ANCESTROS
Escucho en mi silencio voces quedas. Venidas de otros siglos; de otros vientos. Todas vibran en mí. Y en mí las siento cimbrar las copas de mis arboledas. Presiento que mi voz sólo remeda ese rumor de risas y lamentos; y, sin querer, revive sentimientos que vaya uno a saber de quién hereda. En mi decir sus voces sobrevienen. Como un retoño sobre sus raíces, hundidas en los humus del pasado, Yo soy palabra suya, que ellos vienen a decir en secreto en los jardines de este prado interior que me han legado.
AL SEÑOR DE LA PACIENCIA
Porque está tu esplendor coronado de espinas, es la rosa la flor que más se te avecina. Porque entrega la vid su sangre en el lagar, Tú pudiste decir: Yo soy vid de verdad. Y porque la mujer que sufre dando a luz, por el que ve nacer se olvida de su cruz, nos pudiste explicar por qué debías sufrir, pues no es posible amar, como Tú, sin morir. Y rosa, vid, mujer, reflejan esta ley de amor y padecer que les puso su Rey para prefigurar qué precio de dolor tendría que pagar el amor del Señor. Todo el que aspira a amar como Tú nos amaste, ha de poder pasar por lo que tú pasaste; por eso es que, - quizás - das tu amor con medida, pues si nos dieras más nos quitaría la vida. ¿Quién osará pedir la gracia de ese don si no puede sufrir otra crucifixión? Dale al espino rosas, dale vino al lagar, da hijos a la esposa, da valor para amar Tú que a amar nos conduces y a sufrir nos enseñas fabricándonos cruces... pero cruces pequeñas.
CANTEHONDO DE’R CHINGOLILLO
¿Sabes por qué el chingolo llora en la tarde y suda el petirrojo sudor de sangre? Pues escucha esta copla que trae el viento y dime si es que sopla sin fundamento: Voceaba sus peteneras un pajarillo en la tarde...
EPIFANÍA
Día de Reyes magos, seis de enero. De niño es preguntar: ¿Qué me trajeron? De adulto comprobar: ¿Qué me dejaron? Y es de viejos, incrédulos y avaros: sospechar que los Reyes les robaron. Yo considero estos zapatos míos y los encuentro llenos de...vacío. Mas ya sólo tenerlos es regalo, en los tiempos que corren, nada malo. Así que: ¡gracias por estos zapatos! Y mientras me los pongo y me los ato, descubro otro regalo y me enmimismo: ¿no es don poder calzarse por sí mismo?
LA HUIDA A EGIPTO
La Virgen Madre salva al Niño huyendo en las persecuciones. Huyendo, fue la Luz a Egipto y perseguida, a las Naciones. Como María: así la Iglesia. La Virgen Madre salva al Niño. Huye con él, del rey Herodes. Vive, por él, en el exilio. Vuelve con él. Con él se esconde. Brilla la luz en vida oculta con admirables resplandores. Y ella, que ve la Luz, exulta, hasta que alumbre entre dolores. Como María: así la Iglesia. La Madre guarda oculto al Niño de la mirada de los hombres. Pues todos somos asesinos y todos somos pecadores: el que no es Judas es Pilatos quien no es Pilatos es Herodes; y los que no, pasan de largo, indiferentes o burlones. La Virgen Madre ocultó al Hijo huyendo en las persecuciones. Huyendo fue la luz a Egipto y perseguida, a las Naciones. Pero en la Hora de su Hijo acata lo que Dios dispone. Como María, así la Iglesia. Y así da a luz la nueva Luz del Evangelio del Dolor: el sufrimiento redentor sufrido por y con Jesús. Como María: así la Iglesia. Huyendo por y con el Niño su santa Madre nos anuncia y con su ejemplo nos enseña un evangelio de cariño, un evangelio de renuncia y un evangelio de paciencia Y así la Iglesia.
