real y en persona.

1.2. JESUS: DIOS HECHO HOMBRE, DIOS PRESENTE

Estos antecedentes del Antiguo Testamento eran referencias indispensables para comprender ahora el contenido de la predicación de Jesús.
Tal como se nos narra en los evangelios, la predicación de Jesús es de una laconicidad impresionante y a la vez intrigantemente escueta. San Marcos la resume en su evangelio en dos versículos: "Marchó Jesús a Galilea y proclamaba la Buena Nueva de Dios: el tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios se aproximó, convertíos y creed en el evangelio" (Marcos 1,14 15).
Jesús puede permitirse ser tan breve porque lo que quiere no es tanto comunicar una doctrina, cuanto señalar una presencia. Dios está presente. Dios, en persona, está aquí. La proclamación de este acontecimiento es el evangelio: buena noticia, buena nueva.
"El tiempo se ha cumplido": es decir, ha llegado la hora que anunciaban los profetas, el día que ellos llamaron "Día de Yavé". Dios mismo ha venido. Se ha hecho próximo: prójimo. Dios se aprojimó.
"El Reino de Dios", es una circunlocución por "Dios Rey". Esto puede comprenderse a la luz de lo que gritan quienes reciben a Jesús en su entrada triunfal en Jerusalén. Recibiendo al Rey que viene le gritan: Bendito el Reino que viene..." (Marcos 11,9). Cuando viene el Rey, es su reinado el que llega junto con él. Por lo tanto, Rey y Reino son nombres intercambiables. Y en este caso son nombres de Dios, quien, como es sabido es llamado Rey (Cfr. Isaías 6,4; "Al Rey Yavé Sebaot han visto mis ojos"). Cuando Jesús anuncia que se ha aproximado el reino de Dios, está diciendo que Dios Rey se ha aproximado. Por eso, la presencia de Dios, su Reino, podemos entenderla en el sentido de Realidad de Dios. "Reino de Dios", indica, como dicen los exegetas: 1) la realeza o dignidad regia de Dios; 2) el reinado o espacio de tiempo que abarca el gobierno de un rey; 3) el reino o estado, nación y territorio sobre el cual reina. Pero además de reino, reinado y realeza, la expresión Reino de Dios, designa a Dios Rey mismo; a Dios en persona. Podríamos decir: la realidad de Dios, Dios mismo.
Pero no basta que Dios se haga presente. Su presencia debe ser advertida y reconocida por los hombres. Y para esto son necesarias dos cosas que Jesús pasa a ímperar a continuación: "convertíos y creed". Jesús las exige porque son necesarias para reconocer la presencia de Dios. Dios está presente. ¿Quieres verlo? ¿Quieres reconocerlo? conviértete y cree, La conversión y la fe merecen por lo tanto que nos detengamos un momento ante cada una de ellas y veamos porqué son necesarias ante la Presencia de Dios.

2. LA CONVERSION Y LA FE

Conversión
Conversión se dice en griego metanoia, palabra que se suele traducir como cambio de mente. Convertirse es en efecto cambiar de mente.
Cambiar nuestros pensamiento,3, pero renovar también la facultad misma de pensar. Cambiar los contenidos habituales de nuestra facultad de pensar: aprendidos, heredados, recibidos por tradición. Están en juego aquí en primer lugar todos aquellos contenidos mentales que se refieren a Dios. Ideas e imágenes relativas a Dios y a lo que podría ser su estar o hacerse presente entre los hombres.
Cuando Dios se hace presente, va a ser su realidad presente la que paute y se convierta en norma de toda idea. Debe abandonarse toda idea previa y volverse de las ideas de Dios, hacia la realidad de Dios. Metanoia es el término griego que traduce la palabra hebrea shub, volverse, con que se denota la conversión. Volverse, de las ideas, al Dios vivo. De los ídolos al Dios real, no imaginado. Los ídolos son materializaciones de ideas de Dios. La metanoia exige un volverse a la realidad de Dios, abandonando no sólo los ídolos sino también toda idea preconcebida. Especialmente las que impiden reconocerlo presente. La mente debe cambiar para abrir paso, concretamente, a la percepción de la encarnación y la presencia espiritual del Resucitado, cuya presencia percibe y afirma la fe. cristiana. Cuando la realidad de Dios se muestra, las ideas pre concebidas (concebidas antes de su manifestación) deben cambiarse a la medida y según la norma de la realidad del Dios que se muestra. Cuando Dios se muestra, las ideas acerca de él deben corregirse. El Ser de Dios tal como se muestra y elige mostrarse ha de convertirse desde ahora en la norma de lo que el hombre sabe, piensa y dice acerca de Dios.
De lo contrario, pasa lo que pasó de hecho con Jesucristo: que los hombres no reconocen (re conocen: no conocen de nuevo) a Dios presente y lo rechazan. No lo re conocen debido a sus pre juicios acerca de Dios; a causa de sus ideas previas acerca de lo que Dios es; de lo que Dios debe ser, de lo que Dios puede ser; de lo que Dios debe hacer; de lo que puede o no puede hacer...
0 sea que el hombre, teniendo a Dios delante, si no cambia sus modos de pensar y sus ideas acerca de Dios y acerca de la manera de estar y de hacerse presente si no amolda y somete su razón al hecho de la revelación es capaz de desconocer a Dios presente. Por eso Jesús reclama: convertíos metanoeite: cambiad de ideas y volveos a la realidad.

Volverse


Dijimos que la palabra griega metanoeite, traduce el hebreo shub: volverse. Shub tiene en hebreo el sentido de volverse para recorrer un camino en sentido contrario, o también el de volverse, darse vuelta, para mirar al que está a las espaldas.
El genio de la lengua hebrea, mucho más concreto, diríase que más material, que el de la lengua griega, obliga al hebreo a valerse de metáforas y simbolismos, tomando sus términos de la realidad material para expresar las realidades espirituales. El verbo shub hebreo, expresa la acción de volverse atrás en el camino. Es una metáfora vial. El camino y el caminar son en hebreo, como son en inglés el way of life y en chino el Tao, símbolos de la manera de pensar y de vivir, sinónimos de la conducta (con tal de abarcar con la palabra conducta, no sólo el obrar exterior sino también los principios interiores de la acción). Camino podría traducirse bastante exactamente por Cultura.
Pero en el mundo bíblico, los caminos conducen hacia el Dios de Israel o hacia los dioses e ídolos de las naciones vecinas. Ser fieles a Dios implica seguirlo por el camino de una Alianza y una conducta. Apartarse tras dioses e ídolos extraños, es actuar según ideas y costumbres ajenas. Volverse de los ídolos a Yavé es convertirse. La conversión se expresará en términos de seguimiento de Dios. Y volverse de detrás de Yavé para seguir a los ídolos, será apostatar. Un par de ejemplos: "Recuerdo aquél seguirme tú por el desierto... ¿qué encontraron tus padres en mí de torcido que se apartaron de mí y se fueron en seguimiento de la Vanidad y se hicieron ídolos?" (Jeremías 2,2.5) , "Vuelve, Israel apóstata" (Jeremías 3,1.11.14); "Si volvieras a mí, si quitaras tus monstruos abominables y de mí no huyeras" (Jeremías 4,1).
También en el Nuevo Testamento la metanoia será una invitación a un cambio de cultura: de la incredulidad a la fe. Por eso no deben extrañarnos luego las páginas evangélicas que reclaman con radicalismo el dejar padre, madre, hermanos (Marcos 10, 28 31 y paralelos) y no amoldarse a este mundo presente (Romanos 12,2).
Cuando Dios aparece, como Jesús lo anuncia, no hay instrumental cultural heredado que pueda servir. Corno dice Pedro a los creyentes: habéis sido rescatados de vuestra manera vacía de vivír, recibida de vuestros padres" (1 Pedro 1, 17). Se reclama una nueva actitud, una vida nueva, recibida de Dios: la fe. Al hacerse El presente nos salva y al reconocerlo presente por la fe somos reengendrados.
Hermosamente ha tratado entre nosotros el tema de 1 9 vida cristiana como un camino, el Pbro. Dr. Miguel A. Barriola en su libro: "El Espíritu Santo y In Praxis cristiana. El tema M camino en la Teología de San Pablo" (ITUMS, Montevideo, 1977).

Fe

La segunda actitud imperada por Cristo ante la presencia y projimidad de Dios, es la fe. Pistéuete: creed, dice el texto griego.
Que Dios se muestre al hombre como hombre y le diga aquí estoy, es algo que nunca ha sucedido antes. La encarnación es un hecho histórico enteramente nuevo y único. Por eso comporta la división de la historia humana entre un antes y un después. Antes y después no sólo en la historia universal sino también en la historia misma de la revelación: Antiguo y Nuevo Testamento.
No, había un instrumental cultural y teológico adecuado para enfrentarse por sí solo y sin fe, con ese modo de manifestación y de presencia enteramente nueva de Dios. Un modo que no reconocía antecedente histórico alguno, aunque a posterior¡ y desde el hecho, se lo pudiera reconocer en los preanuncios proféticos. Pero ni estos preanuncíos eran suficientes solos y por sí mismos, sin la fe. Israel era el pueblo de Dios y como tal, depositario, de la revelación y de¡ conocimiento más sublime acerca de Dios. Pero ante el Dios encamado debía recibirlo con fe. Tampoco él poseía instrumentos aptos para verificar esa presencia real de Dios en persona, aunque las Profecías y las metáforas bíblicas cobran, para quien cree en la encarnación de Dios en Cristo, una realidad impresionante y permiten comprenderlas e interpretarlas como descripciones previas del hecho.

Fe en el Encarnado


La situación del Dios hecho hombre, al cual los hombres no le creen, es dramática: "Tú das testimonio de ti mismo, tu testimonio no vale" le dicen (Juan 8,13). Dios da testimonio de sí mismo y su testimonio no vale. ¿Quién dará. pues testimonio de Dios?
La fe, es la actitud de! hombre que acepta la autoevidencia y el testimonio que de sí mismo da Dios, al presentarse en persona, encarnado en Jesucristo. Es la autoridad que se le concede a Jesucristo por lo que es, hace y dice. Si bien es cierto que las profecías calzan en la realidad de Cristo, es la realidad de Cristo la que las autoriza y las muestra en su plena profundidad inspirada. Pero al mismo tiempo, las excede. Las profecías hablaban de Cristo, pero no son ellas las que ¡e dan a Cristo la razón. Es Cristo el que las muestra dignas de fe. Es Cristo quien le da la razón a las profecías: Escudriñad las Escrituras ya que creéis que tenéis en ellas la vida eterna. Ellas hablan de mí... pero vosotros no queréis venir a mí (=no queréis creer) para tener vida" (Juan 5,39 40) Dios, el absoluto, aún en su situación de Verbo encarnado, no puede someterse a un criterio de verificación contingente por parte del hombre. La contingencia que asume, encarnándose, se transforma ahora en normativa. Desde ella, Dios solicita la libertad del hombre para que, sin violencia, reconozca la evidencia espiritual, que aún mediando la encarnación, es la presencia de Dios.
El Juez de todas las creaturas, aún cuando asume la condición de una creatura, no puede ser juzgado por ninguna. Siendo Juez de todas por la autoevidencia de su amor, no coactivo, no violento. Sólo desde la libertad del amor, sólo desde la fe, puede ser reconocido. Por eso la fe es el camino. La fe es la aceptación de la autoevidencia de Dios, tal como se muestra en Cristo (y después de El en su Iglesia animada por el Espíritu). La fe es la certeza que se apoya en esa autoevidencia aceptada, de la múltiple presencia del resucitado: eclesial, ministerial, sacramental, eucarística, mística ...
Ni las ideas, ni los conocimientos teológicos y el pueblo de Israel tenía los más elevados conocimientos teológicos entre todas las culturas y pueblos de la época acerca de Dios pueden sustituir la fe. A partir de sus ideas y de sus conocimientos teológicos, la élite intelectual y religiosa del pueblo de Israel, dice, ante el Dios que se autopresenta: "según nuestra ley, debe morir" (Juan 18,7). En otras palabras: "según nuestro mejor y leal saber y entender, según nuestra teología, éste debe morir".
Terrible decisión. Porque "éste", era Dios. En su juicio, el más alto tribunal teológico, mostraba, en su sentencia, qué necesitada de redención estaba la humanidad entera. Qué alejado estaba el hombre del conocimiento de Dios.
Ni las ideas, pues, ni los conocimientos teológicos, ni siquiera la visión y el tacto a lo Tomás incrédulo, son modos o instrumentos adecuados para captar, para reconocer la autoevidencia de Dios. ¿Qué dice Dios?: "Bienaventurados los que sin verme, creen" (Juan 20,29).

