El Anuncio del Sermón de la Montaña

Querido lector: en un tomo anterior te he ofrecido un comentario espiritual de las Bienaventuranzas, exordio cautivador e intrigante del Sermón de la Montaña. En otro volumen, te presenté después el Padre Nuestro - corazón y a la vez la cumbre del Sermón - en forma de elevaciones al trato filial con Dios Padre. En este volumen, quiero ofrecerte ahora el Anuncio de todo el Sermón tal como lo proclamé y fue grabado en la Parroquia maronita de San Juan Marón, Godoy Cruz, Mendoza, durante las fiestas patronales del año 2002. Radio María de Córdoba y otras radios de América Latina y España lo han retransmitido después repetidas veces. Por eso, es posible que algún lector pueda reconocer en estas páginas lo que ya había oído por radio. Es lo mismo, en sustancia, que he predicado desde entonces a fieles, seminaristas y sacerdotes, en Lanús, Tandil, La Plata, Tucumán, Paraná, Santa Elena, Formosa, Resistencia, Virasoro, Corrientes, San Miguel, San Luis, Montevideo, Melo... Pero, como he dicho en el prólogo a las Bienaventuranzas, ante cada auditorio, y en atención a él, el Señor agregaba o quitaba de la boca del predicador lo que Él quería; inspiraba y modulaba el tono, trasladaba los énfasis. Siempre dice Jesús, a través del predicador, cosas que hasta el mismo predicador encuentra nuevas. Esa vida de la Palabra no puede encerrarse en estas páginas que son como una foto instantánea de una enseñanza del Resucitado que no termina nunca de decirlas a los hombres. El Anuncio es un diálogo, no un comentario del texto En mi Anuncio he querido ceñirme a asegurar la visión de conjunto y las enseñanzas centrales del Sermón: las líneas maestras de su interpretación, su división y principales partes; sin entrar en un análisis detallado de todas y cada una de ellas. Pero para que fuera Anuncio y no solamente enseñanza, no sólo he procurado iluminar la inteligencia con la enseñanza, sino conmover y arrebatar el corazón: suscitar sentimientos, encender afectos, mover a orar, suscitar frutos de gozosa conversión en forma de deseos eficaces de vivir como hijos. Precisamente porque así lo exige el género del Anuncio, no me he limitado a exponer el texto evangélico en forma lineal y continuada. No es bueno que nuestro encuentro con la Escritura Sagrada se reduzca a una lectura y comentario de la letra del texto sagrado. Aunque la lectio sea un momento conveniente y necesario, ha de ser un acto preparatorio de la contemplatio, es decir, del encuentro. Porque solamente en el encuentro tiene lugar la transformación. La letra, aún la Sagrada puede matar, si se queda en texto. Es necesario que se convierta en un lugar de encuentro personal y de diálogo vivificante con Jesús, con el Padre, en el Espíritu Santo. Por ese motivo y con ese fin, como verás, alterno el comentario con la oración; la meditación con la exhortación. El tono es homilético, es decir, coloquial, dialogal, familiar, ordinario, doméstico y no académico por lo que de vez en cuando te encontrarás, intercalada, una anécdota. En ese estilo enseñaba Jesús, y me parece el más apropiado para reexponer su enseñanza. La edición del estilo oral Aunque este volumen recoge predicaciones, te las presento por decirlo así: editadas. Aquí y allá he corregido la frase, el giro oral, para que lo dicho para ser oído, pueda entenderse mejor al ser leído. Con este mismo fin, he modificado incluso el orden de algunos trozos, he separado el texto en párrafos, he intercalado títulos y empleado diversos tipos de letra. Un análisis más detallado del Sermón, deberá ser el objeto de un comentario espiritual y exegético ulterior. Era aconsejable que lo precediera este Anuncio arrebatador y gozoso del misterio de la divina regeneración. Aprender a vivir como hijo en cinco lecciones En el Sermón de la Montaña se distinguen cinco partes en los que Jesús articula sus enseñanzas sobre la vida filial. Por eso podemos decir que nos enseña a ser hijos de Dios en cinco lecciones. En estas cinco lecciones Jesús introduce la humanidad a una originalidad absoluta. Jesús no expone en ellas una doctrina abstracta sino que nos habla de lo que vive Él. Él ya había vivido treinta años en la vida oculta de Nazareth. Había vivido como Hijo. Y ahora salía a la vida pública para enseñarnos a nosotros también a vivir la vida de Nazareth, la vida oculta como hijos: a ser hijos en la vida oculta. Un Hijo recibe el ser del Padre. De Él también la aprobación y la alabanza. Y eso ocurre en un secreto, arcano, oculto seno paterno, donde se es engendrado, donde se recibe un corazón de Hijo. Y donde el Padre brinda, con esa misma intimidad filial, la mejor recompensa. Porque en la vida oculta lo que importa no es nuestra gloria sino la Gloria del Padre y porque a los hijos lo único que les importa es la Gloria del Padre. Así que a Jesús no le importaba vivir escondido en Nazareth y que el mundo no lo conociera, porque Él no había venido para que lo conociera el mundo sino para dar Gloria al Padre. Y si en un momento tiene que dejar la vida oculta para salir a enseñar a vivir feliz en ella, es porque tiene que salir a llamar a la gente y a todo el mundo y a comunicar Su Mensaje y a decir: “Déjense engendrar como hijos de Dios. No vivan ya como vive la humanidad para su propia gloria. Empiecen a vivir para la Gloria del Padre, como Yo. Porque eso les conferirá la divina bienaventuranza, la misma felicidad en la que vivo con mi Padre Yo”. ¡Señor! ¡Ése es el contenido de todo tu Sermón sobre la Montaña santa, como vamos a ir viendo con tu ayuda y si Tú mismo nos lo explicas! ¡Oh Jesús! Si Tú nos lo explicas y si, con Tu Espíritu, traspasas nuestro corazón y nos lo haces comprender, si iluminas nuestra inteligencia y nos haces enamorar de ese Ideal Tuyo: ¡ser como Tú! ¡hijos del Padre! El Padre: la generación continua y eterna ¿Por qué el Padre es Padre? Porque nos da el ser... (continúa exactamente igual)