RETRACTACIÓN DE FRAY LUIS DE LEÓN
(Para la Ascensión y su octava) Una Voz: Fray Luis: pues ves ahora lo que hace cuatro siglos no veías, tu queja de una hora, que aún gime en tu poesía con nuevas luces - ¿no retractarías? Fray Luis: De mi engaño me espanto. De ese canto de ayer aún hoy me curo: “¿Y dejas Pastor santo, tu grey en este valle, hondo, oscuro con soledad y llanto y tú rompiendo el puro aire, te vas al inmortal seguro?” El Pastor: ¿Comprendes, Luis, ahora que estás en mi anhelada compañía, cuán ciego fuiste otrora si viendo que partía no comprendiste que era para tu alegría? Fray Luis: ¡Que injusto era el reproche que contra ti lanzaba en mi amargura! ¡Tú estabas en mi noche -aunque larga y oscura- como en el pan está la levadura! Mas dije inadvertido: “¿Los antes bienhadados y los agora tristes y afligidos, a tus pechos criados, de Ti desposeídos, a do convertirán ya sus sentidos?” Job: Tú, que las Escrituras escrutabas con arte de rabino ¿Lucas no te asegura -en el verso vecino- de un grande gozo que les sobrevino? Fray Luis: Sí, pero estaba ciego. Y dije en mi amargura: “¿Qué mirarán los ojos que vieron de tu rostro la hermosura, que no les sea enojos? Quien oyó tu dulzura: ¿qué no tendrá por sordo y desventura? San Lucas: Bien claro dejé escrito: ¡Sus ojos se prendaron de la nube que de ellos lo ocultaba! ¡Y en ella se arrobaron más que cuando él estaba! Sus oídos, abiertos, escucharon las voces de unos ángeles que hablaban. Fray Luis: ¿Y yo? Triste gemía, por no considerar tanta alegría: “Aqueste mar turbado: ¿Quién le pondrá ya freno? ¿Quién concierto al viento fiero airado? Estando tú encubierto ¿qué norte guiará la nave al puerto?” San Lucas: ¿No reparabas en la Bendición ni la Promesa oías? ¿Pues ambas en el Templo de Sión Congregaban la grey día tras día y fiel en la oración allí la congregaba y mantenía? Luis: ¿dónde viste el daño? ¿dónde vacilación en el rebaño? ¿No te hablé de tus sus manos levantadas en oración constante y regalada? Fray Luis: Sí. Yo mismo me extraño. Afuera de la rada Se agitaba mi alma desolada: “¡Ay! Nube envidiosa, aún de este breve gozo ¿qué te aquejas? ¿Dó vuelas presurosa? ¡Cuán rica tú te alejas! ¡Cuán pobres y cuán ciegos ¡ay! Nos dejas!” Job: Tiniebla es, engañosa, que de extraviar las almas nunca ceja y la angélica prosa opuesta a su conseja estorba y enmaraña en su madeja... Santo Tomás Apóstol: ¡Pobre Fray Luis hermano! Envuelto en una nube tenebrosa de tu cuidado vano se te ocultó la otra, luminosa, nube de la Ascensión esplendorosa.
PENTECOSTÉS
Un abismo de amor que a Sí nos llama y una Llama de amor que nos abisma Un suspiro, un anhelo, el alma misma como un peso del ser que a Dios atrae y va hacia Él. Y hacia Su amor se cae. Un abismo de Dios que se ensimisma en santas nupcias con la creatura y suspende, y sumerge en sus honduras. Un abismo de amor que a sí nos llama, y una llama de amor que nos abisma Un suspiro, un anhelo, el alma misma como un peso del ser que a Dios atrae y va hacia Él. Y hacia Su amor se cae. Un abismo de Dios que se ensimisma en santas nupcias con la creatura y suspende, y sumerge en sus honduras
UN CORAZÓN FELIZ
Un corazón feliz. Es todo lo que pido. Pero que sea feliz con sólo tu victoria. Que te crea si dices que “todo está cumplido” y espere firmemente que así verá tu gloria. Un corazón feliz. De todo desasido. Y con los brazos libres para abrazarlo todo. Para quererlo todo como Tú lo has querido; y que en vida y en muerte, viva y muera a tu modo. No sé si lo que pido será mucho pedir... ¿Puedo beber el cáliz de Pasión que has bebido? Lo que Tú resististe ¿lo podré resistir? La Bienaventuranza de los que te han seguido: - “si a mí me persiguieron os van a perseguir” – es lo que Tú me ofreces. Y es todo lo que pido.