Fe en el Resucitado


La fe, era, en tiempos de la vida terrena y mortal de Jesucristo y sigue siendo, también ahora, el modo adecuado de captar su presencia real. No la del solo hombre, sino la del Hombre Dios. Y la misma fe que se exigía durante su vida terrena, es el camino único y adecuado para reconocer ahora su presencia real, actual, de resucitado. Esa presencia es espiritual: pneumática.
Para referirnos al modo de estar presente del resucitado, tenemos que cambiar también nuestras ideas preconcebidas acerca de lo que es estar presente alguien.
La presencia de Jesucristo Resucitado es múltiple y adelantábamos ya los nombres de esa pluriformidad. Sacramental, en cada sacramento, pero particularmente en la Eucaristía. Ministerial, en los ministros ordenados para las acciones litúrgicas; en el obispo que visibiliza la unión, que gobierna e instruye; en el sacerdote que preside en nombre del obispo en ¡as comunidades la eucaristía. Litúrgica en la asamblea de los fieles orantes; mística en el interior de cada creyente; eclesial en su cuerpo místico; jerárquica en el Sucesor de Pedro y los de los Apóstoles; hablando en las Escrituras, pastoreando y enseñando en el magisterio. . . Una presencia múltiple, multiforme y activa: "Yo estaré con vosotros, todos los días, hasta el fin del mundo" (Mateo 28,20).
Así es Dios, así quiere estar presente, así quiere ser captado por la fe en su ser, su actuar y estar presente. Sin la fe, no tengo modo de reconocer su presencia y lo estoy desconociendo. Si quisiera encontrarlo al margen de la fe, por otro camino, le estaría dictando un deber ser a partir de mi mentalidad, mis ideas, mi cultura, mi teología inconversas y por lo tanto aún irredentas y pre evangélicas o postcristianas y apostáticas.
Cambiar de modo de pensar: convertirse y creer, son, por lo tanto, dos acontecimientos correlativos. Están tan íntimamente imbricados que sin un cambio crítico de las propias ideas recibidas, la fe es imposible o se hace, a la larga, insostenible.

Abraham: Conversión y fe como exilio crítico


Esta compleja dinámica espiritual que venimos bosquejando, está prefigurada en la narración bíblica de la elección y ele la vocación de Abraham: "Yavé dijo a Abraham: vete de tu tierra y de tu patria y de la casa de tu padre, a la tierra que yo te mostraré" (Génesis 12,1).
El relato bíblico no nos dice nada acerca del modo cómo Abraham experimentó la presencia de Dios; ni del modo cómo oyó su mensaje; ni de como Dios se lo comunicó y le habló. La comunicación, la elocución (Yavé dijo) es, como palabra dicha, como comunicación, algo que presupone una cierta forma de presencia. Pero a pesar del silencio del texto acerca del modo de presentarse Dios a Abraham, el mismo texto nos pone aunque sea indirectamente sobre la pista de una forma de presencia totalmente inusual e irreductible a lo que Abraham podía haber recibido por tradición de sus antepasados o haber tomado de la cultura circundante. Sin duda que Abraham había recibido de sus antepasados y de su patria cultural, ideas acerca de Dios: sus antepasados nos dice la Escritura "servían a otros dioses" (Josué 24,14).
Pero la evidencia de Dios que tiene Abraham es ahora tal, que hace que este hombre cambie las evidencias del universo religioso que lo rodea, de las tradiciones que lo acunaron en el pasado y lo sostienen en el presente. Si advertimos bien, el relato bíblico nos muestra a Abraham no sólo emprendíendo una peregrinación, un viaje, un desplazamiento geográfico, sino también un exilio en el tiempo. Porque Dios lo induce a dejar las evidencias inmediatas y presentes, por una promesa; por algo futuro: "una tierra que yo te mostraré”.
Por algo tan incierto como es un futuro desconocido y una tierra
que está por verse y cuya ubicación no se conoce, Abraham deja las certidumbres en las que podría considerarse radicado. Esto podría llamarse el exilio crítico de Abraham. El Exilio crítico de Abraham es una conversión, es un cambio de mente. Una metanoia. Un volverse a Dios y dar la espalda al mundo en el que vive: con su economía, sus vinculaciones, su cultura y sus dioses. Se trata de un trastocamiento de las evidencias por las cua!es uno opta y se rige. Es un trueque de un universo de certezas por otro. Y los dos componentes de este exilio, el espacial y el temporal, que nos revela el análisis del texto, nos alertan para advertir que, cuando decimos presencia, estamos implicando subconscientemente, esas dos coordenadas: la espacial (aquí allá) y la temporal (ahora después).
Dios se le hace presente a Abraham en espacio y tiempo. Pero el Dios que se le autoevidencia, se autodefine como no atado a un determinado lugar y como Señor del futuro. Dios se le hace presente a Abraham en un lugar y le habla en un presente, es cierto. Pero también se le hace presente como quien está en relación a un lugar lejano y aún desconocido y en relación a un tiempo no presente sino futuro.
(La palabra castellana presente, refleja precisamente esas dos coordenadas de espacio y tiempo. Hablamos del tiempo presente y de estar presente en un lugar).
Dios le habla a Abraham ''aquí y ahora" de un "allá y un después". Y la fe, tal como se muestra en Abraham, Padre de todos los creyentes, se presenta ya desde el principio, unida a la conversión: al exilio crítico. Actitud adecuada del hombre ante la automanifestación de Dios.

3. LA APOSTASIA: ABANDONO DE LA FE Y RECONVERSION A LAS IDEAS

Estos análisis que hemos venido haciendo han preparado el terreno para comprender mejor la naturaleza del fenómeno de la apostasía. Un fenómeno de todos los tiempos y también del nuestro, a pesar de ciertas reticencias para nombrarlo que quizás provengan de equívocos acerca de su verdadera naturaleza.
Comenzaremos relevando los datos de la Escritura acerca de la Apostasía. Esperamos que ello nos ayudará a ubicarnos como creyentes ante fenómenos oscuros del mundo y de los tiempos en que vivimos.
Fenómenos cuya verdadera naturaleza no se comprende y son motivo
de escándalo y de tropiezo para nuestra propia fe. Me refiero a una serie de fenómenos que pueden reducirse al denominador común que define la apostasía: apartarse de Dios, abandonando la fe para volverse a las ideas.
Después de resumir la doctrina de la Escritura acerca de la apostasía, analizaremos algunos aspectos o vertientes de esa síntesis inicial apuntando reflexiones sobre esos fenómenos actuales.

La Apostasía según las Sagradas Escrituras
Encuentro en la Escritura tres puntos o enseñanzas más importantes acerca de la Apostasía.
1) La Apostasía tiende a permanecer anónima y a no manifestarse; 2) la Apostasía se mantiene en el anonimato mediante mecanismos de impostura, haciéndose pasar por fe y piedad; 3) Dios y sólo Dios puede provocar su manifestación o descubrir sus ficciones.
Puestas estas tres tesis, recorramos algunos textos de las que ellas surgen.

Apostasía según San Pablo


San Pablo nos dice que ha pasado "peligros entre falsos hermanos" (2 Corintios 11,26; Gálatas 2,4). Habla de los que "tienen las apariencias de la piedad, pero niegan su eficacia" (2 Timoteo 3,5). Pone en guardia contra los falsos maestros, doctores, ministros o apóstoles; a este género parecen pertenecer los que "con suaves palabras y lisonjas seducen los corazones de los sencillos" (Romanos 16,18). Estos son muchos, a juzgar por el pasaje de la Segunda Carta a los Corintios 2,17: "no somos como la mayoría que negocian con la Palabra de Dios". (Así traduce la Biblia de Jerusalén. La expresión griega: hoi polloi, puede traducirse también como los más o los muchos). En la misma carta, Pablo los denuncia a éstos como: "unos falsos apóstoles, unos operarios engañosos, que se disfrazan de apóstoles de Cristo". (Corintios 11,13). Y desentraña la razón teológica de este hecho: "Y nada tiene de extraño (que ellos actúen como impostores) ya que el mismo Satanás se disfraza de ángel de luz. Por tanto, no es (cosa) grande que también los ministros de él se disfracen de ministros de justicia" (2 Corintios 11,14 15),
Pablo pone en guardia a Timoteo contra una falsa ciencia que ha apartado a los que la profesaban, de la verdadera fe: "¡Oh Timoteo! guarda el depósito. Evita Ias locuacidades profanas y las objeciones de la falsa ciencia; algunos que se jactaban de ella se extraviaron de la fe" (1 Timoteo 6,20).
Por fin, en una de sus primeras cartas y uno de los escritos cronológicamente más antiguos del Nuevo Testamento, Pablo se refiere al "Hombre de la Apostasía" (2 Tesalonicenses 2,3). Esta expresión la entendemos como un epíteto. El Hombre de la Apostasía es un tipo de hombre, un modelo cultural Así como se habla del Hombre de hoy, o del Hombre de la civilización técnica, o del Hombre de los viajes a la luna, el Hombre de ciencia, el Hombre de negocios. Así como existen esas categorías humanas, así existe para San Pablo "el Hombre de la Apostasía", el apóstata típico.
A este tipo de hombre lo define y lo caracteriza San Pablo como alguien que usurpa el lugar de Dios y se hace rendir el culto debido a Dios. Es la humanidad que se autodiviniza. Autodivínización que no necesariamente hay que imaginarse en forma grotesca, sino que puede suceder por mecanismos sutiles de impostura, ya que, por definición, esta apostasía no es reconocible hasta que Dios no provoca su manifestación o desenmascaramiento (2 Tesalonicenses 2,3-12).

San Juan


En sus siete cartas a las Iglesias, Juan pone en guardia a los fieles que parecen estar satisfechos consigo mismo, revelándoles sus conductas desagradables a Dios: su decaimiento del amor primero, su tolerancia indebida respecto de abusos y herejías (Apocalipsis, capítulos 2 y 3).
San Juan habla en su Prirnera Carta, “de los que no eran de los nuestros, pero estaban entre nosotros" y que, finalmente, salieron de entre nosotros para que se manifestara que no todos son de los nuestros" (11 Juan 2,19). No somos todos los que estamos. Con lo cual Juan nos invita a la humildad y no a la suspicacia. Pues parece ser en efecto, que los que se han ido de la comunidad han salido con pretextos de mayor conocimiento de Dios, mayor santidad y pureza; de ser mejores que la comunidad eclesial.

Evangelios


Ya en los Evangelios, Jesús mismo advierte que la cizaña y el trigo crecen mezclados y que es necesario que sea así (Mateo 13,24 30), que los peces buenos y ma!os se arrastran en la misma red hasta el tiempo de separarlos por el juicio (Mateo 13,47 50).
Jesús habla de los lobos vestidos de piel de oveja y pone a sus discípulos en guardia contra ellos (Mateo 7,15); sabe que los envía como ovejas entre lobos (Mateo 10,16). Jesús habla de los árboles que sólo pueden conocerse al tiempo de dar fruto (Mateo 7,16 20); pues los impostores y usurpadores, los falsos hermanos o falsos apóstoles no se reconocen por lo que dicen, sino por lo que hacen. Su lenguaje, por ser hipócrita, es ocultador y engañoso.

Carta a los Hebreos


La Carta a los Hebreos merece una mención especial entre los demás escritos del Nuevo Testamento. Toda ella obedece al intento de poner en guardia a una comunidad otrora fervorosa y esforzada hasta el heroísmo martirial, contra una insidiosa y solapada forma de incredulidad que comienza a afectarla insensiblemente. El autor no acude a la denuncia acre ni al reproche duro, pero, como médico que diagnostica, describe el mal oculto: una indiferencia incipiente, entre fieles otrora tan fervorosos que, por la fe y por su solidaridad con los perseguidos, habían perdido hasta sus bienes y se habían expuesto heroicamente a peligros de muerte. Ahora, sin embargo están en tren de desertar sus asambleas y deslizarse insensiblemente en una apostasía práctica, anónima, escondida aún, pero ya incoada.

Ángel de Luz


La tendencia de la apostasía es a mantenerse oculta. Ella no se hace abierta y desembozada en virtud de un dinamismo propio. Se mantiene anónima revistiéndose de "ángel de luz". Para mantenerse oculta, sus mecanismos son los de la usurpación y la impostura. La falsificación puede ser burda. Pablo se ve obligado a autenticar de propia mano una de sus cartas (2 Tesalonicenses 3,17). Por lo visto ya tan tempranamente corrían cartas falsas atribuidas a él.
Pero la falsificación puede ser mucho más sutil e indetectable. Puede revestir (=disfrazarse de) las formas de la fe y de la piedad. Ese es propiamente el engaño del Anticristo.

El Anticristo


El nombre de Anticristo (1 Juan 2,18.22) no significa ni solamente, ni en primer lugar aquél o aquéllos que se oponen abiertamente a Cristo, mediante la persecución frontal y desembozada. No designa tanto al perseguidor abierto, a lo Nerón, o como el judaísmo oficial de la primera época cristiana. El Anticristo es más bien y primariamente, un opositor por impostura. Es el que se hace pasar por Cristo.
El peligro de engaño es tanto más grande cuanto mayor es el parecido. "mirad que nadie os engañe. Vendrán muchos usurpando mi nombre y diciendo Yo soy, y engañarán a muchos" (Marcos 13,5; Lucas 21,8); "vendrán muchos diciendo Yo soy el Cristo" (Mateo 24,4). "Entonces, si alguno os dice: mira, el Cristo ahí, míralo allí, no lo creáis. Pues surgirán falsos cristos y falsos profetas y realizarán señales y prodigios con el propósito de engañar, si fuera posible, a los elegidos. Vosotros pues, estad sobre aviso, mirad que os lo he predicho" (Marcos 13,21 23; Mateo 24,23 24).
La capacidad de disimulación, impostura y engaño, es tan grande que sería capaz de embaucar a los elegidos, si no fuera por una particular asistencia e intervención divina. En la cual dicho sea de paso se manifiesta su presencia.
Este anticristo, no es un individuo en particular. Se trata de un tipo de hombre, como ya hemos dicho. Es un cierto tipo cultural que diviniza lo humano y apela al lenguaje y a las formas religiosas cristianas, pues tiene un deliberado propósito de engañar a los creyentes sin inquietarlos en lo posible. El punto focal de este engaño es notémoslo de paso precisamenle el lugar y la forma de presencia de Cristo y de Dios: ''miradlo aquí, o allí",

La trampa


Los textos que hemos aducido señalan también que la manifestación o desenmascaramiento de la apostasía, es una obra divina. El embaucador podría engañar incluso a los elegidos, si Dios no lo impidiese. Pero Dios desenmascara la impostura, desenquista la apostasía anónima, poniéndole el nombre y provocando la separación, llegado el momento. Dios hace esto con su juicio, con su venida, con el soplo de su boca (2 Tesalonicenses 2,7 8). En una palabra, con su presencia.
En el pasaje citado de la carta a los Tesalonicenses, Pablo se refiere a un obstáculo que impide la revelación o desenmascaramiento de la apostasía anónima. Cuando el obstáculo sea quitado de en medio explica Pablo el Sin Ley (en griego: ho ánomos) será descubierto (2 Tesalonicenses 2,7 8). El obstáculo acerca del que discuten los intérpretes es a mi parecer, obviamente, una trampa. Así puede traducirse en efecto la palabra griega ho katejon: lo que retiene, el lazo, la atadura, la trampa. El obstáculo tramposo que impide al creyente descubrir el engaño y contra el cual sólo está protegido por: "el amor de la verdad" (2,10).
San Juan dice que Dios hizo que algunos salieran para que se revelara que no todos los que están son de los nuestros. De suyo habrían tendido a permanecer dentro. incluso con la pretensión de ser precisamente ellos los auténticos creyentes, frente al resto de la comunidad joánica, de la cual Dios, finalmente, los hizo salir.
San Pablo, explica que Dios permite esta seducción; "A los que se han de condenar por no haber aceptado el amor de la verdad, que los hubiera salvado, Dios les envía un poder seductor que les hace creer en la mentira" (2 Tesalonicenses 2,10 11). En este texto, Pablo opone la fe de los creyentes, que aman a Cristo, por un lado, con la gnosis de los que aman ideas en sustitución de Cristo, por otro lado.
En este sentido, la trampa más engañosa es la de las ideas cristianas, erigidas en sustituto de la fe. Esta sustitución la ha expresado con ingenua trasparencia y franqueza David Friedrich Strauss: "Esta es la lleve de toda cristología: que como sujeto de los predicados que la Iglesia le atribuye a Cristo, se coloque una idea, en lugar de un individuo" ( ... ) "¿Qué puede tener todavía de especial un individuo? Nuestro tiempo quiere una Cristología que lo lleve desde el hecho a la Idea, desde el individuo a la Especie. Una dogmática que se quede en Cristo como individuo no es ¡una dogmática sino una prédica" (Das Leben Jesu, kritisch bearbeitet. Tübingen 1836, págs. 734 y 738). Pero cuando se sustituye la presencia y la realidad de Dios, por la idea de] Dios real y presente, el hombre es el dueño de sus ideas de Dios. Y ya no el Dios presente el Dueño del Hombre.

4. APOSTASIA: CONCEPTO JURIDICO Y CONCEPTO BIBLICO

Concepto jurídico
El Código de Derecho Canónico define la apostasía: "apostasía es el rechazo total de la fe cristiana" (Canon 751) y la enumera entre los delitos contra la religión y la unidad de la Iglesia castigados por excomunión latae sententiae (Canon 1364).
El derecho canónico distingue netamente la apostasía de la herejía. Herejía es la "negación pertinaz después del bautismo de una verdad que ha de creerse". Apostasía es el rechazo total de la fe.

La noción teológica


Teológicamente, el distingo canónico ya no es suficiente. Según Santo Tomás, al que niega una de las verdades o artículos del credo, aunque afirme las demás, ya no lo hace por fe, sino por opinión. Por lo tanto el hereje, es un apóstata anónimo. (Ver: Suma Teológica Parte Segunda Segunda, Cuestión 5, Art. 3). Respondiendo a una primera objeción, Santo Tomás se expresa así: "diremos que los demás artículos de la fe, en los que no yerra el hereje, no los admite del mismo modo que el fiel, esto es adhiriéndose en absoluto a la primera verdad, para lo cual necesita el hombre ser ayudado por el hábito de la fe; sino que admite las cosas que son de fe por su propia voluntad y juicio". Y en el cuerpo del artículo: Es notorio también que aquél que se adhiere a la doctrina de la Iglesia como a regla infalible, asiente a todas las cosas que la Iglesia enseña, pues de otra manera, si de las cosas que ésta enseña admitiera las que quiere y rechazara otras que no quiere, no se adheriría ya a la doctrina de la Iglesia como a regla infalible, sino a su propia voluntad. Y de este modo, es evidente que el hereje, que tenazmente no cree en un artículo de la fe, no está dispuesto a seguir en todos los demás la doctrina de la Iglesia; pero sí no lo cree obstinadamente, ya no es hereje, sino estará solamente en el error. Por lo cual es evidente que tal hereje acerca de un artículo no tiene fe (ni formada ni informe) en los demás artículos, sino cierta opinión, conforme su propia voluntad".
Propiamente: apostasía oculta, anónima.

Recuperación pastoral del concepto de apostasía

Adviértase cómo el concepto jurídico, juscanónico, de apostasía no se recubre con su noción teológica y tampoco con su descripción bíblica.
El concepto juscanónico de Apostasía es mucho más restringido que el concepto bíblico y no da razón de toda su verdad teológica. El Derecho Canónico, en efecto, se refiere a la apostasía abierta y declarada. A su momento terminal. A la etapa en la cual la intervención medicinal de Dios ha abierto el absceso y ha provocado la manifestación en el foro externo, poniéndola como problema disciplinar del que el derecho canónico puede ocuparse.
Pero como problema pastoral, la apostasía merece atención (como lo muestra la Carta a los Hebreos) desde mucho antes de ese grado terminal definible canónicamente en el fuero externo, como delito pasible de penas canónicas. A esa altura, la medicina penal canónica llega algo tarde con el remedio.
En cambio, la doctrina bíblica acerca de la apostasía, tal como la hemos explorado y esbozado, rápidamente a través de los textos, posibilita una clínica pastoral, enseñándonos acerca de la naturaleza, las formas y ¡as causas. Si queremos manejarnos pastoralmente con el fenómeno de la apostasía, se impone recuperar la doctrina bíblica y hacerla operativa. No sólo para enfrentar el problema de almas aisladas, sino para comprender fenómenos culturales y de la entera civilización actual en la coyuntura de nuestros tiempos.
La recuperación de ese saber bíblico nos es absolutamente necesaria para orientarnos en la coyuntura actual del catolicismo. Para orientarnos en la metamorfosis de las ideologías que operan a menudo por impostura.
Una de las dificultades mayores la constituyen las formas nuevas de las idolatrías: las Ideo latrías, o adoración de las ideas. A ese orden de criptoreligiones modernas pueden adscribirse las Ideologías.
Por desviaciones imperceptibles y ocultas es posible "oponerse a Cristo en nombre de Cristo" como advertía el entonces Cardenal Wojtyla, hoy Juan Pablo II, en Signo de Contradicción: "Esta oposición a Cristo que se simultanea con un apelar a El, procedente incluso de aquellos que se llaman sus discípulos, es un síntoma característico de los tíempos que vivimos" (p. 254).

Culto de la Presencia Real


Así como las ideologías se caracterizaron en otro tiempo por su acción desde fuera de la Iglesia y en oposición a ella, hoy en día, lo que les es más característico es que han creado formas miméticas que les permiten morar sin mayor problema en los ámbitos eclesiales y obrar desde dentro de la Iglesia en las formas de impostura y seducción de las que nos precaven las Escrituras.
Hay, por supuesto, muchas formas de apostasía anónima. No es desconocida la de un formalismo, incluso moral, litúrgico, piadoso y eclesial. Es que, en el fondo, las ideologías son también formalismos. Formalismo e ideología se tocan. Idea y forma, se dicen en griego con la misma palabra: eidós. Y de ella deriva la palabra idolatría, cuya versión moderna son las ideolatrías. La adoración de las formas conoce dos vertientes: una exterior, que adora formas vacías de interioridad; la segunda interior, que adora ideas, o sea formas interiores sin relación a la presencia real.
La Fe y el Culto católico no es una liturgia de ideas, ni siquiera puede reducirse a la liturgia de la palabra. Es un culto de la Presencia Real. Apartarse de ella para volverse a la idea es una de las formas de la apostasía

Un fenómeno primitivo


La Segunda carta a los Tesalonicenses, escrita probablemente apenas quince o veinte años después de la muerte del Señor, ya contiene como vimos una doctrina perfectamente desarrollada acerca de la apostasía anónima, así como de sus modos y de sus motivos teológicos.
En una Iglesia tan joven como la de Tesalónica y en una carta que se le dirige casi enseguida de su fundación, ya aparece ínsito el peligro de la apostasía anónima. Esto sugiere que se trata de un hecho que, a juzgar también por los dichos de Jesús, pertenece y es inherente al hecho del ser creyente y al vivir en Iglesia.
Hay que notar también que el lugar teológico de la doctrina paulina sobre la apostasía, es el de la doctrina acerca de la Venida de Jesucristo. Esa Venida (en griego: parousía), está naturalmente relacionada con la doctrina acerca del modo de presencia del Resucitado. A este respecto estaban circulando, por lo visto, doctrinas que inquietaban a los creyentes y se le atribuían a Pablo.
Fue la pesadilla de San Pablo en sus comunidades, el triste hecho de que, apenas fundadas, se veían expuestas a la invasión de ministros que tironeaban y tergiversaban el evangelio predicado por Pablo. La doctrina sobre la apostasía anónima formaba parte del anuncio mismo del evangelio de Pablo: "¿No os acordáis que ya os dije estas cosas cuando estuve entre vosotros?" (2 Tesalonicenses 2,5).

Resistencia a nombrarla


Siendo la apostasía un hecho temprano en la Iglesia primitiva y que parece pertenecer a la vicisitud histórica de la revelación y de la fe, hay una cierta resistencia a usar la palabra. Creemos sin embargo que hay que recuperarla para nuestros diagnósticos pastorales y nuestra acción pastoral.
La palabra apostasía pertenece al género de las palabras quemadas por los abusos, del lenguaje o de la disciplina. Palabras cuyas connotaciones negativas, imponen una autocensura dentro del ámbito lingüístico eclesial (y extraeclesial) debido a su íntima asociación con el recuerdo de abusos. Pero antes de que se prestara a abusos, la palabra apostasía estaba en el Nuevo Testamento para ser entendida en el Espíritu Santo y sirvió a los cristianos para su vida.
Monseñor Pablo Galimbertí, examinó el fenómeno en su estudio: ¿Oué Pasa cuando nos apartamos de Dios? (Colección "Sentir en la Iglesia", 3, Montevideo, 1983).
Para algunas sensibilidades aún marcadas por resabios de otros tiempos, sólo escuchar la palabra apostasía puede ocasionarles una reacción alérgica e inducirlos a suponer fácilmente intención agresiva o polémica en quien la usa. Exponerse a ello no ha de impedir la buena conciencia de quien acude a ella como un instrumento lingüístico válido y apto para fines pastorales.

En el Uruguay


Dada la peculiar situación de los creyentes en el Uruguay, y dada la precocidad histórica, así como la celeridad, del proceso de laicización en el Uruguay, no es de extrañar encontrar en autores católicos uruguayos una peculiar percepción del fenómeno de la apostasía, ya en su forma larvaria de apatía, indiferencia o tibieza. Precursores de las observaciones de Monseñor Galimberti son los testimonios de otros agudos observadores de la realidad religiosa uruguaya. Valga un par de ejemplos.
Un laico uruguayo, Dimas Antuña, decía en 1942: "No se trata de apostasías alocadas ni de vicios que degraden ... El que se desentiende de las virtudes teologales no tiene por qué ceder, por eso, en las virtudes morales y políticas ... creyentes sin fe, cristianos sin Cristo. . . ¿dónde está nuestro bautismo?" (El Testimonios, Ed. San Rafael, Bs. As. 1945, p. 149). Otro laico uruguayo, Horacio Terra Arocena, escribía a sus amigos en una carta testamento espiritual que está aún inédita: "Afirmo como un hecho la apostasía de la civilización occidental ... pero no es el mundo lo que alarma, sino la indiferencia y la insensible adaptación de los cristianos..."