AL PRADO
"¡Oh prado de verdura, de flores esmaltado, decid si por vosotros ha pasado!" [San Juan de la Cruz] Prado montevideano. Copia del Paraíso donde me puso Dios como Adán ciudadano. De céspedes prohibidos. De araucarias que amo. De senderos perdidos que recorro y reviso y cruzan como líneas del destino mis manos: por el querer, divinos; por el errar, humanos. Fuentes abandonadas. Donde el alma se deja. Donde el agua se queja crepitando el arrullo de su blanda tonada, su susurro de abeja que persuade de siesta la quinta sosegada. Cautivos de frescura en los hondos pilones van peces dormilones en manadas doradas, en manadas bermejas, o vagan, remolones, en lentas, sosegadas, apartadas parejas contemplando sin prisa los algosos rincones de su jaula sin rejas. Y como un pez dorado de brillantes escamas, se aleja el alma, a nado, buceando entre las ramas, buceando en la arboleda soledosa del Prado. Alma herida en los ojos por blando acero de agua, en sueños, Adán fragua que le corre un bautismo de prado por la frente, que ha abierto sus portones en Gan-Edén la fuente, y que puede pasearse, a solas con su Dueño por el Prado del sueño. Nota: Prado se llama un extenso parque y paseo público de Montevideo, Uruguay.
BUSCAMOS EL EDÉN
Buscamos un jardín que se parezca. Mas ninguno es igual. En todos hay discordias. En todos algún mal. Ya no hay Edén afuera. Ya no hay jardín cercado. Ni dicha verdadera. Ni día sin pecado. Pero aún es posible, por la gracia del Hijo, hablarle al Padre dentro, en lo invisible, acogerse a su sombra, a su cobijo. Eso aún es posible por la gracia del Hijo. Puedo ingresar en mí a ese mundo divino. Y conversar con Dios como en el Huerto, no en el de Edén; en el de los Olivos. Ya no existe el Edén del que Adán vino. Volverse a Edén es hoy volverse al Padre, ser de cara a la hondura de su Seno. Y en el Templo interior adorar al Dios vivo, al Padre, al Padre, al Padre eterno. En el centro del alma, es Él el Árbol de la Vida y del conocimiento. Cuyo fruto es Amor. Es sufrimiento. Es el Querer del Padre. Es la muerte aceptada. Es el cuerpo del Hijo, el alimento de un fuego que arde y arde y no se apaga.
SILENCIO CLAMOROSO
Al modo de Francisco Luis Bernárdez Desde el silencio de esta casa, que es de la Madre de la Iglesia, se alza un clamor que solamente escucha el cielo. Es el clamor de una oración que sube como el humo del incienso. Es un clamor que como el humo quiere escalar hasta el más alto firmamento. Es un clamor que como el humo hace visible un invisible y santo fuego. Ya nada pueden las palabras. Ya sólo resta este recurso del silencio. Este callar de quien trabaja. Reparación por su pecado y el ajeno. Este callar de los que oran, al solo Santo, al solo Justo, al solo Bueno. Al que tampoco quiso hablar y ante el perverso tribunal hizo silencio. Junto a este fuego del hogar, que se devora las fatigas y los sueños, esta liturgia de callar es un morir, es un quemarse como un leño, que se consume sin gritar, se purifica en el dolor y se recobra en el silencio.
EMAÚS
Quédate con nosotros, que anochece. Se echa a dormir la sombra en los caminos. Quédate con nosotros, peregrino. Estarás bien aquí... ¿no te parece? Ya están puestas las trancas en la puerta. Cerradas las ventanas, los postigos. Compartiremos nuestro pan contigo, pues no hallarás otra posada abierta. Arrimas tu candil a la Escritura y hacia tu luz, desde la alcoba oscura, como una mariposa encandilada, acude al gozo de tu llamarada el corazón transido de amargura. Quédate con nosotros... ¿quién te apura?