Apostasía anónima y criptorelígiones laicas


"Es posible que el hombre no quiera renunciar a la religión ni siquiera cuando está empeñado en abandonarla, y que, por lo tanto, quiera conservar su forma cuando ya ha abandonado o traicionado su esencia" dice Bernhard WeIte en su Filosofía de la Religión (Herder 1982, pp. 253 254).
Pero también inversamente, es posible que el hombre no quiera llamar dios al que él adora y que por lo tanto practique una religión no confesada, una criptoreligión. Observa otro filósofo de la religión, Albert Lang, en su Introducción a la Filosofía de la Religión, que: "Muchos no se dan cuenta, o mejor, quieren ocultarse a sí mismos el hecho de que, una vez negada la adhesión a la antigua fe, han venido a ser esclavos de una religión de sustitución" (Club de Lectores, Bs. As. 1967, p. 171). Según este mismo autor: "la descristianización y la secularización de la vida que comenzaron con el iluminismo( ... ) de ninguna manera han conducido fuera de la órbita de lo religioso... sino al contrario sólo a un cambio dentro del ámbito de la fe. En realidad, el hombre moderno se ha "apartado" (comillado nuestro) extremadamente de su religión originaria, pero ha caído en cambio en formas variadas y múltiples, en el dominio de los sucedáneos de la religión , se ha puesto al servicio, no de Dios, sino de un ídolo al que tributa culto y devoción" (Obra citada, pp. 170 171).
La doctrina bíblica nos permite ir más allá que estos filósofos y adelantarnos a prever el próximo paso, en que las religiones sucedáneas, de sustitución o criptoreligiones, quieran volver a revestirse del lenguaje y los simbolismos cristianos. Y hasta presentarse como la verdadera y auténtica presencia de Cristo.

El enfriamiento de la caridad


Lo característico de estos tiempos, según la Escritura, es el enfriamiento de la caridad (Mateo 24,12). Esto tiene lugar cuando Jesucristo ya no importa y el hombre impío (desde Judas a nosotros). Es capaz de cambiarlo por treinta valores, o por treinta ideas, aunque sean valores e ideas "cristianos". En esto descubrimos que Judas era un arquetipo. El prototipo de] discípulo que considera que lo que alguien le hace a Jesucristo derramar sobre él el perfume costoso es un derroche.
Cuando Cristo ya no cuenta como prójimo, ha tenido lugar el enfriamiento de la caridad de que habla Mateo y del que se queja San Pablo: “todos buscan su interés y no el de Cristo" (Filipenses 2,21). Cuando Cristo ya no cuenta como prójimo, ha habido enfriamiento de la caridad, aunque se esgrima el amor a los demás prójimos como pretexto. Precisamente, en sacar a Dios de su condición de prójimo, que él ha querido asumir al encarnarse, consiste la negativa a reconocerle su realidad y presencia: la negativa a creer.

Formas de apostasía


Existencialmente las causas y las formas de la apostasía son múltiples. Monseñor Galimberti ha esbozado una tipología en el estudio antes citado.
Históricamente, muchas veces la apostasía sobrevino a causa de la persecución. La cobardía ante la oposición desembocó en abandono de la fe, de la Iglesia y de Dios.
En la actualidad, a pesar de las metamorfosis de la persecución, ella sigue siendo muchas veces la causa de la apostasía. Hay una apostasía que podría llamarse juvenil, en la que predominan las causales de respeto humano. Hay una apostasía intelectual por conversión a las criptoreligiones científicas. La ambición profesional da lugar a veces a la apostasía de los profesionales, sobre todo de los que se mueven en ambientes donde no se reconocen los principios cristianos de conducta. Hay apostasías debidas al bienestar y al tren de vida de los ambientes sociales mundanos y adinerados. Así corro por el extremo opuesto, apostasías por rebeldía existencial, ante el infortunio, el venir a menos o la enfermedad.
Uno de los componentes de la doctrina sobre la apostasía es la vergüenza. Avergonzarse de Cristo y de su evangelio ante los hombres o de los que sufren por permanecerle fieles en un mundo adverso (Marcos 8,38; 2 Timoteo 1,8.12) es comienzo u ocasión de apostasía.

Cultura de la apostasía

Los creyentes vivimos inmersos en un mundo que viene apostatando desde hace cuatro siglos. En una cultura postcristiana y por lo tanto apóstata que viene creando refinados métodos e instrumentos de inducir a la apostasía. Métodos intelectuales, filosofías, supersticiones, múltiples sucedáneos para apartar del Dios de la revelación cristiana no sólo a las personas, sino a los pueblos, las naciones, estados y culturas. Esta cultura apóstata y apostatogénica está en condiciones de suministrar la apostasía indolora. Es capaz de ofrecer al que se aparta del culto cristiano verdadero, al que se aparta de la relación con Cristo y de la piedad y el amor cristianos, un certificado de autenticidad cristiana. Nada de traumas dramáticos, ni escandalosos.
Cuando la apostasía llega a suceder en esta forma anónima e imperceptible y a la vez masiva, creo que se impone el deber pastoral de poner sobre el tapete el tema de la apostasía. Y es eso lo que, dentro de mis modestas posibilidades, he querido hacer.

5. DOCUMENTO: Entrevista de César di Candia a Eduardo Galeano.


Publicada en el semanario Búsqueda Montevideo, Uruguay), Jueves 22 de Octubre 1987, página 32 33. El reportaje aparece bajo el título "Eduardo Galeano: Tengo fe en el oficio de escribir, la certeza de que es posible hacerlo sin venderse ni alquilarse". Transcribimos a continuación fragmentos.
-Yo te conozco a partir de tus veinte años pero no sé nada de ti de los veinte hacia atrás. Presumo, por lo que he oído, que no tuviste infancia muy feliz.
Te diría que no es cierto. En un librito mío que anda por ahí "Días y noches de amor y de guerra" hay algunas evocaciones de la infancia que no son tristes sino jubilosas. Yo tuve una infancia vulgar y silvestre, salvo el hecho de que fue muy marcada por el misticismo. Era un católico fervoroso y solía ir mucho más allá de lo que se suponía debía ser. Mis padres eran católicos los dos pero nunca pensaron que yo me lo iba a tomar tan en serio.
¿A qué se debía esa exacerbación religiosa?
Quizás a una necesidad de trascendencia, no sé bien a qué motivo. En la pared de atrás de mi cama se mezclaba la imagen de Jesús con la de los jugadores de Nacional y dentro de mí coexistían ambas pasiones. A veces, cuando todos dormían, me ponía a rezar sobre piedritas como forma de penitencia. En esa época yo estaba seguro que iba a ser cura. Lo curioso es que el mismo tiempo era un niño normalísimo. Futbolero como todos los niños uruguayos. Vivíamos en el barrio La Mondiola, una zona denominada así que quedaba entre Pocitos y el Buceo, más o menos donde está hoy Pocitos nuevo. Ahora está muy construida pero entonces tenía grandes espacios vacíos que eran de libertad y de combate porque andábamos siempre organizados en bandas y reventándonos a golpes entre nosotros.
¿Cuánto te duró la crisis mística?
Hasta los trece años. A esa edad perdí a Dios, como si hubiera tenido un agujerito en el bolsillo y se me hubiera caído. Sin embargo esa especie de búsqueda medio desesperada de respuestas para ciertas interrogantes siguió sobre todo en la adolescencia.
¿Hiciste la primera Comunión? Porque si voy a serte franco, no te veo con el trajecito azul y la cinta en el brazo.
Por supuesto, con mis dos hermanos. Además no fue solo una ceremonia ritual. Yo creía fervientemente en todo eso. Todavía me indignan las misas sin Dios, la gente que cumple con el ceremonial sin creer de verdad.
¿Colegio católico?
No. Fui al Erwy School hasta segundo año de liceo. Después no estudié más nada.
-En la época era el típico colegio de la burguesía.
-Mi hogar fue clase media venida a menos.
-Clase media tirando a un cuarto como dice Quino.
-Sí (se ríe). En casa había una situación económica mala, pero con algunos fulgores de viejos proceratos. Por el lado de los Hughes se supone que soy medio pariente de Leandro Gómez y por el lado de los Muñoz, se supone que soy medio pariente de Rivera. Mi familia era como una especie de museo de glorias pasadas. Sin ir más lejos el edificio donde hoy está el Museo Romántico ahí en la calle 25 de Mayo, era la casa de mis bisabuelos. Nunca quise volver a ella porque prefería guardarla dentro de mí tal como había quedado en la memoria. Un mundo de estatuas y gobelinos, una cama muy alta donde vi agonizar a mi bisabuela con rodajas de papas en la frente, que era lo que se usaba para el dolor de cabeza y la fiebre (se ríe).
El apellido Hughes siempre ha pertenecido a la más rancia aristocracia nacional.
Sí, pero papá venía de una rama pobre. En todas las familias hay árboles que tienen ramas más floridas que otras. Papá no tuvo económicamente mucha suerte. Yo alcancé a vivir algunos de los días más felices de mi infancia cabalgando en pelo por la estancia "La Paz" que había sido poderosa pero la que cuando la conocí no era más que un casco medio abandonado con una capilla a la que se entraba con una llave enorme. Yo iba a la capilla a escondidas y me quedaba horas recibiendo la luz de los vitrales y escuchando el canto de los pájaros en medio de los pastos que lo invadían todo.
¿Dónde quedaba la estancia "La Paz"?
En Paysandú, cerca del arroyo Negro. Era un viejo establecimiento familiar, ya en decadencia.
• Ni Dios, ni secundaría
-Me dijiste que abandonaste los estudios en segundo año de liceo.
-Empecé a trabajar. En realidad no me gustaba estudiar.
-Así que junto con la pérdida de Dios, perdiste contacto con la enseñanza.
Más o menos coincidió con un período de convulsiones, de cambios. Y empecé a trabajar. Trabajé en mil cosas. Fui mensajero, dibujante de letras, obrero en una fábrica de insecticidas, cobrador, taquígrafo.

Desacralización de la Familia

LA    DESACRALIZACIÓN    DE    LA    FAMILIA

En el mundo globalizado

P. Horacio Bojorge S.J.

2° Congreso Rioplatense por la Vida y la Familia,

Montevideo 13-14 agosto,2016

           

Me toca explicitar los implícitos. Todos aquí damos por entendidos supuestos religiosos. Es decir a Dios. No lo hemos nombrado, pero ahora es mi tarea de explicitar al Dios implícito.

Los puntos que pienso desarrollar en esta conferencia son

1-      Introducción: La desacralización de la familia.

2-      Las dimensiones divinas de la familia.

Según la Revelación: Santidad –Antiguo Testamento

                                                   Sacralidad – Nuevo Testamento.

3-      Lutero – negación del carácter sacramental y secularización del matrimonio

4-      La Religión del Progreso. Desacralización de las Ciencias del Hombre. Ejemplo Claudio Levy-Strauss .

5-      El Dios Pariente. La Religión es Parentesco.

6-      Conciencia de la desacralización.

7-      Suprema Epifanía de Dios está en  lo interpersonal  jen-jeséd  gracia-misericordiosa.

8-      Conclusión.                  

 

LA FAMILIA ANTE LA DESACRALIZACIÓN GLOBAL[1]

Horacio Bojorge

     Exordio

     Agradezco a los organizadores de este 2° Congreso Rioplatense por la Vida y la    

     Familia, la invitación a exponer al cierre del cuyo tema  ha sido: La Respuesta

     Ciudadana ante el Avasallamiento del Nuevo Orden Mundial.