FONDO
Encuentro una divina semejanza reflejada en la imagen de este hombre que se sienta en su fondo y que descansa llamando a cada cosa por su nombre. La paz de estar en casa lo rodea con un ritual menudo de costumbres. Bajo el parral del fondo se le orean pensamientos, begonias y legumbres. Matea en la tardecita, solitario. Mira su Gan-Edén y se recrea. Repasa, como cuentas de un rosario, del rabo del cachorro hasta el canario. Y “amén-amén” el grillo le corea.
HOMBRE
Cabe un árbol entero en una hoja. Hay todo un bosque oculto en la semilla. En un carozo de hombre, un Dios se aloja. Y la verdad sublime es la sencilla. Por eso es grande, el hombre que se humilla. Y humilde el hombre, cuando se despoja. Y se alegra en su lecho de gramilla. Y bendice la lluvia que lo moja. Cuando no tiene a nadie que lo acoja. Pero tiene al que obró la maravilla de hacer caber la dicha en la congoja, y le puede servir en la escudilla que su mano amasó de arcilla roja un pan que con sudor cobró en su trilla.
LOS PASTORES DE NAVIDAD
Llenos de fe llegaron los pastores, Puntas de pie, dedo sobre los labios. Envueltos en celestes resplandores por caminos ocultos a los sabios. Llegaron los primeros. Con sus dones. El Niño estaba como en Isaías. Rocío de Gedeón en los pellones con que la Virgen Madre lo cubría. Y José de anfitrión. Era el encuentro del Niño Dios con sus primeros fieles. Hallaron – como el Ángel les dijera – Al Prometido que guardaban dentro, tibio de corazón bajo sus pieles blanqueadas por la escarcha de la espera. “Nos visitará el sol que viene de lo alto...” (Lucas 1,78)
PEQUEÑA PARÁBOLA DE LA ENCARNACIÓN
Entra por el tragaluz un rayo de sol dorado en el cuarto entumecido, de mohoso empapelado. Entre sucios almohadones, el niño enfermo, tendido, -mirando, como al vacío, al polvillo iluminado- se vuelve a quedar dormido. Y el rayito avanza, lento, descalzo por no hacer ruido, por el suelo embaldosado. El sol pasa un largo tiempo recorriendo el corto trecho. Pero por fin llega al lecho. Trepa por los cobertores y estrecha contra su pecho, y abraza de mil amores en sus tibios resplandores al niñito contrahecho.
NUESTRA SEÑORA DE LA PACIENCIA
Meditación Miremos a la Madre Dolorosa. A la del Corazón Inmaculado, del Corazón sin mancha de pecado. Hija de Dios. Madre de Dios. Su Esposa. La que ama a Dios, tres veces amorosa, con toda el alma y sobre toda cosa, como nunca y por nadie ha sido amado. Hasta la Cruz lo amó. Desde la cuna. Y Dios también la amó. Como a ninguna. Porque si hay creatura que, después de creada, al contemplarla, Dios la vio buena y digna de alabarla; que halló gracia a Sus ojos - "Santa y pura" como dijo Gabriel al saludarla - : ésa, es esta Mujer. ¿Cómo es, entonces, que el dolor la acosa y no la viene Dios a defender? ¿Cómo es que viendo cómo se la veja; cómo es que viendo cómo se la insulta, parece que el Poder de Dios la deja, parece que el Poder de Dios se oculta, la abandona y la deja padecer? ¿Por qué no quiso Dios, puesto que pudo, ahorrarle este dolor que la anonada? ¿Por qué no quiso interponer su escudo ni apartar de su pecho la estocada? ¿Qué designio de Dios cumple esta espada, cuando traspasa con su filo agudo al alma más amante y más amada? Era preciso que ella padeciera. Era preciso que ella reflejara el oculto dolor que a Dios depara que el hombre lo rechace y no lo quiera. Era preciso que ella compartiera por ser hija, el dolor de Dios, su Padre; la Pasión de Dios Hijo, como Madre; y sufriera, paciente y dolorosa, las penas de su Esposo, como Esposa.