 

Comparto plenamente las preocupaciones- y por qué no decirlo- las angustias que mueven y han movido a los organizadores de este Congreso, y de otros congresos en que he participado  y que son fundamentalmente las tres siguientes:

  1. Por un lado, la angustia ante la globalización y la aceleración vertiginosa del proceso de ruptura entre las visiones de la cultura dominante postmoderna por un lado, y la visión revelada por Dios de la que es depositaria la Iglesia católica por el otro. Ruptura caracterizada por una hostilidad cada vez más explícita y un antagonismo cada vez más tiránico, radical e intransigente, de parte de los estados modernos- o sea, en términos bíblicos, de los reyes y poderes de este mundo- los Herodes que procuran doblegar toda resistencia a sus arbitrios.
  2. Por otro lado, la preocupación por la defensa y la preservación de la identidad y de la vitalidad mística de la familia católica, sin la cual no puede subsistir, ya que sin el gozo del Señor no hay fortaleza. Vemos cómo el pueblo católico sitiado por un medio inicuo, se entibia en sus virtudes teologales, es víctima de un estado de confusión, deambula vacilante y confundido, pierde autoconciencia de identidad, se cohíbe, se avergüenza, vive de espaldas a la grandeza de su vocación y misión, privado de los consuelos del fervor que brinda la fe firme, la caridad ardiente, la alegre esperanza; privado también de estos bienes por el olvido de su misión histórica para salvación del género humano y por la consiguiente pérdida de su identidad.
  3. Y por fin, quizás lo más angustiante, la apostasía. Primero anónima y que tarde o temprano se hace manifiesta. Una apostasía cuyos signos son: la dramática infiltración de los criterios de la cultura dominante en la inteligencia de los bautizados. La existencia de un partido del mundo dentro de la Iglesia, que conglomera a los bautizados rebeldes a la disciplina, que se inventan a su gusto los sentidos de las Escrituras, pero lo disimulan con un comportamiento ambiguo e hipócrita infieles también a la Iglesia. Partido que recluta a un número creciente de bautizados, sin exclusión de eclesiásticos, quienes con medios y desde instituciones culturales católicas que fueron fundadas para defensa y propagación de la fe, se ocupan en demolerla convencidos de que, haciéndolo, sirven a Dios.

Estamos viendo el fenómeno de la sal que pierde el sabor y de la luz que se vuelve mortecina. Sal y luz, no actúan por la palabra, sino por la sola, pura y mera presencia. En vano se renovarán nuestros discursos, cambiaremos los paradigmas, y nos daremos contra los poderes políticos si desaparecemos como realidad de gracia en el mundo. Por el contrario, existiendo nosotros como luz y sal, es decir como realidades divinas, como hijos  de Dios auténticos, por sí solas se derrumbarán las murallas de Jericó y las fortalezas.

 

Como estudioso de las Sagradas Escrituras, lo que se puede esperar de mí y lo que me ha sido dado para aportar aquí, al cierre de las antecedentes exposiciones, son algunos principios bíblicos- llamémosle de teología bíblica- para la profundización creyente que nos permita entender mejor la naturaleza, la esencia espiritual de este fenómeno histórico actual del avasallamiento de la familia que nos preocupa y nos congrega.

La teología de la liberación intenta algo semejante al recurrir a las Sagradas Escrituras para fundamentar sus reflexiones. Pero sus autores se aproximan a la Sagradas Escrituras desde el modo protestante de la libre interpretación de la Escritura, lo cual los deja a merced de sus propias categorías de pensamiento propias pre bíblicas,  ideológicas y por fin político-partidarias.

Al respecto dijo el rabino Abraham Heschel a un grupo de teólogos en una conferencia que dictó sobre el futuro de la teología: “siempre me ha resultado intrigante lo muy apegados que parecen estar ustedes a la Biblia, y cómo la manejan  luego  igual que los paganos. El gran desafío para aquellos de nosotros que queremos tomar la Biblia en serio, es dejar, que nos enseñe sus categorías eclesiales propias; y después, pensar nosotros con ellas, en lugar de pensar acerca de ellas.”[2]

 

Algo de eso es lo que deseo e intento brindar hoy en esta exposición, al enfrentarme al drama nos abruma, y en la esperanza de que pueda iluminarnos los caminos de la acción. ¿Podríamos intentar entender la verdadera naturaleza espiritual de la guerra legal y cultural contra la familia entendiéndola con las categorías bíblicas? ¿Podríamos entender el sentido histórico y salvífico de lo que nos sucede en nuestras familias?

 

Debo limitarme a escoger algunas de esas categorías bíblicas o verdades reveladas por Dios en las Sagradas Escrituras, que me han iluminado a mí personalmente; algunas de las cuales he ido meditando, madurando y exponiendo en algunas conferencias y escritos.

Las familias que tengo principalmente en vista al considerar este tema son las familias católicas. Me refiero prioritariamente a ellas porque es a ellas a las que apunta y las que motivan el avasallamiento de la familia también en el puro orden natural. Si ellas se extinguieran todas, las victorias legales habrían sido en vano.

       Es por ello que estimo que a lo que deberíamos atender y tender prioritariamente, es a preservar las familias católicas existentes y en germen. Sustraerlas en todo lo posible al estado bulldozer moderno que arrasa con la institución en sí.

       No es que limite mi atención a la familia católica lo que, por otra parte es un bien cada vez más escaso, o una especie en peligro en extinción; sino  que lo hago conforme a aquello de san Pablo: “Así que mientras tengamos oportunidad, hagamos el bien a todos, pero preferentemente (málista) para que los habitantes en la familia de la fe(pro tous oikéious tês  písteos, literalmente: los que habitan en la misma casa de la fe)[3].

       Dios nos revela en las Sagradas Escrituras  su proyecto acerca de la familia. Abraham fue elegido como padre de un pueblo cuya destinación era la salvación y la bendición de todas las naciones. Esa intención divina se prolonga en Cristo, hijo de Abraham e hijo de David, heredero de todas las promesas, y en la Iglesia católica, Cuerpo místico de Cristo, presente en la historia y copartícipe en las persecuciones del mundo. Lo que más sirve a la sociedad y a la Humanidad es la salud del Cuerpo místico de Cristo. La salud de los matrimonios católicos y de cada familia católica. Ese óptimo de salud, que se realiza en y por la optimización del orden sacramental: el culto eucarístico y el culto matrimonial.

 

 

 

1.2.  La familia ante la desacralización global

Juan Pablo II y Benedicto XVI ante el secularismo

El título de  mi conferencia: “la familia ante la desacralización global”, sugiere ya que entiendo que la familia católica es una Institución religiosa, santa, sagrada. Los últimos papas lo vieron venir y lo señalaron. Ya en la Carta Apostólica Tertio Millennio Adveniente, Juan Pablo II había advertido que la confrontación con el secularismo era el primero de los dos compromisos ineludibles y el principal al ingresar en el Tercer Milenio[4]. (El otro es la relación con las demás religiones).

 

Benedicto XVI retomó esa consigna y la hizo propia en el plano de la familia que nos ocupa. En un discurso al Pontificio Consejo para la Cultura[5] dijo en marzo de 2008, retomando pensamientos expresados en su discurso en la Sorbona y en el que destinaba a la Sapienza:

 “La secularización, desacralización que se presenta en las culturas como planteamiento del mundo y de la humanidad sin referencia a la trascendencia, invade todo aspecto de la vida cotidiana y desarrolla una mentalidad en la que Dios  está de hecho ausente en todo o en parte, de la existencia y de la conciencia humana.

Esta secularización, desacralizadora no constituye sólo una amenaza externa para los creyentes, sino que se manifiesta, ya desde hace tiempo, en el seno mismo de la Iglesia. Desnaturalizada desde dentro y en profundidad la fe cristiana y, en consecuencia, el estilo de vida y el comportamiento diario de los creyentes. Ellos viven en el mundo y frecuentemente están marcados, si no condicionados, por la cultura de la imagen que impone modelos e impulsos contradictorios, en la negación práctica, de Dios: ya no hay necesidad de Dios, de pensar en El y de volver a El”.

“La consecuencia [de este extendido fenómeno] ha sido que el hombre contemporáneo tiene con frecuencia la impresión de no necesitar ya a nadie para comprender, explicar  y dominar el universo; se siente el centro de todo, la medida de todo.”[6]

Estas palabras de Benedicto XVI nos amonestan a que, cuando pensamos en una respuesta ciudadana al avasallamiento de la familia, pongamos en primer lugar la defensa de los vínculos que unen a Dios con la familia y a la familia con Dios. Porque o bien nuestra respuesta a la violencia global contra la familia es religiosa,  es respuesta de fe, y la dan familias creyentes, o bien no es respuesta eficaz, sino reacción ciega y por eso ineficaz. Sabemos que la reacción  del débil ante el poderoso en términos puramente civiles, sirve a los fines del poderoso y refuerza las cadenas del débil. Dicho en lenguaje revelado “Sin mí nada podéis hacer”[7]. Y, por el contrario: “todo lo puedo en aquel que me robustece”[8].

 

1.3.  Una encrucijada dramática

Como lo formuló ya hace años el entonces Cardenal Joseph Ratzinger en el Informe sobre la Fe nos encontramos en una encrucijada y ante una dramática diyuntiva: “O la Iglesia- decía- encuentra un camino de acuerdo, un compromiso con los valores aceptados por la sociedad a la que quiere continuar sirviendo o decide mantenerse fiel a sus valores propios(valores que a su entender son los que tutelan las exigencias profundas del hombre) y entonces se encuentra desplazada respecto de la sociedad”[9].

       La alternativa que planteaba el Cardenal, nos exige pensar si la manera de continuar sirviendo  la sociedad es asimilarnos a ella a costa de nuestra identidad creyente [camino que ha llevado a tantos bautizados a la apostasía], o caer en la cuenta de que el modo de servir a la humanidad que ejercitó la Iglesia durante siglos fue precisamente, ser fiel a su identidad. Hijos de Dios, Esposa de Cristo, y que eso debe ser para nosotros el ejemplo a seguir hoy, aún a costa de vernos desplazados de la sociedad, pero la fuente de nuestro vigor y acción salvífica.

        En otras palabras, o damos una respuesta religiosa a la violencia globalizada contra la familia o pactamos un inconsciente compromiso con el enemigo al aceptar sus principios tácitos y asumimos también nosotros, sin advertirlo, un ateísmo práctico, al asumir su antagonismo.

       Al decir de San Ignacio de Loyola, los males espirituales, reclaman remedios espirituales. Y los ataques al espíritu de la familia reclaman remedios espirituales, y esos son los que Cristo nos dejó en los sacramentos. En ellos Cristo sigue ejerciendo una acción intrahistórica no desdeñable y sin embargo frecuentemente desdeñada en el último medio siglo.

      

       Por eso deseo exponer aquí que, según la revelación judeo-cristiana, Dios es miembro de la familia y que la familia es una realidad santa, más aún: sagrada o sea divina. Y que es consecuencia de la aversión a Dios y su obra intrahistórica. Lo que se hace a la familia se le hace a Dios y viceversa.

 

1.4. Familia y desacralización

Me acerco así al punto focal de esta conferencia. Tratar de la familia como víctima de un ataque desacralizador; más aún víctima de un avasallamiento consumado, supone que es una realidad sacra, y aconseja empezar mostrando cómo y en qué sentido es sagrada. De lo contrario no tendríamos una brújula para nuestra inteligencia que nos permita enfilar a responder el avasallamiento consumado, con una re-consagración o dicho más enérgicamente, con una re-consacralización de la familia.

Conviene pues ubicar la familia, y también a sus adversarios en su marco escriturístico, ya que en las Sagradas Escrituras encontramos la revelación divina acerca del hombre, - de su origen santo y de su meta sagrada -, y consecuentemente, encontramos en ellas, la revelación acerca del carácter inicialmente santo y finalmente sagrado de la familia humana, tanto considerada en general, atinente a la familia en su estado caído y corrupto, como en su santificación inicial en el Pueblo de Israel y por fin en su sacralización en la Iglesia.

Esas son las categorías que debemos instalar en nuestra mente para pensar con ellas, pero también las resistencias a esta acción.

       Contra esa visión insurgen las visiones ateas, naturalistas del ser humano y la familia, de las cuales tomaré como modelo la del antropólogo atea Claude Lévi- Strauss, a la que quiero referirme en cuanto me lo permita el tiempo.

 

       Hay pues que advertir que desde el punto de vista de la santidad y sacralidad de la familia, debemos distinguir dos estados o formas de santidad de la familia bíblica. Una es la santidad de la familia en el Antiguo Testamento, y otra su sacralización  por Cristo, en el Nuevo. Según la ley hermeneútica que rige la relación entre ambos Testamentos, podemos afirmar que la familia del Nuevo Testamento estaba oculta en la del Antiguo y la familia del Antiguo Testamento alcanza su plenitud en el Nuevo.

 

Pero tanto la una como la otra, están destinadas a la salud de la familia humana entera “En tu simiente serán bendecidos todas las familias corrompidas de la tierra”[10]. El que te bendiga será bendito. Pero desde ya se  previene que habrá quien la maldiga también.

 

2. LAS DIMENSIONES DIVINAS DE LA FAMILIA SEGÚN LA REVELACIÓN BÍBLICA. SANTIDAD Y SACRALIDAD.

 

2.1. La santidad del matrimonio y la familia en el Antiguo Testamento

Ante todo definamos la santidad. Santidad es un atributo divino resultante de la conjunción de otros dos atributos: su lejanía de su trascendencia, omnipotencia, eternidad, etc. y la cercanía que su condescendencia genera por el amor expresado en la Alianza.

       El motivo por el cual en el Antiguo Testamento, la familia es santa, es porque Dios es un miembro de la estructura de parentesco de la familia patriarcal y por lo tanto del clan y del pueblo de la Alianza, en la plenitud de sus doce tribus.