STABAT MATER
Himno Estribillo: ¡Oh, la madre del Crucificado! ¿Quién habrá que jamás la consuele? Estrofas 1. A los pies de la Cruz de su Hijo silenciosa lloraba su Madre. Lo que el santo Simeón le predijo se cumplía a las tres de esa tarde. 2. Cuando Cristo expiró dando un grito y después inclinó su cabeza, traspasó tu interior, hasta el alma, una espada de angustia y tristeza. 3. ¿En qué pecho, tan duro o tan fuerte, de enemigo, de juez o soldado, no hay un poco de pena, por verte, sin consuelo, llorando a su lado? 4. Cuando niño, una vez, lo perdiste. Lo buscaste y lo hallaste en el Templo. Por tres días la angustia sentiste que hoy revive en tu alma al perderlo. 5. Apoyabas tu frente en el poste de la Cruz en que estaba clavado. Y cubriste su cuerpo de besos cuando Juan lo dejó en tu regazo. 6. Tras ungirlo de aroma y perfumes los envolviste en el lienzo, llorando. Lo pusiste en el santo sepulcro y quedaste en silencio. Esperando. 7. Tanto santo dolor te hizo bella a los ojos del Padre del Cielo. Una lágrima tuya fue estrella y otra lágrima tuya lucero. 8. Y entre ambas, el Sábado Santo, fue reposo de Dios en tu duelo, pues Jesús descansaba entre ellas consolado por tu desconsuelo. 9. Sólo el Padre, que todo lo puede, te podrá devolver lo quitado. Y por eso tú, Madre paciente, acatando al Señor, te has sentado. 10. Sólo el Padre, que todo lo puede, te podrá devolver lo quitado. Y tú aguardas llorosa y sufriente la venida del Resucitado. 11. Ante ti acudimos tus hijos a aprender fortaleza y paciencia. Tú eres Madre. Jesús nos lo dijo. Y te dueles de nuestras dolencias. 12. Ella tiene la sabiduría de la fe inquebrantable y profunda; nos da el Sol de Justicia y el Día que de luz las tinieblas inunda. 13. Ella tiene la sabiduría de la fe inquebrantable y serena; nos da el Sol de Justicia y el Día que disipa tinieblas y penas.
ALMA
Mis únicas tristezas no mentidas me suben desde el alma desdeñada que, cansada de hablarme y nunca oída, optó por fin por esperar callada. Ella se cubre el rostro, dolorida, por mi decir y hacer crucificada; pues la dejan mis dichos desdecida y la dejan mis hechos, desdichada. Como una esposa llora su despecho confiándolo al secreto de la almohada, ella llora sin llanto su reproche. No alcanzo a comprender lo que le he hecho, pero mi alma, sin decirme nada, llora el único llanto de mi noche.
GETSEMANÍ
Meditación I Pues todo auxilio humano ha claudicado en esta soledad de los olivos; y puesto que remedio entre los vivos en vano a mis quebrantos he buscado, vengo a invocar a mis antepasados, esos que todos tratan como muertos mas Tú dejaste en mi interior despiertos, velándome en el Huerto, desolados. Si a muerte los vivientes me condenan y de mis muertos recibí la vida: ¿por qué no he de bajar a la Gehenna para buscar en mi raíz perdida aquella comprensión para mi pena que me explique la causa de esta herida? II Si estando mis amigos en el Huerto se duermen de pesar bajo la luna; si no consigue criatura alguna velar con el que debe estar despierto; si, así de solo, en este cementerio, me siento tanto más acompañado cuanto la multitud que me ha engendrado me sale a recibir del cautiverio; ¿Cómo rehusar el cáliz que me envías ni pedirte que apartes esta hora, si en ella ha de brillar por fin Tu Día, y Tú has de esclarecerme en esa aurora con luz que ya presiento y no vería si no sufriera lo que sufro ahora? III Por poco tiempo estoy entre los muertos. Por poco llevo a mis difuntos dentro. A poco he de salirles al encuentro y hacer un Paraíso de este Huerto. Y Tú de Quien procede toda vida, de Quien cualquier paternidad procede, Padre que quieres concederme y puedes, lo que gima en Tu Espíritu y Te pida: ¿no me darás volver hasta la fuente de Tu infinita y paternal ternura? ¿y no pondrás por fin, sobre mi frente ese cariño, que en mi noche oscura, mendiga mi dolor, sin que lo encuentre, de la indigencia de Tus criaturas? IV Este cáliz que tomo entre mis manos y apuro hasta el final de mi destino contiene la salud de los que amo y en él vierto mi sangre como un vino. Si no puedes ahorrarme su amargura no puedo no querer lo que Tú quieres. No puedo no morir lo que Tú mueres abandonado por tus criaturas. Piso solo en mi vela de guerrero las uvas de tu ira en mis lagares. Es un furor de Dios mi abrevadero que tiñe de Nisán los olivares. Y blando en mi perdón tu duro acero que salpica de sangre mis ijares.