       Dios entra en relación de parentesco con los patriarcas por el establecimiento de una Alianza. Y se comporta como verdadero pariente, asumiendo y cumpliendo los  deberes de protección y providencia de un buen pariente. Yahveh es no solamente el Dios de los Padres, sino el pariente divino. Es, literalmente: el “Pájad Itzjaq” el “Pariente de Isaac”[11].

La santidad de Dios es la iniciativa amorosa que lo aproxima, lo hace prójimo de Abraham. La respuesta a la iniciativa divina: es su santidad.

 

       En el Antiguo Testamento la motivación a la santidad de la familia, la expresa el Levítico 20,26 en su Código de Santidad en estos términos: “Sed santos porque yo Yahveh, vuestro Dios, soy santo”. La santidad consiste en esta pertenencia  recíproca que es la del parentesco de Alianza: “Soy vuestro Dios, sois mi pueblo, eres nuestro Dios, somos tu pueblo”. “Él es nuestro Dios, a Él pertenecemos”[12].

En esta visión, el matrimonio entre los miembros del pueblo de Dios, es una realidad religiosa porque el amor humano es una imagen y semejanza  del amor divino y porque de él  nacen los hijos de la Promesa. La Promesa se le hace a los Patriarcas y se cumple en el vientre de las Matriarcas.

 

       Hablando en general de los vínculos de parentesco, se reconoce en ellos dos tipos o formas: de alianza o de sangre. Ahora bien, el parentesco establecido por alianza es la fuente de todo vínculo de parentesco de sangre.

La alianza es la forma de parentesco que se entabla libremente. Mientras que el vínculo de sangre precede a la libertad, se le impone biológicamente, como a los animales que no son libres. El vínculo de sangre entre humanos reclama ser asumido porque puede ser negado o rechazado. El parentesco de Alianza es, por el contrario, libre;  y es el vínculo espiritual, voluntario y libre más adecuado a la condición de los seres libres y espirituales. Es el parentesco humano por excelencia. Y el vínculo religioso en Israel y la Iglesia es un vínculo de parentesco.

A esta luz toda apostasía es ruptura de Alianza es “divorcio”  de Dios.

 

       Por la Alianza con Abraham y su descendencia, Dios se ha hecho por amor, libremente, miembro de la familia, del clan, de la tribu y del entero pueblo de la Alianza. Pero esta Alianza está atada todavía, de alguna manera, a la descendencia según la sangre, pero no es suficiente. El pueblo entero ha elegido hacerse pariente de Dios por Alianza pero ha de renovar su Alianza de generación en generación[13]. Para los hijos de Israel, la Alianza es revelación del Pariente divino: “No temas, gusanito de Jacob, oruga de Israel, yo te auxilio, oráculo de Yahveh, y tú Go´el [tu pariente fuerte y auxiliador] es el Santo de Israel”[14].

 

       El Cantar de los Cantares, supone la visión bíblica de la Alianza, como epifanía de amor, ya sea divino, ya sea humano, y enmarcándose en la tradición profética, considera el matrimonio de Dios con su pueblo como análogo a la Alianza esponsal, celebra el amor entre hombre y mujer, como una centella o llamarada, desprendida del fuego del amor divino[15].

 

Serios trabajos arqueológicos e históricos, como los de W. F. Albright  y R. De Vaux[16], nos permiten afirmar con plena verdad y fundamento, que son rasgos propios, distintivos de la religión bíblica:

1°) Considerar al Dios del Padre como un Dios-pariente, el primero y máximo Goel de todo el pueblo.

2°) Ver una Epifanía de Dios en las relaciones de parentesco y en los términos de alianza de parentesco. Podríamos decir: santificar la esfera familiar. Más aún, la esfera de lo interpersonal.

3°) Considerar que el Dios pariente o Go´el asegura con sus promesas  y con su Auxilio, tanto la descendencia como el alimento, primero del clan y más tarde del pueblo entero, convertido en nación. Esta fe patriarcal perdurará, como veremos a continuación, tanto en la Ley como en los Profetas o Salmos.

 

2.2. La sacralidad del matrimonio y  la familia en el Nuevo Testamento

El motivo por el cual la familia en el Nuevo Testamento es no solamente santa sino, aún más, sagrada, es, en cierto modo inversa. En el Nuevo Testamento ya no se trata de que Dios sea un miembro del clan humano, sino que ahora son los hombres  quienes pasan a ser admitidos como miembros de la familia divina por una gracia de divina regeneración. Pasan a ser hijos de Dios, hermanos menores de Cristo, y todos ellos, como humanidad llamada, Iglesia, son la Esposa del Verbo.

       En efecto, Jesucristo enseña que los hombres, al acceder a la condición de hijos de Dios, entran a formar parte del Nosotros divino. “Que sean uno como nosotros somos uno” “El que a vosotros desprecia a mí me desprecia y el que me desprecia a mí, desprecia al que me envió”.

       El que toca a un miembro de nosotros toca toda la red de relaciones internas al Nosotros divino humano. Un Nosotros divino que comienza ahora a abarcar en su ámbito de comunión de vida y pertenencia amorosa a todos los que creen y viven como hijos de Dios. Se amplía así el Nosotros y empieza a ser un Nosotros Divino-humano.

       Pero a la luz de esta visión, el avasallamiento de la familia es una agresión contra Cristo mismo y contra Dios Padre. Es la rebelión contra el Padre.

Estamos ante un hecho de naturaleza religiosa.

 

       Desde Cristo y de la vocación de los primeros discípulos, los hombres ingresan en el parentesco divino al ingresar en la comunión trinitaria.

       La consecuencia para la realidad matrimonial- que une dos hijos de Dios en  amor esponsal- es que su amor, ya no es solamente una flecha encendida, o una centella desprendida del fuego celestial, o una llama del amor divino que incendió dos corazones humanos- al decir del Cantar de los Cantares- sino que es algo aún más sagrado a lo que se llamará: sacramento.

       Este tipo nuevo de matrimonio, entre dos hijos de Dios, funda un nuevo tipo ideal de familia: la familia católica fundada por un matrimonio sacramental. No hay arma más poderosa y divina contra el ataque a la familia por la desacralización que su resacralización por la vida matrimonial sacramental.

 

2.3. Lutero y la desacralización

Hablo siempre de familia católica, y no familia cristiana, porque Lutero no lo vio así, ni lo sigue considerando así su posteridad espiritual de cristianos no católicos o de bautizados que no viven como hijos[17]. La desacralización comienza con el Reformador y continúa con las comunidades evangélicas de la Reforma Luterana, Calvinista , etc.

       Lutero, por negarle carácter sacramental al matrimonio, abre el camino al proceso de desacralización y secularización del matrimonio y la familia que estamos viendo culminar en nuestros días y culminó en el divorcio civil.

 

“Es con Lutero, y más en general, con la Reforma – se ha afirmado fundamentalmente- que, dos siglos antes del desencadenamiento de la furia de las revoluciones burguesas contra lo sagrado, comienza la desacralización y secularización de la familia. Las consecuencias jurídicas de la doctrina de Lutero acerca del matrimonio se han visto solamente doscientos cincuenta años más tarde.  Es también con Lutero, -que motejaba a su mujer como “la doctora Catita” -, que comienza la transferencia de las responsabilidades educativas de los hijos, de manos del padre a las manos de la madre”. En efecto, a partir de entonces reducirá su rol a lo económico [alimentación y provisión de servicios] y comenzará el progresivo debilitamiento de la cultura paterna y de la patria potestad.

 

Se ha señalado también cómo: “la Reforma protestante tuvo un rol determinante en promover el debilitamiento conjunto de la figura paterna tanto humana como divina, y en preparar la deriva secularista de la familia. La Reforma introduce la separación entre el Reino de Cristo y la sociedad humana al relegar la institución matrimonial al ámbito de lo exclusivamente civil y terreno. Con Lutero, el matrimonio sale del ámbito jurídico del reino espiritual y es entregado al orden del mundo secular, sometido al ordenamiento jurídico civil”[18].

Es una dramática obnubilación que impide  ver la sacralidad de la cultura católica, y de la verdad del matrimonio entre bautizados.

 

Se puede afirmar que la doctrina de Lutero sobre el matrimonio abrió la puerta a la ulterior estatización de la patria potestad, que hasta entonces reposaba en la relación religiosa del padre terreno con el Celestial. Uno de los factores más fatales de la desacralización de la familia es el eclipse de la figura paterna, la desaparición del varón paterno, que es  reflejo terreno de la figura del Padre celestial[19] .

 

En este sentido, la respuesta al avasallamiento de la autoridad paterna, sólo puede ser fáctica, restauradora, repicando el individuo la fórmula bíblica y eclesiástica.

 

Lutero afirma, que todo lo relativo al matrimonio y la familia es del resorte de los juristas y es de orden mundano y, en consecuencia, que el divorcio tampoco atañe a la Iglesia sino al estado. Puesto que el matrimonio es un asunto mundano, exterior, como lo son la mujer, la casa, los hijos, la hacienda y todo lo demás, está sujeto a las autoridades seculares y sujeto exclusivamente a la razón[20]. El lógico resultado de esta visión secularizada de la institución matrimonial, cuyo carácter sacramental es negado, es que, en nuestros días, la vemos librada a un derecho positivo independizado de la ley natural.

GK Chersterton vio claramente que el divorcio era el arma del estado contra la familia para tener delante de sí solamente individuos e individuos indefensos.

 

3. LA DESACRALIZACIÓN DE LA FAMILIA

EN LA RELIGIÓN DEL PROGRESO

Hemos visto lo que implica la visión religiosa del matrimonio según la revelación divina en el Antiguo y en el Nuevo Testamento. Y porqué  el matrimonio es santo en aquél y sagrado en éste.

 

3.1. La religión irreligiosa

Veamos ahora cuál es la visión del matrimonio en la religión secularizada y desacralizada, es decir, en la religión irreligiosa.

Lo que esta visión propone es la desvinculación de todo vínculo con Dios, de los lazos esponsales; y en consecuencia de todos los demás lazos de parentesco derivados de la alianza matrimonial.

Según esta visión, no tiene sustento objetivo afirmar que haya relaciones objetivas “entre los hombres y Dios”, ni se reconoce la existencia objetiva de un Dios “vincular y vinculador”. Es pues una visión atea práctica y teóricamente.

      

       La consecuencia es que todo lo relativo al matrimonio y a la familia se reduce a vínculos interhumanos; que, perdido su sustento divino, objetivo, sobrehumano; esos vínculos son amenazados, erosionados, deteriorados, y a veces enteramente devorados por el remolino subjetivo de las pasiones incontroladas: del amor propio.

       Sucede así que los vínculos de amistad matrimonial o de parentesco, son transmutados en vínculos de dependencia o de dominación.

       Como ejemplo de esta visión tomo la de Claude Lévi- Strauss en su “La estructura elemental de parentesco”.

 

4.- CLAUDE LÉVI-STRAUSS: INTENTO DE CONVALIDACIÓN ACADÉMICA DE UNA ANTROPOLOGÍA DESACRALIZADA

Voy a referirme ahora a la teoría de Claude Lévi-Strauss acerca de la estructura elemental del parentesco, porque es un intento de convalidar académicamente el proceso de desacralización, de profanización, de profanación de los vínculos matrimoniales y de su consiguiente reducción naturalista.

       Claude Lévi-Strauss enseñó Antropología social en la Sorbona y se ha dicho de él que fue autor “de la filosofía más rigurosamente atea de nuestro tiempo”[21].

 

4.1. El origen de la sociedad y la estructura elemental del parentesco

Excluido por principio todo dato revelado acerca del origen de la sociedad humana, Claude Lévi-Strauss buscó ese origen de la sociedad humana y creyó haberlo encontrado en la estructura elemental del parentesco.

       Su enfoque de la estructura elemental del parentesco que, según él, marca, en su origen, el pasaje del ser humano desde el estado de naturaleza al estado de sociedad, ignora totalmente cualquier origen ni arquetipo divino, ya sea para la alianza matrimonial, ya sea para las relaciones de parentesco.

       No hay lugar, en su pensamiento, para que pueda existir objetivamente un nosotros humano-divino o divino-humano como sucede en la revelación bíblica. Su visión de lo social descarta totalmente este hecho y sólo considera relaciones entre seres humanos. No puede haber sociedad entre Dios y el hombre.

 

4.2 La estructura elemental del parentesco: origen de la sociedad humana

Intentaré resumir aquí lo que dice Claude Lévi-Strauss acerca de las estructuras elementales del parentesco[22].

 

El punto de partida de los estudios de Lévi-Strauss es la prohibición universal del incesto en todas las culturas. “Es conocida-dice- la función que la prohibición del incesto cumple en las sociedades primitivas. Al proyectar- si cabe decirlo así- las hermanas y las hijas fuera del grupo consanguíneo y asignarle esposos provenientes de otros grupos, anuda entre estos grupos naturales,  vínculos de alianza que son los primeros que pueden calificarse de sociales[23] . La prohibición del incesto funda de esta manera  la sociedad humana y es, en un sentido la sociedad”[24]. Esta prohibición obliga a que se tome pareja fuera de las relaciones de consanguinidad. Y en consecuencia, impone la relación de alianza entre no consanguíneos. Esto tiene consecuencias a la hora de determinar cuál sea la estructura elemental y más simple del parentesco.

       Podría imaginarse que se considerara como tal a la terna padre, madre, hijo. Pero a esta terna elemental le falta todavía una terna constitutiva, la del hermano de la madre, el cuñado o tío materno. La alianza esponsal supone o deriva de una alianza anterior, la alianza interfamiliar.

Claude Lévi-Strauss afirma que: “El carácter primitivo e irreductible del elemento de parentesco tal como lo hemos definido [cuñado-esposos], resulta, en efecto, de manera inmediata, de la existencia universal de la prohibición del incesto. Esto equivale a decir, que en la sociedad humana, un hombre únicamente puede obtener una mujer de manos de otro hombre, el cual la cede bajo forma de hija o hermana. No es necesario,  pues, explicar cómo el tío materno hace su aparición en la estructura de parentesco: no aparece sino que está inmediatamente dado: es la condición de esa estructura”[25].

 

Esta estructura reposa a su vez en cuatro términos (hermanos, hermanas, padre, hijo) unidos entre sí por dos pares de oposiciones correlativas y tales, que, en cada una de las dos generaciones implicadas, existe siempre una relación positiva y otra negativa. Ahora bien ¿qué es esa estructura y cuál puede ser su razón? La respuesta es la siguiente: esta estructura es la más simple estructura de parentesco que puede concebirse y que puede existir. Es hablando con propiedad ´el elemento de parentesco´.

 

       En apoyo de esta afirmación Lévi-Strauss aduce un argumento de orden lógico: para que exista una estructura de parentesco es necesario que se hallen presentes los tres tipos de relaciones familiares dadas siempre en la sociedad humana, es decir, una relación de consanguinidad, una  de alianza y una de filiación: dicho de otra manera, una relación de hermano a hermana, una relación de esposo a esposa y una relación de progenitor a hijo.

 

5. EL DIOS PARIENTE: EL ORIGEN DIVINO-HUMANO

RELIGIOSO DE LA SOCIEDAD…

Claude Lévi-Strauss se ha preguntado sobre la estructura elemental del parentesco tal como de hecho se encuentra en las diversas culturas. Como antropólogo había investigado numerosos pueblos aborígenes en Brasil y lejano oriente.

       Pero no se ha adentrado en lo que en esas culturas, de manera particular en las bíblicas, forma parte de la vivencia del parentesco con Dios.

       Claude Lévi-Strauss ha omitido tomar en consideración una pregunta que el autor bíblico inspirado y su público sí se han planteado como ineludible y lo es para cualquier hombre sencillo pero no tonto.

 

5.1. Dios pariente en el principio

El autor sagrado, en vez de plantearse la pregunta acerca de las estructuras elementales del parentesco, se ha preguntado sobre su origen. Esto es: en un principio, cuando no había un cuñado ni un suegro humano para recibir de él una esposa, el primer hombre tuvo que recibir su mujer de Dios, y por lo tanto, Dios actuó, en un principio, en el lugar de un suegro o de un cuñado. Dios es pues un proto-pariente del hombre.

       Para el hombre bíblico, ya en el acto de la creación, el Dios Creador establece la primera relación, a la vez religiosa y social con Adán, dándole a Eva como mujer.

Para el hombre bíblico la primera sociedad no es, pues, una sociedad entre hombre, ni siquiera entre esposos, sino una sociedad religiosa, es decir humano-divina: de Adán con Dios. De esa relación religiosa toma origen  la sociedad esposal primero y la sociedad humana después.

La relación religiosa Dios- Adán es anterior a toda otra superviniente relación interhumana. Y por eso, Dios podrá regular, mediante la ley, la relación del hombre con su mujer, y el hombre no tendrá sobre ella una potestad incondicionada, sino regulada por la ley divina.

 

5.2. La Religión como fuente de toda sociedad

       Según el epos de la revelación bíblica (narración épica sobre los orígenes) al comienzo del libro del Génesis, la primera relación interpersonal del hombre varón es con Dios. Ésa es su primera relación y ella hace posible  su relación esponsal, que es, a su vez, fuente de las demás relaciones de parentesco. El origen de toda relación de parentesco es la relación religiosa.

       Esto tiene consecuencias que me parecen claras a la luz de lo que Mircea Eliade- el preclaro investigador de las religiones- comprueba que es el rol de todo relato de los orígenes en la organización de la existencia del hombre, de todo epos-es decir relato épico de los orígenes- como fundamento de todo ethos, es decir: arquetipo de la conducta o comportamiento  humano.

       El vínculo religioso, afirma Mircea Eliade, no es algo prescindible y adicionable a una realidad social, familiar, matrimonial naturales preexistentes (como se desprendía de la visión o mejor dicho la mancha ciega en el ojo científico de Claude Lévi-Strauss).

       El vínculo religioso es el vínculo fontal y sustentador de toda la red de relaciones de parentesco y sociales de la humanidad.

       El vínculo primordial de Adán con Dios es el vínculo fontal, que posibilita el surgimiento y la permanencia de todos los demás vínculos, empezando por el vínculo esponsal con Eva, del que se origina la sociedad humana.

       El hombre es un ser social, porque es un ser religioso. Y si deja de ser religioso dejará de ser social.

       En la concepción del autor bíblico inspirado- y por lo tanto, según el mensaje divino revelado acerca de la verdad de Dios y el Hombre- atentar contra la relación humano divina de Adán con Dios, y aun solamente el hecho  de prescindir de ella, equivale a atentar no solamente contra la vinculación religiosa del hombre con Dios, equivale a quitarle el origen y el fundamento al amor matrimonial y a la amistad social; equivale a atentar contra la existencia  misma de la Humanidad como sociedad.

       Pretender desacralizar el matrimonio y la familia equivale a procurar la abolición del hombre; porque una vez abolida la red de relaciones familiares, el individuo ya no sabe quién es.

 

6. –CONSECUENCIAS DE LA DESACRALIZACIÓN DE LAS CIENCIAS FAMILIARES Y DE LA ACCIÓN SOCIAL Y POLÍTICA (ATEÍSMO PRÁCTICO)

6.1. Primera consecuencia es que la visión bíblica de la relación solidaria y fraterna entre creaturas, entre miembros del pueblo de la Alianza,- entre hermanos, por ser hijos de un mismo Dios Padre-, es suplantada por la dialéctica, hegeliana, del amo y del esclavo.

       Esta invade todas las relaciones humanas, creando oposición entre varón y mujer, padres e hijos, razas, clases sociales, ricos y pobres, naciones entre sí y estados contra su propia nación, etc. etc. Se sustituyen los vínculos de amor, de comunión y de solidaridad, por grillos y cadenas que los hombres se sacuden de encima. Homo hominis lupus: el hombre es el lobo para el hombre.

       El hombre de la cultura “ desacralizada”, -que sin embargo se ha resacralizado subrepticiamente a sí mismo comportándose como si fuera Dios-, por su exaltado amor propio- convierte inevitablemente la convivencia humana en una Teomaquia , es decir, en una guerra entre dioses.

       Procede de y conduce inevitablemente a, la rivalidad y a la guerra entre el hombre y la mujer, entre esposo y esposa. De allí se sigue la abolición de la familia, la lucha entre las razas, entre los pueblos y naciones: la irreconciliación universal, que sólo podría conjurarse si se aceptara la oferta de reconciliación con Dios en su Hijo[26].

       Se asiste así a la progresiva disolución y desaparición de los vínculos libremente contraídos. La disminución de la libertad interior de los individuos, -por la que dejan de ser dueños de sí mismos, y los somete a pasiones cambiantes-, los torna incapaces de un compromiso fiel y duradero para toda la vida. Los hombres se van solitarizando y caen,- por vivir en un estado de indefensión que solamente podría brindarles una familia-, bajo todas las esclavitudes: sociales, políticas, económicas, culturales, pasionales, adictivas.

6.2. La pérdida de identidad del individuo

Otra consecuencia de la disolución del vínculo matrimonial por el divorcio- y de la confusión de los vínculos de afecto que acarrea la sobreposición de las alianzas maritales-, es causa de la pérdida de identidad de los individuos.

       Antoine de Saint-Exupéry, intuyó y expresó poéticamente lo que afirma la antropología cuando dijo “el hombre no es más que un nudo de relaciones”[27]

       Recuerdo la pregunta de un niño pequeño a su mamá, cuando ella le explicaba el nuevo matrimonio de su padre: ¡Ah ¿entonces tengo dos mamás?!

 

       Nuestra posición en el entrecruzamiento de una red de relaciones familiares es fundamental para nuestra identidad: soy hijo de fulano y mengana, sobrino de tal y tal, nieto de tales, primo. . .

       Los estudios antropológicos muestran que: “El sistema de parentesco hace que el sujeto reconozca su propia identidad simultáneamente al reconocimiento de su relación con otros. […] Para un sujeto humano, quién sea él es algo de lo que tiene noticias junto con y simultáneamente a las relaciones que mantiene con otros. […] Si el parentesco no formara un sistema [ o si el sistema se fragmentara como sucede a causa de los divorcios y nuevos matrimonios] las piezas serían independientes entre sí, no tendrían relación unas con otras y el sujeto se vería a sí mismo, vería su propia identidad, como rota en trozos, incomunicables entre sí”[28].

 

6.3. Las adicciones

Estoy persuadido que en la esclavitud de las adicciones es posible ver el sucedáneo de la libre adhesión amorosa. Un placebo que ofrece el demonio a la ansiedad que suscita la carencia de amor y la incapacidad para amar. Las adicciones serían así un chupete para calmar la ansiedad, el hambre amorosa dentro de un sistema cultural en que los hombres han caído a la condición de abandónicos-abandonadores.

 

6.4. Religión irreligiosa : la autodivinización del hombre

Luego de mostrar por qué  y en qué sentido se llama religiosa, santa o sagrada a la familia creyente en el Antiguo y el Nuevo Testamento y de enunciar tres consecuencias de la acción desacralizadora , llega el momento de insistir en la necesidad de  despejar el equívoco que produce usar la palabra desacralización, de la que sin embargo resulta difícil prescindir debido a que se nos ha impuesto por un uso generalizado.

       Y, sin embargo, son muchos los que han observado que las palabras desacralizada, secularista, laicista, sirven al encubrimiento de la verdadera naturaleza del fenómeno cultural y social al que se aplican.

       En efecto, encubren el hecho de que el fenómeno que se presenta y actúa como irreligión, ¡es de naturaleza religiosa!.

       Las designaciones corrientes nos encubren que estamos ante un hecho religioso, ante una religión-irreligiosa o antirreligiosa. La irreligión es la religión  del hombre que insurge contra Dios y usurpa la condición divina.

Una religión, por otra parte tan vieja como la religión bíblica.

 

6.5. Estamos ante la divinización del Hombre

Tenemos, en la revelación del Antiguo y del Nuevo Testamento, las enseñanzas que permiten conocer su verdadera índole religiosa. Se trata de una tentación eterna de la humanidad, que ya que tiene su principio en el: “Seréis como dioses”[29] que se le propuso a Eva.

 

6.6. Desacralización: Profanación y Trans-sacralización

Lo que opera esta cultura adveniente es una guerra de religión, aunque no declarada. Una persecución, en gran parte disimulada e hipócrita. Una guerra con armas no convencionales, secreta, camufladas en un lenguaje ocultador.

       Lo que se presenta como desacralización, como un despojo de la condición sagrada es, fue, en realidad, una sacralización, es decir una divinización de la realidad humana.

Estamos ante un proceso de apostasía que regresiona hacia la idolatría. Al divinizar al hombre, en realidad, lo que sucede es que, en primer lugar se lo deshumaniza, porque se le arrebata la imagen y semejanza divina. Se lo sustrae a su constitutiva relación con Dios. Y en segundo lugar se lo demoniza, porque se lo arroja a la condición de imagen y semejanza de Aquél Ángel Rebelde que, desde el principio, se sustrae a la sujeción a todo poder superior a sí mismo.

 

En resumen: lo que intenta operar este proceso no es propiamente una “desacralización”, sino una “trans-sacralización” una “profanación y una reconsagración”. Es la instauración de una religión irreligiosa. Una continuación del intento de entronizar a la diosa razón en la catedral de Notrê-Dame.

Su resultado es la demonización del hombre.