NUESTRA SEÑORA DE LA PACIENCIA
¡Saetas traigo en mis venas a la Virgen Dolorosa! ¡A la Virgen nazarena! ¡Y música de verbenas que pauta danzas gozosas; bailes de mozos y mozas a la luz de luna llena! ¡Y también hay en mis venas memorias de corajosas y de lucidas faenas que como con rojas rosas ensangrentaron la arena! Pero sobre toda cosa traigo una sangre en mis venas que se vertió generosa en las Navas de Tolosa, que trepó hasta las almenas de Algeciras y Morón y logró la ocupación largo tiempo ambicionada de la ciudad de Granada. ¡Qué herencia! ¡Qué obligación de continuar la cruzada si ya no más por la espada sí por la fe y la oración!
SILENCIO CLAMOROSO
Como lo puede hacer el hombre que de su propia libertad se siente preso. Esta es la casa del silencio. Y ese silencio es un sagrado compromiso. Esta es la casa de los cantos, de los que cantan en silencio su martirio. Ese clamor que es su silencio, es un clamor configurado a los del Hijo, de los que aprenden obediencia, sin apartarse de su voto y su destino. Como el bramido de la cierva que a la carrera va a la fuente de los ríos, es el gemido de las almas que acosas Tú con fuego y aguas de tu Espíritu. Desde esta casa de silencio, de penitencia y compunción y de cilicio, donde se lloran los pecados, la desviada voluntad y el propio juicio, se alzan palabras de silencio, que no se pueden escuchar con los oídos.
EMAÚS
Quédate con nosotros, que anochece. Se echa a dormir la sombra en los caminos. Quédate con nosotros, peregrino. Estarás bien aquí... ¿no te parece? Ya están puestas las trancas en la puerta. Cerradas las ventanas, los postigos. Compartiremos nuestro pan contigo, pues no hallarás otra posada abierta. Arrimas tu candil a la Escritura y hacia tu luz, desde la alcoba oscura, como una mariposa encandilada, acude al gozo de tu llamarada el corazón transido de amargura. Quédate con nosotros... ¿quién te apura?
ANOTACIONES A GETSEMANÍ
1. El lugar Getsemaní se traduce: Valle de los Olivos o Lagar de las aceitunas. Era un campo o huerto en la ladera del Valle del Cedrón y del Monte de los Olivos, casi a los pies de los muros de Jerusalén. Según la tradición se sitúa a unos cincuenta metros del puente sobre el torrente Cedrón — torrente turbio o negro, según la etimología del nombre. Por este lugar huyó David de Jerusalén en su noche triste (2 Sam 15,23ss). El Valle del Cedrón se une con el de Hinom o Gehenna, valle de los sepulcros, y está él mismo sembrado de sepulcros desde muy antiguo (2 Re 23,6). Entre esos sepulcros están los de Absalón y Zacarías. El lugar era ya en tiempos de Cristo un antiquísimo cementerio. 2. El escenario espiritual Desde el Huerto de los Olivos, Cristo puede ver un cementerio donde yacen antepasados suyos. El Señor solía orar a menudo allí. En la noche de su agonía tiene a su vista la ciudad de Jerusalén y las tumbas del valle. Su descenso al Cedrón es como el descenso al valle de las sombras de la muerte (Salmo 23,4: ge' tsalmávet en hebreo). Una tradición antigua llama al valle del Cedrón Valle de Josafat y pone allí el juicio final anunciado por Joel 4,2.12.14. Joel lo llama también: Valle de la Decisión. Allí Jesús tomó decididamente la resolución de aceptar la Pasión que le asignaba el Padre. 3. El eco de los Salmos Según el Salmo 22-23,4 en el valle tenebroso es donde Dios conforta el alma del justo, lo guía por senderos de justicia por amor de su nombre, unge con aceite su cabeza y le sirve un cáliz desbordante. En todos los detalles del escenario de este Salmo podemos rastrear los sentimientos de Jesús, abandonado de todo auxilio humano y vuelto hacia la intimidad con su Padre. La multitud de sus antepasados le habla también del Padre, como a verdadero hombre, y le ayuda a levantarse hacia Él. Dios Padre es aquél “de quien toda paternidad procede en los cielos y en la tierra” (Ef 3,15). 4. Abraham y David El Huerto está asociado con la tribulación de su padre David. La frase de Jesús “quedaos aquí” recuerda la de Abraham a sus mozos (Gén 22,5) y sugiere un paralelismo con el sacrificio de Isaac — la “ligadura de Isaac” en la tradición judía. 5. El descenso El descenso de Jesús al valle es como una prefiguración del descenso a los infiernos. Según el Credo, la primera obra de piedad de Cristo es acudir en ayuda de sus antepasados. En la perspectiva de Lucas, el árbol genealógico de Jesús arranca de Adán; todos los hombres justos que habían existido podían estar pendientes del acto liberador de Cristo en su Pasión. 6. El alma de Cristo Los Padres subrayan que es el alma de Jesús la que se entristece y sufre. El Salmo 42-43 refleja ese estado: “Como jadea la cierva…” “¿Por qué desfalleces, alma mía…?” “¿Por qué he de andar sombrío (hebreo: kóder, de la misma raíz de Kiddrón o Cedrón) por la opresión del enemigo?” 7. El misterio del sufrimiento del Padre Lo que Jesús sufre es reflejo y revelación de un misterioso sufrimiento del Padre: “No puedo no morir lo que Tú mueres, abandonado por tus creaturas”. Quien rechaza a Cristo rechaza al Padre que lo envió (Lc 10,16). Salmo 68-69,10: “El celo de tu casa me consume… y el insulto de los que te vejan recae sobre mí”. Salmo 87-88: “Has alejado de mí compañeros y amigos; son mis compañías las tinieblas”. Es el misterio insondable de la aversión de las creaturas frente a su Creador: la tristeza demoníaca ante el Bien que es Dios. 8. Gehenna y el Jardín del Rey En el mismo valle del Cedrón estaban los Jardines del Rey (Neh 3,15), sitio de la coronación de Salomón (1 Re 1,9.38ss). Pero también el lugar donde Salomón erigió altares idolátricos (1 Re 11,7) y donde Acaz y Manasés ofrecieron hijos en holocausto (2 Re 7,31s; 2 Cron 28,3; 33,6; Jer 32,35). Desde la reforma de Josías, Gehenna pasó a ser símbolo del infierno. Jesús baja al valle como anticipación de su descenso al Hades. Baja al encuentro de sus antepasados para hacer de aquel Huerto un nuevo Paraíso: “He de salirles al encuentro y hacer un Paraíso de este Huerto”. 9. La fuente Cercana estaba la fuente de Gihón, escenario de la coronación de Salomón. Hoy lleva el nombre de Fuente de María. De ahí la súplica: “¿No me dará volver hasta la fuente de su infinita y paternal ternura?”. 10. Agonía Agonía quiere decir combate. Este combate recuerda al guerrero de Isaías 63: “¿Quién es ese que viene con el vestido teñido de rojo?... Yo solo pisé el lagar… y salpicó su zumo mis vestidos”.