 

6.7. Confirmación por la Ciencia de las Religiones

Tras una vida de estudiar las religiones, el hierólogo Mircea Eliade arribó, a esta conclusión: “lo sagrado, –dice- es un elemento de la estructura de la conciencia [humana], no un estudio de la historia de la conciencia”[30]. Y aún más explícitamente afirma que: “En los niveles más arcaicos de la cultura todo el vivir del ser humano es ya de por sí un acto religioso, pues tomar el alimento, ejercer la sexualidad y trabajar son actos que poseen un valor sacramental. Dicho de otro modo: ser- o más bien hacerse hombre- significa ser religioso”[31].

 

7. LA SUPREMA EPIFANÍA DE DIOS: LO INTERPERSONAL

       Dije antes que Mircea Eliade reconoce que no hay dimensión de la naturaleza o del cosmos que no haya sido o no pueda ser considerada, en un momento u otro, por uno u otro grupo humano, como una epifanía, como una manifestación de la divinidad, de su dynamis o de su gloria. Dios se revela ubicuamente.

       Quiero someter ahora a su consideración un hecho: cómo la hierofanía más perfecta se da en las relaciones interpersonales. Con lo que, mostrándose Dios en lo que el hombre vislumbra que es la gloria del amor, comienza a revelar Su esencia divina como Amor, para culminar, por la encarnación del Verbo invitando al hombre a sumergirse en Dios por una comunión de amor.

 

       Reenlazo, pues, ahora a mi discurso con aquellas afirmaciones iniciales sobre el carácter religioso de la familia en la religión del Antiguo y del Nuevo Testamento, y quisiera fundamentarla a continuación, en una ulterior presentación de la revelación de Dios como Dios pariente, Go´el en hebreo, y finalmente como Dios Padre de Jesucristo y nuestro. Aspiro así a mostrar que, primero la santidad y por fin la sacralidad del matrimonio y la familia, son las características de la religión católica y su fundamento.

       Por el mismo hecho, queda de manifiesto que la así llamada profanación y trans-sacralización de la sociedad y la familia, no es otra cosa que idolatría del hombre, y que destruye por su base el fundamento religioso del matrimonio y la familia bíblica desde su origen a su culminación.

 

7.1. La epifanía suprema: los vínculos de amor, las alianzas proclaman la gloria de Dios y la capacidad de sacrificarse por amor la obra de sus manos.

Insisto en señalar que:

Jen y jésed, gracia y misericordia así como Go´el= pariente, ´emunáh, fidelidad, son, en el ámbito de la religión y cultura bíblica que los acuña, términos que pertenecen a la vez al ámbito de las relaciones religiosas(es decir divino-humanas) y al ámbito de las relaciones  familiares y sociales (es decir inter-humanas). Jen y jéset son atributos divinos tanto como virtudes esponsales que unen por elección y amor a los esposos, y son también las virtudes que han de regir todas las relaciones de parentesco nacidos de la alianza esponsal y entre los miembros de la tribu y del clan.

       Go´el, pariente auxiliador, redentor de esclavos, protector de la familia, de sus miembros y de sus bienes, es un nombre que designa por igual a Dios y a hombres. Go´el es Dios cuando redime de la esclavitud de Egipto a sus parientes oprimidos, cuando les garantiza, promesa mediante, la descendencia y la tierra necesaria para alimentar a los hijos. Y go´el es Abraham cuando sale a la guerra para rescatar a su sobrino Lot, o David cuando urge la venganza de sangre o Booz cuando compra la tierra de Noemí y engendra en Rut descendencia para su pariente israelita, muerto sin descendencia en el extranjero.

       Pertenece pues a la naturaleza misma de las religiones y correlativas culturas bíblicas, el hecho de que las relaciones entre los hombres y las relaciones entre Dios y los hombres se conciben como análogas y se expresan mediante los mismos vocablos por ser categorías comunes: jen (gracia, elección y dilección) y jésed (amor, misericordia) ´emunáh (fidelidad, sinceridad).

       Este hecho pone de manifiesto que la revelación bíblica ha tenido su lugar fontal y privilegiado en el ámbito de las relaciones interpersonales, primero interhumanas, humano-divinas y por fin divino-humanas.

       Si queremos dar un paso más podemos comprender que por este mismo hecho, Dios fundamenta con sus epifanías en el amor, lo que ha de ser la conducta del amor verdadero entre los hombres, y que, con esa epifanía, establece las normas del amor en su pueblo elegido.

       De ahí que la relación esponsal y las relaciones familiares de parentesco derivadas, cuando se ajustan al modelo de la conducta divina, sean la más perfecta epifanía divina y el punto de inserción de Dios en la historia del pueblo de Israel. Una historia que culmina con la Encarnación, la efusión del Espíritu Santo y la comunión en la vida eterna. Una revelación en la que Dios comienza mostrándose como pariente del clan y que culmina elevando al hombre al parentesco divino, previa divinización de su amor esponsal humano.

 

Concluyo esta exposición

Estamos ante un fenómeno religioso en el que Dios es el actor principal a tener en cuenta en todo enfoque intelectual y práctico. Ante él, el Señor no está cruzado de brazos. Sigue obrando.

 

Y su obrar debe inspirar el nuestro, porque el obrar divino es  la pauta para todo obrar humano.

 

¿Dónde? ¿Cómo?

Primero dónde:

Nos enseña en las Sagradas Escrituras que obra: en el micro, no en el macro.

 

Segundo cómo:

Obra privilegiadamente en lo secreto (como vocación a Abraham y en la respuesta de la fe a su palabra). Y como en la historia de Ester.

 

Dónde:

En el micro individual de los justos, en el micro social de un pueblo santo, en el micro social de un pueblo sagrado y dentro de él en el micro de la familia a la que atienden instituciones como Madrinas por la Vida que atienden al concreto.

 

Cuando en las tentaciones en el desierto el demonio le promete a Jesucristo “todos estos reinos te daré si postrándote me adoras” le ofrece un poder como los de este mundo a través del poder, la dominación, etc.

Jesús proclama claramente ante Pilatos que su reino no es como los de este mundo donde reina el príncipe de este mundo.

 

Jesucristo elige el camino de los individuos y de los pocos. San Pablo reconoce y les dice a los tesalonicenses: la fe no es de todos[32].Pero se trasmite de persona a persona.

La respuesta de Jesucristo a la propuesta demoníaca nos remite al culto: “Al Señor tu Dios adorarás y a él sólo servirás”.

 

La historia de la reina Ester nos habla del Dios que se esconde en la historia y los acontecimientos pero que obra a petición de una sola persona justa. El nombre de la Reina Ester es un derivado de la raíz hebrea satar, que encierra la idea de estar oculto, secreto, esconderse. Ester significa “Yo me esconderé”. Se trata del Dios escondido, del Deus absconditus. De él leemos en Isaías 45,15: “Verdaderamente tú eres el Dios escondido (attáh  ‘El mistatér), el salvador de Israel”.

Jesucristo es ahora el Dios escondido en un hombre salvador. Soter, salvador en griego y en hebreo soter, escondido. Juegos de palabras que se le aplicó desde temprano.

Pero también escondido en su cuerpo místico histórico por la comunión de los santos, en ellos sigue escondido y salvando a lo que no es por lo que es.

 

8. CONCLUSIÓN:  ¿  QUÉ HACER PUES ?

Al término de nuestro recorrido expositivo, nos volvemos a encontrar en la encrucijada dramática de la que nos hablaba el Cardenal Ratzinger, en la cita del Informe de la fe con que comenzamos: “O la Iglesia encuentra un camino de acuerdo, un compromiso con los valores aceptados por la sociedad a la que quiere continuar sirviendo, o decide mantenerse fiel a sus valores propios (valores que a su entender, son los que tutelan las exigencias profundas del hombre) y entonces se encuentra desplazada respecto de la sociedad”[33].

El Papa Benedicto profeta y maestro de la fe y de la vida de fe, nos muestra, con su ejemplo y su enseñanza, caminos para imitar, voy a recoger aquí los tres principales entre los que nos propone: 1) tender puentes de diálogo entre la razón y la fe y la moderna racionalidad científica; 2) profundizar en la verdad del matrimonio; 3) reevangelizar el matrimonio para fomentar la vivencia sacramental en toda su profundidad mística.

       Pero eso exige no perder de vista lo que hemos expuesto.

 

 


[1] Esta conferencia tiene su origen en la que pronuncié en el Simposio “Familia y Sociedad” Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Cuyo, Mendoza, 18 de Octubre, 2008. La repetí en FAMINAT (Familia y Orden Natural) Bella Vista, PBA en 2013.

[2] En : Albert Outler ,”Toward a Postliberal Hermeneutics”, en: Theology Today, October 1985, p.290; citado por Albert  Dilanni, Religious Life as Adventure, Alba House, New York, 1994,p.29

[3] Gálatas 6, 10

[4] “Dos compromisos serán ineludibles especialmente durante el tercer año preparatorio [ el gran jubilieo de 2000] ,la confrontación con el secularismo y el diálogo con las grandes religiones” (Tertio Millennio Adveniente)

[5] Benedicto XVI, A los Participantes en la Asamblea Plenaria del Consejo Pontificio de la Cultura Sala del Consistorio. Sábado, 8 de marzo de 2008.

[6] Cfr. Benedicto XVI, Alocución para el encuentro con la Universidad de Roma La Sapienza , 17 de enero de 2008.

[7] Juan 15,5

[8] Filipenses 4,13.

[9] Card. Joseph Ratzinger Informe sobre la fe  ,Ed. BAC, Madrid 1985, cita en p.95

[10] Génesis 12, 3.

[11] Génesis 31, 42, 53.

[12] Cfr. Salmo 94, 7: “Porque Él es nuestro Dios y nosotros su pueblo, el rebaño que Él guía”.

[13] Josué 24, la renovación de la Alianza en Siquem.

[14] Isaías 41,14

[15] “Centella de fuego, llamarada divina” Cantar de los Cantares 8,6.

[16] Horacio Bojorge, “Go´el :El Dios Pariente en la Cultura Bíblica” ,en: Stromata 54(Enero-Junio 1998)pp.33-83[Stromata es la revista de las Facultades de Filosofía y Teología, Univ..Del Salvador (Área San Miguel,Argentina] El estudio puede consultarse en mis páginas web:

http://www.horaciobojorge.org/diosparienteindice.html o también en :

http://ar.geocities.com/horaciobojorge/diosparienteindice.html

[17] Véase Claudio Rissé, II Padre, l´assente inaccettabile, Ed. San Pablo, Milano 2003, pp. 50-51, que cita a J. Heckel, Lex Charitatis, München 1953.

[18] D. Lentzen,Alla ricerca del Padre. Dal Patriarcato agli alimenti.Laterza Bari 1991, pp. 205ss. Citado por Claudio Risé, O.c.p.52. D. Martin Luther, Werke. Kritische Gesamtausgabe, vol .XXXII, pp.376ss. Weimar 1883, citado por Lentzen. En el mismo sentido se pronuncia Mons. Paul Josef Cordes, El Eclipse del Padre, Ed. Palabra, Madrid 2003, p. 171 y ss.

[19] Así lo hace Lieter Lenzen, citado por Claudio Risé.

[20] Claudio Risé y Lieter Lenzen, Obras citadas.

[21] Jean Lacroix, “La pensé sauvage”, Le Monde, 27 noviembre 1962. Citado por Eliseo Vrón, en el prólogo a la edición española de la Antropología estructural, Eudeba, Buenos Aires 1968,p.IX

[22] Claude Lévi-Strauss, Antropología estructural, Ed. Eudeba, Bs.As. 1968(Tit.Orig.:Anthropologie Structurale, Plon, París 1958)

[23] Nótese cómo para Lévi-Strauss, la sociedad compleja brota de estas relaciones de alianza fuera de la familia consanguínea.

[24] O. c. p. XXXVI .

[25] Claude Lévi-Strauss, Antropología estructural p.45.

[26] 2ª Corintios 5,18-20

[27] “II est difficile d´exister.l´homme n´est qu´un noeud de relations, et voilá que mes liens ne valent pas grand-chose” en: Pilote de Guerre, Ed. Gallimard, Paris, 1942 p.100

[28] Antonio Moreno, Sangre y libertad. Sistemas de parentesco, diversidad cultural y modos de reconocimiento personal. Ed.Rialp-Universidad de Navarra 1994,(Biblioteca del Instituto de Ciencias para la Familia N°17) Citas en pp.15-16

[29] Génesis 3, 5

[30] Mircea Eliade; Historia de las Creencias y de las ideas Religiosas, Vol.I.- De la Prehistoria a los Misterios de Eleusis, Ed. Cristiandad, Madrid 1978,cita en p.19.

[31] Mircea Eliade, Historia de las Creencias y de las ideas Religiosas, Ed. Cristiandad, Madrid 1978 T.I p 15. (Ed. orig.: Histoire des Croyances et des idées  Religieuses, Ed. Payot, París 1976)

[32] 2ª Tesalonicenses 3,2

[33] Card. Joseph Ratzinger, Informe sobre la fe, Ed. BAC, Madrid 1985, cita en p. 95

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