HIMNO DE LAUDES
Meditación
Padre y Creador benigno, sobre tus criaturas trae, otra vez, tu aurora la luz del Primer día. Tu Hijo abre los ojos y en su pupila oscura vuelves a crearlo todo con novedad gratuita. Redices tus criaturas y dices que son buenas con la misma Palabra gozosa que es tu Hijo. Y hacia ese mismo gozo tu Iglesia las reordena y las ofrece a Ti como Jesús lo hizo. Por eso, esta mañana, nuestra oración te anuncia con la voz del gorrión que canta en la enramada. Y en nuestra voz tu Verbo se dice y te pronuncia y nos pone en la boca la miel de tu alabanza. Panal es en los labios de la Iglesia tu Nombre: Padre creador bendito que todo lo restauras; Hijo cuya delicia es estar con los hombres; Espíritu que infundes la vida con tu gracia. Para ti sea la Gloria en este día que empieza; como fue en un principio: sea por siglos y siempre. Con el canto del ave y el afán de la abeja celebramos tu Gloria y anhelamos que llegue. Amen.
COMENTARIO Y MEDITACIÓN MATINAL
Cada día dice Dios Padre: Hágase la luz. Y la luz se hace. Y en este amanecer de cada día se espeja el primer amanecer, el amanecer de la Creación. En el que el Padre dice y manda con su Palabra, que es su Verbo eterno y su Hijo. Y esa primera Luz de la Creación, que se hace antes que toda otra criatura, y de la cual el sol recibe la luz que tiene, es imagen de la aurora eterna del Verbo de Dios, en la que el Padre dice a su Hijo. Lo dice como una Luz que brota del Padre y retorna a Él para iluminarlo, revelarlo en la Luz y ocultarlo en el resplandor enceguecedor de su Luz propia. De aquella Luz eterna en que el Padre se dice en su Verbo, se ilumina en su Luz y se contempla en el resplandor de su Hijo, es esta aurora nuestra un destellito. Y en la repetición de las auroras siempre nuevas, se revela y esconde la Novedad eterna y perenne del que Amanece eternamente.
Lo que era en un Principio en la eternidad de Dios, se revela perfectamente, desde la Encarnación de Cristo, en la Humildad de su Carne. Y en sus ojos corporales que, como los de todo hombre, se cierran para el sueño y se abren de nuevo cada mañana, se espejan las criaturas. De modo que Cristo ve las cosas como nosotros las vemos, y las puede mirar reflejadas en nuestros ojos. Y nosotros que vemos las cosas con nuestros ojos, podemos mirarlas también y verlas no directamente, sino reflejadas en las pupilas de Jesús. De modo que lo veamos todo: por Él, con Él y en Él.
“La oración que no se hace en Cristo, es pecado”. — San Agustín
Y esto, que es siempre así, la Iglesia lo dice cada mañana, y lo dice esta mañana. Esta mañana que, en su fugacidad, pasa y ya no es. Pero que por la fe de la Iglesia, se convierte de pronto en una enorme epifanía, acogiendo en su pequeñez la enormidad del misterio del cual brota, y al cual — en signo y símbolo — contiene y expresa.
Podemos entender también la frase “con la voz del gorrión” como unirse a la voz de la Creación; o como referida a Cristo mismo. Y la frase “en nuestra voz tu Verbo se dice” puede leerse en sentido pasivo (el Verbo es dicho por la Iglesia), pero también en sentido reverente e impersonal (Dios dice), e incluso como “se dice a sí mismo” para decir al Padre.
“Señor, abre mis labios, y mi boca proclamará tu alabanza”.
Y decimos que el nombre “Dios” puede quedar equívoco, pero no así el triple y luminoso Nombre revelado: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Ese Nombre es fuego y luz: funde el ídolo y transfigura.
La Iglesia canta la Gloria “con el canto del ave y el afán de la abeja”: alabanza con los labios y con la vida; en el Oficio y en cada hora; celebrando la Gloria presente y anhelando su plenitud cuando Jesús venga con Gloria a juzgar a vivos y muertos y a instaurar su Reino que no tendrá fin.